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Secciones: Convocatorias -  Documentos militante IU/ PCE

Título: Convocatoria a Pleno de Agrupación de Profesionales y Técnicos el 15/7/09 - Debate documento 27/6/09 Informe al PCM - Enlace 1 - Enlace 2

Texto del artículo:


Estimados camaradas;

Estáis convocados al Pleno de la agrupación del miércoles 15 de julio de 2009 a las 19,30h en la FIM, con el siguiente orden del día:

-Debate y aportaciones al informe del PCM (Ver documento PDF de 182 Kbytes y 26 páginas en formato PDF en ENLACE 1, y también texto más abajo)
- Varios

Saludos

P.V.
Resp. Política Agrupación Técnicos y Profesionales PCM

J.P.
Resp. Organización Agrupación Técnicos y Profesionales PCM

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Anticipo del texto:

INFORME DEBATIDO EN EL COMITÉ CENTRAL DEL PCM AMPLIADO del 27 de junio de 2009 PARA SU CONSIDERACIÓN, DEBATE Y APORTACIONES DE TODAS LA AGRUPACIONES DE MADRID.
“Detenernos un momento para reforzarnos y ser más eficaces”
1. Introducción
En el último Comité Central decidimos que, tras la Conferencia de Organización y Finanzas del PCE y las Elecciones Europeas, celebraríamos un Comité ampliado para debatir, sin limitaciones temporales, ni sujetos a calendarios de coyuntura, la situación del Partido en Madrid, así como sus planes de trabajo para incrementar por un lado nuestra eficacia política como Partido en la sociedad madrileña, y por otro lado nuestra visibilidad e influencia social más allá de lo que programática y electoralmente debemos a nuestro proyecto.
Todo ello en un momento de crisis del sistema en el que las condiciones objetivas deberían sernos favorables y en el que, además, afrontamos un XVIII Congreso del PCE que debe ir más allá de la síntesis de las conferencias celebradas desde el anterior.
Este informe es el resultado del debate mantenido, en primera vuelta, por el Comité Central ampliado el pasado 27 de junio, que debe ser enriquecido con las aportaciones que lleguen de las agrupaciones cara a su aprobación definitiva en un nuevo Comité Central durante la primera quincena de mes de septiembre. El propósito es reforzarnos ideológica, política y organizativamente como PCM para contribuir a una nueva convergencia de la izquierda alternativa a partir de los mimbres de IU, pero sobre todo, para nuestro trabajo como organización soberana, en lo sindicatos, en los movimiento sociales y en la sociedad no organizada para nuestro reforzamiento y la de un PCE que lleva veinte años más preocupado y ocupado en su política de alianzas, que por la lucha cultural, social e ideológica.
La reconstrucción del PCE, y por tanto del PCM, pasa por:
- Fortalecer y aclarar la línea ideológica para poder librar la batalla que el sistema capitalista impone en su estrategia de pensamiento único y fin de las ideologías.
- Establecer las líneas políticas básicas, coherentes con la línea ideológica, que nos permita hacer política en tiempo real.
- Establecer un modelo organizativo para afrontar el reto impuesto en base a tres conceptos fundamentales: libertad en el debate, unidad y disciplina.
El reto colectivo es poner en marcha:
- Un PCE que aspire a ser el Partido de y para la clase obrera en su actual estado de conciencia. Es fundamental el estudio a fondo de los cambios producidos en el seno de la clase obrera, su papel actual en el sistema, su grado de alienación, etc.
- Un PCE que sea capaz de analizar la nueva estructura socio-económica española e internacional, que no pierda la perspectiva de donde están los centros reales de poder para empezar a elaborar una alternativa al modelo capitalista vigente. Que analice desde el método marxista las causas de la crisis económica y sus consecuencias y proponga alternativas desde el cuestionamiento del modelo de producción capitalista.
- El PCE se ha de dotar de un programa político donde se dibujen alternativas para los trabajadores y trabajadoras frente al modelo socioeconómico actual, de la mujer frente a las nuevas formas de patriarcado desde un feminismo reivindicativo, al modelo de desarrollo actual basado en un crecimiento depredador de recursos, al modelo y forma del Estado, al proyecto de unidad europea, a la guerra como instrumento del imperialismo…
- Un PCE que no renuncia a su historia y trabaja en la recuperación de la memoria histórica.
- Un PCE que impulsa un movimiento sindical de lucha y no de concertación.
- Un PCE que esté en la calle y visualizado en el conflicto social y organizado en barrios, centros de trabajo, de estudio, pueblos, etc.
- Un PCE que reivindique la República como horizonte, teniendo en cuenta que en la historia de nuestro país la reivindicación de la república siempre ha sido patrimonio de los trabajadores y las fuerzas más progresistas.
- Un PCE que dedique máximos esfuerzos a la formación, al proselitismo y a la concienciación.
Reconociendo que el Partido debe trabajar en el movimiento sindical para su intervención en los problemas laborales, también lo es que el PCE tiene que visualizarse como tal partido, en el conflicto social y en la interlocución directa con los trabajadores y trabajadoras.
Lo mismo se puede afirmar de nuestra apuesta por la solidaridad internacional. Debemos fortalecer, promover y participar en organizaciones con Palestina, Sahara, Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y América Latina en su conjunto, entendiendo que si mucho se ha avanzado, le reciente experiencia de Honduras muestra la continuidad de los designios imperialistas. El partido, como tal, debe en su relación con la sociedad, hacer sus campañas de solidaridad y explicar las razones políticas de las mismas.
Es necesario participar en todo tipo de plataformas unitarias por reivindicaciones concretas o generales, pero el partido, como tal, debe estar en ellas de manera visible.
Hay que empezar a trabajar con los cargos públicos comunistas. El partido no debe renunciar a ningún ámbito de actuación.
Llevamos años hablando del PCE en IU, de IU, etc. Siempre del Partido en relación a IU. Hemos llegado a confundir el proyecto del Partido con la estrategia y a ésta con el instrumento de la misma. El error manifiesto de nuestro Partido ha sido permitir que el instrumento suplantara a la política y la auténtica estrategia de los revolucionarios anticapitalistas.
El proyecto del PCE es la construcción del socialismo y para eso elabora estrategias y se dota de instrumentos. IU es un instrumento más y es el Congreso quien debe evaluar su utilidad. El debate sobre IU debe huir de la coyuntura, de los resultados electorales, de los nominalismos y de sus protagonistas, para hundir las raíces del análisis en lo ideológico y lo político, muy ligado al terreno social que nos circunda, y en el que tenemos que trabajar.
La política de alianzas del PCE podrá concretarse en una IU libre de sus estructuras de Partido, en coaliciones coyunturales o en el propio partido abriendo sus candidaturas a personas que convergen con nosotros desde el punto de vista del programa o de la movilización. En cualquier caso ha de ser un partido en la sociedad y todos los debates deben estar abiertos en un congreso donde la reconstrucción del Partido y no la refundación de IU debe ser el eje sobre el que se articule el debate.
Debemos dar satisfacción, estimular y poner a trabajar las inquietudes de la militancia y abrir un proceso de debate profundo acerca de nuestra propia identidad, debate insuficientemente canalizado orgánicamente y que se viene manifestando en intervenciones en este Comité Central.
