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Secciones: México -  Mujer / Feminismo

Título: No nos dejen solas: Entrevista con la comandanta Ramona y la Mayor Ana María- Enlace 1

Texto del artículo:

“No nos dejen solas”: Entrevista con la comandanta Ramona y la Mayor Ana María (marzo 1994)


Entrevista Publicada en Doble Jornada, marzo 7, 1994


Otra de las inquietudes de las mujeres indígenas es la libre elección de parejas. “Todavía hay la costumbre de la dote, nunca se toma en cuenta a la muchacha, ella es vendida (en esta región el promedio de la dote nupcial es de dos mil nuevos pesos). Eso de estar de novio no existe; es un pecado hacer eso”.

Ana María, Mayor de Infantería: “¡No nos dejen solas!” es el grito desesperado de las mujeres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional para que su esperanza de ser escuchadas dentro y fuera de sus comunidades, no muera. “A todas les pedimos que luchen con nosotras”, dicen en tzotzil y en castilla la comandante Ramona y la mayor Ana María. Su llamado a las mujeres mexicanas no es para que tomen las armas, sino para que desde sus espacios apoyen los cambios propuestos en la Ley Revolucionaria de Mujeres, así como su extenso pliego de demandas en materia de igualdad, justicia, salud, educación y vivienda. Esa noche, la penúltima que pasarían en la Catedral, llegaron a la parte trasera del altar acompañadas por el Subcomandante Marcos.

Él, vestido con su inconfundible uniforme militar. Unos pasos atrás, las dos únicas mujeres del grupo de 19 delegados del Comité Clandestino Revolucionario Indígena. “Ahí se las dejo para que hablen con ellas todo lo que quieran”, dice en tono bromista, al despedirse del grupo de cinco mujeres periodistas y dos fotógrafos, que intentan la entrevista con las mujeres del EZ. Los ojos rasgados y vivaces de Ramona reflejaban cansancio. El faldón de lana negra, la blusa tejida de telar con vistoso bordado, y su pequeña estatura, contrastan con la ruana gris y el macizo cuerpo de Ana María. Con ellas, se queda el Comandante Javier (para traducir del tzotzil al español lo que diría Ramona). Las palabras de la comandante aunque en tzotzil fluyen suaves desde su corazón indígena. “Salí de mi comunidad a buscar trabajo por la misma necesidad, ya no había de qué vivir. Cuando llegué a otro lugar empecé a conocer que no es igual a la situación de las mujeres en el campo. Ahí empecé a entender y a tomar conciencia de las diferencias, así empecé a conocer la organización (EZLN), y que hay necesidad de organizarse también las mujeres”. En el EZLN la participación femenina es clave. Ramona pertenece al cuadro político que trabaja en las comunidades; Ana María es parte del aproximadamente 30 por ciento de las combatientes o insurgentes que renuncian voluntariamente a formar una familia para entregarse a la lucha armada.

“Yo soy insurgente. He dedicado toda mi vida y tiempo a la causa”, afirma Ana María, mayor de Infantería de 26 años de edad, quien al hablar de los desalojos y represiones sufridos, frunce con tristeza el ceño, único signo de expresión que deja ver su pasamontañas. “Es una historia muy larga”, dice. “Desde los ocho años yo participaba en luchas pacíficas, en marchas, en mítines. Mi familia es gente luchadora que siempre ha estado organizándose para tener una vida digna, pero nunca lo logramos por esta vía. Estábamos en una organización -no dice cual- con otras personas, con otros pueblos. Allí ibamos todos, también los hijos y es así como fuimos tomando conciencia de que con luchas pacíficas no ibamos a lograr nada. Esto ha sido así durante años y años. Mi familia, antes de nacer yo ya estaba luchando. [Al EZLN] llegué desde muy jovencita; tenía 14 años cuando entré a la lucha. Al principio éramos sólo dos mujeres de las 8 o 10 personas que hace más de 10 años empezamos el movimiento. Muchas de las mujeres que han entrado al EZLN han llegado sin avisar a sus familias. “Yo cuando salí de mi casa y me enteré de que existía una organización armada, me decidí y me dije ¡yo también voy a tomar las armas!, porque uno de mis hermanos ya estaba; pero mis papás, la mayoría de mi familia no sabía nada. Entonces salí huyendo de mi casa y fui a buscar a mis compañeros para poder integrarme también y así pasé muchos años aprendiendo y participando en esto sin que mi familia se diera cuenta. Esto ha pasado en muchos lugares, en muchas familias. “Allí, mi hermano y yo aprendimos las primeras letras y a hablar la castilla. Después nos enseñaron tácticas de combate y política para poder hablar con el pueblo y explicarle nuestra causa. Pedimos tierra y el gobierno no la daba, entonces empezaron las tomas y la respuesta era la represión.

Entonces nos dijimos ‘si a la buena no la dan, entonces a la mala la tomamos’ y empezamos a armarnos.

Las mujeres fueron entrando porque veían nuestra presencia dentro del ejército; entonces las mujeres de los pueblos empezaron a instruir a sus hijas, hermanas, nietas y les decían ‘es mejor agarrar un arma, es mejor pelear’”, habla con vehemencia la mayor Ana María, quien tuvo a su cargo el comando que ocupó la ciudad de San Cristóbal de las Casas, la madrugada del 1 de enero.

Las Protagonistas Invisibles del EZLN.

