ESTADOS UNIDOS   

Aspectos silenciados sobre de la realidad norteamericana

Este informe sobre cómo entiende la demoracia G.W.Bush lo tenemos disponible en castellano e inglés:

(traducción al castellano):
"¡No somos el enemigo! - La Batalla de Portland  http://www.truthout.org Noticias políticas sobre EE.UU. - en inglés
por William Rivers Pitt
Sábado, 24 de agosto de 2002

La imagen es escalofriante. Una mujer de mediana edad, vestida
informalmente, con una mecha de pelo rojizo, permanece sujeta con un brazo a
la espalda por un oficial de policía de Portland pertrechado con equipo
antidisturbios al completo. Su porra antidisturbios está colocada contra la
barbilla de la mujer. Otros tres policías acorazados la rodean, con las
máscaras bajadas. La cara de la mujer se retuerce por el terror. En su mano
lleva un cartel de protesta contra George W. Bush.

Esta fue la escena en las calles de Portland (Oregon) en la tarde del 22 de
agosto tal y como fue capturada por un fotógrafo de Associated Press. Miles
de manifestanets pacíficos habían bajado hasta el Hotel Hilton, donde Bush
estaba asistiendo a una recaudación de fondos organizada por el Senador
Gordon Smith. Los manifestantes llevaban carteles en los que se podía leer
"tira arbustos ("bush"), no bombas" y otros eslóganes similares. Entre los
manifestantes había mujeres embarazadas, padres con sus hijos y niños
pequeños, ancianos y ciudadanos en sillas de ruedas.

De acuerdo con un reportaje de CNS News, la protesta se convirtió en
revuelta cuando algunos de los asistentes a la recaudación de fondos fueron
"zarandeados" cuando se movían a través de la multitud hacia la entrada del
hotel. En ese momento la policía antidisturbios se lanzó en manada, agitando
porras y rociando a la multitud con spary de pimienta. También dispararon
balas de goma contra la multitud, y se pudieron ver francotiradores en los
tejados que rodeaban la escena. Los manifestantes respondieron golpeando las
capotas de los coches de policía y gritando "¡No somos el enemigo!".

Un hombre llamado Randy, que asistió a la protesta, narra la secuencia de
los acontecimientos como sigue:

"Estaba entre el quinto y el sexto en la acera. Quizá avisaron a los de
delante del todo para que se quitaran, pero yo no oí ningún aviso. Había
sido una protesta pacífica. De repente la policía cargó rociando spray de
pimienta. Un hombre próximo con un niño en la espalda recibió de lo lindo.
La cara del niño estaba tan colorada que yo pensaba que había dejado de
respirar. Desde la otra dirección vinieron coches de policía atravesando a
la multitud y disparando balas de goma contra los que se encontraban más
próximos a los coches. Seguía retirándome, pero los policías seguían
rociando spray. Mucha gente fue rociada, incluyendo el cámara del Canal 2
KATU."

Otros testimonios de testigos presenciales en las calles de Portland
describen de manera similar lo que parece haber sido una respuesta
terriblemente violenta de la policía contra un aprotesta pacífica de
ciudadanos americanos.

Este es un giro de los acontecimientos profundamente preocupante. En estos
días, se protesta contra Bush allá donde quiera que vaya, y las multitudes
que asisten a las protestas son cada vez más numerosas. Sin embargo, no hay
anarquistas vestidos de negro rompiendo las ventanas. La mujer que fue
atacada por la policía parecía tan común como una bibliotecaria de una
pequeña ciudad, y los anarquistas son lo suficientemente listos como para
dejar a sus hijos si hay disturbios a la vista. El 22 de agosto, las calles
de Portland estaban llenas por ciudadanos americanos normales tratando de
informar al Presidente de su disconformidad respecto a la manera en la que
está gobernando su país. Fueron recompensados con la punta de una porra, una
cara llena de spray de pimienta y el desagradable impacto de una bala de
goma.

Si América necesita algún ejemplo más del cáncer que ha etado devorando las
entrañas de nuestras libertades más básicas desde que Bush asumió el cargo,
puede mirar a Portland. El derecho a reunirse libremente y pedir al gobierno
la reparación de las injusticias ha sido rescindido a punta de pistola.

Lo esencial está claro. Semejante violencia por parte de las autoridades no
puede quedar sin respuesta. La próxima vez que Bush aparezca en público,
debe haber aún más americanos preocupados para saludarle. Deben encarar la
porra y el spary de pimienta, deben mirar fijamente a las caras tras los
escudos de la policía, y deben permanecer en desobediencia no-violenta
contra la idea de que no se les permite estar allí. Los hombre y mujeres que
hicieron frente a la furia de la policía en Portland deben ser elogiados
como patriotas, y sus acciones deben ser repetidas por  todos nosotros. Los
grupos que organizaron la protesta, y las que están por venir, merecen
nuestros elogios.

