No es casualidad que la única razón por la que Trump va a la cumbre de la OTAN —pese a su odio a los países europeos— es que se celebra en Turquía. "Si no fuera porque la organiza el presidente Erdogan en Turquía, creo que no iría", dijo el presidente la semana pasada. Estaba sentado en la Casa Blanca junto a Mark Rutte, secretario general de la organización, que intentó suavizar la situación bromeando y diciendo que también iría por él —Rutte se ha erigido como el gran adulador de Trump mientras este escupe su odio hacia el resto de Estados miembros—. "No habría ido por todo lo que hemos pasado en los últimos dos meses con los distintos países", insistió el presidente.
Hace 10 años, durante la cumbre de 2016, Erdogan invitó a la OTAN a celebrar su cumbre de 2018 en Estambul. Entonces, varios países de la UE maniobraron para impedirlo. "No queremos reforzar la imagen internacional de Turquía y [queremos] evitar dar la impresión de que la OTAN respalda la política interna del Gobierno turco", decían entonces altos cargos de la organización. Erdogan estaba lanzando su campaña de represión masiva tras el intento de golpe de Estado de 2016, la cual continúa todavía 10 años después.
La misma Turquía a la que los socios de la OTAN miraban con recelo por comprar sistemas antimisiles rusos (por lo cual fue expulsada del programa de los cazas F-35 y castigada con sanciones por EEUU que aún siguen vigentes), por bloquear el ingreso de Finlandia y Suecia a la organización y por atacar a las fuerzas kurdas apoyadas por EEUU en Siria.
Por no hablar de la represión interna. Mientras se celebra la cumbre, tienen lugar varias vistas judiciales contra el alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, principal rival político de Erdogan y en prisión provisional desde hace más de un año. Tiene tres causas pendientes que pretenden frustrar su carrera política. El alcalde fue incluso expulsado de su propio juicio junto a uno de sus abogados. "Mientras Turquía acoge la cumbre de la OTAN su futuro democrático se juega en un tribunal de [la cárcel de] Silivri", decía Nacho Sánchez Amor, diputado socialista en el Parlamento Europeo y relator para Turquía, quien ha asistido a las vistas en la prisión turca.
El mes pasado, otro tribunal ordenó la destitución del líder del partido opositor, Özgür Özel, en un enésimo ejemplo de la persecución política en el país. Turquía también ha detenido a centenares de personas, desde cómicos a activistas, en los días previos a la reunión, e incluso ha prohibido las manifestaciones hasta que acabe la cumbre, utilizada para apuntalar el poder de Erdogan. Los activistas han apodado la operación como 'Jardín de rosas sin espinas'. |