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Secciones: Ecologismo, Movilidad y Soberanía Alimentaria -  Ciencia

Título: ¿Vuelve la energía nuclear? 20 años después de Chernóbil, por José Santamarta- Enlace 1 - Enlace 2

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Artículo de la Revista World Watch nº25


Veinte años después de Chernóbil, sólo el 12% de los europeos apoya el uso de la energía nuclear, cifra que en España se reduce al 4%, unos datos que deberán tener en cuenta los nuevos aprendices de brujo, empeñados en resucitar la energía nuclear, una fuente de energía cara, peligrosa e innecesaria.
Las energías favoritas de los europeos son la energía solar y la eólica, que
en su inmensa mayoría rechazan la energía nuclear, pero un día sí y otro
también un pequeño grupo de iluminados tratan de resucitar la opción nuclear
que es, sin lugar a dudas, la peor y la más indeseable de las fuentes
energéticas, lo diga James Lovelock, Joaquín Almunia o Loyola de Palacio. El
presidente del Foro de la Industria Nuclear, Eduardo González, reclamó la
instalación de 15.000 megavatios (MW) de potencia en centrales nucleares en
el periodo 2008-2020 para garantizar el suministro en España. Por pedir, que
no quede. En los grandes medios de comunicación parece que sólo se pueden
expresar el 4% de los pronucleares, mientras ese 96% que queremos el cierre
paulatino de las centrales nucleares existentes y, por supuesto, ninguna
más, quedamos relegados y se silencian nuestros argumentos.
Las razones que esgrimen los pronucleares no son muy diferentes a las
de hace 30 años, pero con algunos toques de modernidad: reducen la
dependencia del petróleo y el gas natural, no emiten dióxido de carbono,
permiten cubrir las necesidades crecientes de electricidad, son seguras,
también baratas y se obvia el problema hoy irresoluble de los residuos
radiactivos, la gravedad de un cualquier accidente (como demostró Chernóbil)
y la grave proliferación nuclear, puesta de manifiesto por Irán y sus
intentos de hacerse con armas nucleares para defenderse de Estados Unidos, o
las más de 30.000 cabezas nucleares.
En España el Ministerio de Industria ha creado una Mesa de diálogo
sobre la energía nuclear, cuya composición no deja lugar a dudas: un par de
representantes ecologistas, para guardar las apariencias, y el lobby nuclear
al completo. La postura del ministro de Industria contrasta con las
defendidas por el presidente Zapatero, el propio programa electoral del
PSOE, o el acuerdo PSOE-Los Verdes. La Generalitat, en el Pla de l'Energia
de Catalunya 2006-2015, propone “una estrategia gradual de cierre efectivo a
partir del año 2022 con las menores repercusiones ambientales y económicas
posibles, aprovechando la disminución progresiva de la producción nuclear,
que pasará del 55,8% de la producción eléctrica el año 2003 al 34,8% el año
2015”.
La central nuclear de Vandellós en la provincia de Tarragona, donde
el 19 de octubre de 1989 se produjo un accidente en un reactor de tipo
grafito-gas, es la única central nuclear que hasta ahora se ha cerrado en
España, pero el 30 de abril de 2006 se cerrará Zorita y Garoña pronto
seguirá sus pasos. El gobierno del PSOE prevé abandonar la energía nuclear
en los próximos años, aunque algunos sectores presionan para relanzar la
energía nuclear (Almunia, Montilla… ).
Es probable que el cenit de la producción mundial del petróleo y gas
natural llegará en 20 o 30 años, con todas las matizaciones que exponemos en
los artículos de World Watch, y que ello empuje los precios al alza, pero
hay tiempo más que suficiente para realizar la transición ordenada hacia un
modelo energético más eficiente, menos intensivo energía y en donde las
energías renovables vayan sustituyendo paulatinamente a los combustibles
fósiles, sin necesidad de recurrir a la energía nuclear, la fuente más
peligrosa y la que nos dejará una herencia de residuos radiactivos y armas
nucleares. En cualquier caso, las reservas de gas natural, el más limpio
entre los combustibles fósiles, son superiores a las del petróleo y nos dan
tiempo más que suficiente para realizar una transición que conjure tanto la
amenaza del cambio climático como la que supone la vía nuclear.
Pero los avances reales de las energías renovables, a pesar de los
escasos presupuestos dedicados a ellas y la falta de voluntad política de
Estados Unidos y muchos otros países, es ignorada y despreciada por el
sector pronuclear, representado por la derecha política y económica que
controla gran parte de los medios de comunicación. Ha bastado el corte del
suministro de gas natural de unos días de Rusia a Ucrania, por una discusión
sobre los precios, para que vuelvan a la carga con renovados bríos, mientras
ignoran los intentos de Irán por acceder a la bomba atómica, el acuerdo
nuclear entre Estados Unidos e India firmado por George W. Bush, el 20
aniversario del accidente de Chernóbil, o cualquier otra noticia contraria a
sus intereses, como el auge de la eólica, la solar fotovoltaica o la solar
termoeléctrica.
Pero la historia es terca. George W. Bush lleva promoviendo
en estados Unidos desde hace seis años la energía nuclear, pero no ha
iniciado ninguna, y en toda la Unión Europea, sólo Finlandia está
construyendo una nueva central nuclear, con toda la ayuda del estado,
ocultando los costes reales y sin somerterla a las leyes del mercado, pues a
fin de cuentas se trata de una subvención encubierta a su industria
papelera, que es una gran consumidora de electricidad. En 1990, en lo que
ahora es la Unión Europea de 25 países, había 164 centrales nucleares,
mientras que ahora hay 147; en todo el mundo, en los últimos doce años se
han clausurado 33 centrales nucleares y se han inaugurado sólo 54, menos de
dos reactores al año.