La Resolución Política de la Conferencia de Organización y Finanzas del PCE del pasado mayo es un inexcusable y valioso referente para abordar nuestro trabajo. Sus propuestas de acción y estratégicas, muchas de las cuales debemos leer como autocrítica, requieren nuestro leal acuerdo en la síntesis a la que lleguemos y la recuperación de la confianza y la camaradería que todos nos debemos. En las siguientes reflexiones y propuestas están presentes inevitablemente muchos de los análisis y propuestas que hemos debatido y aprobado con anterioridad.
La pretensión de este informe es aportar elementos para el debate y la cohesión en torno a la síntesis a la que estamos obligados a llegar.
Es el momento del impulso del debate abierto, sincero, constructivo y unitario en la búsqueda de una síntesis que permita al Partido en Madrid ser más útil para la causa de la clase trabajadora que hoy sufre los rigores de la crisis. Una crisis que se manifiesta en el paro, depauperación de las condiciones de vida y de trabajo, embargos, desahucios, mercantilización de los derechos humanos, privatización de los derechos públicos, atomización y exclusión social.
2. Elementos para el debate y la intervención de los comunistas en la sociedad
La gestación de la crisis y la desconcienciación ciudadana han sido paralelas y hoy, que aún no ha alcanzado su clímax, la mayoría de la clase comparte la inevitabilidad de capitalismo y le identifica con la democracia.
Esta hegemonía en el pensamiento se traduce a todos los niveles de la sociedad, y por ello es necesario que atendamos a todos los aspectos económicos, sociales y culturales sin perder de vista la hegemonía de las tesis individualistas en la sociedad moderna.
En ese contexto, en el de la primera crisis de la globalización y hegemonía del pensamiento capitalista, es en el que debemos entender el papel de los sindicatos en la economía globalizada. En una economía en la que van desapareciendo los grandes centros de trabajo, con deslocalizaciones y con relaciones diferentes entre trabajadores de las mismas unidades empresariales, en una sociedad donde imperan las economías especulativas, que han transformado las relaciones que se dan entre los trabajadores, es en donde debemos reflexionar acerca del papel de los sindicatos de clase. Por ello, el papel del sindicalismo actual y su vinculación con el Partido, el papel de los comunistas fuera y dentro de los sindicatos, es una de las cuestiones claves sobre las que debemos debatir. Hay que tener en cuenta que muchas de estas cuestiones se debatieron en nuestra Conferencia del Mundo del Trabajo, cuyas conclusiones deben ser retomadas y actualizadas.
Tenemos que reflexionar sobre el alcance de los cambios operados y sobre nuestra participación en CC.OO. –que sigue siendo nuestra referencia sindical y el sindicato al que todos/as deberíamos pertenecer- y en como llevamos a ella nuestras propuestas para el mundo del trabajo, haciendo que nuestras alternativas lleguen a las bases sindicales y al conjunto de la clase más afectado por la crisis. Los camaradas a los que no les es posible participar en CC.OO. tienen la misma tarea en sus referentes sindicales.
La desestructuración de la clase es producto de un largo proceso de acumulación basado en la precarización y la sobreexplotación, de la despolitización sindical y de lo que hemos dejado de hacer en el largo periodo precedente a la crisis que afrontamos disminuidos políticamente como proyecto electoral, desaparecidos socialmente como comunistas, sin fuerza para agitar la domesticada acción sindical, sin capacidad política y organizativa para impulsar el conflicto y sin la credibilidad para la gente objetivamente de izquierdas, que sigue siendo el germen de los cambios necesarios y posibles y para quienes subjetivamente son de izquierdas y no se encuentran entre el 40% de la población que ya está sintiendo los efectos de la crisis
Esta reflexión nos debe abrir el debate sobre la intervención pública de la economía, sus posibilidades, sus mecanismos actuales y nuestros objetivos. No se trata de repetir machaconamente “lo público”, sino de dar contenido a las palabras contra el capitalismo. Sólo de la confrontación de nuestros errores colectivos puede surgir la cohesión y la unidad de acción entorno a un programa capaz de convencer a mucha gente de que no son inevitables el neoliberalismo y sus consecuencias, de que no es lo mismo capitalismo que democracia, de la necesidad de la política como participación colectiva en la toma de decisiones y de que son posibles desde la acción pública una enérgica intervención sobre los todavía obscenos beneficios del capital, la reducción de la jornada laboral sin pérdida salarial y la necesidad y eficacia de lo público para la socialización de la riqueza. Para ello, sin olvidar su importancia, no deberíamos dedicar más tiempo del necesario a elementos programáticos que no estén en la raíz de la conflictividad expresa y latente.
Dentro de esta lucha por lo público debemos centrar el debate en torno a la República, como valedora de derechos y libertades, como forma de Estado que antepone lo público a los intereses privados.
Un republicanismo constructivo y una Constitución para la III República deberían retomar algunos de los contenidos por los que luchamos y fueron asumidos por la oligarquía en la Constitución de 1978 como salvaguarda de la paz social en el crítico momento del pacto constitucional, para hacer de ellos, además de todos los que implica una constitución republicana para la construcción del socialismo democrático, derechos legalmente exigibles.
La necesidad de romper con todos los hitos de la recomposición del capitalismo no es una revelación. Viene precedida por los avances y retrocesos del movimiento obrero, por sus contradicciones y las resistencias del sistema. En nuestro trabajo tenemos que ser conscientes del avance de la sensibilidad republicana -aún lento por la interesada mitificación y protección del juan carlismo-, al tiempo que prosperan el individualismo y la insolidaridad y se va perdiendo la perspectiva socialista como solución a la barbarie capitalista.
El interesado espectáculo en el que el PSOE y PP, inmersos en la corrupción, están convirtiendo a la política frente a una crisis que se va a agudizar, conduce al desapego y la fascistización como ha quedado palpable en la participación en las recientes elecciones europeas en las que los resultados de las formaciones alternativas han dependido menos de su carácter de partido clásico o coaliciones, que de las circunstancias de cada país.. Tenemos la obligación y la necesidad de explicar el valor y la fuerza de la política democráticamente entendida, junto a la movilización, como instrumento de la clase.
Marx estableció que las crisis son inherentes al sistema capitalista y garantía de su continuidad. El fin del capitalismo será el del triunfo de la lucha de la clase trabajadora organizada. No va a morir el capitalismo, que se apresta a recomponerse, de su actual crisis, y nuestra obligación es hoy la de impulsar otro paso en la lucha de clases para evitar que la salida que se está diseñando deje una ciudadanía más alienada, un consumidor más compulsivo y un trabajador más débil y asustado, como comparsas de la perpetuación del sistema.
Debemos aprovechar la crisis par la convergencia política, social y cultural frente al capitalismo. No se trata simplemente de que sigan votando a IU los cada vez más escasos “progres” realmente existentes.
