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Secciones: Ecologismo, Movilidad y Soberanía Alimentaria -  Estados Unidos de América -  Salud

Título: Municiones de uranio: Enfermedades no diagnosticadas y guerra radiológica por Asaf Durakovic- Enlace 1

Texto del artículo:

Municiones de uranio: Enfermedades no diagnosticadas y guerra radiológica por Asaf Durakovic

ENLACE 1 a la fuente:

http://www.voltairenet.org/article151803.html


La experimentación y la utilización de la bomba atómica, y luego de municiones y de
blindajes de uranio empobrecido, contaminaron los lugares donde se realizaron los
experimentos y los sitios donde se desarrollaron las operaciones bélicas. Nuevas
enfermedades afectaron tanto a los soldados de la alianza atlántica como a sus
enemigos, así como a la población civil. Mucho tiempo después del restablecimiento
de la paz, las radiaciones siguen contaminando a todo el que ve expuesto a ellas.
Aunque los gobiernos «occidentales» obstaculizado voluntariamente, y durante el
mayor tiempo posible, toda investigación médica en ese campo, una abundante
documentación ha ido acumulándose durante años. Hoy publicamos una amplia síntesis
en la que Asaf Durakovic hace un balance de los conocimientos actuales sobre esta
catástrofe humanitaria. En lo adelante, la forma en que los países de la OTAN hacen
la guerra puede matar también a sus propios
ciudadanos en tiempo de paz.




29 de septiembre de 2007

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Nueva York (EEUU)

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Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)

Temas
Industria Militar
Cuestiones nucleares

Niños víctimas de mutaciones causadas por el uso militar de uranio empobrecido por
las tropas de la OTAN.
____________________________________________________
Una contaminación interna por isótopos de uranio empobrecido se ha visto comprobada
entre los ex combatientes británicos, canadienses y estadounidenses de la guerra del
Golfo nueve años después de haber estado estos expuestos al polvo radioactivo
durante la primera guerra del Golfo. También se observaron isótopos de uranio
empobrecido en muestras de autopsias de pulmones, hígado, riñones y huesos
provenientes de veteranos canadienses. En muestras de suelo recogidas en Kosovo, se
han encontrado centenares de partículas, generalmente de menos de 5 _m, que pesan
varios miligramos.
La primera guerra del Golfo dejó en el medio ambiente 350 toneladas de uranio
empobrecido y en la atmósfera entre 3 y 6 millones de gramos de aerosoles de uranio
empobrecido. Sus consecuencias para la salud humana, conocidas bajo el nombre de
síndrome de la guerra del Golfo, consisten la aparición de afecciones complejas
multiorgánicas progresivas e invalidantes, dolores musculares, afecciones dolorosas
del esqueleto y de las articulaciones, dolores de cabeza, afecciones
neurosiquiátricas, cambios bruscos de los estados de ánimo, confusión mental,
problemas con la vista, problemas para caminar, pérdida de la memoria,
linfoadenopatías, pérdida de la capacidad respiratoria, impotencia y alteraciones
morfológicas y funcionales del sistema urinario.
Los conocimientos actuales de las causas son totalmente insuficientes. Después de la
Operación Anaconda, realizada en Afganistán en 2002, nuestro equipo examinó a la
población en las regiones de Jalalabad, Spin Gar, Tora Bora y Kabul y comprobó que
los civiles presentaban síntomas similares a los de la guerra del Golfo. Durante 24
horas se recogieron muestras de orina de 8 sujetos que presentaban síntomas y que
fueron seleccionados siguiendo los siguientes parámetros:
1. Los síntomas comenzaron poco después de los bombardeos.
2. Las personas se encontraban en la región bombardeada.
3. Manifestaciones clínicas.
Se recogieron muestras entre un grupo de comprobación compuesto de habitantes que no
presentaban síntomas en las regiones no bombardeadas. Todas las muestras fueron
examinadas para determinar la concentración y la correlación entre cuatro isótopos
U234, U235, U236 et U238. Para ello utilizamos un espectómetro de masa multicolector
con fuente de ionización por plasma y acoplamiento inductivo. Los primeros
resultados de la provincia de Jalalabad probaron que la eliminación de uranio total
en la orina era significativamente más importante entre todas las personas expuestas
que entre la población no expuesta. El análisis de las correlaciones isotópicas de
uranio reveló la presencia de uranio no empobrecido.
El estudio de las muestras recogidas en 2002 reveló, en los distritos de Tora Bora,
Yaka Trot, Lal Mal, Makam Khan Farm, Bibi Mahre, Poli Cherki y el aeropuerto de
Kabul, concentraciones de uranio 200 veces más importantes que las del grupo de
comprobación [recogidas en zonas no afectadas]. Las tasas de uranio en las muestras
de suelo de los lugares bombardeados son dos o tres veces más elevadas que los
límites mundiales de concentración de 2 a 3 mg/kg y las concentraciones en el agua
son significativamente superiores a las tasas máximas tolerables que establece la
OMS. Estas pruebas, cada vez más numerosas, convierten el problema de la prevención
y de la respuesta a la contaminación por uranio empobrecido en una necesidad
prioritaria.
«Nada protege de esta fuerza fundamental del universo.»
Albert Einstein
La realidad de la guerra termonuclear se resume perfectamente en la afirmación de
Albert Einstein que señala que este tipo de energía es suficiente para volar la
Tierra [1]. El campo de batalla nuclear no se limita ya a un país o un continente
sino que va mucho más allá de las fronteras políticas y geográficas y transforma
cada región una gran zona de guerra.
En caso de una guerra nuclear de tipo estratégico que implicara un arsenal de 10 000
megatones, mil millones de personas morirían inmediatamente como consecuencia de las
heridas directas combinadas (explosión, calor y radiaciones), otros mil millones de
personas sucumbirían por causa de las enfermedades provocadas por la radiación [2] y
los sobrevivientes tendrían que vivir en un entorno expuesto a las secuelas
radioactivas que tendrían efectos somáticos y genéticos con consecuencias
probablemente irreversibles para la biosfera.
La carrera armamentista nuclear
La primera explosión experimental de una bomba atómica, bautizada como Trinity, tuvo
lugar el 16 de julio de 1945 en Alamo Gordo, cerca de Los Alamos, en Nuevo México
(Estados Unidos). En una millonésima de segundo, la primera bomba atómica produjo un
calor de varios millones de grados centígrados al despedir más de 400 isótopos
radioactivos y provocar una gran energía de enlace cuya presión era de varios miles
de toneladas por centímetro cuadrado. Durante una fracción de segundo, el núcleo de
la bomba llegó a estar 11 veces más caliente que la superficie solar.
El tamaño de la bola de fuego alcanzó varios cientos de metros ya que el núcleo de
la bomba se mezcló con átomos de oxigeno y de nitrógeno, revelando el núcleo interno
brillante de la explosión. En un segundo, la tierra que se había vaporizado se
convirtió en un hongo atómico de 3 000 metros de altura. A 150 millas de allí, los
viajeros de la Union Pacific Railway pudieron ver la bola de fuego. Los testigos
dieron varias interpretaciones del fenómeno. Algunos lo describieron como la caída
de un bombardero o la llegada de un meteorito. Testigos que vivían en Gallup, ciudad
situada 235 millas al norte del lugar de la explosión, pensaron que estaban viendo
la explosión de depósito de municiones del ejército [3]. Veinte días después del
ensayo de Trinity, el 6 de agosto de 1945 a las 8h15, tuvo lugar el lanzamiento de
la bomba atómica sobre Hiroshima. Esta explotó sobre la ciudad, a 633 metros de
altura. La explosión veló el sol,
mató a 130 000 personas, dejó inválidas a 80 000 y 90 000 personas más enfermaron a
causa de los efectos radioactivos posteriores.
En pocas horas, cayó una lluvia negra, una capa de ceniza blanca cubrió el epicentro
causando quemaduras en la piel de las personas. La mayoría de las víctimas primarias
murieron por causa de los efectos combinados del calor, de la presión y de una
enfermedad aguda provocada por la radiación. Hiroshima fue prácticamente borrada del
mapa [4].