La energía nuclear es la más cara

Se requiere un Análisis del Ciclo de Vida, desde la cuna a la tumba, que
incluye todo el proceso, desde la minería del uranio, su enriquecimiento,
las propias centrales nucleares, el reprocesamiento del combustible, su
desmantelamiento y la gestión de los residuos, que seguirán siendo
radiactivos y peligrosos dentro de 250.000 años, y ese análisis lo ignoran
todos los promotores y falsean todos los datos sobre costes que ofrecen, que
son auténtico surrealismo, cuando no un insulto a la inteligencia de la
ciudadanía.
La industria nuclear es una auténtica ruina, que sólo puede vivir a
base de subvenciones públicas, directas o indirectas, como en Francia y en
la práctica totalidad de los países, y donde más posibilidades tiene de
propsperar es allá donde hay dictaduras y una ausencia total de domocracia y
transparencia, como en China. El analfabetismo energético lo practican los
promotores de la energía nuclear, pero la situación de hoy no es la de 1970,
cuando se lanzaron los programas nucleares.
La energía nuclear, que iba a ser tan barata que no necesitaría
contadores, se ha demostrado que es la forma más cara de producir
electricidad cuando se considera el ciclo completo. También era la más
segura, y Chernóbil demostró que es la más peligrosa. Los usos pacíficos y
la proliferación nuclear van de la mano, y hoy, gracias a la energía nuclear
el mundo es más más peligroso que nunca, con nuevas potencias nucleares,
como Israel, India, Pakistán y Corea del Norte, y en un futuro próximo
también Irán. ¿Y que pasaría en caso de un atentado terrorista contra una
central nuclear?
La inversión de una central nuclear es de más de 2.000 euros
por kW de capacidad de generación, mientras que en las centrales de ciclo
combinado de gas natural es de 450 euros por kW y de 900 euros el kW eólico,
que no requiere combustible ni genera residuos radiactivos durante miles de
años. Los plazos de construcción de una nuclear van de siete a quince años,
frente a dos de una central de ciclo combinado o unos ocho meses de un
parque eólico, y están sujetos a enormes incertidumbres y a la oposición
popular. La construcción de una central nuclear provoca un enorme
endeudamiento a largo plazo, sometido a las variaciones de los tipos de
interés. La mejor prueba de su nula rentabilidad es que no han resistido la
prueba del mercado, y sólo las promuevan empresas públicas sin ninguna
transparencia.
Y una fuente de energía debe internalizar todos sus costes,
incluido el desmantelamiento de la central y la gestión de los residuos
radiactivos de alta actividad. Aunque sólo sea en salarios de los guardas
jurados durante miles de años, los costes del ciclo completo son ruinosos.
Pero cuando hablan de costes se omiten todas esas externalidades, dando por
supuesto que seremos los que las paguemos.
El negocio es construir centrales nucleares, e incluso
gestionarlas, pero la gestión de los residuos y el desmantelamiento de las
centrales, ¿cuánto cuesta? ¿quién lo paga? ¿quién corre con las pólizas de
seguro en caso de accidente? La energía nuclear es el más claro ejemplo de
privatización de beneficios y socialización de pérdidas.
Las grandísimas inversiones que requieren las centrales
nucleares tienen un coste de oportunidad, al detraer recursos de otros
sectores más intensivos en empleo y más sostenibles, como la gestión de la
demanda, el aumento de la eficiencia energética y las energías renovables.
Las centrales nucleares tienen efectos desastrosos sobre las
regiones donde se implantan, fundamentalmente sobre el turismo, siendo
industrias de enclave que apenas crean empleo y perjudican el desarrollo de
otros sectores.

Las centrales nucleares sólo producen electricidad

Las centrales nucleares sólo sirven para producir electricidad, de forma
mucho más cara y peligrosa que con energía eólica, una alternativa real mal
que les pese a los promotores de la nuclearización. Las centrales nucleares
son innecesarias y nunca sustituirán al petróleo, pues sólo un porcentaje
ínfimo y cada vez más pequeño de derivados del petróleo se destina a la
generación de electricidad. El bioetanol y el biodiésel, y a medio plazo el
hidrógeno obtenido a partir de energías primarias renovables, son la
alternativa al uso de los combustibles fósiles, y no una fuente que sólo
sirve para producir electricidad, que puede producirse a partir de muchas
otras fuentes con un impacto muy inferior.
Las nucleares, además, son muy poco eficientes, pues su rendimiento
energético apenas llega al 30%, disipándose el resto en forma de calor
residual a través del agua utilizada en la refrigeración del reactor. El
consumo de agua, incluso en circuitos cerrados, es elevado, por lo que deben
localizarse en el litoral o en las proximidades de algún gran río.
En 2005 el carbón supuso el 28% de la participación en la producción
eléctrica española; la energía nuclear el 19,6%; el gas natural el 26%; el
petróleo, un 8,9%; la eólica el 7%; la hidráulica el 7,9% (fue un año
excepcionalmente seco) y otras renovables un 2,6%. Las renovables,
especialmente la eólica, han experimentado un gran desarrollo, y en las
próximas décadas nos permitirán producir la electricidad necesaria,
reduciendo las emisiones de dióxido de carbono, y el cierre paulatino y
ordenado de las centrales nucleares al final de su vida útil, sin necesidad
de construir ninguna más. En el pasado se paralizaron en España 5 centrales
nucleares, y los intentos de revivir una opción moribunda, cara y peligrosa
es muy probable que estén condenados al fracaso.

