CUBA SOCIALISTA

ANÁLISIS CRÍTICO DE LA SOCIEDAD CUBANA POR UNA NICARAGÜENSE - (y tercera parte) (...)

Un ejército poderoso, pero barato

Por necesidades de defensa y al calor de la guerra fría, Cuba creó en todos estos años el ejército más poderoso de América Latina, como correspondía a una "pequeña gran potencia", aliada al Este pero en el mero corazón del Oeste. En 10 mil millones de dólares, "a precios viejos", calcula el jefe del ejército cubano, Raúl Castro, el costo de los armamentos que la URSS entregó a Cuba en estos años. Todo fue donación. Desde 1990 Cuba no recibió un solo armamento más. Y desde 1992 ni una sola pieza de repuesto para los que ya tiene.

 

El desafío para el ejército en período especial es convertirse en la menor carga posible para la economía nacional.

Hay que reducir al máximo el gasto de combustible y ya hay unidades que transportan su armamento en un sistema articulado de varias bicicletas. Hay que producir en las unidades militares todos los alimentos que consume el ejército y ya sólo es azúcar y sal lo que el ejército no produce. El recorte de combustible afecta principalmente a la aviación. Una unidad de aviación cuesta tres veces más que una terrestre y Cuba tiene la aviación militar mayor del continente, después de la de Estados Unidos.

 

"Seguiremos siendo las fuerzas armadas más poderosas de América Latina pero también las más baratas", declaró recientemente Raúl Castro. Pero ser "poderosas" no significa para la Revolución ser confrontativas o agresivas. La concepción militar fue siempre y es hoy más que nunca defensiva. Desde hace muchos años los cubanos se han preparado para evitar un ataque norteamericano - la fuerza de la disuasión - y para defenderse de él si se produce - con una guerra no sólo del ejército, sino de todo el pueblo -.

"Llevamos más de diez años pensando con nuestra propia cabeza", dice Raúl Castro. Exactamente desde 1980,

cuando Ronald Reagan ganó las elecciones en Estados Unidos y las autoridades soviéticas comunicaron a las cubanas, a Raúl Catro personalmente, que en caso de una agresión norteamericana a Cuba, los soviéticos no dispararían un solo tiro en la isla, a pesar de anteriores compromisos. "Guardamos celosamente el secreto - reveló Raúl en mayo pasado - para no estimular al enemigo". Y se trabajó en consolidar la doctrina militar conocida como "guerra de todo el pueblo", en la que cada ciudadano sabe lo que tiene que hacer y a dónde ir al iniciarse un conflicto armado.

 

Los niños y ancianos y los que no puedan combatir y todos - en caso de bombardeos - serán protegidos en gigantescos refugios subterráneos que han sido pacientemente construidos en toda la isla desde hace muchos años en previsión del más violento de los ataques. Aunque no hay señales visibles, La Habana tiene debajo como un "queso gruyere", una red de túneles, otra ciudad subterránea que uno puede recorrer y en la que encuentra hospitales, escuelas, luz, agua, espacios recreativos, cultivos de hongos, todo . Y no es sólo en la capital. Debajo de cualquier ciudad hay ya otra ciudad.

 

"¿Son para el holocausto estos túneles?", pregunto recordando los televisados horrores de la "Tormenta del Desierto" sobre Irak. "¡Holocausto sería si no los hubiera!", me responde bravo un trabajador de la construcción que abrió muchas de estas galerías. "En Cuba tenemos dos responsabilidades: no provocar a los yankis, no cometer el error que allí se cometió. Y la responsabilidad de protegernos todos si ellos nos atacan. Si no lo hacen nunca, es triste haber hecho tanto gasto en los túneles, pero lo tris te sería alegre. Nunca hemos querido guerra con Estados Unidos". El duro terreno de la isla colaboró con los cubanos en esta monumental obra de ingeniería, en la que invirtieron sustanciales sumas de dinero, miles de toneladas de materiales de construcción e interminables horas de trabajo, fundamentalmente voluntario. En el déficit de viviendas de Cuba - el problema social más sentido - influye también el superavit de túneles.

 

¿No tuvo Cuba errores estratégicos?