Un soldado estadounidense manipula obuses para tanques provistos de cabezas de
uranio empobrecido.
____________________________________________________
Dos días más tarde, el 8 de agosto de 1945 a las 11h01, una bomba de plutonio
bautizada como Fat Man fue lanzada sobre Nagasaki. Como en Hiroshima, el sol
desapareció al levantarse el hongo atómico. La población de la ciudad borrada del
mapa murió de las mismas heridas combinadas que en Hiroshima. El hecho puso fin a la
Segunda Guerra Mundial, dejando ventajas territoriales para la Unión Soviética. La
carrera de los ensayos nucleares arrancó en el otoño de 1948, cuando un equipo de
investigaciones sobre armamentos de Jruschov comenzó a desarrollar una bomba rusa.
Los ensayos continuaron paralelamente en Estados Unidos y la Unión Soviética.
Después de la muerte de Stalin, en 1953, la Unión Soviética hizo estallar, el 12 de
agosto, la primera bomba móvil de hidrogeno. Se trataba de su segunda bomba
termonuclear. Dándose cuenta de que los soviéticos estaban ganando la carrera en el
sector de las armas nucleares, Estados Unidos empezó a
acelerar sus programas de ensayos.
En 1955 se hizo evidente que los ensayos perjudicaban irremediablemente la biosfera
[5]. Más de 400 isótopos radioactivos liberados por cada ensayo fueron identificados
como la causa de la contaminación. Cuarenta de esos isótopos representan un peligro
para la salud humana. Cada mil toneladas liberadas generan varios gramos de
radioisótopos con propiedades tóxicas para el organismo.
Debido a su larga vida, a su desintegración beta y sus propiedades específicas para
los huesos, el estroncio 90 constituye el principal riesgo. Además, los ensayos de
armas nucleares han provocado accidentes. En 1958, un B-57 de la fuerza aérea
estadounidense dejó caer la primera bomba atómica en los alrededores de Florence,
Carolina del Sur. La bomba, que no estaba activada, no explotó no explotó, pero
dispersó material radioactivo por todo el país. Ese mismo año, un B-52 dejó caer una
bomba atómica de dos megatones en los alrededores de Goldsboro, en Carolina del
Norte. La aviación estadounidense registró ulteriormente otros accidentes,
específicamente en Tula, en Groenlandia y en Palomares (España). En Palomares, dos
bombas de plutonio contaminaron gran parte del territorio y de la costa atlántica.
En 1958, luego de la catástrofe de Cheliabinsk-40, la Unión Soviética suspendió sus
ensayos nucleares. Pero rápidamente retomó sus ensayos con bombas de varios
megatones en la región ártica de Novaya Zembla y lanzó, el 9 de septiembre de 1961,
una bomba de 50 megatones. Mientras tanto, en Estados Unidos se acumulaban los
indicios reveladores de una contaminación del medio ambiente, al igual que los de un
aumento de la incidencia de casos de cáncer, de leucemia y de otros problemas de
salud entre las personas que habían trabajado en el sector nuclear. Junto a los
problemas de seguridad radiológica que se planteaban, estos hechos incitaron al
desmantelamiento del enorme e incompetente aparato burocrático que era la Atomic
Energy Commission. Esta fue substituida, en 1974, por la Energy and Research
Administration and Nuclear Regulatory Agency (NRC).
En 1955, Bertrand Russell, Albert Einstein y otros nueve reputados científicos
fundaron el Movimiento Pugwash, destinado a vigilar la proliferación y evitar la
guerra nuclear. Mediante la organización de encuentros anuales, a partir de 1957,
Pugwash comenzó toda una labor que desembocó en la firma de un tratado que prohibía
los ensayos de armas atómicas y la producción de nuevos arsenales y vectores
nucleares [6].
En 1969, Pugwash contribuyó a la realización de las negociaciones sur la Limitación
de las Armas Estratégicas (SALT). Esta iniciativa contó con el apoyo de la campaña
que Linus Pauling organizó contra las armas atómicas y la contaminación del medio
ambiente. Luego de la crisis de Cuba, la amenaza de un conflicto nuclear incitó a
Kennedy y Jruschov a firmar, en 1963, un tratado de prohibición de los ensayos
nucleares. Pero los ensayos nucleares subterráneos se mantuvieron, lo cual hizo
fracasar el tratado de prohibición total de los ensayos nucleares. El asesinato de
Kennedy, la caída de Jruschov y la guerra de Vietnam pusieron fin a la distensión
nuclear.
La posibilidad, realista, de que la Unión Soviética tomara la delantera a Estados
Unidos en los ensayos y el desarrollo de las armas nucleares condujo finalmente, en
1972, al tratado SALT I, que prohibía parcialmente el despliegue de sistemas de
defensa antimisiles. La Unión Soviética disponía ya de un sistema de ese tipo
alrededor de Moscú y Estados Unidos tenía uno en Dakota del Norte. Ocho años más
tarde, la administración Reagan emprendió las negociaciones SALT II, que
desembocaron en una reducción de armas (START), pero no condujeron a una limitación.
El presidente del Comité Ejecutivo de la Conferencia Pugwash, Bernard Field,
calificó aquella situación de «repetitious stupidity of this futile charade.» [7]
Paul Warnke, principal negociador del tratado SALT II, declaró: «La triste historia
del control de armamentos puede convertirse en el último capítulo de la historia de
la humanidad.» [8] Desde la firma del Tratado de Prohibición Parcial de los Ensayos
Nucleares, en 1963, unos 50 ensayos tuvieron lugar cada año, el 55% por parte de
