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ESPACIO 2017 - Centenario de la Revolución Soviética!

Secciones: Rusia, URSS, Centenario Revolución Soviética -  Bibliografía/Citas

Título: libro Diez días que estremecieron el mundo, sobre la Revolución Soviética, publicado en 1919 por John Reed1- Enlace 1 - Enlace 2 - Enlace 3

Texto del artículo:

libro Diez días que estremecieron el mundo, sobre la Revolución Soviética, publicado en 1919 por John Reed1


Título original: Ten Days that Shook the World
John Reed, 1919
Traducción: Editorial Progreso, Moscú

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Ésta es la crónica por excelencia de los diez días que dieron un vuelco a las esperanzas de la clase trabajadora del mundo entero: una capacidad movilizadora sin precedentes, la Revolución de Octubre, de cuya magnitud ni sus propios protagonistas fueron conscientes. Diez días que estremecieron al mundo es un relato conmovedor y detallado de las jornadas en las que los bolcheviques consiguieron el poder del Estado para ponerlo en manos de los Soviets. Un texto que trasciende el trabajo periodístico de un autor consagrado como John Reed (cuyo México insurgente había sido leído por revolucionarios del mundo entero) y se convierte en el mejor testimonio a pie de calle de uno de los acontecimientos históricos de mayor relevancia del siglo XX. No en vano, el mismo Lenin recomendó fervientemente su lectura, traducción y difusión, como instrumento imprescindible para entender la naturaleza de la revolución proletaria.

PREFACIO

Prefacio para la edición norteamericana
Después de leer con vivísimo interés y profunda atención el libro de John Reed Diez días que estremecieron el mundo, recomiendo esta obra con toda el alma a los obreros de todos los países. Yo quisiera ver este libro difundido en millones de ejemplares y traducido a todos los idiomas, pues ofrece una exposición veraz y escrita con extraordinaria viveza de acontecimientos de gran importancia para comprender lo que es la revolución proletaria, lo que es la dictadura del proletariado. Estas cuestiones son ampliamente discutidas en la actualidad, pero antes de aceptar o rechazar estas ideas es preciso comprender toda la trascendencia de la decisión que se toma. El libro de John Reed ayudará sin duda a esclarecer esta cuestión, que es el problema fundamental del movimiento obrero mundial.
N. Lenin


Prefacio
Este libro es un trozo condensado de historia tal como yo la vi. No pretende ser más que un detallado relato de la
Revolución de Noviembre[1] en que los bolcheviques, al frente de los obreros y soldados, conquistaron el poder del Estado en Rusia y lo entregaron a los Soviets.
Naturalmente, una gran parte del libro está dedicada al «Petrogrado Rojo», capital y corazón del levantamiento. Pero que el lector tenga presente que todo lo sucedido en Petrogrado —con distinta intensidad y a intervalos diferentes— se repitió casi exactamente en toda Rusia.
En este libro, primero de la serie en que trabajo, tendré que limitarme a registrar los acontecimientos que yo vi y viví personalmente o que han sido confirmados por testimonios fidedignos; va precedido de dos capítulos que describen brevemente la situación y las causas de la Revolución de Noviembre. Comprendo que no será fácil leer estos capítulos, pero son verdaderamente esenciales para comprender lo siguiente.
Ante el lector, como es lógico, surgirán muchas preguntas. ¿Qué es el bolchevismo? ¿Qué tipo de estructura gubernamental crearon los bolcheviques? Si antes de la Revolución de Noviembre lucharon por la Asamblea Constituyente, ¿por qué luego la disolvieron por la fuerza de las armas? Y si la burguesía se oponía a la Asamblea Constituyente hasta que el peligro bolchevique se hizo evidente, ¿por qué más tarde se convirtió en su adalid?
A estas y otras muchas preguntas no puede darse respuesta aquí. En otro volumen, De Kornílov a Brest-Litovsk[2], trazo el curso de la revolución hasta la conclusión de la paz con Alemania. Allí muestro el origen y las funciones de las organizaciones revolucionarias, la evolución de los sentimientos del pueblo, la disolución de la Asamblea Constituyente, la estructura del Estado soviético, el curso y los resultados de las negociaciones de Brest-Litovsk.
Al examinar la creciente popularidad de los bolcheviques, es necesario comprender que el hundimiento de la vida económica y del Ejército ruso no se consumó el 7 de noviembre (25 de octubre) de 1917, sino muchos meses antes, como consecuencia inevitable y lógica del proceso iniciado ya en 1915. Los reaccionarios venales, que tenían en sus manos la corte del zar, llevaban las cosas deliberadamente hacia la derrota de Rusia: con el fin de preparar una paz por separado con Alemania. Hoy sabemos que la escasez de armamento en el frente, que provocó la catastrófica retirada del verano de 1915, y la insuficiencia de víveres en el Ejército y en las grandes ciudades y el desbarajuste en la industria y el transporte en 1916 formaban parte de la gigantesca campaña de sabotaje interrumpida en el momento decisivo por la Revolución de Marzo[3].
En los primeros meses del nuevo régimen, tanto la
situación interior del país como la capacidad combativa de su Ejército mejoró indudablemente, pese a la confusión propia de una gran revolución, que había dado inesperadamente la libertad a los ciento sesenta millones que formaban el pueblo más oprimido del mundo.
Pero la «luna de miel» duró poco. Las clases poseedoras querían una revolución política, que se limitase a despojar del poder al zar y entregárselo a ellas. Querían que Rusia fuese una república constitucional, como Francia o los Estados Unidos, o una monarquía constitucional, como Inglaterra. En cambio, las masas populares deseaban una auténtica democracia obrera y campesina.
En su libro Mensaje de Rusia (Russia’s Message), que es un ensayo sobre la Revolución del año 1905, William English Walling[4] hace una magnífica descripción de la situación moral de los obreros rusos, que más tarde se pusieron casi unánimemente al lado del bolchevismo:
«Ellos (los obreros) veían que incluso con el Gobierno más libre, si se encontraba en manos de otras clases sociales, posiblemente tendrían que seguir sufriendo hambre…
El obrero ruso es revolucionario, pero no es un bruto, no es un dogmático ni está privado de razón. Está dispuesto a pelear en las barricadas, pero las ha estudiado y —el único entre los obreros de todo el mundo— las ha estudiado en su