 

Al declarar Estados Unidos su embargo a Cuba en 1961 - enseguida vino la expulsión de la OEA - Cuba buscó apoyo en el campo socialista. Y lo encontró. Era el único camino para preservar el futuro de la Revolución. Cuba sacó esa gran ventaja del conflicto Este-Oeste. Pero esta decisión, basada en el realismo y en una evidencia, evolucionó con los años, acercándose cada vez más a una situación de dependencia.

 

Fidel Castro ha dicho que la Revolución cubana no ha cometido errores estratégicos. "No somos responsables de los errores de otros", insiste en todos sus discursos posteriores a la crisis del Este. Pero, ¿no es un error estratégico que los revolucionarios cubanos hayan creído, de la forma que lo hicieron, en la URSS y en el PCUS?

Tan estratégico es ese error que hoy se ven algunas de las consecuencias de esta "fe ciega" y tal vez todavía no las más trágicas. Cuba debió haberse preparado alternativamente. Y haber preservado el principio de la creatividad y la originalidad nacional que tuvo en los primeros años. No lo hizo, fue un grave error.

 

De la experiencia soviética y del Partido Comunista soviético hubo en Cuba durante unos 20 años una visión acrítica. Si durante estos años, Fidel Castro u otros dirigentes tuvieron una visión crítica, eso nunca o casi nunca se reflejó lo suficiente y dos generaciones de cubanos fueron formadas en una admiración-seguimiento en la que no cabían matices críticos.

 

¿Fue así para no poner en juego la mucha cooperación que Cuba recibía solidariamente del gigante soviético?

Puede ser, pero con el paso de los años la crítica guardada se fue convirtiendo en convicción arraigada: no había críticas que hacer... hasta que cayeron los muros.

 

Después de la frescura original de la Revolución en los años 60, y tras la "derrota" de la Revolución - y de Fidel en particular - en la zafra del año 70 - la de los no logrados diez millones de toneladas de azúcar -, la ideología revolucionaria comenzó a des-cubanizarse y a sovietizarse. Cuba acudió a "otra" historia, relegó la propia y se encasquetó un sombrero ideológico. El Partido Comunista de Cuba copió estructuras, ideas y estilos del PCUS y aún hoy muchas de aquellas imitaciones - las buenas y las malas - permanecen en buena parte intactas.

 

Estados Unidos enfrenta a Cuba por su comunismo. Aunque muchos han leído así la historia de estos 34 años, la realidad es otra: Cuba cuestiona e indigna a Estados Unidos por su nacionalismo. Sin embargo, la "sovietización" durante tantos años del discurso , de los símbolos, de los estilos, han alimentado la confusión. Sovietizándose, Cuba quedó al margen de valiosas corrientes del pensamiento latinoamericano. Bloqueada económicamente, se bloqueó a sí misma ideológicamente.

 

Un regalo que Cuba puede hacer

 

Se desarrollaba la economía y se subdesarrollaba la ideología. El rico arsenal del pensamiento de Marx fue asimilado por la mísera vía de los manuales soviéticos y además, memorísticamente. La norma fue que el marxismo no está para criticarlo sino para aprenderlo.

 

Hoy no se critica y ya apenas se aprende, lo que es otro error. Hay desconcierto ideológico en la sociedad cubana actual, un fuerte desgarramiento subjetivo en un pueblo que fue educado masivamente en la veneración a un referente ideológico que ya no existe. Como la "muerte de Dios". La mayoría de los cubanos une a este desconcierto el estar muy bien informados sobre los cambios diarios que se están dando en lo que fue la URSS, cambios nada estimulantes, que aumentan el dolor y la perplejidad y empujan a pensar en soluciones nacionales.

 

Pero existe una especie de parálisis teórica para entrarle a fondo y públicamente a estos temas. "Mejor producir plátanos que perder tiempo discutiendo", piensan y dicen algunos. Y así, amparados en la emergencia económica y en el complejo problema material, se pospone el abordaje de este problema principal.

 

La Revolución cubana no ha hecho una reflexión creativa, original, desde su propia experiencia, de la actual crisis del socialismo. Fidel Castro - maestro de los cubanos y de tantos revolucionarios en el mundo - ha formulado algunas consideraciones importantes, pero dispersas e incompletas. En esa reflexión a fondo, sistemática, coherente, Cuba tiene un regalo pendiente que hacerle a todos los movimientos revolucionarios y progresistas del Tercer Mundo. ¿Lo hará? ¿Puede hacer Cuba un balance crítico de los errores soviéticos sin hacer una autocrítica a fondo de sus propios errores? ¿Quiere hacer la Revolución ese balance autocrítico? ¿Puede hacerlo en momentos tan dramáticos?

