Documentos del militante

¿DOS ALMAS EN IZQUIERDA UNIDA?.  Sobre los próximos procesos asamblearios. Por Juanjo Llorente, Jorge Llácer, Oscar Gómez, Luisgon, Antonio Maira (*)

Septiembre 2003

 La entrada en este nuevo siglo y milenio viene acompañada por una
aceleración de los ritmos históricos que sitúa la lucha de clases y la
contradicción entre capital y trabajo como determinantes cada vez más
explícitos de todos los ámbitos de la vida colectiva. Porque el sistema
actual de capitalismo imperialista, para incrementar la explotación y el
expolio de los trabajadores y pueblos del mundo, está forjando un nuevo orden
internacional basado en la escalada militar (poniendo a todos los países a
las órdenes de EEUU) y la represión "antiterrorista", la
desregulación y la
dislocación de los marcos nacionales de soberanía (dentro de los que aún se
inscriben los códigos de derechos y está organizada la izquierda), mientras
que las instituciones políticas que tras la II Guerra Mundial sirvieron para
legitimarlo ahora se tambalean y tratan de adaptarse para mejor servir a los
intereses imperiales. Porque, frente a esta deriva hacia la barbarie, siguen
creciendo y ampliándose las resistencias populares protagonizadas por los
trabajadores y la juventud, aunque desarrolladas muchas veces al margen o a
pesar de las organizaciones y de los aparatos políticos y sindicales
institucionalizados, que dicen hablar en su nombre pero buscan la
supervivencia dentro del sistema.

 Las guerras impulsadas por Bush y adláteres bajo la excusa
"antiterrorista"
(Afganistán, Irak, Palestina...) forman parte de la misma "política
única"
que también se desarrolla, "por otros medios", en América Latina
(ALCA) y en
el Continente Europeo (Constitución de la UE). Se trata de una
ofensiva "global" del imperialismo al servicio de las
multinacionales para
incentivar la acumulación de la riqueza y el poder en cada vez menos manos, y
para huir hacia adelante de sus propias crisis. Ofensiva que tiene como
principal punto de mira -hay que insistir- los marcos estatales de soberanía
y códigos de derechos a los que éstos se adscriben, así como las entidades y
movimientos de resistencia organizados en torno a ellos. Una ofensiva, por
tanto, que a medida que se recrudece coloca más en el centro del panorama
internacional la disyuntiva entre socialismo o barbarie, restando
credibilidad a las opciones "refomistas" por un capitalismo liberal
o
de "rostro humano", como en el caso de las planteadas por los
socialistas de
la "tercera vía" o de la "altermundialización".



 En España las políticas desreguladoras, privatizadoras y contra los
derechos y libertades democráticas se están multiplicado desde la subida al
poder del PP, hace dos legislaturas, hasta el punto de liquidar las
principales conquistas sociales, políticas y económicas que en su día-
justificaron los "pactos de la Moncloa" y condujeron al vigente
régimen de
monarquía partitocrática (el derecho al empleo y a unas condiciones dignas de
vida, igualdad, justicia social, libertades reales, servicios públicos y
estado social). Un régimen constitucional que, tras 25 años de andadura,
muestra cada vez más incapacidad para dar solución a las reivindicaciones
históricas de una verdadera democracia (social, política, económica) y
libertades, incluyendo el derecho a la libre autodeterminación de los
pueblos.

 De hecho, estas políticas antisociales y de involución democrática,
consensuadas por el PP en demasiadas ocasiones con la oposición mayoritaria
(ley partidos, política antiterrorista, reforma judicial, confrontación civil
en el Pais Vasco y Navarra, extranjería...), así como la floreciente
corrupción institucional y el aumento de la desconfianza ciudadana hacia la
política y los políticos, perfilan un escenario caracterizado por la crisis
de legitimidad institucional. Una crisis que pone en cuestión no sólo al
gobierno del PP y quién le sucederá tarde o temprano (para aplicar la misma
política impuesta desde la UE por las multinacionales y oligarquías), sino
también el propio régimen establecido después de la muerte de Franco, así
como a las organizaciones que lo defienden o secundan.

