Página principal de PROFESIONALESPCM.ORG Página principal de PROFESIONALESPCM.ORG Afíliate el Partido Comunista de España

Secciones: Enlaces -  Economía

Título: Blog degregorio.unaeconomiasocial.es sobre Economía Social, de Leopoldo De Gregorio- Enlace 1

Texto del artículo:


http://degregorio.unaeconomiasocial.es/


del camarada Leopoldo de Gregorio: ensayoeconomico ARROBA gmail PUNTO com

sobre diversos temas de análisis social y económico.

Anticipo de algunas entradas recientes:

2015: El año del cambio
Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.
The new ratholes
The new ratholes
Postado por degregorio sáb, mayo 21, 2016 12:08:58

................. 2015+1 El año del cambio ..........................

The new ratholes

En puridad tendría que haber titulado este artículo ¿Y ahora, dónde van a ir las ratas? No obstante considero que en honor de aquellos países que de buena fe las acogieron y que sin necesidad de traducirles su mensaje les mostraron el camino hacia el lugar donde podían instalar sus madrigueras, al igual que sus distinguidos inquilinos debemos sacarlos a la palestra, al objeto de poder entender cuales son las razones por las cuales ellos mismos deberán sentirse un tanto inquietos. Hay que tener en cuenta que habiendo estado aquéllas encamadas en el olor y la seguridad que hasta ahora vinieron encontrando en los mares del Sur a la sombra de los sombreros hongos, como consecuencia de que sus paraísos están siendo puestos en peligro, su desarraigo resulta para éllos en extremo doloroso. Porque ahora ¿dónde van a esconder “sus” pertenencias las portadoras de la peste bubónica cuando en Panamá algún listillo de la trama les han destruido el agujero? ¿Alguien que a la sombra de “su” Estatua de la Libertad pretende llevar ésta hasta el extremo de convertir lo improcedente en algo completamente legal y democrático? Porque no nos equivoquemos, lo ilegal sólo lo es si está fundamentado en un razonamiento que trascendiendo a la razón se encuentre respaldado por aquello que razonablemente nos impone la fuerza. Yo diría, sin pretender ser demasiado riguroso, que con ésta incluso podríamos atribuirle a lo ilegal ciertas connotaciones de moralidad.

Pero dejemos atrás disquisiciones filosóficas y concentrémonos en las perspectiva que a la luz de los últimos acontecimientos entenebrecen a estos ejemplares del mundo de las sombras.

Resulta que a tenor de las financiarizaciones con las que a través de la creación de unos medios de cambio no respaldados por bienes reales, hay tantos medios de cambio deambulando por el mundo sustentados exclusivamente en nombre de Dios, que una vez que se propague la utilización de las energías renovables, ni Dios va a poder seguir sustentándolos. Pero es que además, con independencia de haber sido volados sus apestosos santuarios, las ratas tendrán que enfrentarse con otro inquietante conflicto. Y es que en aquellos lugares en los que pudieran encontrar asilo habrá de ser muy bien visto que los medios de cambio detentados por estos especímenes del submundo pudieran retornar “a casa”. Con lo cual, en función de una lógica incontrovertible, lo que no pueden dejar de observar estas alimañas es que este retorno conllevaría unas características en extremo inquietantes. Y es que al haber sido conformados como una moneda de referencia internacional que no estaría representando la existencia de unos bienes reales, ni su retorno podría estar acompañado por una validez que pudiera permitirle la adquisición de bienes materiales en sus nuevos lugares de acogida, ni como consecuencia de las distorsiones que habrían de ocasionar de volver a expatriarse podrían ser considerados como algo hacedero. Y todo esto, respaldado por la legalidad que en función de la fuerza que el Estado le confiere a lo ilegal justifica lo limitado que podemos encontrar en la razón. Una vez “depositado” lo que sólo fue un trozo de papel ese God habrá dejado de ejercer sus funciones. Aunque les cueste digerirlo tendrán que asumir que son tan solo ratas; y que aunque pretendan atusarse los bigotes como los prepotentes que han venido subyugando al mundo, como mamíferos del inframundo sólo podrán obligar a hacer efectivos sus derechos a morder, a los que o bien no puedan defenderse o a los que ya se convirtieron en cadáveres. Habrán de entender que al igual que ocurrió con la operación en la que Nixon desvinculó la paridad del oro con el dólar (con la que al haberse conformado éste como una divisa de referencia internacional pudo imprimir y consumir con ellos sin mesura los bienes que adquirió en el Exterior), lo de Panamá ha sido una jugada digna del autor de El Principe. Una jugada con la que se trata de lograr que ese God que retornó y que con anterioridad fiduciariamente salvó a América siga perteneciendo a la parroquia en la que se manifestó (aunque solo constituyan un apunte en las paredes de las nuevas madrigueras); un God que al haber reducido sus obligaciones con ele Exterior exorcise la falta de credibilidad que con su fiat estuvo financiando y expandiendo su poder.






Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post59
Share

De la Deuda Pública
De la Deuda Pública
Postado por degregorio jue, mayo 19, 2016 11:59:28

..................... 2015+1 El año del cambio ........................

DE LA DEUDA PÚBLICA

En lo que se refiere a este tipo de deuda, lo primero que a mi entender hemos de hacer es mantener grabado en nuestra mente que los endeudamientos que podamos contraer no pueden ser dejados al libre albedrío de unos personajes que dicen estar gobernándonos representativamente. La deuda Pública (lo mismo que las acreditaciones al sector privado), tiene que ser aceptada por unas personas o colectividades que a tenor de la anuencia con la que les pudieran afectar (o en su caso, en función de ser objetos de derecho), fuera aceptada de una forma no sólo cognitiva, sino especialmente autoexhortativa. Lo público no puede ser objeto de las veleidades de unos sujetos que utilicen el producto de nuestras espuriamente asignadas obligaciones, en el mejor de los casos, para llevar a cabo unos proyectos en los que directamente no hubiéramos participado; o en el peor de ellos, como consecuencia de la degenerada presunción de que “lo público no es de nadie”

Para sacar a la luz uno de los muchos miles de demonios que se encuentran al acecho en este rubro (sin tener que desplazarnos a las financiaciones que en la Edad Media practicaron los que ejercieron como prestamistas), todos sabemos que las inversiones y consecuentemente la creación de las deudas, especialmente las privadas, se han encontrado sometidas a una auto-cancelación; una terminación explicitada por el hecho de que mientras que las acreditaciones concedidas por las empresas para facilitar sus ventas no hubieran sido pagadas, difícilmente podrían sostener el nivel de sus actividades. Lo que quizás es menos conocido por la ciudadanía es que como consecuencia de las liberaciones neoliberales promovidas en Noviembre de 1973 con las que se postergaron los acuerdos alcanzados en Bretón Woods, la conclusión de la obligatoriedad de mantener unos coeficientes de caja, así como la libre circulación de capitales, ha llevado a la banca a la creación de un dinero virtual que al no corresponderse con el valor real de sus activos ha permitido que la deuda se haya librado de esa necesidad de autocancelarse. Lo cual ha sido aprovechado por los capitales (con la inestimable cooperación de la banca), para, a través de la prerrogativa de multiplicar sus acreditaciones de una manera exponencial, proveerse y proveer a aquéllos unos beneficios que no teniendo nada que ver con un proceso productivo, ha hecho de las deudas (tanto privadas como públicas), un modelo de transaccionalidad cientos de veces superior a las desarrolladas en el proceso productivo; un modelo que como consecuencia de las obligaciones que genera, detrae una fracción tan desproporcionada de los beneficios que se obtienen en dicho proceso, que no solo está haciendo que éstos vaya a parar a manos de los que han propiciado este despojo, sino que las obligaciones sociales que tienen que cubrir los gobiernos estén continuamente recortándose.

¿Y qué es lo que ocurre con un modelo de transaccionalidad que no es más que un ejercicio de financiarización?