 

Lo ideal sería poner a los diferentes sectores de la sociedad cubana a debatir para que el análisis fuera fruto de una reflexión colectiva. La sociedad civil cubana tiene no sólo capacidad teórica para emprender esta tarea sino muchas experiencias prácticas. Y tiene vocación socialista. Nadie en América Latina podría hablar con más autoridad del "socialismo real" que los cubanos. Pero prevalece el temor a los riesgos de abrir semejante debate en semejante crisis, por más que no abrirlo puede hacer perdurar en todos los terrenos normas, estilos, hábitos, ideas y valores que son heredados y que contienen el virus de la enfermedad que llevó a la muerte al socialismo soviético.

 

Hay antídotos, sin embargo. El sistema cubano no se "sovietizó" en aspectos cruciales. Aunque las organizaciones populares hayan atravesado crisis de burocratización, son originales. En lo electoral, aún el antiguo método era diferente al soviético y existían mecanismos originales de control y de remoción de cargos. Respecto a problemas de corrupción, también hubo diferencias y siempre tuvieron los cubanos respuesta rápida para "sacudir la mata" y rescatar de inmediato la credibilidad ética de los dirigentes. Hubo copias, pero nunca fotocopias.

 

Un "banco de ideas" desaprovechado

 

Un segundo error cometido por la Revolución cubana, y que también podría ser juzgado como estratégico, está en cierto sentido vinculado al temor a los riesgos del debate.

 

A lo largo de todos estos años, la Revolución cubana ha hecho una permanente evaluación de la realidad del país en las más diversas asambleas, reuniones y foros. Pero, a excepción de los primeros años y del gran momento que significó la discusión del Llamamiento al IV Congreso (1990), la Revolución no ha querido, no ha podido o no ha sabido incorporar orgánicamente a esta reflexión a los intelectuales, artistas, escritores y científicos sociales para que "pensaran el país" junto a trabajadores, militantes y funcionarios. El potencial de los muchos intelectuales con que Cuba siempre ha contado quedó sin explotar.

 

Se les "oía", pero por compromiso. Faltó una relación sistemática, una articulación, una permanente convocatoria.

No se les abrieron espacios reales ni se les dio capacidad de influir en las decisiones nacionales. No fueron interlocutores. "El banco de ideas" que se usó fue el de los técnicos, los científicos, los funcionarios, los trabajadores. Y las ideas de estos pensadores (think tanks culturales), siempre más integrales, no enriquecieron suficientemente a la Revolución. No se quiso correr el riesgo del debate - más complejo entre intelectuales - y se perdió, por exceso de actitudes defensivas y de control, un enorme tesoro revolucionario, que no es medible ni pesable, aunque hoy, en la crisis, puede sentirse como nunca su vacío. Estas incomunicaciones explican una película tan controversial en Cuba como "Alicia en el país de las maravilla" o que la Revolución haya perdido a un intelectual tan valioso como Jesús Díaz.

 

Lo nacional, lo religioso

 

"Sólo se destruye lo que se sustituye", recomienda la sabiduría popular como remedio en los desengaños amorosos. En Cuba, la crisis subjetiva del derrumbe de la URSS se ha enfrentado sustituyendo valores y símbolos importados del Este por valores y símbolos nacionales. Nunca dejó de estudiarse a José Martí, nunca se olvidó la historia cubana, pero ahora el acento es mucho mayor y lo nacional se valora más.

 

También se valoran más las expresiones religiosas y la religión es un valor sustituto. Hay en la Cuba del período especial un evidente auge del hecho religioso. Como refugio, como alimento del espíritu, como alternativa de credibilidad. El ateísmo oficial tiene todo tipo de grietas en la base. Y hay una desinhibición generalizada. El "si Dios quiere" y el "¡Ave María Purísima!" retornaron con normalidad al lenguaje común, hasta al de algunos funcionarios.