La madrugada de ese primer día del año, las mujeres fueron protagonistas invisibles de los acontecimientos que trascendieron las fronteras del país. En ese momento no se supo -y a 66 días del suceso, muchos lo ignoran- que una de ellas fue la responsable de la toma de la segunda ciudad en importancia de Chiapas, cuyo operativo se consideró por el EZLN un éxito porque no se registraron pérdidas humanas. Sentada frente a las periodistas de tres medios de información mexicanos y uno de España, Ana María explicó cómo se preparó el ataque a la ciudad que fundó el conquistador español Diego de Mazariegos. “Lo primero que hicimos fue votar si se empezaba la guerra o no. Después de la decisión se organizó el ataque con el apoyo de los mandos superiores. Luego organizamos las tácticas militares de cómo se iban a tomar (las seis cabeceras municipales); y a quiénes les tocaría por tales lugares. Entonces, pues como yo mando una unidad, sabía que tenía que ir primero al frente de mis compañeros. Yo soy el mando y tengo que dar el ejemplo. “Como somos muchos, nos organizamos por unidades y cada quien tiene su mando. Yo tengo a mi cargo una unidad grande que tiene muchos milicianos, más de mil. Esta unidad grande está dividida en unidades pequeñas, y cada una tiene su mando también. A cada uno de éstos mandos se les instruye, se le dice qué es lo que tienen que hacer, cómo atacar. Cada insurgente sabe como posesionarse y qué debe hacer, y los mandos estamos checándolos que cumplan con eso. Cuando atacamos San Cristóbal a unos les tocó poner los retenes y a otros las emboscadas en caso de que entrara el Ejército Federal; se reforzaron las entradas y salidas de San Cristóbal; a otros les tocó atacar la presidencia (municipal). A cada unidad le tocó cumplir una misión, así fue organizado. El mando coordina todo”.

-¿Y en los enfrentamientos que se tuvieron en Rancho Nuevo y Ocosingo, participaron las mujeres?.

-Sí, por ejemplo cuando se liberaron los presos en el ataque al Cereso (el penal), quienes entraron a abrir las puertas para liberar a los presos fueron mujeres. Un preso ha platicado que vio entrar a un grupo de mujeres con aretes y se le hizo muy raro que las combatientes estuvieran con aretes, collares y atacando. Había grupos de mujeres, iban todos revueltos y a cada quien le toca un trabajo. Se le da una misión a cada quien y la cumple. La Mayor de Infantería, especifica las diferencias entre las milicianas y las insurgentes del cuadro militar “las dos son combatientes, pero las milicianas viven en sus pueblos, reciben entrenamiento y van a combatir cuando les toca. Nosotras, las insurgentes, vivimos en los campamentos y nos distribuimos para ir a los pueblos a enseñar política y educación escolar”. Entre curiosos y vigilantes, algunos delegados del EZLN se acercan por momentos a escuchar la entrevista. Las dos mujeres con el rostro cubierto, daban la espalda a una imagen de la virgen de El Rayo. Flores marchitas a sus pies, evidencian la ausencia de fieles en los últimos diez días que ha permanecido cerrado el culto el santuario. La periodista española del periódico “El Mundo”, pregunta sobre las posibilidades de las insurgentes de formar una familia. Ana María, quien luce una argolla dorada en su mano derecha, responde: “Para casarse o juntarse, hay que pedir permiso a los mandos superiores y son ellos los que dicen sí o no, pero no podemos tener hijos porque no debemos poner en peligro la vida de un niño. Entre las insurgentes hay planificación familiar pero hay muchas que han tenido hijos y han debido dejarlos con sus padres para no dejar la lucha”.

-¿Y cuál fue la misión de las mujeres en las comunidades?

-Eso es algo que se nos pasa platicar porque son muchas las cosas que se hacen en las comunidades. Desde que empezó a desarrollarse este trabajo [del EZLN], fue muy importante la participación de las mujeres en la seguridad. En casa, pueblo, hay bases. Tenemos una red de comunicaciones, entonces el trabajo de las mujeres es estar checando la seguridad; por ejemplo, si entran soldados están avisando y también si hay algún peligro. No necesariamente todas son combatientes.

Cuando nosotros atacamos las ciudades, las amas de casa se quedaron cuidando las comunidades, a los niños, y fueron las jóvenes quienes salieron a pelear. Muchas mujeres querían entrar pero estaban casadas y tenían niños y no las dejaron; pero la lucha no es sólo con el arma, el trabajo de las mujeres de los pueblos es organizarse para hacer trabajos colectivos para estudiar y aprender algo de los libros. También ayudan al EZLN porque lo forman sus hijos, hermanos, cuñados y se preocupan porque tengan alimento en la montaña. Ese es su trabajo; hacer tostadas, pinole, el pozol y también de hortalizas. Tienen huertos donde cultivan las verduras y los mandan a los campamentos. Las abuelas se dedican a cuidar a los niños de las demás mujeres que trabajan.

-¿Las mujeres hicieron los uniformes?

-Sí, todo se hace dentro del EZLN; tenemos talleres de sastrería, de armería; también participan las mujeres haciendo piezas para armas, donde se hacen las pequeñas bombas para poder defender. Las mujeres de los pueblos, aunque no sean combatientes o militares, pueden hacer cualquiera de esos trabajos.

-¿Y los hombres también pueden hacer funciones de mujeres como cocinar, lavar trastes, cuidar a los niños?

-En el EZLN todo es parejo. Ahí no existen diferencias, un día a los hombres les toca hacer la comida, al día siguiente a las mujeres, y otro, revueltos. Si hay que lavar la ropa, el hombre lo puede hacer.

-Pero esto se dice fácil, que los hombres se queden lavando ropa cuando las mujeres están haciendo bombas. Hablamos de comunidades indígenas donde las desigualdades entre ambos sexos son muy fuertes.