Estados Unidos, el 30% por parte de Rusia y el resto, un 15%, en Francia, por parte
de Francia, Inglaterra, China, la India y Pakistán.
Como la tecnología de las comunicaciones por satélite se desarrolla muy rápidamente,
la proliferación de las armas nucleares implica que más del 90% de la superficie del
planeta constituye un blanco potencial. El número de armas atómicas no representa ya
una garantía para la seguridad de las naciones. Incluso después del derrumbe de la
Unión Soviética, las armas nucleares siguen siendo un problema esencial de
seguridad, exceptuando las iniciativas de colaboración entre Washington y Moscú. Los
escenarios políticos internacionales comprenden nuevos riesgos de conflictos
nucleares. Entre esos riesgos figuran la retirada a corto plazo de Estados Unidos
del Tratado sobre los Sistemas de Defensa antimisiles, la nueva doctrina del «primer
golpe» y la reciente aparición de nuevos países dotados de armas nucleares [9]. La
amenaza nuclear subsiste debido a la proliferación nuclear, con su lista, cada día
más larga, de escenarios que incluyen
el uso de la fuerza, de actividades terroristas, de catástrofes nucleares y
ecológicas y de doctrinas de la «destrucción mutua asegurada».
Terrorismo nuclear y radiológico
Después del 11 de septiembre de 2001, la posibilidad de ataques terroristas
nucleares y radiológicos suscitó más atención. Antes de la catástrofe de Nueva York
no se concedía mucha atención a ese tipo de posibilidades. El entrenamiento en
materia de cuidados a las victimas de posibles catástrofes nucleares o radiológicas
era inexistente o se efectuaba sólo muy esporádicamente, incluso en las
instituciones gubernamentales encargadas de mantener cierta capacidad de reacción.
El mejoramiento de la preparación de los países con vista a enfrentar los efectos
agudos y crónicos de las radiaciones, la contaminación del medio ambiente, el
impacto psicológico y social y las consecuencias financieras de un ataque terrorista
nuclear aparecen de nuevo como una prioridad de las naciones industrializadas [10].
Algunos se pronuncian por la doctrina de Clausewitz según la cual es conveniente
encargar a las fuerzas armadas de prevenir los ataques de enemigos externos o de
rechazarlos y atacar a otros países si se estima que [tal acción] puede ser en
interés internacional [11].
Los daños crónicos provocados por las radiaciones han sido reevaluados a la luz de
las posibles consecuencias del terrorismo nuclear para multitudes de víctimas. La
preparación para accidentes y ataques nucleares y radiológicos debe contemplar
también las consecuencias sicológicas debido al hecho, ya comprobado, de que, ante
una situación de terrorismo nuclear, por cada víctima directa habría 500 personas
que podrían sufrir trastornos sicológicos y sicosomáticos difíciles de diferenciar
de las victimas realmente contaminadas [12].
Aunque se han analizado intervenciones con uso de medicamentos como protección
contra las radiaciones, los profesionales de la salud deberían estar concientes de
los lamentables fracasos anteriores en lo tocante a los medios de protección contra
las radiaciones. Actualmente se estudia el hecho de que las células vasculares y
parénquimas se regeneran, en vez de morir bajo los efectos de la radiación, con
vista a desarrollar mecanismos para modificar la respuesta del organismo,
paralelamente a otras estrategias terapéuticas como los corticoesteroides, los
inhibidores de la enzima de conversión, la pentoxifilina y la dismutasia superoxídea
[13].
En el manejo de los daños nucleares y patológicos, se ha pasado de las consecuencias
imposibles de manejar de un conflicto nuclear estratégico a medios que puedan
permitir hacer frente a un gran número de víctimas. Esta respuesta debe partir de
esfuerzos interdisciplinarios. Resulta necesaria la realización inmediata de grandes
esfuerzos tendientes a desarrollar conceptos de manejo clínico de las víctimas de
las radiaciones [14]. Simultáneamente, los investigadores deben esforzándose por
comprender y manejar la contaminación por radionucleidos, los efectos radiotóxicos,
la destrucción de los enlaces químicos, los radicales libres, los daños al ADN
celular y a las enzimas [15].
Los esfuerzos multidisciplinarios deben incluir la planificación, la clasificación
de los heridos, la descontaminación, la disociación, la terapia de quelatación y el
manejo tradicional de los síntomas de los pacientes.
Debido a las limitaciones financieras y la falta casi total de formación, de
conocimientos técnicos, un posible ataque terrorista constituye un serio desafío
[16]. No se han sacado aún, de la primera guerra del Golfo y del conflicto de los
Balcanes, las lecciones apropiadas para estar preparados para atender a las víctimas
de radiaciones [17].
Un ataque terrorista exige una respuesta eficaz por parte del sistema sanitario.
Pero la mayoría de los países que podrían ser blancos de un ataque terrorista no
disponen en lo más mínimo de la logística necesaria, sobre todo en las grandes
ciudades donde la asignación de los medios financieros exigiría una reestructuración
de las prioridades para poder responder a las consecuencias para la sociedad. Ante
un caso de terrorismo nuclear resulta particularmente importante estar conciente de
los terroristas podrían recurrir al uso de actínidos, utilizando sobre todo el
plutonio, agente de contaminación masiva.