 

Las iglesias católicas y los templos evangélicos se llenan cada vez más. Sobre todo, hay un florecimiento de lo religioso afro-cubano: reuniones, ritos, vestimentas, imágenes, promesas... Hay casi una ostentación. La música popular refleja con vigor la novedad. Los más populares conjuntos cubanos cantan y bailan a Yemayá, a Changó y a Obatalá, pidiéndoles su ayuda en estos tiempos de crisis.

 

Cuba se ha quitado el sombrero ideológico. Y el período especial puede ser la ocasión para que la Revolución reafirme su cubanía, independiente de Estados Unidos e independiente por fin de los más negativos lastres del socialismo soviético. Lage así lo cree: "Ahora estamos más libres que nunca de esquemas. Sabemos por cuáles caminos se va al fracaso y sin autosuficiencias, nos vamos volviendo más seguros de nosotros mismos".

 

La hora de "otra" educación

 

Los jóvenes cubanos están a la defensiva frente a los Estados Unidos, pero no del mismo modo que sus padres y abuelos. Tienen menos prejuicios y se sienten más seguros y mejor preparados para enfrentar la hostilidad norteamericana. El "desierto" ha hecho del período especial que un sector de ellos, aunque vean en Estados Unidos al enemigo histórico, sueñen también este país y su cultura como el paraíso prohibido, donde la vida tal vez no es más justa y solidaria pero sí menos controlada y aburrida, con más exciting.

 

Cuba difícilmente podrá competir con Estados Unidos, a no ser en una determinada tecnología de punta. En Nueva York hubo recientemente un brote epidémico de meningitis tipo B entre escolares y sólo Cuba posee la vacuna para inmunizar contra esa enfermedad, la que Estados Unidos no compró a causa del bloqueo. Son excepciones asombrosas, pero escasas. La única defensa de los cubanos ante los valores capitalistas de la cultura norteamericana es una educación que enseñe a la gente a pensar y a elegir conscientemente otros valores. No sólo una educación técnica o científica. Ni mucho menos una propaganda de consignas con la que se vence, pero no se convence.

 

Cuba nunca ha estado aislada de la cultura capitalista. Su cercanía geográfica a Estados Unidos lo hace imposible.

Siempre ha habido en la isla información, eventos, películas, música, modas, que reflejan esos valores. Y son cientos de miles los cubanos que han viajado a países capitalistas en todo tipo de misiones.

 

La crisis internacional del socialismo y la crisis cubana exigen hoy de la Revolución un tremendo esfuerzo educativo. Ningún purismo que evite la "contaminación" tiene sentido en el mundo de hoy. Pero, ¿cómo vacunar contra los espejismos de esta hora? Y más aún. Porque el desafío es mas complejo: comunicar adecuadamente unos valores es más difícil que vacunar contra los opuestos. La ideología revolucionaria tiene ante sí un nuevo desafío de creatividad. El mundo cambió y la educación para ese mundo ha de ser otra. Tengo la percepción de que ni en la escuela ni en la universidad ni en las organizaciones populares ni en los medios masivos se está haciendo lo suficiente para contrarrestar espejismos y desilusiones y para reconstruir convicciones. La emergencia económica sirve de justificación para esta omisión. Pocos valoran que el déficit de petróleo puede ser menos grave que el déficit de una educación especial para este período especial.

 

"En el terreno de la conciencia, ¿no estaremos viviendo sólo de lo acumulado? En lo ideológico, ¿estaremos avanzando o retrocediendo con esta crisis?", se pregunta en voz alta un economista, al que preocupa la mella que en la conciencia, en los valores, está haciendo la escasez generalizada. No abundan los que anden preocupados por esto, ocupados en las urgencias del ajuste. "Aunque derrotemos el bloqueo - añade -, aunque salgamos del período especial, ¿la conciencia no quedará lesionada? Como en un accidente: mueren células que nunca más recuperas. No estamos valorando lo suficiente esto". Y es que el dolor, la crisis, los "períodos especiales" - tanto personales como sociales - son ambiguos. No siempre fortalecen y maduran. A veces debilitan.

 

La metodología de la educación popular - basada en el debate, en el contraste, en la participación, en el discernimiento personal, en la búsqueda - a la que el verticalismo cubano no dio espacio en todos estos años, mientras América Latina aprendía y desaprendía con esta práctica es hoy más necesaria que nunca en la isla.