Ocurre que como la mayor parte de esta actividad se ha llevado a cabo a través de la creación de unos medios de cambio que no se corresponden con el valor real de los bienes que están representando con una simple ingeniería financiera sus promotores se están apoderando (en el caso de la Deuda Privada), no sólo de los rendimientos reales que se hayan generado en el proceso productivo; sino en lo que se refiere a la Deuda Pública), hipotecando el presente y el futuro de una sociedad que no ha tenido voz ni voto en que esta deuda se haya conformado. Ocurre que como estos medios de cambio existen como unos apuntes bancarios fundamentados en unos depósitos que en función de la abrogación de los coeficientes de cajas constituyen una ínfima parte de las acreditaciones endeudadas, la cancelación de estas deudas no se pueden liquidar con los medios de cambio existentes. La cuestión por tanto no radica en que las deudas sean saldadas. La cuestión está en que a los acreedores no les interesa su cancelación, sino seguir detrayendo unos intereses de un proceso en el que sólo invirtieron humo. Pero si con todo lo antedicho no tuviéramos bastante, si analizamos las diferencias que concurren entre la Deuda Privada y la Pública ocurre un hecho que ya fue mencionado con anterioridad y que por su trascendencia hemos de enfatizar. Y es que si en lo que se refiere a la primera las exacciones derivadas de unas acreditaciones que conformando deuda fueron pactadas para con ellas obtener un beneficio en función de que estos endeudamientos constituirían una financiación exógena a su propio patrimonio; con respecto a la segunda, ese pacto sólo puede ser llevado a cabo a través de una transubstanciación no solo del sujeto endeudado, no solo de los intereses que como deudor hubiera de corresponderle, sino incluso a tenor de que las acreditaciones a la Deuda Pública estarían garantizadas por la existencia de un patrimonio nacional cuyos recursos pueden ser utilizados por aquellos sujetos a los que me referí en el primer párrafo de este artículo a tenor de una representatividad que es completamente inconsecuente con lo que debemos entender por democracia. El problema cardinal que se genera como consecuencia de la existencia de las deudas públicas, radica en que como nuestros “representantes” al defender prioritariamente los derechos del becerro de oro, comandan unas fuerzas que a pesar de ser pagadas con dinero público han sido puestas a su servicio, la democracia que han elaborado nos la tienen que “vender” a través de los buenos oficios de los que Jean Luc Melènchon denomino “le chiens de la presse”; unas fuerzas en las que se fundamenta el hecho de que siendo la deuda pública una obligación ad futuro, al igual que los impuestos que se han de abonar en el presente, nuestros representantes no tengan que documentar ni su utilización ni su justificada procedencia.



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post58
Share

De la Deuda Privada
De la Deuda Privada
Postado por degregorio mar, mayo 10, 2016 00:54:51
......................... 2015*1 El año del cambio ....................

Es por todos sabido que en cualquier economía el crédito entre los miembros que la estén conformando es absolutamente necesario para su desarrollo. Si tuviéramos que llevar a cabo todas nuestras operaciones comerciales con pago al contado, sólo podríamos hacerlo en aquellas ocasiones en las que habiendo sido cobrada la totalidad de nuestras ventas, dispusiéramos de efectivo suficiente para volver a producir y distribuir nuevos productos o servicios.

Con respecto a la naturaleza de las acreditaciones que en sus operaciones llevan a cabo las empresas con su propio patrimonio es necesario entender que debido a su auto-cancelación, este incremento de la capacidad adquisitiva no ejerce una injerencia demasiado significativa en lo que representaría la existente masa dineraria. Y es por ello por lo que tenemos que hacer una diferenciación entre esta manera de autofinanciarse y las que se derivan tanto en función de un aditamento de los medios de cambio, como de un endeudamiento con una banca que los crean de una forma virtual. Un endeudamiento que como consecuencia de la derogación del patrón oro, el único límite que lo determina es la hipotética injerencia con la que los gobiernos puedan hacerle frente a las disposiciones con las que les confina el Capital.

Asumiendo como algo natural el hecho de que un incremento de las acreditaciones propiciado tanto por un mayor volumen de la Masa como por las concesiones de unos créditos que por su naturaleza constituyen deuda, deberían –y hasta ahora lo han venido propiciando-, una mayor actividad económica y potencialmente un acrecentamiento de las contrataciones laborales no es fácil entender cómo en función de esta alternativa, en los últimos años la producción de acero en EE.UU pasara de 72 millones de toneladas a 105 millones, mientras que el número de empleados descendiera de 289.000 a 74.000. Sólo nos es dable hacerlo, entendiendo que lo que ha propiciado este descabellado incremento de las acreditaciones ha sido facilitar unas inversiones que al facilitar a las empresas una mayor competitividad a través de una mayor especialización, un factor que entendimos tendría que haber servido para promover una mayor demanda de puestos de trabajo ha sido utilizado para incrementar los niveles del paro.

No me voy a detener en el hecho de si moralmente este acaecimiento podemos considerarlo positivo o si como todos asumimos es una lacra más que tenemos que imputarle al capitalismo. Y no voy a hacerlo porque la economía con la que comulgan los que pretenden ser sus únicos exegetas está tan podrida, que para hacerlo hay que concederles una capacidad de valorar una moralidad que no conocen. Voy a ser tan “matter of fact” como lo fueron aquéllos que a través de su poder los pusieron a su servicio. Voy a ser expeditivo. Voy sólo a utilizar la frialdad que podemos encontrar en los números.

Resulta que más allá del hecho de que si el poseedor de los medios de producción remunerara en su totalidad el valor de los bienes producidos; es decir, si no obtuviera ningún beneficio, su creación (o quizás, para ser más literal, su elaboración), carecería de sentido, a pesar de que los enganchados en la noria pretendan ocultarlo, en este hecho se encierra una realidad que es incontestable.

Resulta que si como se dijo en el párrafo decimoquinto del apartado 6.1.1.3 de la obra ¿Es posible otra economía de mercado?, “el valor de uso que el empresario paga al obrero por las mercancías y los servicios producidos, y el valor de cambio que hay que pagar por ellas en el mercado (una vez se ha incluido en las mismas lo que Marx denominó plusvalía), determinan una realidad que ha de condicionar a los que tienen como renta los mencionados valores de uso y tienen que desembolsar por lo que se ha producido, valores de cambio”, necesariamente se tienen que producir una serie de desequilibrios funcionales que por muchas triquiñuelas que dando más vueltas y más vueltas distribuyendo el agua desde los cangilones no se pueden superar. Con lo cual, siendo justo y racional que en toda actividad deba tener lugar un beneficio, a tenor de la manera en la que éste, no sólo es racionalmente distribuido, sino también, en función de la pragmática con la que es utilizado, esa superación no es dable alcanzarla. Lo cual nos lleva a otro punto que trasciende al que el capitalismo utilizó hasta la llegada de esos dos inefables sujetos que promovieron la institucionalización del neoliberalismo. Aquél que mencionado con anterioridad y anteriormente denostado por su falta de moral nos llevó (a través de la desregulación del modelo fraccionario, la libre circulación de capitales y una globalización al servicio de las multinacionales), a una situación de imposible solución racional.

Resulta que más allá del incremento de la productividad que hasta los años 70 del pasado siglo dimanó de una plusvalía relativa relacionada con la reinversión de los beneficios obtenidos, con la utilización de una financiación exógena, fundamentadas en unas acreditaciones bancarias que no se corresponden con el valor real de lo que había sido acreditado, los rendimientos económicos alcanzados a través de ese incremento de la productividad, como se demuestra en el siguiente gráfico, no se han distribido de una manera racionalmente equitativa. Como queda demostrado al conocerse que en los últimos doce años, en las economías más desarrolladas la productividad ha sido más de dos veces superior al de los salarios. Hecho que marginalmente ha ocasionado que al no haber participado las fuerzas del trabajo en el mayor producto conquistado, lo que no ha sido consumido ha conducido a los rebalses marginales que están perpetuando la existencia de esta larga crisis.