Las tropas de la OTAN disponen de municiones de uranio empobrecido, y las utilizan,
en todos los teatros de operaciones.
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El plutonio está considerado como la sustancia más peligrosa que exista para el ser
humano [18]. Si lo dispersamos en forma de polvo radioactivo o si llega a las redes
de agua potable, unos pocos gramos bastan para contaminar una gran ciudad. El
plutonio se ha vendido ilegalmente en mercados clandestinos, en particular en la ex
Unión Soviética. Gracias a un tráfico ilegal, ha llegado a diversas partes del
mundo. La dispersión de plutonio está considerada como la peor modalidad de
terrorismo [19]. De presentarse este caso, los profesionales de la salud tendrían
que trabajar sobre todo en el aspecto preventivo más que en el manejo terapéutico de
grandes cantidades de víctimas del terrorismo nuclear.
Recientemente, médicos de todo el mundo se sumaron a una agrupación de más de mil
organizaciones para cooperar, apoyar la eliminación de las armas nucleares y reducir
los riesgos de las espantosas consecuencias del terrorismo nuclear y radiológico
[20].
Guerra radiológica
Fue en mayo de 1991, en el Golfo Pérsico, que se recurrió por primera vez al uso de
armas radiológicas. Estas inauguraron una nueva modalidad de guerra CBRN (química,
biológica, radiológica y nuclear). El uso de armas que afectan tanto a soldados como
a civiles no es nuevo. Al final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos temía
seriamente que los japoneses lanzaran sobre territorio estadounidense miles de
globos llenos de uranio para contaminar sus grandes ciudades [21].
Durante la primera guerra del Golfo, las municiones de uranio empobrecido
dispersaron en la atmósfera millones de gramos de polvo radioactivo [22]. Sus
consecuencias para la salud y el medio ambiente siguen siendo controvertidas y la
discusión va mucho más allá del marco de la comunidad científica. Sin embargo,
numerosos estudios recientes han confirmado dos siglos de pruebas científicas de la
toxicidad somática t genética del uranio [23] [24] [25].
El costo de la descontaminación de los lugares afectados por armas de uranio
utilizadas por ejércitos o por terroristas sigue siendo un grave tema de inquietud.
La experiencia sueco-canadiense de descontaminación radiológica recientemente
efectuada en Urnea, Suecia, mostró que dos métodos corrientes de descontaminación de
blindados ligeros contaminadas por fuera con Na eran en realidad ineficaces: el
vapor de agua a altas presiones y los chorros de agua a altas presiones [26].
Esto demuestra claramente la necesidad de mejorar la capacidad de reacción de las
estructuras sanitarias públicas ante un caso de guerra radiológica o de ataque
terrorista [27]. La actual ausencia de estrategia de conjunto para enfrentar una
amenaza de uso terrorista de sistemas de dispersión de materias radioactivas (RDD)
(o «bombas sucias») subraya la necesidad de una mejor coordinación de la capacidad
de reacción ante los peligros químicos, biológicos, radiológicos y nucleares en la
actual situación de combinación de armas clásicas y armas inéditas [28].
En el caso muy particular de un ataque radiológico, el marco del enfrentamiento de
la guerra y del terrorismo radiológicos se extiende no sólo más allá del sector de
la salud pública sino también del de la reserva de las fuerzas armadas [29] [30].
La defensa médica contra la guerra radiológica sigue siendo uno de los aspectos que
más descuidados están en la enseñanza médica actual [31]. El terrorismo radiológico
y nuclear constituye la mayor amenaza de la sociedad moderna ya que la proliferación
nuclear ha permitido que las organizaciones subversivas puedan conseguir fácilmente
material nuclear [32].
Sólo durante el año 2000, Estados Unidos gastó 10 000 millones de dólares en la
lucha contra la utilización terrorista de armas de destrucción masiva, y los gastos
aumentaron considerablemente después del 11 de septiembre de 2001. Estudios actuales
revelan la vulnerabilidad de las sociedades occidentales ante el terrorismo nuclear
y subrayan que organizaciones terroristas poseedoras de armas de destrucción masiva
podrían provocar más destrucción mediante el uso de los dispositivos nucleares y
radiológicos que con cualquier otro tipo de armas.
La capacidad de Estados Unidos para enfrentar un ataque radiológico o nuclear
depende supuestamente de cuatro sectores de acción: mejorar el trabajo de
inteligencia sobre las organizaciones terroristas, mejorar la seguridad de las
instalaciones nucleares en la ex Unión Soviética, la posibilidad de neutralizar los
efectos nucleares y radiológicos y mejorar la capacidad de reacción ante las
organizaciones clandestinas que ya poseen armas nucleares y radiológicas [33].
El riesgo de un ataque nuclear y radiológico contra Estados Unidos se acentúa debido
a la tecnología, al acceso a las materias nucleares y radiológicas, a la
inestabilidad económica de Rusia y el descontento que suscita en numerosos países la
política exterior estadounidense. Medidas de seguridad inadecuadas en la antigua
Unión Soviética, combinadas con una creciente determinación de los terroristas y el
carácter cada vez más mortífero de sus ataques refuerzan considerablemente la
probabilidad del uso de las RDD en un futuro próximo [34].
La cuestión de los efectos sobre el medio ambiente y la salud debe llevar a abordar
el problema de la descontaminación y la asignación de presupuestos tendientes a
salvar vidas, a reducir los riesgos sanitarios y a preservar la cultura, la
biodiversidad y la integridad de los lugares contaminados [35].
Los esfuerzos en esos sectores han dejado que desear en el pasado. Se descuidó sobre
todo la entrega de indemnizaciones justas a las víctimas de los efectos radioactivos
en Utah y Nevada. Una búsqueda ineficaz y un sistema insuficiente de indemnización
de las víctimas de cánceres provocados por la exposición a las radiaciones y la
persistente controversia sobre la interpretación que hace el gobierno de las
radiaciones de bajo nivel provocaron el descontento de las poblaciones contaminadas
durante los ensayos nucleares [36].
Un reciente informe británico resulta igualmente sospechoso en cuanto al análisis
que hace de la mortalidad y de la incidencia de cánceres entre quienes participaron
en los ensayos atmosféricos de armas nucleares y en los programas experimentales. El
informe contiene una conclusión provocadora: la mortalidad general entre los
sobrevivientes de los ensayos nucleares británicos sería inferior a la de la
población en general [37] .
De la comparecencia de Galileo ante la Inquisición a las investigaciones sobre el
uranio
Actualmente, la libertad de la ciencia independiente no es nada diferente de lo que
fue en el pasado. Lo que están viviendo los científicos de hoy recuerda el juicio de
Galileo ante la Inquisición, en 1610. La controversia sobre los resultados de los
estudios del Dr. Ernest Sternglass sobre los índices de mortalidad infantil y
juvenil en el Estado de Nueva York influenciados por los ensayos nucleares y las
consecuencias radioactivas acabó con la carrera de este, como universitario y como
científico.
Cuando su artículo clásico [38] sobre la muerte de niños como consecuencia de las
radiaciones apareció en 1969 en el Bulletin of Atomic Scientists, el redactor jefe
de la publicación le confió que Washington lo había presionado para que no lo
publicara. El eminente físico Freeman Dyson escribió, en una carta enviada como
lector a la misma revista: «Si las cifras que presenta Sternglass son correctas, y
creo que lo son, se trata de un buen argumento contra la defensa antimisiles.»
Sternglass consideraba que la muerte que la muerte de niños se debía al estroncio de
la lluvia radioactiva. Cuando su estimado de cerca de 400 000 muertos fue presentado
al Dr. John Gofman, director médico del Lawrence Livermore National Laboratory, éste
reevaluó su informe.
Luego de corregir ciertas cifras, concluyó que incluso utilizando un modelo
estocástico, las directivas ligadas al riesgo por unidad de radiación eran 20 veces
demasiado elevadas para resultar confiables. Concluía también que el riesgo era más
importante en casos de dosis bajas de radiaciones que en casos de dosis elevadas.
Agregaba que las muertes por cáncer provocados por los ensayos nucleares y las
lluvias radioactivas eran más de 30 000 al año. Su informe fue entregado al
Committee on Underground Nuclear Testing presidido por el senador E. Muskie. Este lo
transmitió al presidente del Joint Committee on Atomic Energy, el senador C.
Holifield. Este último citó a Gofman en Washington y lo amenazó abiertamente: «Los
desgraciamos a ellos y lo desgraciaremos a usted.» En 1973, víctima de su propia
integridad, Gofman perdió su empleo en su laboratorio. La Atomic Energy Commission
fue disuelta en 1974 [39].