Las organizaciones populares la conocen teóricamente, pero no la tienen incorporada, las generaciones jóvenes recién ahora empiezan a entrar en contacto con ella.

 

Si hoy mismo Estados Unidos levantara el bloqueo y Cuba se viera inundada de empresarios y turistas norteamericanos y de dólares, ¿no arrasaría esta normalización de relaciones con principios que se daban por sentados y aún estaban de pie en la conciencia de muchos? "Hay que prepararse para ese porvenir", me comentaron con preocupación bastantes cubanos.

 

UNA SOCIEDAD RICA EN CAPITAL HUMANO

 

Hubo errores estratégicos que han costado caros, quizás irreparables. También ha habido aciertos estratégicos. El principal de ellos, el que en estos tiempos del cólera y del neoliberalismo diferencia más a Cuba del resto de países latinoamericanos, es la misma gente. En América Latina los pobres sólo triunfan en el deporte, en la lotería, en los carnavales y en las telenovelas. En Cuba, son cientos de miles los que dejaron de ser pobres y han triunfado en todas las profesiones.

 

"Capital humano", le llaman los economistas. La Revolución cubana no sólo invirtió en industrias, en centrales hidráulicas o en carreteras. Invirtió mucho más en la gente. Miles de millones en garantizar salud para todos y educación de todos los niveles abierta a todos. Ningún país del continente tiene a un pueblo tan desarrollado intelectual y físicamente como Cuba. El nivel menor de cualquier cubano es noveno de primaria. De cada 8 trabajadores, uno es técnico medio y de cada 15, uno es universitario. Por cada 10 alumnos hay un docente, el índice más alto del mundo. Por cada 231 habitantes, hay un médico. Científicos e ingenieros: mil 50 por cada millón de habitantes. El gasto de Cuba en Investigación-Desarrollo (rubros claves en la actual Revolución tecnológica para predecir el futuro de un país) es de 20 dólares per cápita, el mayor de América Latina. Cuba, que al triunfo de la Revolución sólo tenía una escuela tecnológica, está hoy a la cabeza del Tercer Mundo en investigación en biotecnología y en ingeniería genética y en algunas ramas puede competir con los países más desarrollados del mundo.

 

Gran potencia de la generosidad

 

No se guardó Cuba egoístamente su capital humano. Lo ha sabido compartir con otros países del mundo, especialmente con los que están en lucha por desarrollarse. A Cuba se la acusó de "exportar Revolución" y más que todo, exportó salud. 60 millones de personas en todo el mundo han sido atendidas - y millones de ellas salvadas - por médicos cubanos, desde que en 1963 el primer grupo llegó a colaborar en Argelia. Y 4 mil hombres y mujeres del Tercer Mundo estudiaron en Cuba carreras de grado medio y superior en salud para atender después a sus compatriotas. Nada de esto se hizo por dinero. De gratis han servido los médicos y los estudios no costaron nada. En otros campos que no son salud la generosidad fue similar. El período especial ha obligado también a Cuba a "ajustar" su solidaridad. Sin embargo, todavía en 1993, 3 mil médicos cubanos colaboran prácticamente de gratis en 35 países, especialmente en naciones empobrecidas de América Latina y de Africa. Y 20 mil muchachos y muchachas del Tercer Mundo estudian becados en la isla.

 

El período especial ha enseñado también a los cubanos a buscar vías para salir de la crisis en las ventajas comparativas - como les llaman los economistas - de su capital humano especializado. A Cuba acuden cada vez más enfermos de Europa y América Latina en busca de curas específicas, el llamado "turismo en salud".

Problemas ortopédicos, de la piel, del riñón, del cerebro, de la tercera edad, tienen en Cuba atención de Primer Mundo a precios competitivos. Es la misma atención de calidad que reciben gratuitamente los cubanos, aunque se reserva para los enfermos- turistas las mejores instalaciones del hospital, o incluso hospitales enteros.

 

Cuba también "vende" su saber en deportes, en donde sigue siendo una gran potencia. Casi 500 entrenadores cubanos trabajan en 31 países de 4 continentes y existen centenares de solicitudes más. Atletismo, beisbol, baloncesto, voleibol y boxeo son las especialidades más solicitadas. Con México se da el mayor intercambio.