 Este es el escenario y horizonte obligados en el que cabe hoy situar
cualquier alternativa de cambio social, basada en la lucha por la defensa y
el desarrollo sin cortapisas de la democracia y de los derechos sociales y
libertades. Escenario que exige por parte de la izquierda en nuestro país y
estado una organización como movimiento político y social que poco tiene que
ver con el institucionalismo y el dirigismo preponderantes en los principales
aparatos políticos y sindicales, a cuyas cúpulas la actual ofensiva
neoliberal y neoconservadora fuerza, para "salir en la foto", a
acatar el
orden impuesto y a acompañar aun con posturas críticas sus medidas
antisociales.

 Ante este efecto generalizado de sumisión a la "política única",
expresado
en las instituciones bajo diversas apariencias e incluso siglas, la izquierda
sólo puede que avanzar en la construcción de un amplio frente, unitario y
plural, de intervención política y social capaz de estimular, coordinar y
fortalecer todo aquello con voluntad de resistir y de luchar, desde la
independencia de las actuales instituciones y poderes post-franquistas. Una
alternativa que IU, al menos en los papeles, siempre ha analizado
correctamente pero sigue fallando en plasmar.



 Las convocatorias de asambleas de IU y de algunas federaciones para los
próximos meses no pueden dejar de inscribirse en esta tesitura. Nuestra
fuerza política puede jugar un papel esencial en el futuro a condición de
mantener con firmeza y sin complejos el carácter de izquierda alternativa que
la fundó, alternativa no sólo al color político de los gobiernos de turno
sino también a este régimen y orden social. Y no sólo por mínima coherencia
con lo que siempre se ha planteado, también como obligada respuesta a lo que
ya reivindican las movilizaciones desarrolladas en nuestro país, tan amplias
como carentes -hoy por hoy- de un referente político con credibilidad social,
como por ejemplo acaban de mostrar las pasadas elecciones municipales y
autonómicas.

 Por el contrario, el futuro de nuestra fuerza política y de su identidad
propia corren serio peligro de continuarse la misma línea contradictoria
responsable del actual debilitamiento político-organizativo y del desaliento
de gran parte de la afiliación y base social. Una debilidad y desaliento que
tienen su raíz en la incoherencia existente entre, por un lado, intentar
representar la voluntad de cambio de buena parte de la sociedad y, por el
otro, privilegiar el juego institucional en unas administraciones públicas
donde además- se suele estar en mucha minoría, con lo que IU en su
conjunto
se ve arrastrada por la lógica de ese mismo sistema (dada también la
coincidencia de cargos orgánicos e institucionales).

 Ante esta contradicción, no es de extrañar que las "incoherencias"
surjan
una y otra vez y que se multipliquen los conflictos internos (hasta que los
colectivos de base dejan prácticamente de funcionar). Un ejemplo patente lo
tenemos en el país vasco, en donde IU-Esukadi va de la mano de la derecha
nacionalista mientras que IU Navarra e IU federal apoyan, con más o menos
reticencias, la línea "constitucionalista" de Aznar y Zapatero. Este
tipo
de "incidentes", tan extendidos geográficamente como abundantes
(otro ejemplo
más: apelar al Rey desde las Cortes para parar la adhesión de Aznar a la
guerra contra Irak), se producen además bajo una situación orgánica
caracterizada por la falta de autocrítica sobre la gestión y línea política
seguidas, por el distanciamiento social creciente y por el enrarecimiento de
la democracia y de la participación internas. Una situación grave, sin duda,
y que exige con urgencia clarificación política y verdadera democracia
interna, para que nuestra fuerza política pueda colectivamente pronunciarse y
definir la política a seguir, manteniendo la cohesión y la coherencia que
vienen negando las actuales prácticas de "reinos de taifas" y
"café para
todos".

 Pero el cumplimiento de esta exigencia, por otra parte y de cara a los
próximos procesos asamblearios, sólo puede garantizarla una acción coordinada
y plural del mayor número de militantes, colectivos y corrientes internas
que, sin menoscabo de sus posiciones y referentes particulares, coincidan
sobre la prioridad de impulsar en IU otra política y organización para
aplicarla, y se comprometan conjuntamente por encima de otras
consideraciones- en recuperar IU como proyecto político de la izquierda,
unitario y plural, que persigue construir fuerza propia y credibilidad social
como movimiento de carácter alternativo y horizonte socialista democrático.