Niños víctimas del uranio empobrecido.
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Reexamen de la toxicidad del uranio
El riesgo fatal que presentan los isótopos de uranio para el medio ambiente y la
salud humano fue especificado durante dos siglos de investigaciones. Sin embargo,
los especialistas de la salud han recibido una formación incorrecta en lo tocante a
la radiotoxicidad de base y la toxicología química de los isótopos de uranio [40].
Los análisis recientes de los efectos potenciales de las RDD sobre la salud se basan
esencialmente en los datos de los sobrevivientes japoneses de los bombardeos
atómicos, los ensayos nucleares y las investigaciones de laboratorio.
En la literatura especializada, sobre todo la que tiene que ver con las
investigaciones de los últimos cinco años, abundan los balances de trabajos
interdisciplinarios sobre los efectos de los actínidos y los isótopos de uranio. La
confirmación de los casos de cáncer de la tiroides [41], de carcinoma hepatocelular
[42], de leucemia [43] y de los riesgos que representa la exposición aguda o crónica
al uranio [44] reveló la importancia de las consecuencias somáticas y genéticas de
la contaminación provocada por los isótopos de uranio. Su correlación con los
ensayos atmosféricos de armas nucleares fue confirmada nuevamente en informes
recientes sobre los índices de actínidos en los mamíferos marinos del Pacífico
norte, netamente asociados a años de ensayos nucleares y de lluvias radioactivas
[45].
El reexamen de los estudios sobre los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki muestra
no sólo el impacto físico sino también el efecto psicológico que ejercen las armas
atómicas en las personas presentes en dichas ciudades en el momento de la explosión:
trastornos siquiátricas, ansiedad, somatización de síntomas [46]. Este reexamen
indica claramente que existen efectos sicológicos a largo plazo que deben ser
tomados en consideración durante la preparación para futuros conflictos.
Otro informe reciente sobre los sobrevivientes de Nagasaki indica que los efectos de
las radiaciones en los sobrevivientes deben representar un aspecto esencial del
manejo de los cuidados médicos durante los futuros conflictos [47]. Los datos
actuales sobre los ensayos nucleares muestran que la mortalidad infantil, los
nacimientos prematuros y las muertes fetales están ligados, en Estados Unidos, a la
exposición a las radiaciones [48].
Las consecuencias de la contaminación radioactiva sobre la salud y el medio ambiente
han sido reevaluadas en numerosos lugares de ensayos nucleares, como el de
Krasnoyarsk, en Siberia [49], en Kazajstán [50], en los montes Altai [51], el de
Semipalatinsk, en Kazajstán [52], el del Techa, en el Ural [53], entre el personal
del complejo nuclear de Mayak [54], en la República de Sakha (Yakutia) [55], en la
isla de Amchitka, en Alaska [56], en Finlandia y en Noruega [57].
Estas informaciones permiten evaluar correctamente los riesgos cuando se trata de
prepararse para enfrentar una crisis sanitaria extrema provocada por el uso de armas
nucleares y radiológicas en caso de guerra o de ataque terrorista [58]. El
conocimiento actual de la dispersión de los radionucleidos [59] liberados en la
biosfera, en el mundo entero, sobrepasa ampliamente el marco de la investigación
experimental y de los cuidados a las víctimas de las radiaciones. Esta tiene
implicaciones sobre el futuro del planeta [60] .
Investigaciones actuales sobre las consecuencias sanitarias de las armas de uranio
La más importante contaminación por radionucleidos tuvo lugar en 1991, durante la
primera guerra del Golfo. El uranio empobrecido utilizado en las armas antitanques
contaminó el territorio de Irak exponiendo de forma crónica, a la población y a los
soldados, al polvo, a los vapores y a los aerosoles del uranio empobrecido. Unos
pocos soldados de las tropas de la coalición fueron heridos por pedazos de obuses de
uranio empobrecido.
La aleación de las armas de uranio empobrecido contiene un 99,8% de U238 que emite
el 60% de radiaciones alfa, beta y gamma del uranio natural. El uranio empobrecido
es un metal pesado, 1,6 veces más denso que el plomo. Es organótropo, o sea que se
fija sobre los órganos, como los tejidos esqueléticos y se mantiene allí por largo
tiempo. Al disolverse poco a poco, los isótopos de uranio son eliminados. Estos han
sido detectados en la orina de ex combatientes de la guerra del Golfo, 10 años
después de que estos los absorbieran por inhalación o mediante heridas provocadas
por pedazos de obuses.
Estudios sobre su repartición en los tejidos demuestran la acumulación de uranio
empobrecido en los huesos, los riñones, el sistema reproductor, el cerebro y los
pulmones, lo cual provoca efectos genotóxicos, mutaciones y efectos cancerígenos,
así como alteraciones de la reproducción y trastornos teratógenos [61].
Se ha detectado una contaminación interna provocada por los isótopos de uranio
empobrecido en ex combatientes británicos, canadienses y estadounidenses de la
primera guerra del Golfo 9 años después de la exposición de estos al polvo
radioactivo. También se han identificado isótopos de uranio empobrecido en los
pulmones, el hígado, los riñones y los huesos de un ex combatiente canadiense
durante su autopsia. Estos órganos contenían fuertes concentraciones de uranio y los
coeficientes isotópicos revelaban la presencia de uranio empobrecido. Estudios
efectuados en 1992, año de la primera guerra del Golfo, a partir de conteos de
cuerpo entero sugieren la presencia de uranio en el organismo y la orina de ex
combatientes contaminados [62].
Dificultades logísticas así como la controversia sobre el uranio empobrecido
retrasaron la realización de estudios más profundos hasta 1998, año en que los
veteranos de la primera guerra del Golfo fueron sometidos a un análisis por
activación neutrónica. Aunque este método está destinado a la detección de pequeñas
cantidades de uranio, su uso precoz permitió comprobar una contaminación importante.
Estos estudios fueron presentados durante el congreso internacional de la Radiation
Research Society , celebrado en Dublín, en 1998.
Las investigaciones experimentales prosiguieron gracias a la utilización del método
más moderno, la espectografía de masa, en la Memorial University of Newfoundland (St
John’s, en Terranova, Canadá) y, posteriormente, en el British Geological Survey
(Nottingham, Inglaterra). Ambas series de estudios confirmaron la presencia de
concentraciones y correlaciones de isótopos de uranio empobrecido en el 67% de las
muestras. La primera presentación, basada en los datos de la espectrometría de masa,
tuvo lugar durante el Congreso Europeo de Medicina Nuclear celebrado en París, en el
año 2000.
Las investigaciones han seguido avanzando, desde que se detectaron y se midieron
cantidades de uranio empobrecido en el organismo de los ex combatientes hasta la