Con este capital humano se financian los 35 deportes que en Cuba se practican y que no bajan de calidad a pesar del período especial. En 1992 el trabajo internacional de los técnicos deportivos cubanos representó entradas para el país por millón y medio de dólares.

 

¿Quién ganó: el socialismo o el capitalismo?

 

Hay "cerebros" en Cuba. Y la "fuga de cerebros" que hay es mínima. Esto diferencia cualitativamente la crisis cubana de la del resto de los países latinoamericanos. El reto de América Latina, con la mitad de su población en

la miseria y el analfabetismo, es poner el cimiento, conseguir capital humano. El reto de Cuba es levantar paredes, es organizar a su gente para salir de la crisis. En 30 años, el socialismo consiguió en Cuba lo que el capitalismo no ha conseguido en más de 100 años en América Latina. ¿Quién fracasó en este lado del mundo? Hoy, el modelo capitalista neoliberal hace aún más imposible que América Latina logre el capital humano masivo que necesita para su desarrollo y con el que Cuba ya cuenta.

 

Aunque cualquier profesional que consiga visa de algún país y un pasaje - pagado en el exterior - puede salir definitivamente de la isla, Cuba busca conservar por todos los medios a sus profesionales. Es un mecanismo para impedir la fuga de cerebros. Aunque a veces no va a la par de otros mecanismos que potencien los espacios para que esos mismos profesionales se expresen y actúen. Un arquitecto no debe irse de Cuba y hay que desestimularlo a que lo haga. Pero a veces no tiene ningún estímulo para desarrollar sus propias iniciativas, en una sociedad tan pautada y vertical.

 

La capacitación masiva de los cubanos permite a Cuba enfrentar la crisis mejor que pudiera hacerlo cualquier otro país. Donde falta un repuesto, que quizás ya no volverá a llegar de la URSS o de Bulgaria, cualquier trabajador cubano es capaz de inventar una pieza equivalente. Donde falta el abono químico se multiplican las granjas de lombrices o un científico busca y halla la fórmula del mejor sustituto orgánico para ese suelo particular, que otros científicos ya tienen bien estudiado.

 

El movimiento de "racionalizadores" y de "innovadores" es masivo. La escasez ha desatado la creatividad de los cubanos, capacitados durante años para ser creativos y no copiones, y no siempre con oportunidades para demostrarlo. Desde los más eminentes científicos hasta los trabajadores de base: todos están inventando y experimentando cómo hacer cuando falta casi todo lo que había antes. La batalla ahora no es crear, es vencer a las administraciones con más años, inercia y poder en las empresas, que se resisten a introducir esas innovaciones en la producción.

 

Esta creatividad técnica y científica, esta chispa y flexibilidad, contrasta con la rutina, el adormecimiento y el oficialismo en lo ideológico, en la educación política y en lo más visible: los medios de comunicación social que, salvo algunos espacios radiales, silencian los problemas, son repetitivos, simplifican la realidad, no estimulan el debate ni siquiera reflejan el que de hecho existe y no favorecen el control democrático del pueblo sobre sus dirigentes.

 

Hace unos años existió el Noticiero Latinoamericano, dirigido por Santiago Alvarez, y que se proyectaba en todos los cines cubanos. Con un formato de periodismo participativo, que abordaba con profundidad y con humor los temas más polémicos de la realidad cubana, el espacio se convirtió en un referente nacional. Es un ejemplo de lo que hoy podían hacer y no hacen otros medios, que están perdiendo la oportunidad de capitalizar un debate que, aunque no se hace público, atraviesa a una sociedad que está en ebullición.

 

Una Revolución también "verde"

 

También hay capital ecológico. El proyecto socialista cubano, aunque no tuviera conciencia de ello, nació ecológico en unos tiempos en que el futuro de la Madre Tierra no preocupaba tan universalmente como hoy.

 

Por intuición al inicio (¿nacionalismo? ¿humanismo?), por vocación siempre (Cuba apostó a desarrollarse y no a ser una "sociedad de consumo") y hoy por urgente necesidad, a causa del período especial, el socialismo cubano ha actuado con visión y criterios ambientalistas.