Los medios, que dedicaron buena parte de la tarde en informar que sólo
habían asistido unos pocos centenares de manifestantes, deben ser obligados
a que informen los hechos desde ambos lados - desde el lado de la policía,
quienes según informan detuvieron a personas como la mujer de la fotografía
"por su propia seguridad", y desde el lado de los manifestantes, quienes
fueron salvajemente golpeados por estar en contra de Bush. Si se permite que
la batalla de Portland siembre más temor en los corazones y en las mentes de
los americanos, habremos perdido otro puñado de libertades.

El mundo entero está mirando.


  (Versión original en inglés):

Sent: Saturday, August 24, 2002 11:59 PM

Subject: [Revolutionary_Diary] W. Bush's Democracy!

"We Are Not The Enemy!" - The Battle of Portland  
by William Rivers Pitt
t r u t h o u t | Report

Saturday, 24 August, 2002

The image is chilling. A middle-aged woman, plainly dressed, with a puff of auburn hair, is clutched in a hammer-lock by a Portland police officer dressed in full riot gear. His riot baton is jammed high under her chin. Around her, three more armor-clad police officers swarm in, face-masks down. The woman's face is contorted in terror. In her hand is a sign protesting George W. Bush.

This was the scene on the streets of Portland, OR, on the evening of August 22nd as captured by a photographer for the Associated Press. Thousands of peaceful protesters had descended upon the Hilton Hotel where Mr. Bush was attending a political fundraiser for Senator Gordon Smith. They held signs reading, "Drop Bush, not Bombs," and other similar slogans. Among the protesters were pregnant women, parents with infants and small children, elderly citizens, and citizens in wheelchairs

According to a report by CBS News, the protest became unruly when some of the fundraiser attendees were "jostled" as they moved through the crowd towards the entrance to the hotel. At that point, the riot police swarmed in, swinging clubs and dousing the crowd with pepper spray. Rubber bullets were also fired into the crowd, and snipers were seen on the roofs surrounding the scene. The protesters responded by hammering on the hoods of police cars and screaming, "We are not the enemy!"

A man named Randy, who attended the protest, reports the sequence of events as follows:

"I was between 5th and 6th on the sidewalk. Maybe the ones in front were warned to move, but I didn't hear any warning. It had been a peaceful protest. Suddenly the police came forward spraying pepper spray. A man nearby with an infant in a backpack got hit real good. The baby's face was so red I thought it had quit breathing. From the other direction came cop cars through the crowd and rubber bullets were fired at those closest to the cars. I kept retreating but the cops kept spraying. Lots of people were sprayed, including the cameraman from Channel 2 KATU."

Other eyewitness accounts from the streets of Portland similarly describe what appears to have been a terrifyingly violent response from the police to a peaceful protest by assembled American citizens.

This is a profoundly disturbing turn of events. Mr. Bush is protested wherever he goes these days, and the crowds which attend them are growing. These are not black-clad anarchists kicking in windows, however. The woman who was attacked by the police looked as ordinary as any small-town librarian, and anarchists are smart enough to leave their children at home if there is a riot in the offing. The streets of Portland were filled on August 22nd by average American citizens seeking to inform the President of their disfavor regarding the manner in which he is governing their country. They were rewarded with the business end of a billy club, a face-full of pepper spray, and the jarring impact of a rubber bullet.

If America needed one more example of the cancer that has been chewing through the guts of our most basic freedoms since Mr. Bush assumed office, they can look to Portland. The right to freely assemble and petition the government for a redress of grievances has been rescinded at the point of a gun.

The imperative is clear. Such violence by the authorities cannot go unchallenged. The next time Mr. Bush appears in public, there must be even more concerned Americans to greet him. They must face the baton and the pepper spray, they must stare into the shielded faces of the police, and they must stand in non-violent disobedience of the idea that they are not allowed to be there. The men and women who faced the brunt of police fury in Portland are to be lauded as American patriots, and their actions must be duplicated by us all. The groups which organized this protest, and the ones to come, deserve our praise.

The media, which spent much of the evening reporting that only a few hundred protesters were in attendance, must be browbeaten into reporting the facts from both sides - from the police, who reportedly detained people like the woman in the picture "for their own safety," and from the protesters who took a savage beating for daring to stand against Mr. Bush. If the battle of Portland is allowed to cast even more fear into the hearts and minds of Americans, we have lost yet another swath of freedoms. Stand and be counted if you can.

The whole world is watching


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