propia experiencia. Está dispuesto y arde en deseos de luchar contra su opresor, la clase capitalista, hasta el fin. Pero no olvida la existencia de otras clases. Sólo exige de ellas que en el temible conflicto que se avecina se sitúen a uno u otro lado…
Todos ellos (los obreros) coinciden en que nuestras instituciones políticas (norteamericanas) son preferibles a las suyas, pero no ansían de ningún modo cambiar a un déspota por otro (es decir, por la clase capitalista).
Si los obreros de Rusia sufrieron fusilamientos y ejecuciones a centenares en Moscú, Riga y Odesa, reclusiones a millares en cada cárcel rusa y deportaciones a los desiertos y regiones árticas, no fue en aras de los dudosos privilegios de los obreros de Goldfields y Cripple Creek…»
He ahí por qué en Rusia, estando en su apogeo la guerra exterior, la revolución política se transformó en revolución social, que encontró su máxima culminación en el triunfo del bolchevismo.
En su libro Nacimiento de la democracia rusa, A. J. Sack, director del Buró de Información Ruso en América, hostil al Gobierno soviético, dice lo siguiente:
«Los bolcheviques formaron su propio gabinete con Nicolás Lenin como Primer Ministro y León Trotski como Ministro de Negocios Extranjeros. La inevitabilidad de su
llegada al poder se hizo evidente casi inmediatamente después de la Revolución de Marzo. La historia de los bolcheviques después de la revolución es la historia de su incesante crecimiento».
Los extranjeros, y especialmente los norteamericanos, subrayan con frecuencia la «ignorancia» de los obreros rusos. Cierto, les falta la experiencia política de los pueblos occidentales, pero, en cambio, han cursado una escuela magnífica en sus asociaciones voluntarias. En 1917, las sociedades rusas de consumidores (cooperativas) contaban con más de doce millones de afiliados y los Soviets de por sí son una manifestación portentosa del genio organizador de las masas trabajadoras rusas. Es más, probablemente no hay pueblo en todo el mundo que haya estudiado tan bien la teoría socialista y su aplicación práctica.
He aquí cómo define a estos hombres William English, Walling:
«La mayoría de los obreros rusos sabe leer y escribir. El país se encuentra desde hace ya mucho en tal estado de efervescencia que ellos pudieron utilizar la dirección no sólo de los hombres avanzados de su propio medio, sino también de numerosos elementos revolucionarios de las capas instruidas de la sociedad, que se volvieron de cara a la clase obrera con sus ideales de renacer político y social de Rusia…»
Muchos autores explican su hostilidad al régimen soviético alegando que la última fase de la revolución rusa fue simplemente una lucha de los elementos» de orden» de la sociedad contra las crueldades de los bolcheviques. Pero, en realidad, fueron precisamente las clases poseedoras las que, al ver cómo crecía el poderío de las organizaciones revolucionarias populares, decidieron aplastadas y detener la revolución. Persiguiendo este objetivo, la burguesía terminó por recurrir a medidas desesperadas. Para derribar el ministerio de Kerenski y los Soviets fue desorganizado el transporte y se provocaron desórdenes internos; para vencer a los comités de empresa cerraban las empresas y escondían el combustible y la materia prima; para acabar con los comités del Ejército restablecieron la pena de muerte y consentían el derrotismo en el frente.
Todo esto era magnífico alimento para el fuego bolchevique. Los bolcheviques respondieron predicando la lucha de clases y proclamando los Soviets como máxima autoridad.
Entre estas dos tendencias extremas había grupos que las sostenían total o parcialmente, como los mencheviques, llamados socialistas «moderados», los socialistas-revolucionarios y algunos otros pequeños partidos. Estos vgrupos sufrían también los ataques de las clases poseedoras, pero la fuerza de su resistencia estaba quebrantada por sus propias teorías.