 

Desde hace bastantes años hay buenos ejemplos de este empeño ecológico en aguas saneadas, millones de árboles sembrados y extensas áreas reforestadas, tierras rescatadas a la salinización, suelos y costas erosionados y hoy revitalizados, especies animales y vegetales salvaguardadas.

 

Más recientemente son otros los signos: la avalancha de bicicletas, la acelerada investigación en abonos biológicos y biopesticidas, la voluntad recicladora, el auge de la "medicina verde", el creciente empleo de fuentes alternativas de energía - a partir, por ejemplo, de los residuos de la industria del azúcar -, las nuevas técnicas ganaderas. En 1992, un millón de hectáreas de cultivos fueron ya tratadas con plaguicidas biológicos, producidos en centros de investigación cubanos.

 

Un activista de Greenpeace visitó Cuba poco antes de la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro y quedó entusiasmado con lo que vio. También sorprendido. "Los cubanos - me contaba - han hecho progresos ecológicos tremendos, pero no hacen bulla, no alardean. Hablan con toda naturalidad de esto. Te presentan un vaso de oro como si se tratase de un vaso de agua".

 

Cuba ha sido el primer país del mundo que incorporó en su Constitución las conclusiones básicas de la Cumbre de Río. Dice el artículo 27 de la Ley Fundamental cubana: "El Estado protege el medio ambiente y los recursos naturales del país. Reconoce su estrecha vinculación con el desarrollo económico y social sostenible para hacer más racional la vida humana y asegurar la supervivencia, el bienestar y la seguridad de las generaciones actuales y futuras. Corresponde a los órganos competentes aplicar esta política. Es deber de los ciudadanos contribuir a la protección del agua, la atmósfera, la conservación del suelo, la flora, la fauna y todo el rico potencial de la naturaleza".

 

Así, la Cuba socialista es tan "verde" como "roja".

 

¿Por qué no es violenta una sociedad?

 

Según James Prescott, un eminente neurosicólogo, una sociedad que ama a sus niños, que es físicamente cariñosa con los pequeños, que acaricia a los hijos y que es abierta y desprejuiciada con la sexualidad de sus adolescentes, es una sociedad vacunada contra la violencia, una sociedad estable, con más predisposición a la solidaridad y a la tolerancia, bases de la democracia.

 

Quien conoce de cerca a la sociedad cubana, modelada por 30 años de socialismo, sabe que Cuba es así. Los niños son "reyes" y los adolescentes no tienen el freno de los tabúes. Antes y ahora, por añadidura, los cubanos siempre han sido un pueblo alegre.

 

A pesar de todo, hoy los niños cubanos viven contentos y los adolescentes libres. Pero el período especial ha echado paletadas de tristeza sobre los cubanos adultos. El hoy es triste y el mañana incierto. Calles oscuras y vacías, centros de distracción cerrados, casi nada o nada que leer, la televisión reducida, apagones interminables, domingos aburridos donde comerse una pizza o un helado es una tragedia o un imposible, novios con pocas alternativas para estar juntos, y el diario calvario de conseguir la comida. Los medios de comunicación no reflejan esta dura realidad. No han dejado de hablar de un entusiasmo que lo vence y lo vencerá todo y de las abundantes cosechas de viandas o vegetales que nadie ve porque llegan escasas cuando llegan.

 

La vida no se ha hecho más violenta, pero sí más fea y aburrida. En el discurso oficial se exhorta a más sacrificio en nombre de la dignidad. Y es lógico, no es fácil salir del actual laberinto económico sin dejar fuera a nadie. Pero nunca se incorporan al discurso oficial los temores, las flaquezas, los anhelos de felicidad, las disensiones, las dudas, todo eso que no es blanco ni es negro. Casi todas las válvulas de escape están cerradas. Por falta de recursos materiales y también por un estilo cargado de severidad, donde la atención a lo subjetivo es secundario, donde debatir "boberías" es perder el tiempo.

 

No sólo de pan...

 

El desarrollo de la inteligencia de los cubanos le garantiza a la sociedad cubana estabilidad y le da a la Revolución posibilidades de salir de la crisis. Esa materia prima es abundante, está dentro y no hay que importarla. Pero no todos los cubanos piensan igual.