-En las comunidades donde estamos organizados así se lleva a cabo el trabajo. Claro, dentro de las casas de los compañeros ahí existe todavía un poco de desigualdad, pero ¡ya es muy poco! los compañeros ya no maltratan tanto a la mujer, le ayudan a cargar al niño. Antes de que se organizaran al momento de ir a la milpa, el hombre va montado en un caballo y la mujer va atrás cargando al hijo. Todavía el hombre puede regresar montado en el animal y la mujer con la leña en la espalda y el niño adelante. Eso lo puede platicar mejor el compa (se refiere al comandante Javier, quien traduce al español las palabras en tzotzil de la comandante Ramona). Ante la petición de Ana María, el comandante Javier detalla con emotividad: “Cuando yo era chiquito teníamos un costumbre que he aprendido desde mis abuelos y de los abuelos mi papá. Pues como dentro de la sociedad indígena es muy lamentable la vida de las mujeres como ya se platicó, pues no se tomaba en cuenta todos estos sufrimientos. ¡Deveras!, muchos como nosotros hombre, no sentíamos cómo es la sociedad, la situación. No es como ahorita, que va tomando la conciencia de la lucha. Antes, la participación de las mujeres no se tomaba en cuenta. Muchas mujeres se levantan a las dos o tres de la mañana para preparar comida y cuando se amanece salen junto con hombre, ellos montan a caballo y las mujeres andan atrás corriendo, cargando al niño. Cuando llegan al trabajo, parte se van igual que el hombre, sea corte de café, sea milpa; pero cuando llegan a la casa también toman otro trabajo, preparando la comida. Muchos de los hombres, como no tenemos conciencia de decisión, pues manda y esperan la comida, pero las pobres mujeres, ¡deveras, pues!, llorando el niño y cargándolo, y moliendo su tortilla, barriendo la casa y aunque ya sea de noche, van todavía a lavar la ropa porque no han tenido tiempo de hacerlo durante el día...”.

Periodistas y fotógrafos que inicialmente escuchaban los testimonios de Ramona y Ana María, se han dispersado durante la primera hora de plática. Los ojos de los insurgentes reflejan cansancio, y en la milenaria iglesia, el frío sube en intensidad. “Aquí hace menos frío que en mi comunidad” dice Ramona.

No obstante su pequeña figura se ha ganado el respeto en las comunidades en las que hace trabajo político con mujeres, pero no le fue fácil. Ella, al igual que Ana María y otras más, exigieron a los hombres que se respetara su derecho a organizarse, así como para ser parte del cuadro militar. Ramona parece no sentir el frío. Con los brazos cruzados de manera tranquila sobre su regazo, trata de que las periodistas comprendan el despertar de las indígenas de los Altos de Chiapas. “Las mujeres llegaron a entender que es importante su participación para cambiar esta mala situación, así están participando aunque no todas directamente en la lucha armada. No hay otra forma de buscar justicia, ese es el interés de las mujeres”.

-¿Qué les enseñan ustedes a las mujeres en las comunidades?

-Todo lo que se aplica en una lucha- responde Ana María-. Lo primero que se aprende llegando a un campamento es aprender a leer y escribir, si no sabe; si no saben expresarse se les enseña un poco el español para que puedan hablar y leer los libros; se les enseña a manejar una máquina de coser, de escribir o de hacer piezas de armas; se les enseñan tácticas de combate; leemos libros políticos. Estudiamos toda la historia de México, es lo que más estudiamos y libros de lucha de otros países.

-¿A qué edad están entrando?

-Ahorita tenemos muchas niñas y niños dentro de las milicias, hay niños de ocho y nueve años que están inquietos, ven a un insurgente y van y acarician el arma, dicen “yo también quiero uno, quiero ser insurgente” y juegan a serlo. Por ejemplo, hace poco fui a una comunidad y pregunté a los niños por Zapata y me dijeron que fue un revolucionario que luchó por la tierra y que hizo mucho por los campesinos. Ellos también van a las reuniones y muchos se molestan porque les decimos que no pueden jugar a las armas hasta que crezcan.

Entonces tenemos que aceptarlos, claro que no los llevamos a pelear pero muchos sí se ponen duros y dicen ‘quiero ir’, por eso hubo algunos de ellos aquí, cuando venimos atacar San Cristóbal.

-¿Les dan talleres de salud reproductiva y salud sexual a las adolescentes?

Sí en muchas comunidades se hace ese trabajo, es el de las compañeras de los servicios de sanidad. Estamos divididos por servicios: sanidad, armería, administración, intendencia, y esto es en todas las comunidades; más dentro de los combatientes porque así están organizados.

El Aborto y la tierra para las Mujeres, demandas ausentes en el Pliego de Peticiones

Fue el último día del diálogo cuando se dieron a conocer las 34 demandas del EZLN. Una semana antes el Subcomandante Marcos había destacado ante la prensa que las de la población femenina eran las más amplias. De la lista, éstas ocupan el lugar número veintinueve y se destaca que son una “petición de las mujeres indígenas”. La primera de las doce que contiene el documento se refiere a la instalación de clínicas para atender partos ginecológicos. Entre el conjunto de las peticiones sobresalen las que facilitarían las fatigosas jornadas domésticas, como son: construcción de guarderías, cocinas y comedores para los niños de las comunidades, instalación de molinos de nixtamal y tortillerias (las mujeres dedican un promedio de tres a cino horas diarias en la molienda del maíz y en la elaboración de las tortillas). También buscan crear y establecer pequeñas empresas con asesoría técnica, como granjas para la crianza de pollos, conejos, borregos y puercos. Para la instalación de panaderías y talleres de artesanía piden materia prima y maquinaria, así como transporte y mercado para la justa comercialización de sus productos. Ante su marginación educativa solicitan escuelas de capacitación técnica para mujeres. Estas demandas, entregadas al gobierno, fueron producto de la consulta que en las comunidades indígenas realizó Ramona.