En general, los mencheviques y socialistas-revolucionarios suponían que Rusia no estaba madura económicamente para la revolución social, que sólo era posible una revolución política. Según su interpretación, las masas rusas no estaban preparadas suficientemente para tomar el poder en sus manos; cualquier intento así conduciría inevitablemente a una reacción, valiéndose de la cual cualquier politiquero sin escrúpulos podría restaurar el viejo régimen. Por eso ocurrió que cuando los socialistas «moderados» se vieron forzados a asumir el poder tuvieron miedo de utilizarlo.
Suponían que Rusia debía pasar por las mismas fases de desarrollo político y económico que Europa Occidental y únicamente después, junto con el mundo restante, llegar al socialismo desarrollado. Por eso es natural que, de acuerdo con las clases poseedoras, considerasen que Rusia debía ser ante todo un Estado parlamentario, si bien con ciertas enmiendas en comparación con las democracias occidentales. En consecuencia, insistían en la participación de las clases poseedoras en el Gobierno.
De ahí a apoyarlas había sólo un paso. Los socialistas «moderados» necesitaban a la burguesía, pero la burguesía no necesitaba a los socialistas «moderados». De este modo resultó que los ministros socialistas viéronse obligados a retroceder poco a poco en todos los puntos de su programa en tanto que los representantes de las clases poseedoras avanzaban cada vez más resueltamente.
Y, en fin de cuentas, cuando los bolcheviques rompieron todos los vacuos compromisos, los mencheviques y los socialistas-revolucionarios se encontraron participando en la lucha al lado de la burguesía… Actualmente, en casi todos los países puede observarse el mismo fenómeno.
Los bolcheviques, a mi modo de ver, no son una fuerza destructora, sino el único partido en Rusia que posee un programa constructivo y con suficiente poder para llevarlo a la práctica. Si en aquel momento no hubiesen logrado mantenerse en el poder, para mí no cabe la menor duda de que ya en diciembre los ejércitos de la Alemania Imperial habrían entrado en Petrogrado y Moscú y Rusia habría caído de nuevo bajo el yugo de cualquier zar.
Después de un año entero de existencia del Gobierno soviético, sigue estando de moda llamar «aventura» a la insurrección bolchevique. Sí, fue una aventura y por cierto una de las aventuras más sorprendentes a que se ha arriesgado jamás la humanidad, una aventura que irrumpió como una tempestad en la historia al frente de las masas trabajadoras y lo puso todo a una carta en aras de la satisfacción de sus inmediatas y grandes aspiraciones. Estaba ya listo el aparato para repartir las grandes haciendas de los latifundistas entre los campesinos. Se habían constituido ya los comités de empresa y los sindicatos para poner en marcha el control obrero en la industria. En cada aldea, ciudad, distrito y provincia existían Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos, dispuestos a asumir la administración local.
Piensen lo que piensen algunos sobre el bolchevismo, es indiscutible que la revolución rusa constituye uno de los acontecimientos más grandes de la historia humana y la exaltación de los bolcheviques es un fenómeno de importancia mundial. Igual que los historiadores buscan los detalles más minuciosos de la Comuna de París, querrán también conocer todo lo que sucedió en Petrogrado en noviembre de 1917, el espíritu que animaba entonces al pueblo, cómo eran, qué decían y qué hacían sus líderes. En eso precisamente pensaba yo cuando escribía el presente libro.
En la contienda mis simpatías no fueron neutrales. Pero al relatar la historia de aquellos grandes días, me he esforzado por observar los acontecimientos con ojo de
concienzudo analista, interesado en hacer constar la verdad.
J. R.
Nueva York, 1 de enero de 1919.
Notas y aclaraciones[5]
Al lector corriente le será muy difícil orientarse en la infinidad de organizaciones rusas: grupos políticos, comités y comités centrales, dumas y uniones. Por este motivo doy aquí algunas breves definiciones y explicaciones.







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