Resulta que en esta no racional distribución de beneficios, en el último lustro, los salarios percibidos por los trabajadores han descendido 50.646 millones de euros.

Resulta que como consecuencia de la financiación en la que desde 1995 se endeudaron las empresas en la busca de una mayor plusvalía relativa se han dejado de pagar millones de horas extras, así como tener que aceptar puestos de trabajo peor retribuidos. Un mal endémico que actualmente se ha encargado de calificar una impresentable seguidora de la Virgen del Rocío como de “movilidad geográfica” Y es que contra mayor sea la rentabilidad relativa que puedan alcanzar las empresas a través de sus endeudamientos, menor necesidad de mano de habrá y consecuentemente mayor dependencia laboral. Pero eso no es todo. Mientras mayor sea estos endeudamientos, mayor será su necesidad de desapalancarse como consecuencia de la menor tasa de ganancia que se ha de obtener en un proceso en el que prácticamente se haya eliminado la existencia de la plusvalía absoluta.

Pero lo más curioso (aunque profundizando un poco más, lo más correcto sería decir, lo más repugnante), es que (como nos vuelve a mostrar otro gráfico,

cuando las empresas, debido a las contradicciones del capitalismo, precisaban mayores apoyos de la banca (es decir, cuando necesitaban endeudarse más para hacer frente a sus dificultades), esa banca les cortó radicalemnete el crédito. Y así lleva desde febrero de 2011 a febrero del 2016.

Y ahora, que vengan los que han utilizado a Juan de Mariana a explicarnos lo que son las monedas de vellón.


Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post57
Share

El endemismo del capitalismo
El endemismo del capitalismo
Postado por degregorio sáb, marzo 19, 2016 19:41:39
-------------------- 2015+1 El año del cambio --------------------

EL ENDEMISMO MUNDIAL DE LAS CRISIS CAPITALISTAS

Acabo de leer el incitador artículo ¿Estamos en la base de una crisis estructural del capitalismo? publicado en El Ciudadano por Paul Walter, y al hacerlo he podido constatar cuan generalizado está (a pesar de los resurgimientos con los que las derechas están volviendo a revitalizarlo tanto en Europa como en América Latina) esa necesidad de preguntarnos lo que a tenor de la entrega y la apatía que reina en la izquierda nos ha llevado empíricamente a contemplarlo como una situación que habiéndola asumido en todos los países como incontrovertible, por obvia, no necesita ser argumentada. Desde luego hay suficientes razones para ello. Y éstas dimanan de la naturaleza de la democracia con la que a sí mimos se ha investido el Poder Gubernativo. Un Poder que para ser Ejecutivo (y en cierta forma hasta Legislativo y Judicial), necesita la asistencia y la participación del Poder Económico. En este contexto, cuando la naturaleza de aquel Poder se siente inclinada a ejercer sus funciones - en función de los compromisos comprometidos con la ciudadanía - pretende defender los derechos de ésta, aquella asistencia y aquella participación hacen valer los que avalan al Económico. ¿Cómo si no se puede entender que habiendo países enormemente ricos, las carencias orquestadas por el capitalismo hayan llevado a esa ciudadanía a contemplar que como las medidas tomadas por gobiernos que han tratado de superar las injerencias económicamente regresivas con las que les condicionaba el capital acentuaba la precariedad social, se precisaba conciliar sus pretensiones con la necesidad de asumir lo incuestionable?

Aludiendo a una frase de este artículo que dice “Chile gozó de un precio promedio del cobre sobresaliente durante el inicio de la actual década, precio que permitió disfrutar de altas tasas de crecimiento del PIB”, no podemos olvidar, qué fue lo que ocurrió con el cobre, y qué con gobierno plebiscitariamente elegido por el pueblo en el 73.

Pero es que además, si hay suficientes razones coactivas para aquella entrega y aquella apatía, también existen razonamientos que en función de esta categoría de lo incuestionable contribuyen a asumirlas. ¿Por qué otra cosas son las asociaciones con las que se pretenden superar las diferencias entre derechas e izquierdas defendidas por Laclau y Mouffe? Razonamientos que han prostituido la semántica haciendo del socialismo y de la democracia simples términos de usar y tirar.

A la vista de los cambios que tuvieron lugar en los años 70, ¿existe alguna posibilidad funcional de superarlas?

En otro pasaje de este artículo figura una frase que es tremendamente significativa. Dice: “tenemos la evidencia que los países desarrollados golpeados durante la década pasada nunca lograron levantarse con fuerza como para sostener una demanda persistente en el tiempo” Y digo que posee esta naturaleza porque en el proceso económico que se ha dado en llamar economía de libre mercado concurre una serie de factores que la hacen endogámica. Unos factores que siendo sobradamente conocidos, sobradamente no se pueden evitar. Y con ello me refiero a las incompatibilidades que concurren entre las plusvalías absoluta y relativa, y el hecho de que para mantener una actividad económica son elementos sine qua nom la obtención de un beneficio y la existencia de la propiedad privada. Lo que ocurre es que con esta existencia condicionamos la de aquello ciudadanos sometidos a las plusvalías; y en consecuencia lo que tenemos que aceptar como elementos sine qua nom se transforman en unos elementos que hay que rechazar.

A mi entender, para poder superar esta dicotomía, respetando la vigencia que es necesario adscribirle a la obtención de un beneficio, lejos de defender las manifestaciones de Proudhom, tenemos que modificar la que le otorgamos a la propiedad. Y para ello cito unos pasajes de una obra publicada que no habiendo sido publicitada no se encuentra en el mercado. Dice lo siguiente:

“Pero es que si nosotros -independientemente de la potencialidad instintiva que podemos sentir hacia lo que nos puede proporcionar placer o la satisfacción de una necesidad biológica-, con nuestra capacidad de reflexión podemos ver las cosas como algo diferente de nosotros mismos, al tomarles medida y valorarlas, estamos intentando incorporar a nuestro propio ser algo que no es incorporable. Es decir, cuando los hombres evaluamos una cosa, en nuestra reflexión, “extrañamos” lo externo y (en función de nuestras dependencias instintivas), pretendemos resolverlo considerándola como algo fusionable.

Entiendo que la actividad racional del individuo se mueve por la identificación que en él suscita lo que puede ser aprehendido. Sin embargo, esta racionalización, al pretender trascender en el tiempo, incorpora al proceso un componente que perturbando la interinidad que debiéramos asociar a dicha identificación, va más allá de lo que ésta debería estar representando. Se está ejerciendo sobre ella una injerencia de naturaleza posesiva. A mi entender, dela misma manera que somos capaces de considerar un bien y, reflexivamente pretender resolver su bondad “anexionándonoslo”, es dable conseguir que esa concienciación que nos identifica con el mismo podemos despejarla, si la proyección que en el espacio y en el tiempo representa, la sabemos encauzar de forma que en sus efectos desempeñe una influencia exclusivamente temporal. Estimo que la tendencia hacia la posesión, esa sempiterna inclinación en la que todos estamos implicados, podemos controlarla, siempre que la tengamos que asumir como algo utilizable; algo que al fundirse en nosotros en su uso, unifique y armonice nuestra realidad con la realidad en la que tengamos que desenvolvernos.



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post56
Share

El Rincón Austriapithecus
El Rincon Austriapithecus
Postado por degregorio sáb, marzo 12, 2016 00:31:46
...................... 2015+1 El año del cambio ........................