 

El sector de los opuestos plenamente al proyecto revolucionario es minoritario, no está organizado y su actitudes hasta hoy pasiva. Entre los revolucionarios - muchísimos más que los 800 mil miembros del Partido - los hay de tres tipos. Los que mantienen una fe "ciega" en que Fidel sabrá salir adelante, aunque no ven cómo ni se lo imaginan. ¿Es fanatismo? La difícil historia de estos 30 años da racionalidad a esa fe, aunque nunca como ahora

fue tan "irracional" el mundo y sus crisis. Hay otros que por estar el mundo como está, no ven otra salida para Cuba que "rendirse". Enrumbarse de lleno al capitalismo, reconociendo que el proyecto socialista es justo pero inviable. Aunque se sienten perdedores, nunca traicionarán: no se van de Cuba, combatirían en caso de guerra, cumplen con todas las tareas... y callan. Hay revolucionarios, incluso militantes del PC, que dan señales de estar carcomidos por esta desesperanza.

 

Hay otros - parecen ser la mayoría - que sí le ven salida al socialismo cubano - con equidad social y soberanía nacional, aun dentro de esta ola de neoliberalismo -, siempre que se hagan ajustes de fondo, no sólo económicos sino también políticos, no sólo objetivos sino subjetivos, con los que construir un pueblo más maduro, una sociedad con relaciones más horizontales, donde el socialismo sea no sólo justo y nacionalista, sino atractivo, estimulante, participativo, con espacios para soñar y equivocarse y volver a soñar. Los cubanos tienen sus propias propuestas de cambios, lo que no encuentran todavía son los espacios o los ritmos.

 

Analizando los errores del socialismo real, el teólogo y periodista brasileño Frei Betto, gran amigo de la Revolución cubana, afirmó lúcidamente: "Para poder privatizar los bienes materiales, el capitalismo socializa los bienes simbólicos. A través de la religión o de la televisión, que no distinguen el rancho del pobre de la mansión del rico, socializa el sueño del bienestar material. El socialismo ha hecho exactamente lo contrario: socializa los bienes materiales y privatiza el sueño, en la medida en que e sólo los poseedores del poder pueden aspirar al ejercicio de la transgresión - cómo cambiar el modo de pensar y actuar en materia política -, que es uno de los atributos de la libertad. En el socialismo la imaginación está obligada a vuelos cortos. `No sólo de pan vive el hombre', advertía Jesús. ¿El socialismo real no habrá despreciado el hambre de belleza, suponiendo que el pan es suficiente para saciar la voracidad humana?".

 

Desde cuatro ángulos hemos enfocado la especialísima realidad de Cuba, ya con 3 años de período especial a cuestas. Habría otras perspectivas desde las que hacerlo. Entonces, ¿punto final? ¿Ya está todo explicado?

¿Explica esta realidad tan contradictoria el sorprendente resultado de las elecciones de febrero? Esta sociedad, equitativa, nacionalista, inteligente y a la defensiva que la Revolución forjó, ¿explica por qué Cuba resiste tanto y tan establemente y por qué los cubanos apoyan tanto su Revolución ? ¿Es tanto el peso ideológico de este socialismo real que supera tantas contradicciones y vacíos? No hay respuestas categóricas. Sólo aproximaciones.

 

Hay ya grietas en la equidad, la realidad abrirá más y el igualitarismo ha rendido a algunos. El nacionalismo tiene brechas en el transnacionalismo económico en el que Cuba tiene que nadar para vencer. Las actitudes defensivas no son las que más sirven para estos tiempos de cambios aún confusos. Y los pueblos, como los seres humanos, por conscientes y preparados que estén, también ven espejismos, se equivocan y hasta se suicidan. Entonces, ¿lo que hemos tratado de describir, no explica nada? Tampoco es as í. No hay fórmulas categóricas. Tal vez debemos volver a José Martí, como han vuelto los cubanos. Decía Martí: "Muy mal conoce nuestra patria, la conoce muy mal, quien no sepa que hay en ella, como alma de lo presente y garantía de lo futuro, una enérgica suma de aquella libertad original que cría el hombre en sí, del jugo de la tierra y de las penas que ve, y de su idea propia y de su naturaleza altiva. Y no vamos a querer los cubanos sino trabajo de nuestras cabezas, sacado del molde de nuestro país". En esta raíz cultural puede estar la clave para entender lo que hoy sucede en Cuba.

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