 Para avanzar, en definitiva, IU no puede seguir aplazando un
pronunciamiento colectivo exigido desde hace tiempo por la situación que
vivimos y por nuestra propia base social y militante. La disyuntiva es cada v
ez más patente: seguir como ahora viene ocurriendo la línea de reforma-
apuntalamiento de las instituciones de la UE y la Monarquía, o bien avanzar
las condiciones para una verdadera ruptura democrática, desde las actuales
instituciones y desde la sociedad. Una decisión, política y estratégica, que
ha de concretarse, por tanto, en un programa político claro y plan de trabajo
en la sociedad consecuentes como izquierda alternativa. Decisión que
conlleva, igualmente, convertir la acción institucional en reflejo y cauce
directo de los intereses y reivindicaciones mayoritarios de los
trabajadores/as y la juventud, por cuanto suponen la mayor parte de la
población y nuestro ámbito natural de influencia incluso electoral- .



 El mandato imprescindible que deben asumir con claridad y firmeza las
próximas asambleas de IU no puede ser otro que abrir una salida política ante
los graves conflictos planteados en nuestro país. Una salida que para serlo
debe ir más allá del horizonte bipartidista "pre-diseñado" por el
poder para
las próximas convocatorias electorales, y basarse en el desarrollo de una
alternativa amplia y unitaria por la defensa de la democracia y de las
libertades, desde la sociedad y desde las instituciones.

 Actualmente, la guerra contra Irak presenta una nueva fase de desarrollo en
la que la participación directa de tropas españolas ha vuelto a decidirse al
margen del Parlamento y contra la voluntad de la inmensa mayoría. También la
dinámica de confrontación civil en el País Vasco y Navarra, auspiciada por el
gobierno y oposición mayoritarios conoce un nuevo episodio con la
propuesta "soberanista" de Ibarretxe, mientras que los casos de
máxima
irresponsabilidad del ejecutivo del PP en la defensa de los intereses
colectivos (crisis del Prestige...) se mantienen sin solventar y continúan
con nuevos agravios (Puertollano...), a los que pronto se sumarán las medidas
ya anunciadas de más privatizaciones y deterioro de servicios públicos
(sanidad, educación) y de la protección social (pensiones, negociación
colectiva, extranjería). Ante esta situación resulta cada vez más patente la
necesidad de la movilización social, de resistencia pero también de cambio
social, con el objetivo de dar respuesta a la crisis de legitimidad
institucional en incesante profundización.

 Las movilizaciones para cerrar el paso a la derecha y a las políticas de
este signo constituyen actualmente no sólo la prioridad para una mayoría
social, también la mejor manera de forzar un giro a la izquierda de la
situación política real. Un giro inseparable de la ampliamente compartida
exigencia a la oposición institucional y sindicatos de no pactar ni dar
ningún balón de oxígeno más a Aznar y al PP.

 La experiencia de los últimos meses y años, incluso el sentido común,
muestran lo absurdo de concebir que sólo acudiendo a manifestaciones, o con
declaraciones e iniciativas institucionales más o menos razonables, se incide
en la conciencia de la gente. La política de izquierdas no puede existir si
no se articula y se moviliza socialmente. Esta asignatura pendiente de
nuestra fuerza política tiene además como punto de importancia central el
trabajo de la militancia en el seno de los sindicatos de clase.



 La agenda política de los próximos meses incluye, por último, un apretado
calendario de convocatorias (referéndum constitución europea, elecciones
europeas, generales y autonómicas en Madrid, Cataluña, Andalucía) que ya
están marcando el pulso de la vida institucional, española y autonómica.
También aquí la experiencia de los últimos años (generales 2000 y autonómicas
y locales del 2003), junto con los lineamientos programáticos del proyecto
político de IU deberían servir de obligada reflexión. Ni la fórmula de
izquierda plural (PSOE-IU) ni las componendas de siglas con partidos
nacionalistas han mostrado servir para desalojar a la derecha del poder ni
para modificar sustantivamente el mapa político institucional. A diferencia
del PP y del PSOE, la moderación de los mensajes y el pragmatismo político no
favorecen a una fuerza política que aun se autodefine como proyecto político
de cambio social, y cuya hipertrofia institucional muestra una vez tras otra
perturbar las relaciones con la militancia y la base social.