Sobre el artículo “El salario mínimo empobrece a la mayoría de pobres”

Cuando en el inicio del artículo de referencia su autor nos dice:

“Gracias a décadas de investigación económica, hasta la fecha sabíamos que las subidas del salario mínimo tienden a generar desempleo, reducir la jornada laboral, ralentizar el ritmo de contratación, mecanizar la plaza e incrementar la pobreza entre aquellos trabajadores afectados por la misma”,

hemos de concederle cuan consecuente es con la realidad; o al menos con la realidad con la que nos ha determinado el capitalismo. Lo que no parece haber sido consiguiente es que en esas décadas no se haya vulgarizado de una manera generalizada lo que en función de la gnosis de lo que debiera de haber sido esta investigación, lo que empíricamente es asimismo evidente. Y con ello me refiero al hecho de que si el salario hemos de contemplarlo como un factor de producción, en el capitalismo el asalariado no es más que un elemento utilizable no sólo a tenor de lo que como coste pueda representar en el proceso productivo; si a través de la acumulación el empresario pone en marcha un sistema productivo en el que no se requiera la mano de obra, el asalariado no sólo ha dejado de ser un factor de producción utilizable; la sociedad que se a forjado a través de ese capitalismo ha convertido a los seres humanos en unos entes que han perdido su propia hominidad.

No se trata de que con la subida de un salario el empresario reduzca la contratación debido a la necesidad de ser competitivo; no se trata ni siquiera de que con la disminución de la capacidad adquisitiva de los trabajadores se genera un rebalse que al no ser factible consumirlo es necesario volver a reducir esa contratación; se trata de que como en el capitalismo lo que no ha podido ser consumido constituye un posesionamiento que detraído de la sociedad como conjunto se va incrementando indefectiblemente a lo largo del tiempo (¿recordáis aquello del 1%?), su desarrollo tiende a conformar una sociedad intolerablemente radicalizada.

A efectos de recordar el número de perdices mareadas que pululan en el artículo de referencia, os sugiero que no echéis en saco roto aquello de que:

Sin embargo, es verdad que todos estos efectos (se refiere a los que se derivan del aumento del SMI), sólo tienden a darse en aquellas industrias con una demanda lo suficientemente elástica como para no poder repercutir los mayores costes salariales en aumentos de precios.

Para seguir diciendo:

Según MaCurdy, el incremento del SMI se tradujo en aumentos de precios especialmente en sectores como bares y restaurantes, educación, alimentos o consumo personal: encarecimientos que, según la industria, fueron equivalentes a repuntes del IVA de entre el 0,04% y el 2,8%.

No obstante, lo importante aquí no es contabilizar la existencia de una de una perdiz que vaga mareada a lo largo de este artículo. Lo trascendente es si ese incremento del gasto que se haya derivado de la recaudación del IVA es equiparable al incremento que se le haya aplicado al SMI. Algo que `parece habérsele escapado entre sus argumentos cuando de una manera un tanto descuidada dice:

Por consiguiente, si el reparto de beneficios derivados del alza del SMI había que entenderlo como una redistribución aleatoria del gasto público dentro de la sociedad, ¿cómo debemos entender el reparto de su coste? Pues como un aumento regresivo del IVA: las alzas de precios se concentran en torno a aquellos bienes sobreconsumidos por las rentas más bajas sin posibilidad de aplicar un tipo superreducido a los productos de primera necesidad (COMO SÍ SUCEDE CON EL IVA).

Comoquiera que el contenido del artículo de referencia es dable conseguirlo en Internet, no considero necesario detenerme en sacar a la palestra la serie de gráficos con los que por medio de quintiles trata de justificar la improcedencia de este incremento del SMI. Y no lo considero necesario porque en lugar de establecer las incidencias que este incremento habría de producir en todos ellos, en la conformación de estos quintiles (incluso en aquéllos con mayores rentas), incluye asalariados con el SMI. Asalariados que a pesar de no estar compartiendo esas mayores rentas, al considerarlos como componentes de dichos quintiles le permite introducir la perdiz de que una subida del SMI estaría beneficiando a los quintiles más favorecidos.

Por lo que a su entender:

“Extrapolando con cautela los resultados del caso estadounidense, cuando el salario mínimo no destruye empleo equivale a una subida indiscriminada del IVA dirigida a financiar un aumento del gasto público repartido cuasi uniformemente entre menos del 25% de la población (con independencia de sus niveles de renta).

Es decir, un gasto que a diferencia de lo establecido en el `principio de la creación y destrucción de la materia, en el 75% de su masa ha adquirido la naturaleza de lo inexistente. Por lo que en consecuencia se pregunta y nos pregunta:

¿Apoyaría usted una política fiscal de este tipo? ¿Subiría el IVA a toda la población para repartir un aguinaldo entre uno de cada cuatro ciudadanos, incluyendo entre ellos a los más ricos? Si la respuesta es que no, entonces tampoco debería defender muy probablemente los aumentos de salario mínimo.

Y a la perdiz, ante el hecho de haber sido utilizada con la misma técnica empleada por los encantadores de serpientes, aterrorizada le dio un patatús.



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post55
Share

El Rincón Austriapithecus
El Rincon Austriapithecus
Postado por degregorio sáb, marzo 12, 2016 00:27:53

........................ 2915+1 El año del cambio .................


Sobre el artículo “Austriacas mochilas”

Acabo de leer el artículo de referencia y considerando necesario reponerme de la indisposición que su lectura me ha causado, antes de proceder a ponderar lo que en el mismo se explicita he tenido que levantarme de la mesa para tratar de superar lo que como respuesta pudiera ir más allá de lo que fuera un repudio. Y esto, no sólo porque con independencia de considerar que la implementación de estas “mochilas” constituye un expolio a los que dependen de un salario. A esto se auna el hecho de que su autor, al decirnos:

“se trata de que, para los nuevos contratos de trabajo, el empresario constituya un fondo de capitalización en favor del trabajador mediante una aportación anual equivalente a ocho días de su salario; a cambio, la indemnización que tendrá que sufragar el empresario en caso de despido se reducirá simultáneamente (por ejemplo, en el caso del despido improcedente, bajaría desde los 33 días por año trabajado hasta un máximo de 25 días por año)

pretenda establecer una metodología que reduciendo los condicionamientos con los que la legislación laboral trata de regular las irregularidades que pudieran concurrir en un despido improcedente nos toma por memos.

Pero es que esto no es todo. Además, con independencia de lo que potencialmente le pudiera acaecer a ese BBVA, al que tan apegado se muestra el autor del artículo de referencia, si literalmente tenemos que asumir que las empresas tendrían que depositar en esta (llamémoslas instituciones), una aportación anual equivalente a ocho días de su salario, habría que preguntarse cuánto se habría cotizado a lo largo de su trayectoria laboral por este asalariado y cuanto habría disfrutado el beneficiario de estos depósitos en el supuesto de que éste no hubiera alcanzado la fecha de su jubilación.

En la conformación de estas “mochilas” se podrían contemplar una serie de situaciones bien diferenciadas: que lo depositado y no disfrutado por el fallecido revirtiera en un posible dependiente (hecho que habría sido ejecutado sin la autorización expresa de aquéllos a los que arbitrariamente se las hubieran colgado en sus espaldas; que esta reversión tuviera a la Administración como beneficiaria; o que, en el supuesto que con lo depositado no hubiera suficiente para cubrir los ocho días que como reducción de la indemnización conllevarían estas mochilas, la diferencia la tuvieran que afrontar estas instituciones (con lo cual se habrían constituido como aseguradoras), o en su defecto las empresas involucradas en un despido improcedente. Dicho lo cual, ninguna de estas situaciones habrían sido diseñadas en beneficio de los asalariados. Por una parte contribuirían a facilitar la proliferación de este tipo de despido; por otra, poner en manos del sector privado un incremento de las cotizaciones que como este autor y los gestores de las mismas han reconocido induciría una reducción de los salarios. Todo lo cual nos lleva a tener que formular las siguientes consideraciones:

En primer lugar hemos de contemplar la potencialidad de que estas mal denominadas instituciones quebrase como consecuencia de no poder hacer honor a sus obligaciones debido a la naturaleza de las operaciones de financiarización a las que tan acostumbrada está la banca. Porque lo que no podemos aceptar es que sea el sector público el que tenga que garantizar la solvencia de este conjunto de espurios constructos.