Tecnología inmadura

Ni la ciencia ni la tecnología son neutrales, teniendo considerables
repercusiones sociales, ambientales y éticas. La tecnología nuclear, además
de sofisticada y centralizada, tiene indudables aplicaciones militares, está
en mano de apenas media docena de empresas multinacionales y es inmadura,
estando lejos de resolver los problemas de seguridad, desmantelamiento y
eliminación de los residuos radiactivos.
La energía nuclear aumentará la dependencia tecnológica en
la mayor parte de las fases del ciclo nuclear (sobre todo el enriquecimiento
y el reprocesamiento), y también del combustible, pues compramos el uranio,
que es un recurso tan escaso como el petróleo, y dependemos de su
enriquecimiento tanto como del petróleo o el gas natural.
En términos estadísticos, se considera “nacional” a la
energía nuclear, que es una más de las muchas falsedades. Es tan nacional
como el gas natural que importamos de Argelia. Y puestos a reducir la
dependencia, lo sensato en invertir en energía eólica y solar, donde
contamos con importantes empresas (Gamesa, Acciona, Isofotón, Ecotecnia…)
que exportan a todo el mundo energía sostenible, sin residuos y sin riesgos
de proliferación o terrorismo.

Las centrales nucleares son ecológicamente desastrosas

Las centrales nucleares apenas emiten dióxido de carbono y otros
contaminantes atmosféricos (dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno), pero
tampoco la energía eólica o las diferentes aplicaciones de la energía solar,
y las energías renovables, a diferencia de la energía nuclear, no suponen un
riesgo para el medio ambiente a lo largo de todo su ciclo de vida.
Las nucleares contaminan en todas las fases, partiendo de las mismas
minas de uranio, donde liberan gas radón y otras sustancias radiactivas,
como radio y polonio, y destruyen grandes superficies de terreno (para
obtener un kilogramo de uranio se debe remover más de una tonelada de
tierra, y de este kilo sólo un 0,7% es U-235). La radiactividad emitida a lo
largo de todo el ciclo de vida se concentra y acumula en la cadena trófica,
no pudiéndose hablar de dosis mínimas admisibles, pues todas son peligrosas.

Residuos para la eternidad

La Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) después de más de 20
años, aún no han encontrado ningún municipio que quiera albergar el
cementerio de residuos radiactivos de alta actividad, ni el temporal ni
mucho menos el definitivo, a pesar de todo lo que ofrece. Hoy, el objetivo
de Enresa es modesto, pero difícil: encontrar un almacén temporal
centralizado nuclear español (ATC) con una capacidad de 6.700 toneladas, una
vida de 100 años y un coste de 500 millones de euros
La urgencia del ATC responde a tres factores:
*la saturación de las piscinas de refrigeración de las centrales nucleares,
donde actualmente se almacenan los residuos de alta actividad;
*en 2010 regresan de Francia 12 metros cúbicos de residuos de alta
actividad, junto a 650 metros cúbicos de baja actividad, procedentes del
reprocesado del combustible de Vandellós 1, enviados tras el incendio
sufrido por la nuclear en 1989. En el acuerdo firmado con la empresa
francesa Cogema se fijaron penalizaciones de 50.000 euros por día, a partir
2010;
*a partir de 2011 regresan los 600 kilogramos de plutonio y 100 toneladas de
uranio, enviados al Reino Unido por la empresa propietaria de la central
nuclear de Santa María de Garoña (Burgos).
Enresa dispone de un almacén nuclear en El Cabril (Córdoba) para
residuos radiactivos de baja y media actividad, pero en él no se permiten
almacenar residuos de alta actividad. La central de Trillo (Guadalajara)
tuvo que construir un almacén temporal individual (ATI) cuando su piscina de
refrigeración alcanzó su tope de capacidad en 2002, y Zorita (Guadalajara),
que se cierra el 30 de abril de este año, también dispondrá de su propio
ATI. Y si el ATC no está operativo en 2010, como es probable, serán precisos
almacenes temporales individuales en Cofrentes (Valencia) y Ascó
(Tarragona).
Enresa anunció en 2005 que el municipio que acoja el ATC recibirá
doce millones de euros anuales, cifra que se ampliará a dieciocho millones
cuando a partir de 2030 empiece a caducar la vida estimada de las centrales
nucleares españolas. Pero ni aún así han encontrado ningún municipio que se
ofrezca, y la situación empeorará cuando se aborde la construcción de un
almacén definitivo, el denominado almacén geológico profundo (AGP), cuyo
coste se elevaría, según la propia Enresa, a 12.000 millones de euros.
Lo lógico es que todos estos costes los asumiesen las
empresas propietarias, que son las que nos han embarcado en la opción
nuclear y han facturado los kWh producidos. ¿Y qué dicen los defensores de
la energía nuclear de esta patata caliente que son los residuos radiactivos
de alta, y que nadie quiere ni sabe como solucionar? Y mientras no tengan
solución, mas les valdría callarse.

Proliferación nuclear

Las centrales nucleares son la rentabilización de las enormes inversiones
realizadas en la industria militar. Buena parte de su éxito posterior se
debe a sus aplicaciones militares y raro es el gobierno que no aspira a
tener su bomba atómica, para lo que basta tener alguna central nuclear,
dominar el enriquecimiento o el reprocesamiento, extrayendo el plutonio. Un
mundo sin centrales nucleares será mucho más seguro y pacífico. EE UU y
Rusia conservan 30.000 cabezas nucleares y existen 5.000 toneladas de uranio
enriquecido y 450 toneladas de plutonio en poder de varios países,
suficientes como para fabricar varios miles de bombas atómicas. De caer
alguna de ellas en manos de algunos de los muchos grupos terroristas, las
consecuencias serían catastróficas. El silencio que rodea todo lo
relacionado con la proliferación nuclear recuerda al avestruz que ante el
peligro mete la cabeza debajo de la tierra, pero la proliferación sigue
presente y es una amenaza mucho mayor y más inmediata que el cambio
climático. Hay registrados más de medio millar de incidentes de contrabando
de productos nucleares confirmados desde 1993 por el Organismo Internacional
de Energía Atómica (OIEA), la agencia de la ONU que debe velar por el
cumplimiento del Tratado de No Proliferación Nuclear, un documento cada vez
más ignorado, y desde luego arbitrario, pues pretende sancionar el monopolio
sobre el terror. Cualquier país amenazado por Estados Unidos o Israel
tratará de acceder tarde o temprano al armamento atómico, algo que cada vez
es más fácil.
Muchos de los programas nucleares sólo enmascaran la decidida
voluntad de hacerse con armamento nuclear. Los casos más conocidos son
Israel, Suráfrica, Irak, Irán, Corea del Norte, Pakistán e India, pero lo
cierto es la que los llamados usos pacíficos de la energía nuclear siempre
han estado ligados desde su origen a los usos militares.