Hacia el exterior, las indígenas solicitan apoyos técnicos y educativos; mientras que hacia el interior [del EZLN y de las comunidades], sus exigencias son: acceso al poder en las tomas de decisiones; elegir libremente a su pareja; no ser golpeadas o maltratadas físicamente por los familiares ni por extraños; decidir el número de hijos que puedan procrear y cuidar, así como tener derecho y prioridad en la alimentación y atención a la salud.

Las dos mujeres del CCRI que participaron en el diálogo de la paz, recuerdan cómo hace un año nació “La Ley Revolucionaria de Mujeres”. “Nos habían dado derecho a participar en las asambleas y en los estudios pero no había ninguna ley de mujeres. Por eso protestamos y es así como nació la ley de mujeres. Todos la decidimos y la presentamos en una asamblea de todos los pueblos. Hombres y mujeres la votaron. No hubo problemas. En el proceso se preguntaron opiniones de las mujeres en los pueblos. Las insurgentes ayudamos a escribirla”, relata Ana María.

La salud reproductiva de las mujeres indígenas es el asunto más sobresaliente tanto en la citada ley como en las peticiones presentadas al gobierno. Pese al alto porcentaje de mortalidad materna en Chiapas, sobre todo en las comunidades indígenas (en el estado, por cada cien mil nacidos vivos, mueren 117 mujeres; el índice ocupa el tercer lugar nacional) y de abortos practicados en condiciones riesgosas (una de cada cinco mujeres de las zonas rurales del país, en edad fértil, ha tenido un aborto) las mujeres del EZLN no discutieron acerca de ésta última práctica.

-Ramona, tu fuiste a las comunidades y hablaste con las mujeres, ¿no se presentó a discusión el asunto del aborto?

-No, no ...

-¿Por qué

Ambas mujeres encuentran sus miradas y es la mayor Ana María quien responde:

-No se les ocurrió... es que hay una creencia en los pueblos indígenas de que no debe haber aborto.

-Sin embargo hay mujeres que mueren por abortos mal practicados.

-¡Ah, sí, claro! hay muchachas que les pasa eso.

-¿Sería tocar una tradición?

-Pues, no sé - Ana María vuelve el rostro para ver a Javier con una expresión de auxilio- usted, compa, que opina de la creencia, de lo que hay en los pueblos...

-Pues -dice Javier- no se ha acordado mucho en esa situación. En los mismos pueblos hay una tradición de cómo se atiende a las mujeres.

-Pero esta tradición tiene riesgos para la salud y vida de las mujeres- interviene la periodista.

-Muchas veces -prosigue Javier- sí tienen (riesgos) porque no hay médicos para atender. Pero las mujeres tienen su costumbre de como se pueden atender.

Ante la insistencia de saber si las mujeres indígenas acudirían a una clínica para practicarse de manera segura un aborto -en caso de que llegara a haber tal servicio-, Ana María interrumpe a Javier para decir: “Cuando nosotros decimos de tener una tradición, eso no quiere decir de seguir en lo mismo. Pero en muchas comunidades se aplica un castigo si la mujer no reportó que estaba embarazada y que quiso practicarse el aborto. Porque muchas veces pasa esto, la muchacha va con la partera o con una curandera y pide que se le practique un aborto por miedo de que su familia la vaya a maltratar y los castiguen. En las comunidades donde yo conozco, les cobran una multa o agarran al hombre que embarazó a la muchacha y lo encarcelan por unos días o le dicen que le pague la atención a la mujer”.

Respecto al uso de anticonceptivos, la mayor de la Infantería aclara: “Eso no existe, no se conoce en ninguna de las comunidades y eso de los embarazos a la mujeres ocurre poco, porque los papás cuidan mucho de que sus hijas no se vayan a embarazar; por el mismo miedo que las muchachas les tienen a sus padres, no pueden hablarle a ningún hombre. Si llegan a embarazarse, muchas de ellas tienen a los niños porque es muy difícil de practicar un aborto y si se hace, muchas se mueren y no se sabe”.

Otra de las inquietudes de las mujeres indígenas es la libre elección de parejas. Ana María -propuesta y elegida por las insurgentes para participar en el diálogo por la paz- comenta: “Todavía hay la costumbre de la dote, nunca se toma en cuenta a la muchacha, ella es vendida (en esta región el promedio de la dote nupcial es de dos mil nuevos pesos). Eso de estar de novio no existe; es un pecado hacer eso”.

Un punto ausente en las demandas de las mujeres es su derecho a poseer la tierra. Pese a que Ramona y Ana María reconocieron que ésta es vital para la sobrevivencia y que en la lucha por obtenerla participan tanto hombre como mujeres, no contemplaron que el reparto tenía que incluir a las viudas e indígenas sin compañero. Ana María señala que “esta es una demanda de todos y si hay una cosa especial de mujeres -en el pliego de peticiones- es porque hay cosas que a los hombres no se les ocurre que podríamos necesitar; en este caso, salió una demanda para obtener una escuela especial de mujeres en la cual sí puedan superarse y estudiar aunque ya sean grandes”. Sin embargo, Ramona le da una mayor valoración a la posesión de la tierra. “Aunque dentro de la ley agraria no tenemos derecho a tener tierra, las mujeres sentimos que es muy importante porque cuando no hay tierra viene el hambre, la miseria, por eso muchos niños mueren de desnutrición. Por eso las mujeres tenemos también derecho a la tierra para que haya alimentos, porque no hay otro medio para sobrevivir”.

Reclamos de las Combatientes a los Medios de Comunicación

Dos horas después de iniciada la entrevista sólo tres reporteras, entre ellas la española, prosiguen charlando con las fatigadas zapatistas. A unos metros de distancia, se veía al Subcomandante Marcos que departe con otros periodistas. Las fuertes risas del grupo resuenan en la vieja catedral. La intensa mirada de Ramona cautiva a una de las reporteras. Cuando ésta se descubre observada, sus ojos cambian de una expresión seria a una divertida. A través de la rendija del pasamontañas, Ramona ríe con los ojos. La gente del obispado urge a concluir la entrevista. Hay aún muchas cosas qué preguntar, muchas que decir, pero pasada la media noche, el cansancio crece por lo que una pronta despedida parece inevitable. Se hacen entonces las últimas preguntas.