En segundo lugar ha de ser tenido en cuenta el valor adquisitivo que tuvieran estos fondos de capitalización en el momento de su utilización por parte de sus beneficiarios. Esta es una evidencia que en el supuesto de ser impugnada a buen seguro podrían aclarárnosla aquéllos que han visto cómo entre estas instituciones y las que están insertas en la Administración han saqueado lo que como provisiones habían confiado a los Fondos de Pensiones.

En tercer lugar, el autor del artículo de referencia, como un dilecto seguidor de los artificios con los que Sócrates justificaba sus puntos de vista tergiversando en muchos casos la verdad, debe ser un experto de la caza con reclamo. De otra forma no se entiende sus gustos y su maestría por marear la perdiz. Porque en realidad, cuando dice:

“dado que el fondo dotado por el empresario es propiedad del trabajador, lo único que sucedería es que el cobro de una fracción del salario se diferiría en el tiempo, no que se volatilizaría sin más; justo lo contrario de lo que sucede en el sistema actual, donde el trabajador no despedido jamás recupera la parte del salario que le ha sido rebajada para costear su eventual indemnización”

Es decir, asume que aunque no se llevara a cabo la implantación de esta mochila, el empresario, teniendo en mente que habría de llevar a cabo futuros despidos improcedentes, como un excelente previsor de sus perversos augurios debe considerar una reducción de los salarios que en el futuro le compensen de las consecuencias de sus malas artes.

En cuarto lugar ¿cuándo este autor nos pronostica que el porcentaje que se habría de abonar por esta mochila sería el 2,2% del salario bruto, ingenuamente lo contempla como una disposición imperativa? ¿Sinceramente cree que ese 2,2% que ha señalado como el peaje a pagar por la instauración de la mochila austriaca iba a ser respetado? Habiendo puesto la banca a su servicio las medidas que socialmente deberían ser establecidas por los gobiernos ¿cómo podrían estos mandados evitar las disposiciones de sus amos? O es que nos ha pasado inadvertido aquello de que si el asno no coopera en las rotaciones de la noria, el agua no sube por los cangilones.

En quinto lugar, ¿es consecuente con la realidad cuando abomina de lo que él denomina como una mordida de un 29,9% que él considera como un expolio de la Seguridad Social, cuando con las cotizaciones que por este concepto se han de aportar no se cubren los gastos que en sus diversas formas reciben tanto los asalariados como los no asalariados? ¿Es sinceramente honesto cuando propone una metodología que a efectos inmediatos estaría beneficiando a las empresas y a efectos diferidos, a aquéllos que, como dice el refrán, “quien parte y reparte se lleva la mejor parte? ¿Más allá de entender lo que esto significa es capaz de compatibilizar lo que arguye con el hecho de que siguiendo sus parámetros, ese 29,9% que él califica como mordida de la Seguridad Social podría ser utilizados como un factor de reducción salarial? ¿Un factor que evitaría lo que el califica como “el fraude piramidal de las pensiones públicas y que sabiamente administrado podría ser utilizado en inversiones más rentables”? ¿Cuándo como experto en asuntos bancarios sabe sobradamente que esa banca constituye un consorcio de instituciones que han sido rescatadas con el dinero público y que no obstante, como entes privados, la mayor parte de ellas han establecido filiales matrices en paraísos fiscales?



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post54
Share

El Rincón Austriapithecus
El Rincon Austriapithecus
Postado por degregorio vie, marzo 11, 2016 20:06:35
........................ 2015+1 El año del cambio ..................

Sobre el artículo “El irreemplazable papel del capitalista (II)

Continuando con el artículo que su autor informalmente ha bautizado como “El irreemplazable papel del capitalista” que sobrepasa el absurdo y entra de lleno en lo que podría ser calificado como el esperpento. Me refiero a cuando dice: “el trabajador, a diferencia del capitalista, puede consumir el 100% de sus ingresos, no necesita dedicar nada de su tiempo a juzgar el acierto o desacierto de la línea de negocio en la que está ocupado y en caso de que quiebre la unidad productiva en la que trabaja, pierde su empleo pero no su patrimonio (imaginen qué sucedería si cada vez que quiebra la empresa donde uno trabaja, también perdiera el dinero ahorrado en su cuenta corriente o incluso su casa totalmente pagada). Es decir, aquí se asume que como aquél que tiene posesiones está representando la existencia de un hecho consumado, el que tras haberlas perdido se tenga que integrar en el grupo de los que nada tienen, justifica que este desenlace constituye un riesgo que no tienen que asumir los que no habiéndolas tenido nunca estarían determinados por lo que sería su propio hecho consumado. Lo cual me hace recordar los espejos cóncavo y convexo que como publicidad nos narró Valle Inclán que existían en la fachada de un comercio del callejón del gato. Dos representaciones que hay que respetar. Sobre todo cuando estamos obligados a tener que asumir que estos dos espejos fueron instalados y constituían un patrimonio del dueño del comercio.

En lo que estoy totalmente de acuerdo con este autor (aunque él lo utiliza como un requerimiento excluyente), es cuando dice: “Bajo el socialismo, es el conjunto de trabajadores el que debe asumir en sus propias carnes el coste de sus actividades. Son ellos los que deben ahorrar forzosamente; son ellos los que han de soportar el riesgo patrimonial de equivocarse.” Y estoy de acuerdo porque en la asunción de éstos hubieran podido ahorrar no podrían ser considerados como los que no tuvieran nada. Habrían adquirido la categoría de los que hubieran podido perderlo todo. Pero todo esto trasciende al hecho que fue contemplado en el artículo anterior; al hecho de que la posesión, para que no seamos nosotros los que estemos poseídos por ella, precisa que asegurando nuestra existencia a lo largo del tiempo, no sea un obstáculo para que ésta condicione la existencia de los que no hayan conocido su imperio. A este respecto paso a transcribir unos pasajes de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? En ellos se recoge lo siguiente:

“Si los animales no pueden valorar es porque forman parte de las cosas; porque son incapaces de valorarla de una forma consciente; porque al no advertir la existencia de los vínculos que los están condicionando, difícilmente pueden sentir la necesidad de asumirlos o impugnarlos.

Pero es que si nosotros -independientemente de la potencialidad instintiva que podemos sentir hacia lo que nos puede proporcionar placer o la satisfacción de una necesidad biológica-, con nuestra capacidad de reflexión podemos ver las cosas como algo diferente de nosotros mismos, al tomarles medida y valorarlas, estamos intentando incorporar a nuestro propio ser algo que no es incorporable. Es decir, cuando los hombres evaluamos una cosa, en nuestra reflexión, “extrañamos” lo externo y (en función de nuestras dependencias instintivas), pretendemos resolverlo considerándola como algo fusionable.

Entiendo que la actividad racional del individuo se mueve por la identificación que en él suscita lo que puede ser aprehendido. Sin embargo, esta racionalización, al pretender trascender en el tiempo, incorpora al proceso un componente que perturbando la interinidad que debiéramos asociar a dicha identificación, va más allá de lo que ésta debería estar representando. Se está ejerciendo sobre ella una injerencia de naturaleza posesiva. A mi entender, de la misma manera que somos capaces de considerar un bien y, reflexivamente pretender resolver su bondad “anexionándonoslo”, es dable conseguir que esa concienciación que nos identifica con el mismo podemos despejarla, si la proyección que en el espacio y en el tiempo representa, la sabemos encauzar de forma que en sus efectos desempeñe una influencia exclusivamente temporal. Estimo que la tendencia hacia la posesión, esa sempiterna inclinación en la que todos estamos implicados, podemos controlarla, siempre que la tengamos que asumir como algo utilizable; algo que al fundirse en nosotros en su uso, unifique y armonice nuestra realidad con la realidad en la que tengamos que desenvolvernos.