Hoy son numerosas las voces que hablan de la necesidad de un cambio de modelo, incluso entre los intelectuales situados en la órbita del socialismo-liberal y del liberalismo clásico, ante lo insostenible de un modelo como el actual que ha conducido a la sociedad y al planeta al límite de la barbarie. En este contexto, debemos ser conscientes de la necesidad de nuestra participación activa en un proyecto programático y electoral, anticapitalista y republicano, como se ha aprobado en la última Asamblea federal de Izquierda Unida, para lo cual se requiere que sigamos apoyando y difundiendo las alternativas que para su transformación hemos propuesto en el documento político mayoritariamente asumido y exigiendo la necesidad de una sistematización programática para impedir aparezca ante los trabajadores como una fuerza política de ocurrencias brillantes ante cada renuncia y parche del gobierno del PSOE, sino como una alternativa real ante esta crisis. Como corresponsables de la construcción de un movimiento político y social alternativo, debemos seguir trabajando para una convergencia de la izquierda anticapitalista y republicana e ir extendiendo entre los asalariados la superioridad del comunismo como forma de organización social a través de la construcción inicial del socialismo. Esa es la lucha que no tiene caducidad, más allá del éxito que tengamos en hacer de nuestro actual proyecto estratégico un instrumento eficaz para el conflicto social y la emancipación.
Articular una alternativa debe partir necesariamente de una reflexión más profunda que nos lleve al origen del problema, para lo cual no podemos hurtarnos a una de las cuestiones principales como es la configuración actual de la clase destinada a emanciparse. ¿Cuál es la caracterización actual de la clase trabajadora y qué cambios ha sufrido en las últimas décadas? ¿Podemos seguir hablando de la lucha de clases tal y como la definieron Marx y Engels en el siglo XIX? Desde esta perspectiva es desde la que debemos entender el papel actual del Partido, sustentándolo en su afirmación ideológica y armando cultural y políticamente a su militancia para prepararla en una guerra en la que el capitalismo nos ha derrotado en una batalla crucial.
Por ese motivo debemos seguir construyendo un tejido social que se fundamente en el debate político y en la práctica política. Por ello, apoyar las alternativas de IU frente a la crisis no significa renunciar a luchar por el cambio de sistema en el sentido que refleja la Resolución de la Conferencia del PCE, donde nos reafirmamos en que la democracia y el capitalismo son incompatibles, ni a que IU se muestre como una formación anticapitalista según lo aprobado en la última Asamblea Federal, aunque, por el momento, siga moviéndose en la propuesta del cambio del modelo productivo. Debemos también exigir que el acabar con la precariedad laboral y conseguir un empleo estable no dependa del pacto que sigue proponiendo, si no que sea fruto de una enérgica intervención estatal que, entre otros extremos, implique la reducción de la jornada laboral a 35 horas sin reducción salarial, esto es, a costa de los beneficios del capital, bien directamente o bien mediante la necesaria reforma fiscal, no a costa de los actuales recursos del Estado.
Tampoco el modelo de concertación social se corresponde ni a la gravedad de la crisis ni al papel que deben jugar en su solución sus responsables y sus víctimas. Por eso, no se trata tanto de un “gran acuerdo social anticrisis, con la participación activa de sindicatos y empresarios”, sino de la presión de la clase trabajadora para que sea el Estado el que adopte las medidas necesarias.
Debemos volver a poner en valor nuestro impulso histórico para la democracia, mostrar nuestra razonada insatisfacción con su estado actual y explicar la necesidad de su perfeccionamiento hacia una democracia participativa que siente las bases de una sociedad, aquí y donde sus consecuencias son aún más brutales, no sometida al capitalismo.
Como decíamos más arriba, no podemos considerar la actual coyuntura económica como transitoria, puesto que eso significaría negar las condiciones que permitan a la clase trabajadora avanzar en la agudización de las contradicciones del sistema y provocar en un futuro su quiebra y la consecución del socialismo. Es una realidad que las condiciones que se iniciaron en Europa ante la caída de la URSS han permitido al capitalismo ignorar las conquistas sociales y laborales de los trabajadores de la Europa occidental y avanzar hacia unas condiciones en donde los derechos al acceso a los servicios y la seguridad se ha convertido en el valor que justifica la agresión laboral, sindical y social.
En apenas 20 años Europa y el mundo han sufrido un golpe que ha cambiado la práctica totalidad de las relaciones existentes hasta el momento. Hemos ido sufriendo los conflictos en el interior del sistema sin ser conscientes de esa realidad y sin haber sido capaces de contribuir a agudizar las contradicciones existentes. Al contrario, el sistema ha sido capaz de ocultar sus contradicciones, hacerlas invisibles a las mayorías sociales y construir un mundo en donde rige la mercantilización cultural y económica.
El sistema económico, durante estos últimos años, se ha sostenido a base de aumentar la deslocalización empresarial, rompiendo los vínculos históricos entre trabajadores y fábricas, difuminando el papel sindical e impidiendo el conocimiento de los trabajadores de las mismas unidades productivas. Paulatinamente se ha ido trasladando la producción de bienes a aquellos países donde se ignoran los derechos de los trabajadores o sencillamente, estos derechos no están regulados. No es cierto que la economía se haya desmaterializado, más bien al contrario, se ha ido aumentando la producción de bienes, pero alejándola de los centros de consumo.
Paralelamente, en este mundo sin fronteras para el capital, las economías desarrolladas (fundamentalmente en la Unión Europea y en EE.UU.) han ido desarrollando un sistema de economía especulativa que se fundamentaba en la gestión financiera de los excedentes de producción y en la transmisión permanente de información. De esta forma, se ha ido construyendo un complejo sistema de relaciones económicas alejadas de la producción (tanto física como económicamente) y apoyadas casi en exclusiva en la confianza.
Este modelo era tan atractivo que olvidó sus orígenes, que olvidó la necesaria vinculación entre producción y consumo, entre producción y materia, entre consumo y salario. Porque este es otro de los elementos más significativos de este modelo, la eliminación del valor del salario. Los trabajadores han perdido el valor de su salario, y ese se ha trasladado a su capacidad de préstamo. Los trabajadores ya no responden a sus necesidades con su salario, sino que responden a su salario con las obligaciones financieras contraídas.
Y este modelo seguía desarrollándose mientras el planeta, ese al que el filósofo Leonardo Boff define como Gaia Madre, dice basta. Porque para que occidente consuma, para que una mínima parte del planeta consuma, el resto, la mayor parte, debe morirse de hambre. Esa es la única manera de sostenerse.
3. El contexto madrileño
No es el objetivo de este informe valorar ni describir las condiciones que marcan el actual modelo económico, pero sí es preciso apuntar los elementos que de una manera evidente han condicionado el desarrollo de nuestra Comunidad Autónoma. Porque Madrid, dentro de este sistema no ha jugado un papel secundario. Madrid, primero con Alberto Ruiz Gallardón, después con Esperanza Aguirre, se ha puesto a la vanguardia de ese modelo, ejerciendo como campo de pruebas de lo que después vendría a desarrollarse en otros espacios.
Madrid ha desmantelado su tejido productivo para trasladarlo allá donde las condiciones laborales eran más favorables para los propietarios de las grandes empresas. La pequeña industria madrileña sigue teniendo un importante peso dentro de la economía de la Comunidad, pero se trata fundamentalmente de una industria logística con escaso valor añadido. Los recientes conflictos en los sectores automovilísticos, químico y del metal son consecuencia final del proceso.