actual evaluación de los efectos clínicos de la contaminación por uranio entre los
veteranos de la primera guerra del Golfo, civiles iraquíes, soldados y civiles de
los Balcanes, civiles afganos y, más recientemente, entre las poblaciones de la
franja de Gaza y de Cisjordania.
El uranio empobrecido, desecho poco radioactivo del enriquecimiento isotópico del
uranio natural, ha sido identificado sin lugar a dudas como un elemento contaminante
presente en las zonas de conflicto militar ya mencionadas. Su papel etiológico en la
aparición del síndrome de la guerra del Golfo ha sido objeto de constantes
controversias desde esa guerra. Las pruebas, bien documentadas, de la toxicidad
química y radiológica de los isótopos de uranio han sido objeto recientemente de un
gran número de investigaciones y de informes científicos sobre sus efectos
organotóxicos capaces de provocar mutaciones y sus efectos teratógenos y
cancerígenos [63].
Estudios recientes de biodistribución efectuados en animales de laboratorio en cuyos
cuerpos se implantaron pequeños fragmentos de uranio empobrecido confirmaron que los
resultados de estudios de biodistribución anteriores según los cuales los riñones y
los huesos sirven de blanco a los isótopos de uranio, al igual que otros punto de
los sistemas linfático, respiratorio, reproductor y del sistema nervioso central
[64].
Hace casi dos siglos que son conocidos los efectos tóxicos del uranio en materia de
quimiotoxicidad renal, efectos que han sido confirmados mediante estudios recientes
efectuados sobre células renales in vitro. Los estudios que tienen que ver con los
efectos del uranio empobrecido sobre el sistema nervioso central han confirmado su
retención en varias zonas del hipocampo. También se han observado modificaciones
electrofisiológicas del sistema nervioso de las ratas a las que se implantaron
pequeños fragmentos de uranio empobrecido [65].
La posibilidad de efectos capaces de provocar mutaciones debido a la contaminación
interna con uranio empobrecido ha sido sugerida recientemente por la correlación
temporal entre el uranio implantado y la expresión oncógena de los tejidos [66], así
como por una inestabilidad genómica [67]. La transformación neoplástica de los
osteoblastos humanos en un cultivo celular que contiene uranio empobrecido confirma
el riesgo de cáncer provocado por el uranio empobrecido [68].
Eso corresponde a lo que ya se sabe de los riesgos cancerígenos que implica el
uranio empobrecido para las células endobronquiales, al igual que en las
evaluaciones cuantitativas recientes –determinadas por la carga pulmonar en las
inhalaciones de aerosoles [69]– de los riesgos cancerígenos que han sufrido los
pulmones de los ex combatientes de la primera guerra del Golfo. El riesgo se había
evaluado mediante el método de Battelle de simulación de liquido pulmonar
intersticial y el análisis de muestras de orina recogidas durante 24 horas de un
veterano que contenía 0,150 mg de uranio empobrecido 9 años después de haberse visto
expuesto por inhalación [70]. Resultó que la carga pulmonar correspondía a 1,54 mg
de uranio empobrecido en el momento de la exposición, con una dosis de radiación
alfa de 4,4 milisieverts (mSv) durante el primer año y de 2,2 mSv 10 años después de
la exposición.
Estos valores sobrepasan las dosis máximas tolerables de inhalación de uranio
empobrecido y justifican nuevas investigaciones sobre la posibilidad de
modificaciones malignas de los pulmones.
Estos datos recogidos en seres humanos son muy importantes cuando se analizan a la
luz de las pruebas recientes de los efectos mutágenos de las partículas alfa sobre
las células madre y las inestabilidades cromosómicas de las células de la médula
ósea que causan las radiaciones alfa [71] [72].
La inestabilidad cromosómica provocada por las partículas alfa explica claramente
los efectos mutágenos observados en los veteranos británicos de la guerra del Golfo
en cuyo organismo se detectó la presencia de uranio empobrecido, como lo mostró
recientemente el estudio de los linfocitos periféricos presentado en la universidad
de Bremen [73]. Este resultado corresponde al de estudios anteriores sobre las
inestabilidades cromosomáticas provocadas por una pequeña dosis de partículas alfa
comparadas con los efectos idénticos de las radiaciones de fotones [74].
Los estudios sobre los efectos de las partículas alfa y los recientes progresos de
la irradiación por microhaces de células provenientes de mamíferos permiten de
evaluar con precisión el recorrido de una partícula única a través del núcleo
celular y de medir su efecto cancerígeno [75].
Aunque los mecanismos de mutagénesis y de los efectos cancerígenos de las partículas
alfa inhaladas siguen siendo oscuros, se ha observado que pequeñas dosis de
partículas alfa pueden provocar modificaciones de las cromátidas hermanas en células
humanas normales [76].
Las implicaciones prácticas de esos estudios son importantes, teniendo en cuenta el
hecho que más del 10% de todas las muertes por cáncer en Estados Unidos se deben a
un depósito pulmonar de partículas alfa [77]. También resultan igualmente
importantes debido a la inestabilidad genómica de las células bronquiales humana que
provocan las partículas alfa, lo cual está bien documentado [78]. Las células
pulmonares humanas han resultado ser más sensibles a los efectos nocivos de las
partículas alfa que las de la mayoría de los animales de laboratorio. La evaluación
cuantitativa del radiológico que representa la inhalación de aerosoles de uranio
empobrecido debe tener en cuenta a la vez los mecanismos de depósito de partículas y
su eliminación por translocación en los ganglios linfáticos pulmonares y
tráqueobronquiales a través de la barrera alveolo-capilar o por expectoración y
translocación en el sistema rinofaríngeo o
gastrointestinal.
El modelo de eliminación de las partículas (ICRP-66) permite la más moderna
evaluación del depósito de partículas de uranio y de su eliminación así como la
evaluación de los aerosoles de uranio inhalados y su dosimetría interna. El estudio
sitúa la inseguridad máxima en un tamaño de partícula de 0,5-0,6 _m [79].
Los pulmones siguen siendo la principal puerta de entrada de los isótopos de uranio
al organismo, mientras que el blanco final son los tejidos esqueléticos. Estudios
muy recientes sobre la exposición crónica al uranio en su estado mineral natural
aportan argumentos de carácter probatorio a favor de los riesgos de tumores
pulmonares, tanto benignos como malignos [80]. Estudios actuales indican igualmente
que el uranio empobrecido puede causar daños oxidativos al ADN al catalizar el
peróxido de hidrógeno y provocar reacciones de ácido ascórbico [81].
La muerte celular provocada por las radiaciones, las alteraciones cromosómicas, las
transformaciones celulares, las mutaciones y la carcinogénesis son esencialmente
consecuencia de las radiaciones depositadas en el núcleo celular. Las radiaciones de