Actualmente estamos escuchando una serie de premisas que según todos los economistas son fundamentales para ponerle un fin a la crisis. Con ello me refiero a la necesidad de que la banca conceda créditos a las empresas para que éstas puedan volver a retomar sus actividades, reactivar la economía, y consecuentemente reducir el paro. Y yo, naturalmente, ante unas fórmulas prescritas por los especialistas en el ramo y mundialmente aceptadas por los que precisando resultados inmediatos no pueden detenerse a analizar las consecuencias que se han de derivar de estas prescripciones, por una parte tengo que aceptar la existencia de lo evidente y por otra contemplar que esta evidencia constituye un engendro mal parido.

Porque veamos…

Es cierto que con una apertura del crédito, las empresas pueden volver a retomar proyectos que dejaron aparcados e incluso otear nuevas expectativas; posibilitar una reducción del paro; facilitar un incremento de la recaudación impositiva; y en su compendio, mejorar la situación económica y social de la comunidad. Esto es algo que empíricamente hemos llegado a considerar como incuestionable. Lo que ocurre es que este tipo de conocimiento asimismo nos muestra que esta situación (que está fundamentada en una metodología a la que, por su evidencia, así como por sus resultados inmediatos, tenemos que adscribirnos), no puede mantenerse a largo plazo. Ocurre algo que, a pesar de seguir empleándose la misma receta, la sitúa de nuevo en su anterior estado crítico. Y este algo lo conocen todos los economistas. Aunque pretendan aparentar que no es una realidad incontestable. Este algo (como menciono en esta obra) ya fue señalado por David Ricardo, para posteriormente ser mucho más explicitado por el más denostado de los economistas. Se trataba de la situación que se genera como consecuencia de las irregularidades que acaecen (por no llamarlo de otra forma) en el sistema de producción y distribución de las economías capitalistas. Lo que Marx denominó como plusvalía. Un término satánico que fue necesario exorcizar, ya que su contenido conllevaba y sostiene una concienciación a todas luces completamente inoportuna. Asumiendo esta realidad, a menos que se recurra a transferir al Exterior los problemas inherentes en este modelo económico, una apertura del crédito y por tanto una expansión del proceso productivo no puede ser absorbido por las demandas de un mercado del que se ha detraído de la circulación una parte significativa de lo que como ahorro honesta siendo consumido; un mercado que en función de los argumentos que se encuentran en la base de esta “irreemplazabilidad” está inexorablemente condenado a sufrir cíclicamente nuevas crisis. En este contexto, los incentivos que puedan recibir las empresas para reactivar la economía son exclusivamente parches con los que temporalmente continuar su inconsistente trayectoria. Tanto si son empleados para adquirir tecnología que las hagan más competitivas (las que generan plusvalía relativa), como si los aprovechan para aligerar las plantillas que tengan sus empresas, los resultados vuelven a llevarlas a la misma sima. A la existencia de una producción que no podrá ser consumida; y que por tanto se ha de materializar en un incremento del paro.

Todo esto es sobradamente conocido. De la misma manera que se sabe que los resultados provocados por estas “irregularidades” generan una disparidad en la cuantía de las riquezas con las que unos configuran el poder y otros están en él configurados. Una anormalidad que se retroalimenta a sí misma por el hecho de que la razón de todo proceso económico es la de obtener un beneficio que no será consumido en su totalidad y que por tanto ha de ralentizar el propio proceso en el que éste se engendró.

Sobre la plusvalía (aunque no sobre las incidencias negativas que ejerce en la distribución de las riquezas) se han vertido ríos de tinta. Una de las exégesis más representativas de la forma en la que se ha contemplado ésta se la debemos al inefable Eugen Böhn Bawerk.

Según él, “El stock preexistente de capital, que en el fondo no es sino un agregado de bienes de consumo en estado de transición, detrae cada año cierta cantidad de sus existencias. Las que han alcanzado el fin del proceso transformándose en bienes de consumo, y las pone a disposición del período económico corriente. Cuanto mayor sea el stock de capital, tanto más participan las fuerzas productivas de períodos anteriores en la provisión actual de bienes de consumo y en tanto menor medida es necesario utilizar para este fin las nuevas fuerzas productivas del período corriente. Queda pues libre al servicio del futuro, para la inversión en rodeos de producción más o menos largos, una mayor cuota de las mismas.” (1 )Es decir, con su teoría de la formación de capital mediante el famoso esquema de anillos, lo único que consiguió redondear fue que para que lo que él denominó como fuerzas productivas (en la que, en una increíble pirueta, ahora incluía a las fuerzas del trabajo) pudieran disfrutar en el futuro de una mayor cuota de bienes, era preciso haber detraído del consumo una parte significativa de lo que se hubiera producido.

Pero en lo que indiscutiblemente rizó el rizo, fue cuando dijo que puesto que todos los medios de producción se han obtenido en última instancia del trabajo y de la tierra, “el capital no constituye un tercer factor autónomo de producción”. (2) Es decir, asumió que el capital es un factor con connotaciones diferenciadas de las que les conferimos a los bienes que encontramos en la naturaleza. De lo que se deduce que él fue un ferviente defensor de la teoría de Locke, según la cual, a través del trabajo se hace de lo transformado algo propio.

Si continúo diciendo que el beneficio (para no emplear un término que muchos de los que temieron las secuelas inmanentes en lo que Marx denominó salario no abonado, se encargaron de vilipendiar), es un elemento imprescindible en cualquier economía, creo que no me encontraré muy distanciado incluso de los más refractarios. Lo que ocurre es que –con independencia de la manera en la que se consiga-, si el beneficio adquiere nombres y apellidos en detrimento de los que sólo tienen como activo su carencia, al cristalizarse como una acumulación de las riquezas (especialmente si no es empleado en un proceso productivo), está detrayendo del consumo la savia que requiere cualquier economía. Y éste no es un hecho en el que incurra exclusivamente el empresario. Cuando el obrero emplea una parte de su salario en la adquisición de unos bienes duraderos que van a seguir siendo ostentados como una pertenencia, también detrae del conjunto de la sociedad una parte de lo que en la economía habría de revertir como consumo continuado. Lo que ocurre es que en esta adquisición concurre un factor que la diferencia de la que le hemos imputado a las adquisiciones que dimanan de los beneficios obtenidos por los empresarios. Algo demasiado complejo para ser explicitado en este artículo, pero que podríamos sintetizar diciendo que con ellos no se estaría haciendo uso de ningún tipo de alienación.

1 Positive Theorie des Capitales, pág. 130

Ibidém pág. 106



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post53
Share

El Rincón Austriapithecus
El Rincon Austriapithecus
Postado por degregorio mié, marzo 09, 2016 18:38:12

............................... 2015+1 Elaño del cambio ...............

Sobre el artículo “El irremplazable papel del capitalista” (I)

Hay veces que nos encontramos ante una situación que (haciendo uso de un error gramatical con el que trato de identificarla), “rallo” en lo absurdo. En este caso, el contenido del artículo al que me refiero en el encabezamiento del que en éste inicio.

Dice su autor “La literatura marxista ha divulgado la idea de que el valor de cambio procede del trabajo y que, por tanto, es imposible que el capitalista genere valor sin trabajar.” Para seguir diciendo: “Sucede que la premisa de partida es errónea: la actividad económica del capitalista sí genera valor y su rol no puede ser simplemente eliminado. Si elimináramos a los apitalistas, alguien debería concentrar todas las funciones que hoy desempeñan, y ese alguien sería quien merecería la remuneración (plusvalor) que actualmente obtienen ellos.”