La crisis de la energía nuclear

Hoy la industria nuclear está sumida en una profunda crisis. Hay en el mundo
443 reactores nucleares comerciales en operación, con una potencia instalada
de 369 Gigavatios (1 GW=1.000 MW). La energía nuclear, presentada hace 35
años como la alternativa al petróleo, al gas natural y al carbón, hoy sólo
representa el 5,7% del consumo mundial de energía primaria, a pesar de los
dudosos métodos de contabilidad, pues se considera el calor producido en la
fisión y no la electricidad realmente producida. Con unos métodos menos
manipulados, e idénticos a los que se aplican a las energías renovables, la
participación de la energía nuclear se reduce a menos del 2% del consumo
mundial de energía primaria.
Hoy sólo se están construyendo 26 centrales, con una potencia de 20,8
GW, el menor número desde hace 35 años, respondiendo a pedidos de años
anteriores. La cifra de pedidos es insuficiente para mantener una industria
nuclear, que sólo se mantiene gracias al despilfarro de recursos públicos.
La potencia instalada en 2006 (369 GW) es sólo un 12% superior a la
de 1990 (328 GW), cifra doce veces inferior a los 4.450 GW previstos por la
AIEA en 1974 para el año 2000. La energía nuclear, agobiada por problemas de
seguridad, almacenamiento definitivo de los residuos radiactivos, costes
disparatados, alternativas mejores como las centrales de ciclo combinado de
gas natural y los aerogeneradores eólicos, el aumento de la eficiencia y las
energías renovables, y la oposición de una opinión pública bien informada,
no tiene ningún futuro, a pesar de los esfuerzos realizados para diseñar
nuevos reactores más seguros, utilizando para ello enormes recursos
públicos. Mientras, un total de 110 reactores con una potencia instalada de
35.309 MW han cerrado definitivamente. La vida media de operación es
inferior a los 18 años, muy alejada de los 40 años prevista por las empresas
constructoras, que incluso quieren alrgar la vida de las centrales
totalmente amortizadas a 60 años.

Situación actual

Estados Unidos: no ha habido encargos de nuevos reactores desde octubre de
1973 que no hayan sido cancelados. En los últimos 40 años las compañías
eléctricas han cancelado 120 reactores, con una potencia de 132 GW. Las 104
centrales nucleares existentes en 2006, con una potencia inferior a la
cancelada, producen el 20% de la electricidad. Se han cerrado 23 centrales
nucleares, y no hay ninguna en construcción.

Francia: cuenta con 59 centrales nucleares, otras 11 cerradas y ninguna en
construcción. La deuda de la empresa pública Electricité de France asciende
a cerca de 25.000 millones de euros. La sobrecapacidad instalada, los
problemas de seguridad y de residuos y los costes de la deuda, hipotecan el
futuro de un sector nuclear mantenido con las subvenciones públicas directas
e indirectas, y una falta total de transparencia. En 2007 el gobierno
tratará de iniciar la construcción de un nuevo reactor, quizás para intentar
revivir la moribunda industria nuclear francesa, en un país donde el
desarrollo de la energía eólica, a diferencia de Alemania y España, es nulo.


Japón: cuenta con 56 centrales y una capacidad de 47,8 GW. En 1999 se
produjo uno de los mayores accidentes nucleares en una fábrica de
combustible nuclear, y en 2004 murieron 4 trabajadores en la central nuclear
de Fukui. En diciembre de 1995 el reactor rápido de Monju sufrió un grave
accidente. La creciente oposición, los costes crecientes, varios accidentes
graves y la falta de lugares, en un país que sufre frecuentes terremotos,
hipoteca el futuro nuclear. Sólo hay un reactor en construcción y la inmensa
mayoría de la población es antinuclear.

Antigua URSS: el accidente de Chernóbil y la crisis económica casi han
acabado con la industria nuclear en Rusia, país que firmó un contrato con la
Siemens para el desarrollo de un nuevo tipo de reactor, el VVER 640. Unas 50
centrales nucleares en construcción o en avanzado proyecto fueron
paralizadas después de Chernóbil. Los reactores en funcionamiento en Rusia,
Ucrania, Lituania y Armenia plantean graves problemas de seguridad, al igual
que los de la misma tecnología existentes en Bulgaria y Eslovaquia.








Alemania: los 6 reactores existentes en la Alemania oriental, después de la
unificación, fueron cerrados, y los 5 en construcción abandonados. Desde
hace 30 años no se encarga ninguna nueva central. El movimiento antinuclear
siempre ha sido potente. El gobierno de socialdemócratas y verdes preveía
cerrar las 19 centrales nucleares existentes en los próximos años,
compromiso que no ha sido cuestionado por el nuevo gobierno de coalición
entra la derecha y la socialdemocracia. Ya se han cerrado 19 centrales
nucleares, quedan 17 en funcionamiento y ninguna en construcción.