 La próxima convocatoria de un referéndum y de elecciones europeas también
exigirá de IU claridad y firmeza, frente a las tentaciones contemporizadoras
con el pensamiento y la "política únicas" que ya están alabando las
posibilidades y susceptibilidades pseudo-reformistas de un proyecto de
Constitución Europea dirigido a la cesión de soberanía popular a unos entes
sin ninguna legitimidad democrática (y ante los que las regiones económicas
tendrán un papel meramente consultivo, por cierto).

 En este sentido, conviene resaltar que IU federal nunca ha sido un proyecto
político nacionalista ni regionalista. Nuestra fuerza política,
ideológicamente republicana, siempre ha defendido un modelo de estado federal
(no federalista o federalizante como quieren algunos, sino federal) que
reconozca el derecho de libre autodeterminación de los pueblos de España, lo
que ciertamente resulta imposible de realizar bajo el vigente régimen de
monarquía parlamentaria (por eso somos republicanos). La exacerbación del
tema autonómico no sólo constituye una estrategia de confrontación social que
viene dando pingues réditos a la derecha, también refleja el interés de
sectores de las burguesías nacionales para acceder en mejores condiciones que
el resto del estado a la Europa de las multinacionales y los mercados.
Los "europeistas de Maastricht", nacionalistas o regionalistas
insolidarios y
constitucionalistas monárquicos tienen en común el mismo objetivo de diluir
la soberanía del estado en favor de la Europa de las multinacionales y los
mercados. Es por ello que la postura de IU no puede ser un sí crítico o un no
tibio a la nueva Constitución Europea. Es por ello, también, que la postura
de IU debe ser clara con respecto a la cuestión del modelo de estado que
defendemos a mayor o menor plazo: la república federal. Una vez más hay que
insistir que en el carro de las reformas no hay sitio para una izquierda
consecuente. Ahí sólo podemos ser "sacasillas" de una
"socialdemocracia
liberal" que poco a poco nos acabará absorbiendo.

 Las cercanas elecciones generales y autonómicas también pondrán sobre el
tapete, por otra parte, la necesidad de desarrollar una política de alianzas
más ajustada que las antecedentes a la realidad que nos toca vivir, a nuestro
propio ideario político y a las aspiraciones y demandas de buena parte de la
población que no se reconoce en las actuales instituciones políticas y
partidos parlamentarios, pero tampoco esta dispuesta (mayormente) a renunciar
a su derecho al voto. La unidad de la izquierda frente a la derecha y a las
políticas de este signo, como se ha dicho tantas veces, sólo es creíble si
está basada en un proyecto político alternativo. El propósito, loable y
urgente, de desalojar al PP del poder y de forzar un giro a la izquierda sólo
puede basarse -junto con el programa alternativo resultante- en la
movilización social. De otro modo, la izquierda representada en los sillones
acaba por convertirse en rehén de esas mismas instituciones que pretendía
cambiar.


 En conclusión, en el mundo y la sociedad que vivimos, la agresividad y la
amplitud con que se manifiesta la dominación engendra condiciones objetivas
para que se construya la resistencia y la transformación social. Pero la
reorientación ideológica y "diletancias" de una parte de la
izquierda
organizada, como ocurre dentro de IU con el desconcierto producido por la
existencia de "dos almas" en un solo cuerpo orgánico, están
impidiendo que
exista el imprescindible referente político para la articulación de las
luchas aisladas y para el avance de una alternativa de cambio. A nuestro
juicio sólo cabe una salida: asumir la responsabilidad de contribuir a forjar
la izquierda unida, plural, fuerte y coherente que reclaman unas relaciones
sociales que niegan a la inmensa mayoría la posibilidad de desarrollar sus
capacidades como seres humanos. IU no puede contentarse o limitarse a ser uno
más de los partidos que se calientan al fuego del Nuevo Orden Mundial y viven
de las migajas de la partitocracia que éste tolera y fomenta, sino un apoyo
para los que quieren romper con este orden injusto e intolerable. Si
Izquierda Unida no asume esta necesidad histórica otros lo harán.



 (*) Afiliados (dirigentes) de IU de Pais Valenciano, País Vasco, Madrid y
Andalucía. Los dos últimos firmantes abandonaron IU en fecha reciente.
UPAYTOVAL@telefonica.net 

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