-¿Piensan que los medios de comunicación le han dado cobertura suficiente a sus demandas como mujeres indígenas?

-No, no ha salido mucho por lo mismo de que no nos han entrevistado.

-¿Porqué creen que a ustedes no las han entrevistado?

-No sé, no lo entendemos, quizá les interesa saber más cosas nacionales.

-¿Las demandas de las mujeres zapatistas no son nacionales?

-Sí, claro. Pero no sé porque no nos han entrevistado. Hemos hablado con muy pocos y en los medios de información ha salido muy poco sobre las mujeres.

-¿Tendrían un comentario o petición a los medios?

-Lo que nosotras decimos es que difundan esta lucha para que muchas mujeres tomen el ejemplo y hagan algo en otros lugares, no que no se vengan acá donde estamos nosotras. Aunque no agarren las armas, que luchen de alguna manera y que nos apoyen, que otras mujeres se levanten en lucha. Nosotras sabemos que nuestra lucha no es sólo de mujeres sino parejo, de hombres y mujeres; pero nosotras también pedimos lo mismo que pidió el Subcomandante a los medios cuando dijo ‘no nos dejen solos’ Pedimos más apoyo en eso de la democracia porque es donde está un poco atorada la cosa, es donde está más difícil, tiene que ver a nivel nacional y es donde también entran las mujeres porque forman parte de la sociedad.

-¿Temen que la esperanza del cambio, muera?

-No, no tenemos ese temor, porque vamos a hacer todo lo posible por lograrlo y pensamos que hasta ahorita tenemos un apoyo muy grande del pueblo de Mexico. Tenemos esa esperanza de llegar a cambiar la situación pero si no lo logramos (tal vez nos morimos o nos maten) vamos a seguir peleando hasta que seamos escuchados y nos tomen en cuenta.

Emocionada, comenta Ana María que desde los inicio del EZLN, celebran el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Por lo que mañana tendrán fiesta en sus comunidades y los hombres serán los encargados de preparar la comida.

-Aunque -comentan bromeando- su sazón no es muy bueno.

Finalmente la entrevista se da por terminada; el encuentro del Subcomandante Marcos con otros medios de comunicación también concluye. Para sorpresa de las periodistas, cuando la Comandante Ramona se despide, manifiesta en español, su preocupación por no dominar como quisiera este idioma: “Voy a estudiar para que la próxima pueda responder mejor”, dice, y el pasamontañas no puede ocultar una sonrisa plena. Luego, desaparece con el grupo. Minutos antes, en tzotzil, ella ha insistido: “Nuestra esperanza es que algún día cambie nuestra situación, que se nos trate a las mujeres con respeto, justicia y democracia”.

www.nodo50.org/cedoz/mujeres/mujeres001....

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Autor(a): marco Fecha: 1:26am 08 Enero 2006 Categoría:
Dirección: http://www.eco.utexas.edu/Homepages/Faculty/Cleaver/bookalone.html

DO NOT LEAVE US ALONE! Interview with Comandante Ramona

by Matilde Perez U. and Laura Castellanos

(Published in Double Jornada, Monday, March 7, 1994)

(Translated by Judith and Tim Richards)

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Another of the concerns of the indigenous women is the freedom to choose a partner. "The custom of the dowry still exists, the young woman is never taken into account, she is sold (in this region the average marriage dowry is 2,000 new pesos). The custom of being engaged doesn't exist; it's a sin to do that." Ana Maria, Infantry Major _________________________________________________________________

"Do not leave us alone!" is the desperate cry of the women in the Zapatista Army for National Liberation (EZLN) so that their hope of being heard inside and outside of their communities will not die.

"We ask all women to fight alongside us," Comandante Ramona and Major Ana Maria say in Tzotzil and in Spanish. Their call to Mexican women is not for them to (that they) take up arms, but rather to support, from their own homes, the changes proposed in the Revolutionary Law for Women, as well as the extensive list of demands in the areas of equality, justice, health, education and housing.

That night, the next-to-the last but one that they would spend in the Cathedral, they went to the area behind the altar accompanied by Sub-Comandante Marcos. He, dressed in his unmistakable military uniform. A few steps back, the only two women in the group of nineteen delegates from the Indigenous Clandestine Revolutionary Committee.

"I'll leave them there for you so you can speak to them all you wish," he says in a joking tone, as he takes leave of the group of five women journalists and two photographers who plan to interview the women from the Zapatista Army.

The lively almond-shaped eyes of Ramona reflected her weariness. Her long, black, woolen skirt, the hand-woven blouse colorfully-embroidered, and her petite stature contrasts with the grey poncho and solid body of Ana Maria. Comandante Javier remains with them (to translate for Ramona from Tzotzil to Spanish).

The Comandante's words, even in Tzotzil, flow smoothly from her indigenous heart. "I left my community out of necessity in order to find work; there was no longer any way to earn a living there. When I went elsewhere I became aware that things aren't the same as they are for country women. There I began to understand and become conscious of the differences, and so I became interested in the organization (EZLN), and that women also need to organize."

In the EZLN the participation of women is crucial. Ramona belongs to the political cadre that works in the communities; Ana Maria -- on the other hand -- is part of the approximately thirty percent of the combatants or insurgents that voluntarily renounce having a family in order to devote themselves to the armed struggle.