Canadá: la construcción de nuevos reactores está paralizada, tras cancelarse
varios proyectos en la provincia de Ontario. Hay 18 reactores en
funcionamiento, 7 cerrados y ninguno en construcción.

Reino Unido: una prueba de lo ruinosos que son los programas nucleares fue
la imposibilidad de privatizar las centrales nucleares inglesas. No hay
planes para construir ninguna nueva central nuclear, aunque el gobierno
lanza periódicamente globos sonda, como sucede en la mayoría de los países,
donde los grupos de presión del sector nuclear siempre tienen un gran eco en
los medios de comunicación controlados por los grandes empresarios. Tiene 23
reactores en funcionamiento, otros 22 cerrados y ninguno en construcción.

Suecia: tras el referéndum de 1980 los planes son cerrar las 13 nucleares
suecas antes del año 2010. Ya se han cerrado tres, y sólo quedan 10 en
funcionamiento.

Corea del Sur: en 2006 había 20 centrales nucleares y actualmente no
construye ningún nuevo reactor. En 1988 tuvo lugar la primera manifestación
antinuclear en la historia del país. En enero de 1996 el municipio de
Yonggwang retiró la autorización para construir dos centrales nucleares.
Recientemente se supo la intención del gobierno de construir bombas
nucleares.

España: la moratoria definitiva desde enero de 1995 de 5 centrales nucleares
que nunca funcionarán (Trillo II, Valdecaballeros I y II y los dos grupos de
Lemóniz) ha costado a los consumidores más de 10.000 millones de euros. El
negocio siempre fue la construcción, aunque nunca funcionasen las centrales
nucleares. Ya se encargó el estado de hacer pagar a los consumidores. Los
planes del PSOE de Zapatero son cerrar paulatinamente las 9 centrales
existentes. Zorita se cerrará en 2006, y las organizaciones ecologistas
presionan para cerrar Garoña. A pesar de los globas sonda, en los ocho años
de gobierno del PP no se inició la construcción de ninguna nueva central
nuclear. Una cosa es el minuto de gloria y un titular por alguna declaración
a favor de nuevas centrales nucleares, y otra muy distinta es hacerlas,
obtener las licencias, la financiación y vencer la previsible oposición de
la inmensa mayoría de la población, que en un 96% no quiere más centrales
nucleares.

Bélgica: los 7 reactores producen el 55% de la electricidad del país. No hay
planes para aumentar el parque nuclear.

Taiwan: las 6 nucleares producen el 32% de la electricidad. Los planes para
construir dos reactores en Yenliao se han retrasado. En septiembre de 1994
un policía murió en una manifestación antinuclear, y la oposición
antinuclear es cada vez mayor.

China: tiene 9 centrales nucleares en funcionamiento y 3 en construcción.
Tiene un reactor de 288 MW de tecnología propia en Qinshan y otros 2 de 906
MW cada uno de tecnología francesa en Daya Bay, cerca de Hong Kong, donde
más de un millón de personas (el 20% de la población) han firmado una
petición pidiendo el cierre de los dos reactores por razones de seguridad.
En 1994 comenzó la construcción de 2 nucleares en Qinshan de 600 MW cada
una, y tiene planes ambiciosos para alcanzar los 36 GW en el año 2020, y a
tal fin mantiene relaciones con empresas francesas, rusas y canadienses.

India: cuenta con 15 pequeñas centrales nucleares (suman 3.040 MW) con un
impresionante historial de accidentes y mal funcionamiento, y actualmente
construye otras 8. Posee un importante programa nuclear de uso militar
dirigido contra Pakistán y sobre todo China. La potencia eólica india (4.430
MW en 2005) es ya superior a la nuclear, algo que sucede ya en varios
países, y será la norma en los próximos años.

México: cuenta con dos reactores de 654 MW cada uno en Laguna Verde, a pesar
de los recursos energéticos del país.

Argentina: la central Atucha 1 se inauguró en 1974 y Embalse (600 MW) en
1983. Los refugiados nazis Ronald Richter y Walter Schnurr jugaron un papel
clave en el programa nuclear argentino y en el contrato con la firma alemana
KWU, del grupo Siemens. Las intenciones de poseer la bomba atómica eran
evidentes, aunque el fin de la dictadura militar recondujo la situación.

Brasil: los nazis Alfred Boettcher y Wilhelm Groth están en el origen del
programa nuclear brasileño, y sobre todo en el absurdo y leonino contrato
que Brasil firmó con la Kraftwerk Union (Siemens) para adquirir 8 centrales
nucleares. El programa se paralizó, pero el país siguió pagando a la
Siemens. Hoy sólo funcionan las centrales nucleares de Angra 1 y Angra 2.

Cuba: en 1992 se paralizó por falta de fondos la construcción de la central
nuclear de Juraguá con 2 reactores de la obsoleta y peligrosa tecnología
soviética. Desde entonces cada cierto tiempo se vuelve a hablar de ellos,
como a raíz de la visita de Putin a Cuba en diciembre de 2000.

Pakistán: Kanupp, el reactor de 125 MW de tecnología canadiense inaugurado
en 1972, está ligado al programa que permitió hacerse con la bomba atómica.
El conflicto con la India por la región de Cachemira convierten a la zona en
la “más peligrosa del mundo”, y no es descartable una guerra nuclear entre
India y Pakistán. Abdul Qader Jan, el padre de la bomba atómica paquistaní,
castigado y perdonado por el presidente Pervez Musharraf, organizó un
supermercado de tecnología nuclear con Corea del Norte, Libia e Irán, entre
otros países.

Italia: en el referéndum de noviembre de 1987 se decidió abandonar la
energía nuclear, cerrando las centrales en funcionamiento o en construcción,
como Garigliano (150 MW), Latina (153 MW), Trino (260) y Caorso (860 MW).

Austria: en 1986 se decidió clausurar definitivamente la central nuclear de
Zwentendorf.