Esta desindustrialización silenciosa se ha ido materializando con la construcción de un modelo económico fundamentado en la consideración simultánea del territorio como bien de producción y como producto. Esta aparente contradicción es resuelta dentro de una economía especulativa que da valor al suelo en función de las expectativas para ser producto, de tal forma que no es tan importante el resultado como el proceso.
De esta manera, Madrid ha dado prioridad a la construcción aislada e inconexa de núcleos residenciales y de servicios privados que han dado una expectativa de valor al suelo que luego se ha materializado en las ventas de vivienda, trasladando de esta manera a los propietarios esta expectativa de valor. Así puestos, sólo mediante el mantenimiento de esta expectativa es posible garantizar el “salario” de los trabajadores que han puesto su salario real a disposición de la economía productiva. Se garantizan dos condiciones para el sistema, desactivar las luchas laborales por cuanto los trabajadores deben mantener su puesto de trabajo para hacer frente a su endeudamiento, y por otro lado garantizar el perpetuo sistema especulativo. En Madrid la destrucción de empleo está siendo más rápida que en otras Comunidades Autónomas.
Este modelo se complementa con el uso intensivo del territorio de Madrid, que ante la máxima ocupación del suelo debe disponer de una amplia red de infraestructuras que permitan la circulación de bienes y trabajadores. Nuevamente se cumplen dos objetivos del modelo; por un lado los trabajadores requieren de excesivo tiempo para trasladarse de su residencia a su centro de trabajo (desactivación social) y de otro lado, el territorio se convierte en producto para nutrir de cuantiosos beneficios a las empresas constructoras.
Este modelo que se consideraba con futuro se ha topado con la realidad, de que estaba sostenido por la confianza de que las expectativas tenían el valor asignado. Cuando el sistema financiero quiebra, esa confianza desaparece y por tanto desaparecen las expectativas de valor. Sin embargo, difícil retorno tiene para los trabajadores endeudados, deudas que se corresponden a valores ficticios, meramente especulativos, en donde el conjunto de la sociedad, voluntaria o involuntariamente ha sido obligada a colaborar.
Todo el modelo se ha mantenido gracias a otra de sus características que es el progresivo desmantelamiento de los servicios públicos. No sólo se ha producido una privatización del sector público, sino que el pensamiento neoliberal se ha convertido en dominante y es la mal llamada izquierda la que sirve a estos propósitos cuestionando la eficacia del sector público, algo que la sociedad ha asumido culturalmente como una rémora del pasado. Se cierra el círculo y los servicios públicos son entendidos socialmente no como el ejercicio de derechos conquistados por siglos de lucha, sino como bienes de consumo, necesariamente mercantilizados.
Valoramos positivamente el resultado de la manifestación sindical del pasado 14 de mayo. Más allá de las reticencias y cautelas de las cúpulas de los sindicatos mayoritarios, estuvieron representados la mayoría de los conflictos laborales del país, algunos incluso arrastrados desde antes de la crisis. Ellos, y los que siguen surgiendo, son el detonante de la Huelga general que va a ser inevitablemente convocada ante la presión por abajo y la actitud del gobierno del PSOE. Dicha actitud puede responder a una irresponsable valoración del control que ejerce sobre las cúpulas sindicales; al prediseño de un gobierno de salvación a la alemana; a un pacto tácito para la consolidación de un turno bipartidista a la medida de los intereses de la oligarquía; o a un grave error de cálculo de los dirigentes del PSOE en su capacidad de alienación. Sean esas, u otras, las posibilidades, no podemos permanecer invisibles por más tiempo ni en los conflictos desatados en la región ni en las colas del INEM. Sin dejar de ser referencia de la oposición al PP madrileño como exponente del más rancio conservadurismo ultraliberal, debemos extender nuestra praxis concienciadora respecto a las responsabilidades y connivencias del PSOE con un modelo y un sistema cuyos designios comparte con el PP y casi todos los nacionalismos, como se trasluce escandalosamente en las medidas adoptadas frente a la crisis y los mensajes lanzados en la reciente campaña electoral. No podemos participar en la huelga que se avecina como comparsas de la convocatoria sindical, sino llegar a ella como coprotagonistas de su gestión y su éxito.
La corrupción en el PP madrileño no es la suma de vergonzosos hechos aislados, debería ser el caldo de cultivo de su derrota, pero no es la tendencia que, desgraciadamente, marcan los últimos resultados electorales. Al PP no le ha castigado la corrupción. Al PSOE la crisis, en los resultados estatales, tampoco.
De momento, en IU-CM se sigue haciendo la política y definiendo la estrategia desde la praxis institucional, con las limitaciones que ello implica y tirando hacia abajo, en ese sentido, de la organización. Las propuestas de IUCM frente a la crisis están saliendo del trabajo institucional, tanto en el ámbito parlamentario en la Asamblea de Madrid, como de los municipios donde se tiene representación. Debemos esperar que una vez pasada la campaña europea, la nueva dirección asuma su papel, aunque, obviamente, no vamos a someter nuestro trabajo ni a su voluntad ni a sus ritmos.
4. El Partido en el contexto económico y social actual
La oligarquía española que derribó militarmente a la II República supo, cuarenta años después, tras la muerte de su sanguinario valedor, adaptarse a las condiciones que la construcción neoliberal europea imponía para su normalización y hegemonía, y salió indemne, junto a la iglesia católica y un ejército que, tras el 23-F vio frustrado y reemplazado su papel histórico por una monarquía oportunistamente reciclada a la modernidad. La Constitución de 1978 fue el peaje calculado y, como tal, contiene elementos derivados de la resistencia contra el franquismo, en la que en la clandestinidad y la transición fuimos protagonistas.
Aún siendo cierto, que ese cálculo incluía, especialmente en el diseño de la ley electoral y la no depuración del aparato jurídico-policial ni de las responsabilidades en el régimen anterior, la garantía del incumplimiento de hecho de sus previsiones más sociales, deberíamos reflexionar sobre la declaración de ruptura constitucional por parte de nuestro Partido, más allá de reconocer la necesidad de neutralizar la mediáticamente interesada visión del carrillismo personalizado como estrategia para situarnos como fósiles históricos de una transición presuntamente ejemplar. Una cosa es nuestra posición frente a la monarquía y el modelo de Estado y otra desconsiderar el papel de los comunistas en la Transición. Una cosa son los manifiestos incumplimientos constitucionales y otra desaprovechar su denuncia frente a una clase hoy más alienada que hace treinta años y caer en un discurso interiorizado mientras vamos desapareciendo del imaginario colectivo sumergidos en tacticismos para la supervivencia y, desde el último Congreso, refundación de IU.
Dentro de este clima táctico se ha desarrollado la última Conferencia de Organización y Finanzas del PCE, a la que desde el PCM hemos contribuido políticamente, aunque desde la crítica en cuanto a las formas y la oportunidad. Aún así hemos hecho nuestro trabajo y muestra de ello han sido las reuniones de treinta y cinco agrupaciones y el que casi el cincuenta por ciento de las enmiendas, aportaciones y resoluciones debatidas han procedido de esta federación.
Llevábamos a ella, y así lo expusimos en nombre de la sensibilidad mayoritaria de la delegación, los siguientes objetivos:
? Que fuera la oportunidad crítica y autocrítica para caminar en el sentido de la paradigmática relación entre teoría y praxis.