"I am an insurgent. I have dedicated my whole life and all my time to the cause," affirms Ana Maria, the 26 year-old Infantry Major, who when speaking of the dispossession and repression suffered frowns sadly, the only sign of emotion that her ski mask permits us to see.

"It's a long story," she says. "Since I was eight years old I have participated in peaceful struggles, in marches, in meetings. My family is committed to the struggle and has always been organizing in order to have a life with dignity, but we never achieved it in that way."

"We were in an organization -- she doesn't say which -- with other people, with other towns. There we all were, together with our children; and it is in that way that we were becoming aware that we were not going to gain anything through peaceful protest. This is the ways things have been for years and years. My family was already in the struggle before I was born."

"I came to the movement EZLN) as a very young woman; I was fourteen when I joined the struggle. At first there were only two of us women among the eight or ten people who began the movement over ten years ago. Many of the women who have joined the EZLN have come without telling their families."

"When I left my house and discovered that there existed an armed organization, I took the decision and said to myself: I am also going to take up arms! because one of my brothers was already in it; but my parents, the majority of my family knew nothing about it. So I ran away from my home and I went to look for my comrades in order to enlist, and in that way I spent many years learning and participating in this without my family realizing. This has happened in many places, in many families."

"There, my brother and I had our first reading lessons and learned to speak Spanish. Then they taught us combat and political strategies to enable us to speak with the people and explain our cause to them. We asked for land and the government refused to give us any, and there began the occupations and the response was repression. So we said to each other "if they don't willing give it to us, we'll have to take it; we took it, and we began to arm ourselves."

"The women were joining because they saw our presence within the army; then the women of the towns began to instruct their daughters, their sisters, the granddaughters and they said to them 'it's better to take up arms, it's better to fight'," says with vehemence Major Ana Maria, who was in charge of the commando that occupied the city of San Cristobal de las Casas in the early morning of January 1.

The Invisible Protagonists of the EZLN

In the early morning of that first day of the year, the women were invisible protagonists of the events that transcended the country's borders. At that time nobody knew -- and 66 days after the event, many still don't know -- that one of them was in charge of the occupation of the second most important city in the state of Chiapas, and that operation was considered by the EZLN a success because there was no loss of life.

Sitting in front of journalists from three different information media from Mexico and one from Spain, Ana Maria explains how the assault on the city founded by the Conquistador Diego de Mazariegos was planned.

"The first thing we did was vote to see whether or not to begin the war. After the decision the attack was organized with the support of the high command. Then we organized the military strategies for taking control (of the six municipal administrative centers, and who would be assigned to those places. Then, as I command a unit, I knew that I had to go first at the head of my comrades. I am in command and I have to set the example."

"As there are a lot of us we are organized in units each one has its command. I have under my command a large unit that has many combatants, more than a thousand. This unit is divided into small units, and each one has its commander also. Each one of these commanders is instructed, is told what it is that they have to do, how to attack. Each insurgent knows how to take position themselves, and what they must do, and the commanders check that they comply with this."

"When we attacked San Cristobal some people were assigned as reinforcements and others to wait in ambush in case the Federal Army entered; the roads in and out of from San Cristobal were reinforced; others were assigned to attack in the town hall. Each unit had to complete a mission, and that's how it was organized. The commander coordinates everything."

And did women participate in the clashes that occurred in Rancho Nuevo and Ocosingo?

"Yes, for example when the prisoners were liberated in the attack on the Cereso Prison, those who went in to open the doors in order to free the prisoners were women. One prisoner has said that he saw a group of women with earrings enter and he thought it was very strange that combatants should be wearing earrings, necklaces, and attacking. There were groups of women, all mixed together, but each one had her job. Each one is given a mission and she fulfills it."

"The Infantry Major clarifies the difference between the militia women and the female insurgents of the military cadre; "both are combatants, but the militia women live in their villages, receive training and go into combat when it's their turn. We, the insurgents, live in the camps and divide up to go to different towns to teach politics and basic education."

Some delegates of the EZLN, half-curious, half-checking, come up from time to time to listen to the interview. The two women with their faces covered, have their backs to an image of the Virgin of El Rayo, the withered flowers at her feet give testimony to the absence of the faithful in the last ten days during which the sanctuary has remained closed to worship.

The Spanish journalist from El Mundo asks if the insurgent women are free to have families. Ana Maria, who is wearing a gold ring on her right hand, replies: "to get married or to live together, you have to ask permission of the superior officers and they are the ones who say yes or no, but we are not able to have children because we must not put the life of a child in danger. There is family planning for the insurgent women but there are many who have had children and have had to leave them with their parents in order to continue in the struggle."

And what was the mission of the women in the communities?

"That is something that we spend a lot of time talking about because there are many things that they do in the communities. Since this work (EZLN) began to expand, the participation of women in security has been very important."

"At home, in the village, there are bases. We have a communications network, so the women's work is to constantly check security; for example, if soldiers approach they give the warning and also if there is some danger. Not all of them are necessarily combatants. When we attack the cities, the housewives stay behind to take care of the communities, the kids, and it was the young women who went off to fight."

"Many women wanted to join but were married and had children and they didn't let them; but the struggle is not only with arms, the job of the women in the towns is to organize themselves for collective projects, to study and learn something from books."

"Also they help the EZLN because their sons, brothers, brothers-in-law are members and they see to it that they have food in the mountains. This is their job; to make tostadas, pinole, stew and also to tend the crops. They have gardens where they grow vegetables and send them to the encampments. The grandmothers devote themselves to taking care of the children of the women who work.

Did the women make the uniforms?

"Yes, everything is made inside the EZLN; we have sewing and weaponry workshops; the women both participate making weapon parts, and they also make small bombs to defend themselves. The townswomen, even if they are not combatants or soldiers, can do any of these jobs.

And the men can also do women's jobs, such as cooking, washing dishes, taking care of children?