20 años después de Chernóbil

El accidente de la central nuclear de Three Miles Island en EE UU en 1979
pudo haber tenido consecuencias catastróficas, evitadas por los pelos, pero
fue lo suficientemente grave como para acabar con los programas nucleares en
la mayor potencia económica.
Este año se conmemora el 20 aniversario de la catástrofe nuclear, que
ha dejado más de 25.000 muertos, entre militares y civiles, desde 1986,
aunque la propaganda nuclear pretende reducir la cifra a la décima parte. La
cifra de afectados por cáncer a consecuencia de este desastre alcanzará su
punto álgido de aquí al año 2020. Miles de personas padecen cáncer de
tiroides en distintas áreas de Bielorrusia, Ucrania y Rusia
La noche del 25 al 26 de abril de 1986, a la 1 y 23 de la madrugada
del sábado, en el reactor número 4 de Chernóbil, tuvo lugar el mayor
accidente de la historia nuclear. Los efectos de la radiactividad han
superado todas las previsiones, y la verdadera magnitud de los daños se va
conociendo años después. Ya han muerto más de 25.000 personas, y al menos 7
millones han sido contaminadas por la radiactividad. La catástrofe de
Chernóbil afectó gravemente a Bielorrusia, Ucrania y Rusia, causando
pérdidas incalculables, y daños terribles a las personas, a la flora y a la
fauna. Más de 160.000 km2 están contaminados. El accidente de Chernóbil fue
una de las mayores catástrofes ambientales, y sus costes superan los 250.000
millones de dólares, según un estudio oficial del gobierno ruso, revelado
por el Wall Street Journal.
Los cuatro reactores existentes en Chernóbil eran del modelo
RBMK-1.000, un peligroso modelo de agua en ebullición, moderado por grafito.
Todavía hay en funcionamiento varios reactores nucleares del tipo RBMK, y su
cierre ha sido pospuesto por razones económicas, a pesar de sus riesgos,
puestos de manifiesto en la catástrofe de Chernóbil. En Chernóbil
funcionaban 4 reactores, y se estaban construyendo dos más.
Curiosamente el accidente se produjo al realizar un experimento
relacionado con la seguridad, en el que se pretendía demostrar que la
electricidad producida por el alternador a partir de la inercia de la
turbina sin vapor podría usarse para alimentar ciertos componentes del
sistema de refrigeración de emergencia, durante periodos cortos, hasta que
pudiera disponerse de los generadores de emergencia. Inicialmente se preveía
experimentar con una reducción de la potencia, desde 3.000 megavatios
térmicos a 1.000 MWt, pero sin embargo el reactor no pudo estabilizarse con
suficiente rapidez, y la potencia se redujo a sólo 30 MWt. Al acumularse una
energía en el combustible del orden de 300 cal/g, se produjo una
disgregación del combustible seguida por una explosión. Dos o tres segundos
después ocurrió una segunda explosión, causada probablemente por la
liberación de hidrógeno cuando el vapor oxidó al zirconio de las varillas
del combustible.
La violencia de la energía desprendida provocó la elevación de la
losa soporte del reactor, de dos toneladas, haciendo inoperativo el sistema
de contención. La entrada de aire facilitó la combustión del grafito. Fueron
necesarios nueve días de heroico esfuerzo para poder controlar el incendio
posterior a la explosión del reactor. Para controlar el fuego y contener la
radiactividad, los helicópteros lanzaron sobre el núcleo del reactor más de
5.000 toneladas de plomo, boro y otros materiales. Posteriormente se
construyó un gigantesco sarcófago, hecho con 410.000 metros cúbicos de
hormigón y 7.000 toneladas de acero; el sarcófago fue terminado en noviembre
de 1986 y hoy debería ser sustituido por otra estructura. El reactor dañado
permanecerá radiactivo como mínimo los próximos 100.000 años.
El accidente fue detectado el lunes 28 de abril de 1986, a las 9 de
la mañana, en la central nuclear sueca de Forsmark, unos 100 kilómetros al
norte de Estocolmo, donde los contadores Geiger registraban niveles de
radiactividad 14 veces superiores a lo normal. Primero se pensó en un escape
en la propia central (las primeras noticias de las agencias de prensa
hablaban de un accidente en una central sueca), pero un exhaustivo control
mostró que la central funcionaba perfectamente y que la radiactividad venía
de lejos. Cuando los suecos reclamaron una explicación, las autoridades
soviéticas respondieron con evasivas. Doce horas después de la primera
alerta de Forsmark, un comunicado del consejo de ministros de la URSS leído
en la televisión reconoció que se había producido un accidente en Chernóbil.
La población de la zona no fue informada en los primeros días de la gravedad
de la situación, lo que agravó los efectos.
En el accidente de Three Mile Island, en Pensilvania (Estados
Unidos), en 1979, se liberaron 17 curios. En Chernóbil, según las
autoridades soviéticas, fueron 50 megacurios (50 millones de curios) de los
más peligrosos radionucleidos, a los que hay que añadir otros 50 megacurios
en gases radiactivos inertes. Las cifras reales fueron mayores que las
declaradas por el gobierno soviético. Para la OCDE las emisiones ascendieron
a 140 megacurios. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el
accidente de Chernóbil se emitió 200 veces más radiactividad que la liberada
por la suma de las bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en
1945, aunque el gobierno de Ucrania afirma que fue 500 veces más.