? Fijar la estrategia para las nuevas condiciones ahora que es más necesaria que el tacticismo que hemos venido practicando.
? Impulsar el debate de los problemas políticos que gravitan sobre los organizativos.
? Ayudar a seguir construyendo hegemonía en IU a partir de la hegemonía en cada federación para la refundación que propugnamos, en los términos de la política de alianzas leninista, que para nosotros debe ser el proyecto.
? Situar en su justa medida los problemas financieros del Partido en relación al esfuerzo y posibilidades de cada militante, cada agrupación y cada federación.
? Dejar claro que la cohesión requiere la coherencia en todos y cada uno de los ámbitos federal y territoriales, y que la disciplina, así mismo, requiere coherencia, especialmente, de arriba abajo.
? Sentar las bases precongresuales para la recuperación de la confianza de la clase trabajadora de la que, en teoría y casi en solitario, seguimos siendo instrumento determinante para la defensa de sus intereses.
El documento resultante, enriquecido por las enmiendas, no da satisfacción a todo ello pero es un instrumento que debemos aplicar. La resolución política final debería cohesionarnos en torno a la batalla ideológica que hoy es imprescindible.
Los problemas organizativos que nos aquejan se manifiestan en el conjunto del Partido en su relación dialéctica con lo político y la doble militancia dificultada, en demasiados casos, por las características y correlaciones de fuerza internas en las federaciones de IU. Todo ello es fruto de la paulatina disminución de la hegemonía de los comunistas organizados. Los crecientes conflictos surgidos desde que en IU dejamos de ser coalición de partidos e independientes y optamos por transformarnos en Movimiento político y social, especialmente en los últimos años, reflejan una tensión interna que no hemos sabido neutralizar y superar con la cohesión como alternativa al centralismo democrática. Hemos sido corruptores y corrompidos -políticamente hablando- por el Proyecto, sin saber gestionar a tiempo conflictos que, en buena parte, probablemente sean hoy irreversibles, tanto de ámbito local como de federación.
Desde la crisis en Asturias hasta el reciente posicionamiento mayoritario y aparentemente irreconciliable del PC de Castilla y León, pasando por las situaciones creadas en varias federaciones, algunas de ellas sin resolver como en nuestro caso, en el ámbito federal el PCE e IU han colisionado o han acordado en algunos casos sin conceder a federaciones afectadas el papel determinante que hubieran debido tener en el camino de la hegemonía o, al menos, en el de no haber ido perdiéndola. Los nuevos aires centralizadores que se desprenden del documento de la Conferencia de Organización y Finanzas, poco van a contribuir a restaurar una organicidad muy dañada si no se enmarcan en las insuficiencias y problemas políticos que nos vienen aquejando. Especialmente, quienes hemos estado en la dirección permanente federal desde el último Congreso debemos hacer antes del próximo una profunda autocrítica.
Nos reconocemos en los avances que ha supuesto la Asamblea Federal de IU en lo político y en la elección del Coordinador, no así en lo organizativo, como ha quedado demostrado en la campaña de las elecciones europeas, en la nueva deslealtad de ICV y en la actitud del grupo parlamentario en relación a los Presupuestos Generales del Estado, que está siendo la misma de siempre en un momento en que no debería haber veleidad alguna hacia un Gobierno que está dispuesto a invertir 99 mil millones en reflotar el sistema financiero y tiene en cartera una nueva reforma laboral.
5. El papel del PCM dentro de IU-CM
Si la refundación de IU se muestra llena de incógnitas en el mar de contradicciones en que sigue sumergida, en el caso de nuestra federación, las costumbres del lugar dibujan un panorama más sombrío frente al que nuestro esfuerzo puede ser decisivo si corregimos los errores que como PCM hemos cometido. Lograr una nueva mayoría en IU y en IU-CM, en la que representamos los avances políticos que, sobre el papel, ha representado la última Asamblea Federal, no ha sido uno de ellos.
No podemos eludir la contradicción entre la cohesión y la disciplina en la que nos hemos ratificado en la Conferencia Federal y el tacticismo en el que nos hemos movido en los ámbitos federales, y con el que no debemos seguir operando.
El tacticismo, visión cortoplacista de nuestra estrategia aprobada en los últimos Congresos del PCE, así como el mantenimiento de unos determinados métodos de trabajo, han sido los principales factores de desánimo entre nuestros camaradas y de la innecesaria y castradora tensión que arrastramos en una militancia comunista que mayoritariamente quiere seguir siendo instrumento en la lucha de clases.
Ello sitúa el debate en los papeles del PCE e IU. Más que en el debate sobre IU sí o no, en el estímulo para una praxis que, sin contradicciones con su programa e incorporando en nuestro trabajo la voluntad de su refundación como movimiento político y social anticapitalista, republicano, solidario y participativo, nos sitúe más cerca de la clase, sus problemas y sus intereses, nos devuelva su confianza electoral y, sobre todo, la ayude a tomar conciencia de su papel histórico más allá de los imprescindibles avatares electorales.
Hasta ahora poco se ha avanzado en el Partido, y casi nada en IU, en lo que debemos entender por refundación, por lo que queda abierto el debate más allá de nuestro entendimiento de ella como una política de alianzas, como una convergencia crítica contra el sistema.
El valor de IU como instrumento electoral, en un momento en que deberíamos intentar que no siga habiendo desplazamiento del voto de la clase trabajadora a la derecha, el centro o la abstención, se va a medir en elecciones que van a producirse después de que hayamos comprobado nuestra capacidad o no, para refundarla y ese designio se va a lograr, o no, a su vez, después de la celebración de nuestro próximo Congreso.
IU, como hemos dicho, fue una política de alianzas leninista que, como tal, tiene vigencia, revisada a la luz de la situación actual. Cosa distinta ha sido, y es, la quiebra en ella de nuestra cohesión que, en el caso de Madrid, ha quedado plenamente plasmada en el retroceso que hemos experimentado en IU CM desde su anterior Asamblea y lo que conseguimos con nuestro trabajo con la pluralidad, del que no renegamos, en el extinto Consejo de Madrid Ciudad y que dio sus frutos en las últimas elecciones municipales.
Las elecciones europeas han demostrado, que si bien la última asamblea de IU ha frenado la caída libre, el proyecto de IU en los términos actuales no es viable. Nuestra Comunidad Autónoma, Madrid, es la referencia fundamental para la construcción de cualquier proyecto estatal. El hecho de no superar aquí el 5% de votos en unas elecciones es un dato inédito en 31 años de monarquía parlamentaria. El ascenso de UPD quiebra las veleidades de un gobierno de progreso en la Comunidad de Madrid. El retroceso paulatino en la capitales de provincias y la emergencia de un nuevo proyecto amarillista y neoliberal (UPD) cierra el ciclo histórico del proyecto de dos almas de IU, un alma alternativa enraizada en los movimientos sociales y otra engarzada en la gobernabilidad que sueña el giro a la izquierda de la fuerza que representa una de las fracciones del capital financiero: el PSOE. El alma de la gobernanza ha minado desde el año 95 las alianzas sociales de una fuerza política que respira y crece en el antagonismo al modelo neoliberal y se ahoga en los acuerdos y componendas al margen de los movimientos y de la militancia. No tiene sentido ningún debate absurdo acerca de IU si o IU no; la realidad lo ha resuelto por nosotros, la IU que existe no es viable. No es momento de eludir responsabilidades, de echar la culpa a otros, como Partido somos corresponsables. Llegó el momento de cambiar en profundidad empezando por nosotros mismos y nosotras mismas, dando ejemplo.