"In the EZLN, everything is shared. There are no differences; one day it's the men's turn to make the meal, on the following day the women's turn, and so on. If there are clothes to wash, the men can do it."

It's easy to say that men wash clothes while the women are making bombs. We are speaking of indigenous communities where the inequalities between the sexes are very strong.

"In the communities where we are organized, this is the way the work is done. Of course, inside our comrades' homes there still exists some inequality, but it is very little now! Our men no longer abuse women so much, they help them carry the children. Before the organizing, when it came time to go to the cornfield, the man went on horseback and the woman walked behind carrying the child. The man can still return on horseback and the woman carrying firewood on her shoulders and the child walking ahead. He can tell you more about this (she is talking about Comandante Javier who is translating into Spanish what the Comandante Ramona said in Tzotzil)."

When asked by Ana Maria, Comandante Javier emotionally fills in the details: "When I was a young boy we had a custom that I learned from my grandparents, and my father also learned from his grandparents. Well, in Indian society the life of the women, as we have already said, is deplorable, since all this suffering was never taken into account."

"Really! many like us, my friend, didn't sense what society is like, what the situation is like. It's not like right now, when people are becoming conscious of the struggle. Before, the participation of women wasn't taken seriously. Many women get up at two or three in the morning to prepare food and at sunrise they leave together with the men, they ride horses and the women run behind carrying the child."

"When they arrive at the work they do their part the same as the men, whether picking coffee, or cultivating corn; but when they return home another job awaits them, cooking the meal. Many of the men, since we don't stop to think about it, make demands and wait for the food, but the poor women, incredibly! carrying the crying child, grinding corn, sweeping the house and even though it's dark, they still go to wash the clothes because they have no time to do it during the day...."

Journalists and photographers who were initially listening to the testimony of Ramona and Ana Maria have scattered during the first hour of the talk. Weariness shows in the eyes of the insurgents and an intense cold is rising in the ancient church.

"It's not as cold here as in my community," says Ramona. In spite of her small stature, she has gained respect in the communities in which she has done political work with women, but it wasn't easy for her. She, just like Ana Maria and many others, demanded that the men respect her right to organize, as well as to become part of the military cadre.

Ramona doesn't seem to feel the cold. With her arms crossed calmly in her lap, she tries to make the journalists understand the awakening of the Indian women in the highlands of Chiapas:

"The women finally understood that their participation is important if this bad situation is to change, and so they are participating although not all of them are directly involved in the armed struggle. There is no other way of seeking justice, and this is the interest of the women."

What do you teach the women in the communities?

"Everything they need to know about a struggle -- Ana Maria replies. The first thing they learn when they arrive at a camp is to read and write, if they don't already know; if they don't know how to express themselves in Spanish, they are taught some so that they can talk and read books; they are taught to use a sewing machine, to write, or to make parts for weapons; they are taught combat tactics; we read political books. We study the entire history of Mexico, that's what we study most, and resistance texts from other countries."

At what age do they join?

Right now we have many boys and girls in the militias, there are children of eight and nine who are restless, they see a rebel and go and run their hands over the weapons, and they say, 'I too want one, I too want to be a rebel," and they play at being one. For example, a little while back I went to a community and asked the children about Zapata and they told me that he was a revolutionary who fought for the land and did a lot for the peasants."

"Children also go to the meetings and many of them get upset because we tell them that they can't play with the guns until they are older. So, we have to accept them; of course we don't take them into battle; but many of them dig their heels in and say, "I want to go," and for this reason there were some of them here when we came to attack San Cristobal."

Do you give classes about reproductive and sexual health to the adolescent girls?

"Yes, in many communities this work is done; it's the responsibility of the sisters who work in health services. We are divided into areas by service: health, weaponry, administration, supplies, and it's this way in each of the communities; and also among the combatants because that's how they are organized."

Abortion and Land for Women, Missing Elements in the List of Demands

The thirty-four demands of the EZLN were released on the last day of the dialogue. A week before Subcomandante Marcos had emphasized to the press that those made by the women were the broadest. On the list, these occupy item number twenty-nine, which stands out as a "Petition from the Indigenous Women." The first of the twelve contained in the document refers to the building of clinics for childbirth.

Among the group of demands those that stand out would ease the wearisome domestic routines, such as: the construction of day care centers, kitchens and dining halls for the children of the communities; the installation of mills for grinding the corn for tamales and tortillas (the women spend an average of 3-5 hours grinding corn and making tortillas).

They also seek to create and establish, with the necessary technical advice, small business such as farms for the production of chickens, rabbits, sheep and pigs. They demand the construction of bakeries and artisan workshops, for which they are asking materials and machines as well as transportation and a market for the fair commercialization of their products. Given their marginal education, they seek technical training schools for women.

These demands, given to the government, were the result of consultation carried out by Ramona in the indigenous communities.

Externally, the indigenous women seek technical and educational assistance; internally (within the EZLN and the communities), their demands are: access to power in the decision- making process; the freedom to choose their partner; to not be beaten or physically abused by family members nor others; to decide on the number of children that they can bear and take care of, as well as to have the right and the priority to nutrition and health care.

The two women of CCRI who participated in the dialogue for peace, remember how one year before "The Revolutionary Law For Women" was born. "They had given us the right to participate in the assemblies and in the study sessions, but there was no law for women. So we protested and that is how the Law for Women came into being. All of us decided on it and presented it in an assembly of all the communities. Men and women voted on it. There were no problems. In the process the women from the different towns were asked for their opinions. We fighting women helped to write it," Ana Maria says.