Consecuencias

Toda la población en un radio de 30 kilómetros fue evacuada. Aún hoy cerca
de 375.000 personas aún no han podido regresar a sus hogares, según la OMS.
La ciudad de Pripiat, que contaba con 50.000 habitantes antes del accidente,
hoy está abandonada, y en la llamada zona de exclusión de 30 kilómetros
alrededor de Chernóbil sólo habitan 556 ancianos que no tienen otro lugar a
donde ir o no se han adaptado a vivir fuera de sus pueblos de origen. Un
total de 105.000 km2 presentan una contaminación superior a un curio por
km2, y según la AIEA hay 825.000 personas viviendo en áreas con más de 5
curios/km2. Según las Naciones Unidas un área del tamaño de Holanda ha
quedado inutilizable permanentemente para usos agrícolas. La mayoría de las
31 personas muertas inmediatamente, trabajadores de la central y bomberos
que acudieron a apagar el incendio, están enterradas en el cementerio de
Mitinskoe. Pero la radiactividad, a no ser que se reciban dosis
extremadamente altas, mata lentamente y no hay dosis admisibles por debajo
de las cuales ésta deja de ser peligrosa.
Cerca de 800.000 personas, los liquidadores, participaron en la
construcción del sarcófago que envuelve el reactor o en las tareas de
descontaminación y limpieza, recibiendo altas dosis de radiactividad,
superiores en un 7% de los liquidadores a más de 250 mSv (milisievert),
aunque muchos superaron los 500 mSv; la dosis máxima admisible reconocida
internacionalmente para la población normal es de 5 mSv/año. Según el
gobierno de Ucrania, más de 8.000 liquidadores han muerto, y otros 12.000
están seriamente afectados por las radiaciones. En Rusia el 38% de los
300.000 liquidadores padecen enfermedades a causa de las radiaciones
recibidas, según el propio gobierno ruso.
Una de las consecuencias de la catástrofe de Chernóbil fue la
absorción por el organismo de miles de personas de grandes cantidades de
yodo-131 y cesio-137. El yodo-131, aunque tiene una vida corta, se acumula
en la glándula tiroides, causando hipertiroidismo y cáncer, sobre todo en
los niños. El cesio-137 tiene una vida media de 30 años, por lo que sus
efectos aún se harán notar.
El ADN de las células germinales que transmiten la información
genética fue dañado por la radiactividad, algo que no ocurrió ni en
Hiroshima ni en Nagasaki, según un estudio dirigido por Yuri Dubrova, del
Instituto Vavilov de Genética General con sede en Moscú, publicado en la
revista Nature. Las secuelas de Chernóbil perdurarán durante varias
generaciones. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) en 1995 el
cáncer de tiroides en Bielorrusia era 285 veces más frecuente que antes de
la catástrofe, y las enfermedades de todo tipo en Ucrania eran un 30%
superiores a lo normal, debido al debilitamiento del sistema inmunológico
causado por las radiaciones. En la región de Gomel, en Bielorrusia, los
cánceres de tiroides entre la población infantil se han multiplicado por
cien, y el número de casos no para de aumentar. Las leucemias, cuyo periodo
de latencia es más largo, empiezan a aparecer, sobre todo entre los
liquidadores; la tuberculosis es una de las enfermedades que más ha crecido
entre las personas afectadas.
Las aberraciones cromosomáticas, precursoras de leucemias y cánceres,
han sido igualmente detectadas, al igual que enfermedades del sistema
endocrino, nervioso, digestivo y cardiovascular, así como las cataratas.
Según el profesor Alexander Ivanovich Avramenko, jefe del Departamento de
Protección de la Salud de Kiev, "la morbilidad general ha aumentado un 30%,
la hipertensión se ha triplicado, la isquemia cardíaca se ha incrementado un
103%, las úlceras un 65,6%, la diabetes un 61%, y los ataques cardíacos un
75%. Los patrones clínicos están cambiando para muchas enfermedades debido a
la depresión del sistema inmunitario".
Los niños están entre los más afectados, y son muchos los que padecen
cánceres de tiroides, hígado y recto. Las malformaciones entre los recién
nacidos se han duplicado en los últimos años. Según Dillwyn Williams,
profesor de histopatología en la Universidad de Cambrigde y uno de los
mayores expertos mundiales en cáncer de tiroides, el 40% de los niños
expuestos a altos niveles de radiación cuando tenían menos de un año
desarrollarán cáncer de tiroides. Miles de personas contraerán cánceres a
consecuencia del accidente de Chernóbil en los próximos 30 años. Williams es
presidente de la European Thyroid Association. En una conferencia de la OMS
sobre las consecuencias sanitarias de Chernóbil en Ginebra, Williams señaló
acerca de la incidencia del cáncer de tiroides en Bielorrusia y Ucrania que
"he hecho algunas sumas y la respuesta me aterroriza".
La mayor incidencia de los casos de tiroides en Gomel están
concentrados en una zona situada a más de 200 kilómetros de Chernóbil, lo
que significa que los planes de emergencia en caso de accidente nuclear
deben ser rediseñados. En la conferencia de la OMS, en que participaron unos
500 científicos procedentes de 40 países, se criticaron duramente las
recomendaciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA),
cuyo único interés es promocionar a cualquier precio la energía nuclear.
Chernóbil, y sus consecuencias, son la mejor demostración de las falacias de
la AIEA, cuya inutilidad fue puesta de manifiesto por el programa nuclear de
Irak, en teoría bajo su control. Los efectos de Chernóbil causarán a largo
plazo decenas de miles de muertes, y algunos autores calculan que pueden
producirse más de un millón de casos de cáncer, sobre todo en Bielorrusia,
Ucrania y Rusia.