Cual sea el proyecto político que puede articular la alternativa política a la clase trabajadora es el debate central. Cómo construir una nueva democracia donde el valor del trabajo imponga su hegemonía sobre el capital. Desde luego, no la socialdemocracia. Más que nunca debemos rechazar hoy esa tentación que surge en IU cada vez que el PSOE se desplaza un poco más hacia el centrismo social liberal.
Hace 20 años que cayó el muro de Berlín y la experiencia histórica del campo socialista en el este de Europa, hoy con al crisis del modelo neoliberal, asistimos al tiempo a la quiebra del proyecto político del compromiso histórico que inició Berlinguer en la Italia de los 70, los comunistas en Italia son extraparlamentarios, la posibilidad de construir un proyecto socialista en el marco institucional hegemonizado por la oligarquía, en el marco de la democracia representativa, no es viable.
Por el contrario, el socialismo en el siglo XXI se articula en torno a procesos democráticos participativos, inclusivos, partidarios y constituyentes que sustituyen la hegemonía del capital financiero, por la hegemonía de las clases subalternas mediante la articulación de procesos participativos de recomposición de la sociedad civil del trabajo, que por medio de la participación directa construye un nuevo Estado que supera la democracia representativa de mercado, por una democracia participativa en la que la participación en la garantía principal de los derechos humanos y donde todos los representantes son revocables mediante procesos de participación directa de la población.
El reforzamiento, la cohesión y la coherencia del PCE, en todos sus ámbitos, es la única garantía de que IU sea la convergencia alternativa al sistema que propugnamos, sabiendo que en ese proceso tenemos que convencer y convivir solidariamente con quienes todavía agotan sus expectativas en el mero cambio del modelo y oponernos rigurosa y lealmente a los que probablemente han entendido las últimas Asambleas Federal y Regional de IU como una pausa hasta la “IU partido” que siempre han propugnado.
La refundación que federalmente se ha aprobado en términos muy genéricos requiere desarrollarse en concreciones difícilmente aceptables para los que la asumieron tácticamente para auparse a una nueva mayoría. Si a su resistencia estratégica añadimos elementos voluntaristas como la reafiliación de todos los adscritos, el horizonte de la prevista nueva Asamblea resulta sombrío. Si la refundación ha sido el elemento aglutinante, el bálsamo de fierabrás para algunos, para intentar sacar adelante una IU moribunda hacia modelos de variopinto designio, mientras no decidamos congresualmente otra cosa, nosotros debemos trabajar para que se produzca en la dirección más útil a los intereses de la clase trabajadora, refundando sobre nuestro papel en la lucha de clases. Para ello, por mucho esfuerzo que suponga y allá donde nos sea posible, sigue siendo necesaria la doble militancia
6. Reforzamiento del PCM
Este no es el momento de balances que corresponden a procesos congresuales, pero si el de formular propuestas, algunas de las cuales, por su carácter recurrente, son prueba de nuestra insuficiencias y autocrítica de este Comité Central.
El PCE tiene importantes retos, sabemos que no es posible es España construir un proyecto político sin Madrid y el resto de las federaciones, por eso es momento de cumplir con la tarea que nos toca, aportar una organización en nuestra Comunicad con capacidad de intervenir de forma unitaria en todos los frentes de lucha, demostrando que la unidad del Partido se construye en torno al debate político y la dirección colectiva, en torno a la lucha por el socialismo y el comunismo, en torno a la estrategia de unidad y de lucha inclaudicable.
Sin dejar de cumplir todos nuestros compromisos en la IU que hay que cambiar -siendo conscientes de que es un instrumento estratégico y no una estrategia en sí misma? o ante la tesitura de que sus contradicciones internas lo hagan ya imposible, este Comité Central, que debe ser cada vez más una dirección colectiva en el marco precongresual en el que nos encontramos, tiene que ser el sitio del debate riguroso y sereno ?con la idea fuerza aprobada de detenernos para avanzar? para acordar las tareas que el conflicto social urge y cohesionarnos en torno los resultados del Congreso del PCE. Debemos salir ya de ese Congreso preparados para asumir los retos que la situación de la clase trabajadora madrileña nos plantea sin más pérdida de tiempo y con dos años por delante, hasta las próximas elecciones municipales y autonómicas, sólo para trabajar en lo que realmente importa.
Debemos aportar al profeso federal el fortalecimiento del Partido en Madrid, la síntesis superadora construida colectivamente, asumiendo la responsabilidad de superar las diferencias empleando el debate colectivo, el trabajo y la camaradería, esa relación fraternal tan imprescindible para luchar y, sobre todo, para vencer. Como dijera el Che: “hay que luchar todos los días porque ese amor por la humanidad viviente se transforme en hechos concretos que sirvan de ejemplo para la movilización”.
Resulta necesario construir un Partido capaz de implementar la lucha unitaria en todos los frentes de trabajo, la articulación de la dirección colectiva se plantea, por tanto, como un reto esencial en cada nueva etapa, un trabajo político que debe implicar al conjunto de la militancia superando el binomio base-dirección para entrar al pleno desarrollo de un Partido donde cada militante tiene una tarea de la que rinde cuentas al colectivo, desde el/la secretario/a general al militante más reciente.
Este proceso de discusión política en el Partido de Madrid debe ser el comienzo de la superación de las fracturas que imposibilitan la capacidad de intervención y que lastran su capacidad de lucha. Ha llegado el momento de lanzar el mensaje claro: El Partido Comunista de Madrid se cohesiona entorno al debate político y marchará unido a todos los frente de lucha, no por fuerza administrativa, sino por la disciplina consciente que emana del debate político constructivo, abierto y sincero, y de la dirección colectiva en la que participa el conjunto de la militancia.
Hoy damos el primer paso, marchemos a la batalla de las ideas al servicio de nuestra clase, aportemos nuestra ilusión renovada en el convencimiento de la superioridad del socialismo sobre el capitalismo. No es momento de añorar revoluciones pasadas, es hora de organizar la nuestra. Debemos trazar la línea que nos permita construir la unidad de la clase trabajadora en la lucha por su emancipación ¿Recordamos aquello de que la emancipación de la clase trabajadora será obra de ella misma? ¿recordamos aquello de que luchamos por convertir el proletariado en clase?
La situación interna del partido en Madrid arranca en el último Congreso, con la renuncia a participar por parte de un nutrido grupo de camaradas. Desde ese momento, el Comité Central del PCM ha mantenido la puerta abierta para la reincorporación a la vida partidaria de todos y todas bajo unas condiciones elementales y estatutarias que no han tenido a bien ser consideradas hasta el presente, excepto en algún responsable caso. Ni hemos hecho operativos los mecanismos de que nos hemos dotado en varias ocasiones para la necesaria reincorporación, ni debemos aceptar presiones encaminadas hacia ella, para lograrla por añadidura o reconocimiento de que la militancia deriva del simple mantenimiento del carné y el pago de la cuota. Y ello, por respeto a la mayoría de los y las camaradas que, desde distintas posiciones siguen trabajando con lealtad militante y por ser eficaces para la hegemonía de la que nos seguimos reclamando.