bajo nivel podrían provocar una inestabilidad genómica sin efectos evidentes de
movimiento de dosis, lo cual imposibilita una extrapolación a los efectos de dosis
elevadas y acentúa la importancia de los efectos de proximidad en las radiaciones de
partículas alfa de bajo nivel [82] [83]. Intercambios de segmentos de cromosomas
homólogos en dosis variables pueden provocar modificaciones del núcleo que se
traducen en mutaciones génicas interactuando con el citoplasma celular. Estos
efectos nocivos contradicen la idea según la cual pequeñas dosis serían incapaces de
provocar alteraciones génicas.
Tous les calibres de munitions à l’uranium appauvri sont disponibles et couramment
utilisés par les forces de l’OTAN sur les théâtres d’opération
Síndromes de las guerras del Golfo y de los Balcanes
Durante la primera guerra del Golfo, por lo menos 350 toneladas métricas de uranio
empobrecido se depositaron en el medio ambiente y entre 3 y 6 millones de gramos de
aerosoles de uranio empobrecido fueron liberados en la atmósfera. El resultado, que
fue la aparición del síndrome de la guerra de Golfo, es un trastorno multiorgánico
invalidante de tipo complejo. Al principió, se creyó que era provocado por la
inhalación de arena del desierto (enfermedad de Al-Eskan). Desde aquel entonces, ya
ha sido objeto de diferentes descripciones y denominaciones, cuyo número parece ser
inversamente proporcional a los conocimientos reales que tenemos de dicha
enfermedad.
Los síntomas de esta enfermedad progresiva son tan numerosos como sus
denominaciones: fatiga invalidante, dolores músculo-esqueléticos y articulares,
dolores de cabeza, trastornos neurosiquiátricos, cambios bruscos del estado de
ánimo, confusión mental, trastornos de la visión, trastornos en la locomoción,
pérdida de la memoria, linfoadenopatías, deficiencia respiratoria, impotencia,
alteraciones morfológicas y funcionales del sistema urinario. Este síndrome fue
primeramente subestimado y, posteriormente, fue reconocido como un síndrome
progresivo. Tratado a veces como una enfermedad imaginaria, ha sido calificado
sucesivamente de variante crónica del síndrome de fatiga crónica y de stress
post-traumático, para ser finalmente reconocido como una entidad diferente, en
algunos países no siendo así en otros.
Se ha tratado de evitar la realización de investigaciones objetivas en materia de
etiología y de patogenia sobre el síndrome de la guerra del Golfo retrasando los
estudios clínicos, orientándolos mal e incluso oponiéndose a su realización, lo cual
ha tenido efectos nefastos en las carreras de ciertos científicos cuyos sus estudios
clínicos no respondían a los intereses industriales o políticos. Nuestra actual
comprensión de su etiología está lejos de ser satisfactoria. Algunos autores suponen
que las causas incluyen a las mareas negras y los incendios de pozos de petróleo,
otros acusan a las vacunas preventivas y un tercer grupo se encaminan hacia agentes
biológicos o químicos, así como hacia modificaciones multifactoriales y no
específicas del sistema inmunológico y la exposición a los aerosoles de uranio
empobrecido [84].
La falta de coordinación de los esfuerzos de investigaciones interdisciplinarias
hace que ese síndrome complejo, provisionalmente llamado «síndrome de los Balcanes»
esté entrando en su segunda década de confusión. La cuestión de los criterios que
permiten clasificarlo sigue sin ser resuelta [85]. El mejor ejemplo de la diversidad
de clasificaciones es la diversidad de sus denominaciones. El análisis factorial de
Haley llega a 6 categorías predominantes que comprenden 3 síndromes menores [86].
Otros intentos de clasificación comprenden denominaciones tales como, entre otras
muchas, síndrome neuro-inmunitario, síndrome mucocutáneo-intestinal-reumatismal del
desierto, síndrome de stress postraumático, etc. [87]. Algunas de las supuestas
causas, como las mareas negras, los incendios de pozos de petróleo y el polvo de
arena que podrían corresponder a la primera guerra del Golfo, no pueden ser
consideradas como factores etiológicos en el conflicto de los Balcanes.
Sin embargo, las armas antitanque sí fueron utilizadas en ambos conflictos. Las
pruebas, cada vez más numerosas en la literatura reciente, de una contaminación
interna con uranio empobrecido entre los veteranos de la primera guerra del Golfo
contradicen en ambos casos continuos intentos de minimizar su existencia. La
eliminación de isótopos de uranio empobrecido entre los soldados contaminados y
enfermos se mantiene más de 10 años después de la exposición, en el caso de la
guerra del Golfo, y más de 7 años después del conflicto de los Balcanes. La mayoría
de los otros factores sugeridos deberían ser reexaminados en el marco de un estimado
de la semi-vida biológica del uranio empobrecido y de los posibles impactos
sanitarios progresivos sobre el organismo [88].
Estos factores comprenden sobre todo agentes químicos de baja intensidad, los
incendios de pozos de petróleo, la inmunización, el botulismo, las aflaxtoxinas y
los micoplasmas. La larga media-vida física y biológica, la desintegración de las
partículas alfa y la prueba bien comprobada de la toxicidad radiológica somática y
genética hacen suponer que el uranio empobrecido desempeña un papel importante en
génesis de los síndromes de la guerra del Golfo y de los Balcanes.
Resulta deplorable la ausencia flagrante de investigaciones serias y exhaustivas
sobre la correlación entre estos síndromes y la contaminación por uranio
empobrecido. La mayoría de los estudios que sugieren la ausencia de efectos
somáticos del uranio empobrecido en las zonas de conflicto de Bosnia Herzegovina
[89] no muestran índices reales de isótopos de uranio en muestras provenientes del
medio ambiente o de seres humanos. Sus conclusiones no pueden por tanto ser
evaluadas de manera objetiva al no existir una cuantificación de la concentración y
de la correlación de isótopos de uranio.
Al mismo tiempo, no existe explicación creíble para el fuerte aumento de los índices
de cáncer entre los veteranos de la primera guerra del Golfo [90]. Y no existen
programas de investigación objetivos e independientes sobre estas interrogantes,
exceptuando las investigaciones del Uranium Medical Research Center (UMRC). El UMRC
es la única institución que ha efectuado continuamente investigaciones sobre la
contaminación interna por uranio empobrecido, investigaciones que siempre ha
comunicado son espíritu científico y profesional. Este centro ha recurrido a los
métodos ultramodernos de ionización térmica y de espectografía de masa plasma. Estos
métodos han permitido identificar del 0,2 al 0,33% de U235 entre veteranos de la
primera guerra del Golfo, lo cual indica una concentración de uranio en la orina de
150 ng/l en el momento de la exposición, mientras que la población no expuesta del
Golfo registraba índices situados entre el 0,7 y
el 1,0% de U235, lo cual indica una concentración de uranio en la orina de 14 ng/l
solamente 70.