The reproductive health of the indigenous women is the major point, both in the mentioned legal code and in the petitions presented to the government. In spite of the high percentage of maternal mortality in Chiapas, particularly in the indigenous communities (in the state, for every 100,000 live births, 117 women die; the rate occupies third place nationally) and of abortions performed in dangerous conditions (one in five women in the rural zones of the country of child-bearing age, has had an abortion), the women of the EZLN didn't discuss this last practice.

Ramona, you went to the communities and spoke with the women. Did the topic of abortion never come up?

"No, no...."

Why?

The two women look at each other and it is Major Ana Maria who replies:

"It did not occur to them ... the fact is that there is a belief among the indigenous people that there should not be abortion."

Nevertheless, there are women who die because of badly done abortions.

"Oh, yes, of course! there are young women to whom this happens."

Does this have to do with a tradition?

"Well, I don't know," Ana Maria turns to look at Javier for help, "You, comrade, what opinion do you have about this belief, of what happens in the villages...."

"Well," Javier says, "there hasn't been a lot of agreement about this situation. In these same villages there is a tradition about how to care for women."

"But this tradition is risky for the health and lives of women," interrupts the journalist.

"Many times," Javier continues, "they really do run risks because there are no doctors to attend to them. But the women have their own traditional procedures."

In response to the reporter's insistence on whether indigenous women would attend a clinic to receive a safe abortion -- in the event that there should ever be such a service -- Ana Maria interrupts Javier to say:

"When we talk about there being a tradition, that doesn't necessarily mean continuing in the same way. But in many communities the woman is punished if she did not report that she is pregnant and that she wanted to have an abortion."

"Because this happens a lot; the girl goes to the midwife or a healer and asks for an abortion because she is afraid that the family will mistreat her and they'll be punished. In the communities that I know, they fine them or detain the man who makes the woman pregnant and jail him for a number of days, or they tell him that he must pay for her treatment."

As for the use of contraceptives, the Infantry Major states:

"That doesn't exist, it's not known in any of the communities and these pregnancies rarely occur, because the parents are very careful that their daughters don't get pregnant; and because of the fear that girls have of their parents, they cannot talk to any man. If they get pregnant, many of them have the children because it's very difficult to have an abortion, and if they do, many die and it's not known."

Another of the concerns of the indigenous women is the free selection of partners. Ana Maria -- proposed and elected by the insurgent women to participate in the dialogue for peace -- comments: "The custom of the dowry still exists, the young woman is never taken into account, she is sold (in this region the average marriage dowry is 2,000 new pesos). The custom of being engaged doesn't exist; it's a sin to do that."

A point missing from the women's demands is the right to own land. In spite of the fact that Ramona and Ana Maria recognized that this is vital for survival and that in the struggle to obtain it both men and women are participating, they did not conceive that widows and single women should be included in the redistribution.

Ana Maria indicates that "this is everybody's demand and if there something specific about women -- in the list of demands -- it is because there are things that we might need that the men don't think about; in such a case there emerged a demand for a special school for women in which they can better themselves and study even if they are older."

Nevertheless, Ramona puts a higher value on the possession of land. "Although according to the agrarian law we do not have the right to own land, we women feel that it is very important, because when there is no land, there is hunger, misery, and consequently a lot of children die of malnutrition. So we women also have a right to the land so that there might be food; because there is no other way to survive."

The Combatants' Complaint About the Communication Media

Two hours into the interview, only three women reporters, among them the Spanish woman, are still chatting with the weary Zapatistas. A few meters away, Subcomandante Marcos could be seen talking to other journalists.

Their hearty laughter resonates through the old cathedral. Ramona's intense gaze fascinates one of the reporters. When she realizes she is being observed, her eyes change from a serious to an amused expression. Through the opening in the ski mask, Ramona laughs with her eyes. The Bishop's staff urges them to end their interview. There are still many things to ask, many things to say, but after midnight tiredness grows, so that an imminent departure seems inevitable. Then the last questions are asked.

Do you think that the communication media have given sufficient coverage to your demands as indigenous women?

"No, not a lot has come out, for the very reason that they have not interviewed us."

Why do you think that they haven't interviewed you?

"I don't know, we do not understand it, perhaps they are more interested in knowing about national events."

The demands of the Zapatista women are not national?

Yes, of course, but I don't know, since they haven't interviewed us. We have spoken with very few people and in the information media very little has been said about the women."

Might you have a commentary or a request for the media?

"What we say is that they should make this struggle known, so that many women might follow the example and do something in their own places, rather than coming here where we are. Even if they don't take up arms, may they join the struggle in some way and support us; may other women join the struggle."

"We know that our struggle is not just one for women, but is equally for men and women; but we women also ask the same thing that the Subcomandante asked of the media when he said 'do not leave us alone.' We ask for more support in the whole question of democracy, because that is where the whole thing is a bit bogged down, that is where it's most difficult, it has to be on the national level and that is precisely where women get into it because they are part of society."

Are you afraid that the hope for change will die?

"No, we are not afraid of that because we are going to do everything possible to achieve it and we think that up to this point we have great support among the Mexican people. We hope to change the situation but if we are not successful (perhaps we'll die or be killed) we will continue fighting until we are heard and people take us into account."

Excitedly, Ana Maria remarks that since the beginning of the EZLN they celebrate the 8th of March, International Women's Day, for this reason tomorrow they will have a party in their communities and the men will be responsible for preparing the food. Although -- she adds jokingly -- it won't taste very good."

Finally the interviewed is concluded; the meeting of Subcomandante Marcos with reporters from other media also ends.

To the surprise of the journalists, when Comandante Ramona says good-bye, she expresses in Spanish her concern for not having the command of the language that she would wish: "I am going to study so that next time I can respond better," she says, and the ski mask cannot hide her broad smile. Then she disappears with the group.

A few minutes before, in Tzotzil, she has insisted, "Our hope is that one day our situation will change, that we woman will be treated with respect, justice and democracy.

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