A pesar de que debiera, no voy a decir que el absurdo se encuentre en la falacia de composición existente entre lo que por una parte se contempla como una divulgación que por estar sosteniendo que el valor de cambio está fundamentado en el trabajo no es más que un aserto incoherente y por otra la asunción con la que se confirma que en el proceso productivo concurre un plusvalor que más allá de los razonamientos que pudieran justificar su génesis constituye la remuneración que justificadamente obtienen los capitalistas. Y no voy a hacerlo, porque en este artículo hay tantas apelaciones a lo absurdo que solo con analizar lo que entre otras cosas como ejemplo se expone en el mismo, estaremos desmontando lo que hemos sostenido como una falacia.

Procediendo a analizar el absurdo que en este artículo se contempla es preciso detenerse a contemplar el ejemplo que este auto aduce para justificar sus alegatos.

Cuando dice “Supongamos que vivimos en una sociedad donde todas las personas son trabajadores autónomos (no existe trabajo asalariado) y todos ellos cuentan con unos medios de producción valorados en 100.000 euros (a saber, cuentan con tierras, edificios, maquinaria o materias primas valorados en 100.000 euros y adaptados a la actividad profesional que realizan). La distribución de la riqueza es perfectamente igualitaria en esta sociedad, de manera que ni existen grandes capitalistas acaparadores ni tampoco desposeídos que se vean obligados a vender su fuerza de trabajo: simplemente existe división del trabajo en el sentido de que cada persona se especializa en producir unos pocos bienes que, ulteriormente, intercambia por los bienes que han producido otros autónomos.”

Y se concreta cuando continúa diciendo “Empecemos por constatar el hecho de que, para mantener el patrimonio, es necesario reinvertir recurrentemente una porción de nuestros ingresos” Con lo cual “cada autónomo deberá ahorrar una parte de lo que ingresa y dedicarlo a la renovación de su propio equipo de capital. En tal caso, nos encontraremos con tres grandes grupos de personas: aquellas que ahorran estrictamente lo necesario para reponer su capital; aquellas que ahorran más de lo estrictamente necesario y aquellas que ahorran menos de lo necesario. El primer grupo de personas logrará conservar su capital. El segundo grupo tenderá a incrementar su capital (dispondrá de un mayor número de bienes de capital con los que será capaz de fabricar una mayor cantidad de bienes de consumo en el futuro). Y el tercer grupo verá cómo su patrimonio se hunde”

De todo lo cual, lo único que nos es dable deducir es que por su naturaleza existen diferentes tipos de personas, pero nunca que en función de tener que asumir la existencia de estas diferencias, las que supuestamente tuviéramos que conferirle la categoría de la excelencia tuvieran que ser utilizadas para con ellas determinar la existencia de aquéllos que por una u otra causa (y aquí es donde se encuentra el quid de la cuestión) no la hubieran adquirido. El que tenga que ser considerado como irreemplazable el papel del capitalista está fundamentado en que este autor considera la situación como un hecho consumado que ha adquirido la categoría de lo que no debe ser cuestionado. Un hecho similar a aquél que en el siglo XVII llevó a Hobbes a justificar la existencia de un soberano, en orden a que hubiera alguien que al menos pudiera asegurar las vidas de sus súbditos a tenor de que el Estado era incapaz de controlar las ruindades a las que podían llegar los que detentaban el poder económico.

Sigue el autor diciendo “La verdadera fuerza que explica los grandes movimientos patrimoniales no son las distintas predisposiciones a ahorrar o a consumir, sino el acierto o el error con el que se reinvierte el capital” Con lo cual ya ha dejado atrás aquello de la capacidad de invertir en función del ahorro. Ahora lo cardinal es el acierto o el error con el que se pueda hacer uso de esas inversiones. En consecuencia afirma: “Así, en una economía caracterizada por la división del trabajo y los intercambios voluntarios, una de las tareas más complicadas que existe es justamente la de seleccionar los proyectos de inversión exitosos” Y como muestra con la que patentizarlo nos exhibe la imagen del Ford modelo “T” puesto en el mercado en 1909. Con lo cual está reincidiendo exclusivamente en destacar las excelencias que concurren en algunos individuos. Aquéllas con las que Ortega contemplo la conformación de una comunidad vertebrada como una derivada de la existencia de los excelentes. Sin tener en cuenta que en el caso que estamos contemplando, con independencia de las consecuencias que una vertebración de esta naturaleza ha de conllevar, con la especialización que es posible adscribirle a la utilización de la inversión de capital, el creador de este “modelo” instituyó una cadena de montaje que en función de su “excelencia” fue precursora de un proceso productivo que al no ser en sus resultados compartido por aquéllos que participaran en su conformación está determinando no sólo el futuro, sino incluso la existencia de éstos.

La irreenplazabilidad del capitalista se sustenta en el hecho de que debido a la permisividad con la que en este modelo económico es dable utilizar lo que en principio sería una excelencia, en su desarrollo se forja otro “hecho” que socialmente cuestiona su vigencia . Y digo “vigencia” porque con los conocimientos que tenemos en la actualidad, esa categoría de lo irreemplazable podemos superarla taxativamente. Hogaño existen formas con las que lograr que la relación entre la producción y la distribución no tengan que seguir los parámetros que hasta ahora han venido caracterizándolas. A través de esas excelencias hemos logrado una tecnología que sin desdecir en absoluto la que rigen el desarrollo de la economía de mercado nos permite que lo que se produzca y lo que se distribuya no esté determinada por la existencia de esta irreemplazabilidad. Existen formas que al igual que aquel “e pur si muove” nos llevan a cuestionar lo que hasta ahora hemos considerado como incuestionable; formas con las que impugnar que muchas de nuestras actividades tengan que seguir los parámetros que llevaron a Hobbes a catalogar al hombre como “homo homini lupus” Pero éste es un tema que tanto por su complejidad como por la necesidad de que su materialización necesita ser justificada a tenor de la contemplación de las razones que nos lleven a tener que implementarla, por ahora considero que hemos de contentarnos con oponernos a las ruedas de molino con las que algunos pretenden que sigamos comulgando; una predisposición que me propongo utilizar para que poco a poco podamos ir desarrollándolo.



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post52
Share

Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (VII)
Origen y superacion
Postado por degregorio jue, febrero 18, 2016 02:50:54

------------- 2015 El año del cambio -----------------------------

Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (VII)

Una vez que han sido someramente contempladas las razones por las cuales las obligaciones con las que nos determina la existencia de una Deuda que ha sido financiada tanto por un capital improductivo como por la creación de un dinero bancario derivado de la desregulación de los coeficientes de caja de los bancos, hemos de establecer las formas con las que a través del control de la masa monetaria podemos impedir la desposición que se genera a través de una avenida de medios de cambio virtuales que no se corresponden con el valor real de los bienes y servicios existentes; un aluvión que hunde sus raíces en la utilización de un cúmulo de agregados monetarios que en función de una representatividad fundamentada en humo, ocasiona que aquéllos que se ven obligados a tener que aceptar su validez, han de pagar unos intereses por una utilización cimentada en la urdimbre de unos apuntes bancarios.

Pero es que además ocurre que con independencia de las obligaciones con las que nos hipoteca esta Deuda, con esta avenida no sólo se engendra una inflación que en primera instancia afecta tanto al poder adquisitivo de los asalariados como al valor de los activos físicos de cualquier economía. Accesoriamente y como consecuencia de la tendencia a ser utilizada en operaciones financieras más rentables que la tasa de ganancia obtenida por la inversión productiva, a través de la reducción de la cuantía que debería ser invertida en este sector, no sólo se genera una ralentización de la actividad económica; se produce un efecto contrario al que anteriormente denominamos como inflacionario. Por otra parte y como consecuencia de disminuir la velocidad de rotación del dinero relacionada con el sector productivo (una reducción que no solo afecta a la oferta sino al mismo tiempo a la demanda), este sector, al menguar su actividad ha de tender a reducir sus gravosos apalancamientos. Con lo cual, al estar reintegrándose a los acreedores de esos medios de cambio virtuales una parte substancial de los que se habían venido empleando en el sector de la producción y del consumo, esta tendencia se traduce en lo que conocemos como deflación por deuda. Una deflación que estando ocasionada por la existencia de esta Deuda, tanto los ilustres personajes que están gobernándonos como la bien remunerada camarilla que contribuye a su esplendor, nos informan que podremos superarla asumiendo la obligatoriedad de hacer honor a unas obligaciones que dimanan de aquello que la ha ocasionado. Esta es la alternativa que nos han vendido, que siguen vendiéndonos y que estamos padeciendo. Pagar en intereses lo que otros crearon de la nada. Pagar recurriendo a recortes y privatizaciones. Incluso llevando a cabo una reforma de la Constitución. Todo ello aunado a una legislación laboral tan canallesca como las mentes de los que las gestaron. Y en función de la necesidad de seguir endeudándonos como consecuencia de la estructura de un modelo económico en el que los beneficios se los reparten exlusivamente los de arriba, asegurar un negro futuro a nuestros descendientes.