Bien es cierto que dicha hegemonía requiere sustentarse en la formación, sobre la que no hemos incidido suficientemente, y el reforzamiento ideológico cuyo elemento fundamental de la misma debería haber sido el Manifiesto Programa cuya elaboración aprobamos en el último Congreso. Los insuficientes resultados del trabajo que hemos hecho en su desarrollo deben guiarnos para avanzar en nuestras aportaciones, superando las deficiencias y errores cometidos.
Debemos recuperar la conciencia de “un comunista, una tarea”, para lo cual es necesario actualizar y poner en marcha los planes de trabajo de todas la Secretarías que, a la luz de los federales, elaboramos a lo largo del 2008 y que los trajines internos no nos han permitido desarrollar más que muy puntualmente. Especialmente el citado del Mundo del trabajo, hoy que siguen estallando en nuestra Comunidad conflictos de gran calado que IU CM y los sindicatos madrileños mayoritarios siguen empeñados en aislar de las políticas del gobierno central; el de la Secretaría de la Mujer en un momento en que la ambigüedad del PSOE se manifiesta en algunas medidas aisladas superestructuralmente razonables que peligran, aún en su insuficiencia, ante el envite de la reacción, mientras sus políticas en lo sustancial siguen sin ir encaminadas a la igualdad efectiva y vienen dictadas por su cobardía y oportunismo centristas; y el del Movimiento por la III República, que tan brillantemente arrancó y que debemos mantener a la altura que tan importante iniciativa merece.
El trabajo no puede sustentarse, como hasta ahora, en el voluntarismo y las posiciones de los y las camaradas, sino que debe canalizarse orgánicamente para lo cual es imprescindible que las Secretarías pasen a ser focos de intervención política que respondan puntualmente ante los órganos de dirección, eludiendo cualquier intento de convertirlas en núcleos de poder o, más peligroso, espacios sectarios desde donde desarrollar políticas ajenas al Partido. Una de las tareas fundamentales debe ser el revisar autocríticamente nuestra participación en las diversas plataformas sobre sanidad, vivienda y educación, estimulando a los camaradas más motivados o más próximos sectorial o territorialmente, corrigiendo los muchos errores que en ellas hemos cometido y designando responsables en contacto permanente con la dirección. Igualmente debemos replantearnos nuestra eficacia en los movimientos y foros sociales que luchan por avanzar hacia otro mundo, tal y como señala la resolución de la Conferencia de organización y finanzas del PCE. Debemos configurar eficaces frentes de trabajo con la incorporación del conjunto de la militancia, empezando por este Comité.
Nuestra vinculación con los movimientos juveniles debe realizarse a través de nuestra organización juvenil, la UJCE, única estructura válida ante dichos movimientos. Para ello, además de estrechar nuestros vínculos y colaboración con la UJCE, debemos colaborar en la construcción de un frente ante la brutal realidad laboral, y también en relación al Plan Bolonia y apoyarla en su proyecto de creación de un nuevo sindicato de estudiantes. Nuestra organización juvenil debe ayudarnos a recuperar la interlocución y el prestigio entre la juventud. Conviene recordar que, según nuestros estatutos, debe haber un cupo de la UJCE en todos los comités de las agrupaciones.
Como elemental práctica internacionalista, debemos relacionarnos con los representantes de partidos hermanos ubicados en Madrid, especialmente latinoamericanos, teniendo en cuenta, además, que el año próximo se conmemora el bicentenario del proceso de independencia en el continente.
Debemos dedicarnos con mayor intensidad a todo lo relacionado con los derechos humanos ?el último atropello ha sido el pacto PSOE-PP para acabar con la aplicación de la justicia universal en España?, libertades e inmigración, en un momento en que se produce una nueva vuelta de tuerca a la Ley de Extranjería.
Instamos a los camaradas más conscientes de la necesidad de un frente cultural alternativo a los contenidos de los medios de comunicación, a su participación activa, sin abandonar su militancia territorial o sectorial, en nuestra ?y única en todo el Estado? agrupación de Cultura y Medios de Comunicación, para que esta, a su vez, incremente su organicidad y capacidad de colaboración con el conjunto de las agrupaciones.
Es preciso que tomemos conciencia del excelente trabajo realizado por los y las camaradas en el ámbito de la Memoria Histórica a través de la creación de la activa e influyente asociación Foro por la Memoria. Debemos insistir en la necesidad de que todas las agrupaciones, en sus respectivos ámbitos, investiguen las necesidades de la estricta aplicación de la Ley de la Memoria Histórica en relación a las competencias municipales y autonómicas.
Estas son pautas políticas que hemos ido aprobando en sucesivos Informes y Planes de Trabajo, pero que nuestra insuficiencias nos han impedido desarrollar tal y como hubiéramos debido hacerlo. Nuestros órganos vienen trabajando con regularidad al explícito dictado de los federales y cuando nuestra coyuntura lo ha exigido, pero el grado de participación de sus componentes sigue siendo tan bajo como en los federales. Nos toca aplicar ahora los acuerdos de la Conferencia del PCE siendo conscientes de que algunos de ellos no van a contribuir al entusiasmo militante y de que otros, especialmente los que hacen referencia a la cohesión, la disciplina o las medidas a adoptar en su defecto, o son inaplicables si no queremos perder el potencial militante de muchos camaradas que se encuentran bajo los efectos hipnóticos de los comités de sus agrupaciones o su aplicación legítimamente intervencionista, a la que no renunciamos, nos va a costar muchos esfuerzos y disgustos. No podemos ni plantearnos que la falta de precisión de algunos elementos organizativos de la Conferencia implique una interpretación de la cohesión adaptada, en cada caso, a nuestros avatares en IU ni una cohesión federal que pretenda superar las contradicciones existentes en cada federación, desde una miope óptica totalizadora. Nada tiene que ver dicha cautela con nuestra apuesta por un Partido, no por diecisiete.
La cohesión requiere la coherencia. Hay una forma de “coherencia” en los comunistas de carné, e incluso cuota al día, no cohesionados con el Partido, que sólo se guían por el principio de autonomía individual del voto en IU y la existencia de corrientes organizadas en ella, frente a la que poco sirve la inconcreta propuesta disciplinaria aprobada en nuestra Conferencia Federal mientras debamos seguir considerándolos aliados tácticos. Hay incoherencia e indisciplina en los camaradas formalmente cohesionados en el Partido pero que actúan con autonomía en IU, y las hay en los que impulsan y se mueven en plataformas internas fuera de periodos congresuales. A los primeros, seguiremos dejando abierta la puerta de entrada y salida. A los segundos, no deberíamos concederles más confianza que la que recuperen con sus actos. A los terceros, debemos requerirles al debate leal en los órganos.
Es indispensable para la cohesión que las agrupaciones y/o los comités se reúnan previamente a la asamblea de IU para debatir y adoptar decisiones colectivas.