Estudios realizados en Afganistán
Aunque los estudios del UMRC sobre el análisis de la orina de los ex combatientes de
la primera guerra del Golfo hayan sido efectuados varios años después de la
exposición, las investigaciones más recientes basadas en el examen de muestras
biológicas y medio ambientales han coincidido con la Operación Libertad Inmutable
(OEF) realizada en Afganistán desde 2001.
Este país representaba una posibilidad de llevar a cabo un estudio en un momento
cercano al del conflicto. La operación Anaconda terminó en el preciso momento en que
el primer equipo del UMRC entraba en el este de Afganistán (fig. 1). Este tuvo
acceso a las instalaciones estacionarias ya que el equipamiento militar móvil no
había sido desplazado ni llevado a lugar seguro.
Los estudios del UMRC sobre la población de las zonas de Jalalabad, Spin Gar, Tora
Bora y el aeropuerto de Kabul identificaron a civiles que presentaban los mismos
síntomas multiorgánicos non específicos observados durante la primera guerra del
Golfo y la de los Balcanes: debilitamiento físico, dolores de cabeza, dolores
musculares y óseos, trastornos respiratorios, tos seca y persistente, dolores
toráxicos, trastornos gastrointestinales, síntomas neurológicos, perdida de la
memoria, ansiedad y depresión. Muestras de orina de 24 horas de sujetos sintomáticos
y de sujetos asintomáticos fueron recogidas siguiendo los siguientes criterios:
1) Aparición de síntomas coincidente con los bombardeos,
2) Sujetos presentes en la zona de bombardeos;
3) Manifestaciones clínicas.
Los sujetos miembros del grupo de comprobación fueron escogidos entre los residentes
asintomáticos de zonas bombardeadas. Un estimado de la contaminación medioambiental
había sido efectuado gracias a un análisis de muestras de suelo, de polvo [91], de
escombros y de agua potable [92] según criterios establecidos para la evaluación de
la dispersión, de los peligros de actínidos y la recolección de muestras del medio
ambiente después de los impactos (fig. 2 et 3).
Todos los sujetos, incluyendo a los del grupo de comprobación, fueron informados en
las lenguas locales, dari y el pashto, sobre el protocolo y la recogida de muestras
y firmaron una planilla de consentimiento. Todas las muestras fueron objeto de un
análisis de la concentración y de la correlación de cuatro isótopos de uranio: U234,
U235, U236 Y U238 mediante un espectómetro multicolector de masa con fuente de
ionización por plasma con cuplaje inductivo, en los laboratorios del British
Geological Survey de Nottingham (Inglaterra).
Los primeros resultados sobre la provincia de Nangarhar mostraron un significativo
aumento de eliminación urinaria de uranio en todos los sujetos, en una proporción
media superior en más de 20 veces a la de las personas no expuestas. El análisis de
las correlaciones isotópicas reveló la presencia de uranio empobrecido [93].
Análisis de muestras realizados durante un segundo viaje científico, en 2002,
revelaron concentraciones de uranio hasta 200 veces más elevadas que entre los
miembros del grupo de comprobación. Esos índices elevados de eliminación de uranio
total fueron comprobados en los distritos de Tora Bora, de Yaka Toot, de Lal Mal, de
Makam Khan Farm, de Arda Farm, de Bibi Mahro, de Poli Cherki y en el aeropuerto de
Kabul.
Los dos viajes permitieron descubrir idénticas presencias de uranio no empobrecido
en todas las zonas estudiadas del este de Afganistán (tablas 2 y 3, figura 4). Las
índices de uranio registrados en las muestras de suelo recogidas en lugares
bombardeados durante la Operación Libertad Inmutable eran de 2 a 3 veces más
elevados que los índices de concentración de 2-3 mg/kg observados en el mundo. Las
concentraciones en el agua eran significativamente más elevadas que los índices
máximos que tolera la OMS (cf. Nuestros documentos no publicados). Las
investigaciones del UMRC abarcan el centro, el oeste y el norte de Afganistán.
Además, de la continuación de los estudios sobre los análisis de orina para medir
los isótopos de uranio se ha iniciado una colaboración interdisciplinaria dedicada
al examen clínico profundo de las funciones renales y pulmonares, así como estudios
citogénicos de las aberraciones cromosómicas en la sangre
periférica de los sujetos contaminados y estudios con microscopio electrónico y
nanopatológicos de muestras de tejidos provenientes de biopsias y de autopsias.
Se mantendrán estudios longitudinales de ex combatientes de la primera guerra del
Golfo y de la población del este de Afganistán, al igual que la realización de
investigaciones sobre las enfermedades no explicadas aún entre los veteranos de la
segunda guerra del Golfo. Estudios clínicos organizados en centros médicos
universitarios internacionales e instituciones de investigación evaluarán los
efectos del uranio empobrecido y del uranio no empobrecido en los sistemas renal y
respiratorio mediante métodos modernos de morfología funcional y de imagen
informática.
Las investigaciones estudiarán específicamente la transformación neoplástica [94] la
apoptosis celular, la mutagenesis [95] y el riesgo cancerígeno [96]. Estudios de
contaminación del medio ambiente y biodistribución abordarán los graves y crónicos
efectos de compuestos de isótopos de uranio y evaluarán las dosis acumuladas de
radiaciones y sus efectos biológicos desde la introducción de la guerra radioactiva.
Los estudios en el terreno se están extiendo actualmente a las poblaciones civiles
de Irak, de la franja de Gaza, de los Balcanes y de nuevas regiones de Afganistán.
Nuestros estudios confirman el descubrimiento de U236 en muestras de suelo de
lugares bombardeados en Kosovo y la presencia de partículas de uranio empobrecido.
Estas muestras contenían cientos de partículas por cada miligramo de suelo
contaminado. El 50% de dichas partículas tenían un diámetro inferior a 1,5 _m y la
mayoría eran de diámetro inferior a 5 _m [97]. Nosotros tratamos de evaluar estos
resultados durante nuestros viajes científicos a las zonas en las que hubo combates.
Conclusión
La guerra CBRN moderna y la posibilidad que terroristas utilicen clandestinamente
dispositivos para la dispersión de materias radioactivas recientes en una nueva
dimensión al manejo de grandes masas de víctimas. El papel de la medina en la guerra
nuclear y radiológica se ve limitado por causa de la universal falta de capacidades
que permitirían enfrentar las complejas consecuencias del síndrome radiológico
agudo, de las heridas combinadas o de la contaminación de la biosfera y de la
población humana.
Enfermedades recientes, cuya etiología no ha sido explicada aún, la patogénesis y
las manifestaciones clínicas obligan a los médicos a intervenir en momentos en que
las modalidades de tratamiento plantean problemas no resueltos aún. Los efectos
nocivos de los radionucléidos que han ido depositándose en el organismo como
consecuencia de los conflictos militares de las últimas décadas, en particular los
efectos de los isótopos de uranio, son abundatemente abordados en la literatura
reciente.
Suscitando los inevitables progresos de una investigación objetiva y no sesgada
tendiente a aclarar las enfermedades inexplicadas que se han producido después de
los conflictos, la necesidad de análisis interdisciplinarios bien preparados y
coordinados sobre las consecuencias medioambientales y médicas de la guerra CBRN
generará conocimientos profundos en ese exigente capítulo de la ciencia médica.
____________________________________________
Ver también los artículos siguientes:
«Estados Unidos sabe matar, pero mata mejor con bombas de uranio» de nuestro colega
Ernesto Carmona.
y
«La dioxina fue lanzada extensamente por los EEUU durante la guerra de Vietnam» de
Hang Long.

Artículo de www.profesionalespcm.org insertado por: El administrador web - Fecha: 03/10/2007 - Modificar

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