Aguas radiactivas

El río Pripiat llevó la radiactividad a su afluente, el río Dnieper (el
tercer río europeo por su caudal) y que tras recorrer 800 kilómetros y seis
grandes embalses, desemboca en el Mar Negro. El agua contaminada por los
residuos radiactivos puede llegar a afectar a unos 30 millones de personas,
según un informe elaborado por 59 científicos de 8 países, bajo la dirección
del italiano Umberto Sansone: más de 9 millones beben agua contaminada, y
otros 23 millones de personas comen alimentos regados con aguas radiactivas
o peces con niveles inaceptables de radiactividad. Las balsas y pequeños
embalses construidos para retener las aguas contaminadas a la larga
agravaron el problema, pues fueron rebasadas al caer las primeras lluvias
intensas.
Los peces del lago Kojanovskoe, en Rusia, presentan niveles de
radiactividad 60 veces superiores a los límites de seguridad de la Unión
Europea, llegando a alcanzar los 40.000 bequerelios de cesio-137 por
kilogramo (el límite de la UE es de 600 bequerelios por kilogramo). La única
alternativa es la completa prohibición del consumo de pescado en la región.
El agua contaminada es posiblemente la mayor amenaza diez años después del
accidente. El accidente depositó 380 terabequerelios (380 x 1012
bequerelios) de estroncio y plutonio en la zona alrededor del reactor. “No
se puede parar el flujo del agua”, afirma Sansone. Pero los problemas de
Chernóbil están lejos de haber acabado. El 11 de octubre de 1991 se produjo
un incendio en el reactor nº2, y los reactores 1 y 3 siguieron funcionando,
debido a la crisis económica que sufre Ucrania desde la desmembración de la
URSS. Aún hoy 400 kilogramos de plutonio, más de 100 toneladas de
combustible nuclear y otras 35 toneladas de polvo radiactivo, permanecen
dentro del maltrecho sarcófago de plomo, boro y cemento que envuelve la
central y que necesita ser reparado o sustituido con urgencia. El sarcófago,
diseñado en teoría para aguantar 30 años, necesita ser reparado o sustituido
con urgencia, al tener 200 m2 de grietas y graves problemas de estructura.
Cerca de 12.000 personas trabajan en la zona contaminada, y siguen
recibiendo dosis inadmisibles de radiactividad.

Desastre económico

Chernóbil no sólo fue un desastre para la vida y la salud de millones de
personas. Fue, también, un gran desastre económico, y muchos creen que fue
una de las causas determinantes de la caída del régimen soviético en la
antigua URSS. Sólo las tareas de limpieza en los tres primeros años
alcanzaron los 19.000 millones de dólares, y ya han superado los 120.000
millones de dólares.
El gobierno de Bielorrusia estima que sólo en su país en el horizonte
del año 2015 el accidente habrá costado más de 230.000 millones de dólares.
El coste total, según el Research and Development Institute of Power
Engineering, alcanzará los 358.000 millones de dólares (el coste de unas
cien centrales nucleares), cifra resultante de sumar los costes del
tratamiento médico, descontaminación, traslados y realojamiento de la
población afectada, electricidad que se ha dejado de producir y limpieza de
las zonas afectadas. Con lo que costará el accidente de Chernóbil se podrían
haber sustituido todas las centrales nucleares del mundo por centrales de
ciclo combinado de gas natural (el 80% de la potencia) y aerogeneradores
eólicos (el 20% restante), y aún sobrarían 200.000 millones de dólares.
La energía nuclear, como reconocen ya hasta los sectores más
conservadores, es una ruina total. Ningún argumento a favor de la energía
nuclear resiste un examen profundo, y los países ricos, que gastan cada año
miles de millones en investigación nuclear, harían mejor uso si los
consagraran a las energías renovables.
Bielorrusia gastó algunos años hasta el 25% de su PIB en superar los
problemas causados por Chernóbil, Ucrania destina el 6% de los gastos
estatales y Rusia el 1%, cifras ambas muy inferiores a las que serían
necesarias. La crisis económica forzó a Ucrania a mantener en funcionamiento
uno de los cuatro reactores existentes en Chernóbil, y el gobierno sólo los
cerró tras recibir 4.400 millones de dólares por parte de EE UU y la Unión
Europea. En el año 2000 la Comisión Europea aprobó la concesión de un
préstamo Euratom de 585 millones de dólares para acabar de construir dos
reactores atómicos que suplirán a la vieja central nuclear. Este préstamo a
20 años viene a sumarse al concedido por el Banco Europeo de Reconstrucción
y Desarrollo (BERD) de otros 215 millones de dólares para acabar, modernizar
y poner en servicio la unidad 2 de la central nuclear de Khmelnitsky (K2) y
la unidad 4 de la central nuclear de Rivne (R2).

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José Santamarta es director de World Watch. www.nodo50.org/worldwatch



*Feshbach, M. y Friendly, A. (1992). Ecocide in the USSR, Aurum Press,
Londres.
*The Ecologist (1991). Nuclear Power. Shut it down!, 2 volúmenes. Surrey,
Reino Unido.
*Moberg, A. (1986). Nuclear Power in Crisis, WISE, Amsterdam.
*Medvedev, Z. (1993). Destrucción ambiental en la ex-URSS, en Gaia nº2.
*Edwards, R. (1995). Terrifying outlook for Chernobyl's babies, New
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*Edwards, R. (1995). Will it get any worse?, New Scientist, 8-12-96.
*Edwards, R. (1996). Chernobyl floods put millions at risk, New Scientist,
23-3-96.
*Greenpeace (1996). Chernóbil, 10 años después. Las consecuencias. Madrid.
*Greenpeace (1996). Informe sobre la situación de la energía nuclear en el
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*Greenpeace (1996). Testimonios. Chernóbil 10 años después. Madrid.
*Safe Energy Communication Council (1996). MYTHBusters 10, Washington.
*WISE (1990). State of the Soviet Nuclear Industry, Amsterdam.
*World Health Organization (1995). Health Consequences of the Chernobyl
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*Revista World (varios números).
*Signos Vitales. Informes anuales del Worldwatch Institute.
*www.erec-renewables.org/default.htm
*www.iaea.org

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