Establecida en la Conferencia Federal la necesidad de un diagnóstico, lo más ajustado posible, de la situación y perspectivas de cada federación para afrontar con mayor éxito el debate político y estatutario en el próximo Congreso, debemos señalar que el mejor retrato de cada situación local, distrital o sectorial están en disposición de confeccionarlo las propias agrupaciones, sus comités, y que esta dirección no parte de cero en tal sentido, especialmente respecto de aquellas agrupaciones de las que no se tienen noticias desde hace demasiado tiempo o, por el contrario, de aquellas que llevan una vida partidaria regular y coherente. Entre las unas y las otras están probablemente aquellas agrupaciones que requieren una mayor atención, pero no vamos a renunciar a volver a poner en marcha agrupaciones, hoy sin vida partidaria, allí donde sigan existiendo viejos/as y nuevos/as camaradas dispuesto a ello y por pocos que sean.
Si bien las nuevas fichas de afiliación y las que deben cumplimentar los comités de las agrupaciones, son sólo un primer indicador de vitalidad y no miden con exactitud nuestro potencial militante en el estado actual político organizativo del Partido, son un primer paso del necesario reforzamiento. Son, además, junto al estar al día en el pago de la cuota, requisito acordado para la participación con plenos derechos en la fase regional y federal del Congreso. Debemos, así mismo, iniciar la entrega de carnés con el nuevo formato aprobado, reafirmando la afiliación, extendiéndola en las agrupaciones existentes y creando otras nuevas allá donde sea posible como hemos hecho recientemente en Casarrubuelos.
Ningún plan de trabajo prosperará si no hay comités ?empezando por éste? dispuestos a llevarlos adelante y si nos empecinamos, sin reconocer nuestras carencias, en proponer tareas faltas de concreción e inasumibles en relación a los efectivos de los que realmente disponemos en cada ámbito. Si somos capaces de reforzar y ampliar el PCM en su conjunto, aumentarán esos efectivos y nuestra capacidad de promover la movilización y organizar el conflicto social. Tiene mucho que ver nuestra debilidad con lo que todos y cada uno de nosotros podemos o estamos dispuestos a ceder de nuestra vida cotidiana a la militancia en una situación política y organizativa interna que debemos corregir, pero que, en ningún caso, podrá colmar las expectativas individuales más exigentes. Somos un colectivo que tiene la obligación de actuar e, inevitablemente, en la acción seguiremos errando. Debemos sentar las bases para que ello sea la excepción superando la “militancia a la carta” que venimos practicando y asumiendo la responsabilidad colectiva.
La colaboración entre agrupaciones –teniendo en cuenta que no supone relaciones orgánicas de tipo horizontal- puede ser un buen método, tanto para acometer tareas o iniciativas complejas, como para potenciar las agrupaciones más débiles. Para no perder organicidad y ganar en eficacia, sólo requiere su conocimiento previo por parte de la dirección regional y la comunicación a ésta de las conclusiones y propuestas.
Es obligación de este Comité Central el dinamizar la actividad de las agrupaciones del partido, para lo cual es preciso contar en cada agrupación con responsables del mundo del trabajo, mujer, movimientos sociales, juventud y coordinación con la UJCE garantizando su cupo en las direcciones, incorporándose al trabajo de las secretarías correspondientes con el objetivo de reforzar la organización de abajo arriba y de arriba abajo. Debemos incidir en las agrupaciones sectoriales y de empresas existentes y nominalmente existentes e intentar su extensión, reforzando la Secretaría y la Comisión del Mundo del Trabajo.
Dentro del papel y las competencias de cada agrupación, debemos intensificar nuestra visibilidad callejera y provocar la interlocución rescatando la práctica de instalar mesas con materiales en los barrios y en los pueblos, gestionando esa práctica a través de los ayuntamientos y juntas de distrito.
Debemos esforzarnos por ser una dirección corresponsable y coordinada con nuestros afiliados y agrupaciones, rompiendo el aislamiento que en ciertos casos se produce y coordinando mejor las fuerzas en la misma dirección.
Como mínimo, los informes y resoluciones del CC del PCM y del Comité Federal deben ser conocidos por la militancia. Deberíamos intentar, además, recuperar el boletín informativo periódico que tuvimos y dotarnos de una web más funcional.
No hemos sido capaces, hasta el momento, de hacer de este Comité Central el órgano colectivo de comunicación y extensión organizativa que muchas veces nos hemos propuesto. El “aparato” del que disponemos no puede hacer más trabajo del que hace ni tenemos los medios para utilizar, excepto en casos muy excepcionales, más mecanismos de comunicación que el correo electrónico y la página web del Partido. Según lo aprobado en la Conferencia Federal, dichos medios, en la práctica, van a depender más de la precaria situación de la dirección federal que de su voluntad para el retorno del 75% de las cuotas a cada federación, según lo aprobado. En todo caso, hay que insistir en que la cuota normal sigue siendo el 1% del salario y los seis euros mensuales la cuota mínima. Debemos conseguir la necesaria autonomía financiera con esfuerzo militante e imaginación, sin depositar falsas expectativas protocolarias con IU CM. Tampoco debemos olvidar la responsabilidad de nuestros camaradas en cargos institucionales (de elección y designación), para lo cual debemos recordarles su compromiso, también financiero, con el PCM.
El Comité Central no puede convertirse en un órgano asambleario. El Partido, a lo largo de su historia, nunca ha sido asambleario y no podemos caer en ese riesgo. El Comité debe seguir reuniéndose cuantas veces sea preciso y con carácter ampliado cuantas veces lo aconseje la política, pero siempre para la posición, nunca para discutir cuestiones tácticas que corresponden a otros niveles organizativos. Ciertas incertidumbres en tal sentido, entre otras cosas, nos han llevado a situaciones indeseables. El Comité Central debe estar blindado ante los intereses particulares y ante las discrepancias implícitas que deberíamos evitar en el futuro.
Pero todos estos objetivos no serían más que en una declaración de intenciones si no se acomete una profundo reforzamiento en todos los órganos del partido. No se trata de una estéril y tacticista discusión acerca de personas, sino que se trata de ir articulando los mecanismos que lleven al partido a posicionarse ante la sociedad en los grandes retos planteados. Debemos dar paso a una nueva etapa en donde se recupere la ilusión, la confianza y el orgullo de ser comunistas para poder acercarnos con énfasis a la desconcienciada clase trabajadora de nuestra región.
Mientras sigamos sin intentar los paradigma que incorpora este informe, la cuota parte que corresponde a Madrid del millón de pobres absolutos, de los cuatro millones de pobres relativos, de los cinco millones de parados, del millón de autónomos desaparecidos, no nos va a esperar. Mientras el BBVA y el Santander siguen siendo los bancos más rentables del mundo y el Gobierno del PSOE va a poner 99 mil millones para reflotar el sector financiero, no podemos perder más tiempo ni seguir debatiendo sobre los argumentos que pueden ser todavía, incluso, los incumplimientos constitucionales, frente al complejo magma que hoy supone la marginalidad, la atomización de la clase y su bajo estado de conciencia, frente al riesgo cierto de un fascismo que ya cobra demasiadas manifestaciones.

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