ESTADOS UNIDOS   

EL CONFLICTO DE IRAK // ANÁLISIS LA SITUACIÓN INTERNA EN NORTEAMÉRICA.
RECORTES Y REPRESIÓN EN EEUU

* Las clases populares estadounidenses son víctimas del intervencionismo
militar

VICENÇ NAVARRO
CATEDRÁTICO DE POLÍTICAS PÚBLICAS. UPF Y JOHNS HOPKINS UNIVERSITY

Estamos hoy viendo cómo la prensa internacional está refiriéndose constantemente al apoyo de España a la invasión de Irak por parte de EEUU, confundiendo a España con el Gobierno de Aznar. En realidad, las encuestas muestran que la mayoría del pueblo español se opone a tal intervención. 
Lo mismo está ocurriendo cuando se confunde a EEUU con el Gobierno de Bush.
No es EEUU, sino la Administración de Bush la que está dispuesta a intervenir unilateralmente en Irak. Las últimas encuestas (Public Opinion Watch, 19 de febrero del 2003) muestran que el 62% de la población estadounidense estima que las tropas del Ejército de EEUU no deberían invadir Irak unilateralmente, pidiendo más tiempo para la inspección y supeditando tal intervención militar a la aprobación por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (la postura hoy defendida por el
Gobierno francés). Sólo un 32% apoya la invasión a Irak, sin más (tal como el Gobierno de Bush está hoy planificando). De ahí que sea erróneo indicar (como constantemente se hace en muchos diarios españoles) que Francia (el Gobierno de Chirac) y Alemania (el Gobierno de Schröder) son "antiamericanos" al oponerse a las políticas del Gobierno de Bush. Bajo esta lógica, la mayoría del pueblo estadounidense es antiamericano. 

Tales rotativos confunden ser anti políticas intervencionistas de Bush con ser anti EEUU.
Esta distinción entre gobiernos y población es de una gran importancia para entender a EEUU, donde sólo el 52% de la población adulta participa en las elecciones presidenciales y sólo el 38% en las elecciones al Congreso. Puesto que hay una relación inversa entre el nivel de renta y
participación electoral, se deduce de ello que la mayoría de las clases populares no votan por creer que el sistema político no representa o defiende sus intereses, percepción, por cierto, bastante generalizada
entre la población. Nada menos que un 72% de los ciudadanos creen que el Gobierno de EEUU representa y defiende primordialmente intereses de grupos económicos y financieros que financian al partido gobernante en lugar de los intereses de la población en general (Public Opinion Watch, enero
del 2003).
Esta alienación de la población estadounidense hacia el Gobierno federal ha alcanzado sus porcentajes más elevados con la Administración de Bush, cuya campaña electoral fue financiada por Enron y las empresas petroleras (una tercera parte de los puestos políticos del grupo más cercano a Bush procede de tales grupos económicos). 

Por otra parte, el gran desprestigio del mundo empresarial (el 67% de la población cree que los empresarios manipulan o mienten, la cifra más alta desde 1986) afecta también a la Administración de Bush, la más cercana al mundo empresarial estadounidense.


Contribuyendo a esta alienación, existen sus políticas públicas claramente regresivas que están dañando la calidad de vida de la ciudadanía. Entre ellas destacan grandes recortes de impuestos para los grupos más pudientes de la población (500.000 millones de dólares para el 1% de la ciudadanía
de renta superior) con el consiguiente declive del gasto público social (el cual beneficia sobre todo a las clases populares), con recortes muy notables de estos gastos, incluyendo 90 millones de dólares que estaban destinados a financiar servicios sanitarios a los trabajadores que limpiaron las ruinas de las Torres Gemelas en Nueva York.
Un millón de personas está cada año perdiendo su cobertura sanitaria.
Este declive del gasto social se ha acentuado todavía más debido a la transferencia de fondos de las áreas sociales a las militares, necesaria para financiar la invasión de Irak. Mientras, la lista de parados ha aumentado en un millón y medio en los dos últimos meses (un trabajador de cada cuatro de la industria textil, uno de cada cinco en la industria del metal, uno de cada tres en la manufactura intermedia, etcétera, están en paro). No es de extrañar que un 62% de la población indique que "la
economía va mal". De ahí que haya muchos más estadounidenses que desaprueban las políticas económicas de Bush (un 62%) que los que lasaprueban (32%). Ése es el gran problema que tiene la Administración de Bush.
La respuesta del Gobierno de Bush a esta situación es por una parte aumentar la represión en contra de los intentos de organizar una oposición a sus políticas y por otra parte movilizar el patriotismo que permita presentarse a sí mismo como el defensor del país frente al terrorismo. 
La primera estrategia, la de represión, ha alcanzado extremos no vistos desde los tiempos del maccarthismo. Los recortes de los derechos civiles -- que se presentan como necesarios para vencer al terrorismo -- se están utilizando para silenciar las críticas y para reprimir las fuerzas populares que intentan organizarse frente a la austeridad social. 
El último ejemplo es el intento del fiscal general, el señor Ashcroft (que empieza las reuniones de su gabinete leyendo la Biblia), de reducir los derechos de sindicación de los trabajadores de la Administración pública.
Este mismo señor intenta atemorizar a la ciudadanía advirtiéndoles constantemente (un promedio de dos avisos semanales) de que habrá ataques terroristas.
Esta estrategia de aumentar las tensiones a fin de movilizar el sentido patriótico de la población tiene el inconveniente de que subraya el fracaso de la Administración de Bush en su lucha antiterrorista, no
habiendo capturado a Bin Laden como Bush había prometido. De ahí el intento de relacionar a este último con Sadam Husein para, al derrotar al dictador iraquí por medidas militares tradicionales, pueda esta derrota presentarse como una gran victoria sobre el terrorismo (cuando en realidad tendrá el impacto inverso, aumentando el terrorismo). 

Por otra parte, Bush tiene cierta urgencia en invadir Irak puesto que está perdiendo popularidad y la intenta recobrar iniciando un ataque militar, en cuyo caso la mayoría de la ciudadanía apoyará a las Fuerzas Armadas (y a a su jefe, el presidente); no hay que olvidar que los que mueren en el campo de batalla son los hijos de la clase trabajadora estadounidense.
De ahí su apoyo popular a las Fuerzas Armadas. Se olvida con excesiva frecuencia que una de las víctimas del intervencionismo militar son las clases populares del propio EEUU.


Una última nota. La situación actual prueba también el fracaso de la tercera vía. El Partido Demócrata, hegemonizado por New Democratic Council, la tercera vía estadounidense (también financiado por grandes grupos económicos), está apoyando a Bush, con su dirigente Lieberman promoviendo el boicot del vino y quesos franceses. 
Todo un espectáculo.

Noticia publicada en la página 18 de la edición de Lunes, 3 de marzo de 2003 de El Periódico.


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