A mi entender hemos de concienciarnos que para superar las canalladas de este modelo tendremos que llevar a cabo una profunda transformación del mismo. Una transformación que como primera providencia habrá de requerir el diseño de una banca pública que al estar comprometida de manera exclusiva con el proceso productivo, deje para la privada lo que ha venido siendo su mayor fuente de ingresos. Una transformación que (ante la evidencia del poder que el capitalismo ejerce sobre las políticas económicas y administrativas que practican los gobiernos) para materializarla, será preciso incluso modificar las estructuras que conforman el Estado. Y esto, a tenor de lo espurio de un modelo de representatividad que al no ser consubstancial con los derechos y deberes que han de asistir a la ciudadanía, cuestiona las estructuras de una Administración que ha sido conformada en muchas ocasiones en contra de dichos derechos y deberes.

En lo que se refiere a las regulaciones con las que imposibilitar los expolios que cometen los bancos habrá de ser tenido en cuenta toda una serie de parámetros y razonamientos. Entre aquéllos y éstos se encuentran los siguientes:

a) Establecimiento de una banca pública que como prolongación de la actual banca ética tendría que estar permanentemente fiscalizadas por nuestro propio Banco Central; un Banco Central a nuestro servicio y no al servicio de una unidad que como el BCE es vehículo de un compendio de intereses nacionales ajenos a una verdadera unión; una que estando auditada por una entidad independiente tendría que ser responsable ante una comisión de expertos que a su vez habría de dar cuenta de sus gestiones a la ciudadanía; un Banco Central que por la naturaleza de las funciones que tuviera que desarrollar justificara el por qué en anteriores artículos fue considerada la necesidad de salirnos tanto de la UE como del euro; y una banca en fin, que por ser pública, sus rendimientos o detrimentos económicos constituyeran una resultante exclusivamente imputable a la Administración.

b) En este modelo de banca tendrían que ser obligatoriamente ingresados los salarios que hubieran de abonar todas las empresas a sus trabajadores (incluidas la públicas), los gravámenes y cargas sociales que para subvenir sus garantías sociales (empleados y autónomos), las empresas tuvieran que ingresar a nombre de la Administración los impuestos directos e indirectos con los que cubrir los gastos corrientes de la estructura administrativa; amén de las variables que se precisaran para controlar a través de la creación destrucción de medios de cambio el buen comportamiento de la economía.

Es cierto que las empresas podrían abonar las facturas a sus proveedores utilizando la banca privada, pero teniendo en cuenta que la mayor parte de los gastos de producción tendrían que retornar a la pública en la forma de salarios, gravámenes y otras cargas sociales, lo que en mayor medida potencialmente podría transferirse a la privada serían las imposiciones relacionadas con los beneficio no consumidos. Y esto, debido a la seguridad que a éstas les estaría brindando la pública constituiría una hipótesis muy poco asumible.

c) El equilibrio necesario para mantener la velocidad y la rotación de los medios de cambio que exigiera el intercambio y las expectativas de nuestra economía tendría que estar prioritariamente en manos de la Administración; unq Adminisgtración encargada de la creación y destrucción del componente fiduciario precisado por nuestra economía; una gerencia entre otras cosas encargada del mantenimiento de una liquidez dirigida al buen funcionamiento del proceso productivo en función de la emisión de unos Fondos de Interés Variable y una Deuda pública que estuvieran en consonancia con las necesidades anteriormente mencionadas.

En concordancia con lo expuesto, al no poder crearse el dinero bancario que por dos veces nos ha llevado al desastre, el modelo económico que estaríamos desarrollando tendría que acomodarse a las posibilidades económicas con las que realmente pudiéramos contar. Y aunque sería cierto que con una contención que constriñera lo que pudiera ser considerado como un condicionamiento de las expectativas estaríamos atenuando las posibilidades que potencialmente pudiéramos lograr, no es menos cierto que unas expectaciones fundamentadas en la existencia de un proceso desmedido del crédito en aras a facilitar la capacidad adquisitiva del presente, hipoteca no sólo el futuro; debido a las obligaciones con las que nos determina nos hipoteca incluso el desarrollo del propio presente. Que es lo que está ocurriendo cuando observamos las desmesuradas acreditaciones que en los últimos años han estado dirigidas a los países emergentes; cuando advertimos que en función de las contradicciones que concurren en el capitalismo estas acreditaciones están siendo masivamente retiradas de dichos enclaves como consecuencia de haberse agotado las posibilidades de aquellas expectativas; cuando vemos que como consecuencia de las burbujas que estas acreditaciones han generado, a los capitales sólo les está quedando recurrir a los bonos de aquellos gobiernos que potencialmente puedan considerar solventes; cuando incluso en la busca de una seguridad, asumen intereses negativos en sus depósitos; cuando nos percatamos que en lugar de invertir en un proceso productivo que en función de la capacidad adquisitiva existente en la demanda, no tiene salida, el volumen de compra de bonos del Estado con intereses negativos ha alcanzado la cifra de seis billones de dólares. En este contexto, de no ocurrir una provocada desestabilización de nuestra economía, es de entender que como consecuencia de la seguridad que estaría ofreciendo nuestra banca se habría de producir una verdadera avenida en busca de un refugio a sus “adversidades”; una avenida que representaría que lo que hogaño encarna en todos los países la concepción de la palabra “Deuda”, en el nuestro constituiría una incoherencia tan real como extraña. Sobre todo si tenemos en cuenta que a tenor de lo que fue manifestado con anterioridad, la evolución de nuestra economía estaría prioritariamente fundamentada en la emisión de Fondos de Interés Variables y Deuda Interior, aquellos capitales que hubieran arribado a nuestra banca pública sólo podrían ser utilizados por la Administración en función de la credibilidad que su arribo concitara en sus impositores. Dicho lo cual y a pesar de que tenemos obligatoriamente que entender que de no tener lugar una reacción en contra suficientemente generalizada se habrá de producir la provocada desestabilización a la que anteriormente se hizo referencia, lo cierto es que el supuesto contemplado habría de sentar cátedra. La banca privada se tendría que limitar a seguir practicando aquellas actividades especulativas que el momento económico les permitiera efectuar en una busca que cada vez le estaría ofreciendo menos seguridad. Actividades que a tenor de lo que estamos viendo, junto a la progresiva reducción de la tasa de ganancia, por falta de inversión las actividades especulativas están resultando cada vez menos rentables. Inmersas en su particular modelo especulativo las infraestructuras sobre las que esta banca privada trafica se encuentra con que el incremento de su patrimonio está fundamentado en las consecuciones alcanzadas a través de una modificación de su valor nominal. Se han zambullido en un proceso “ponzi” al cual hay que seguir inyectándole indefinidamente más y más recursos al objeto de que sigan siendo atractivas para los que pretendieran seguir participando en las especulaciones. Las variaciones que se concitan como consecuencia de lo que hemos dado en llamar financiarizaciones representan exclusivamente transferencias virtuales que directamente no afectan al PIB real. La economía de la financiarización puede incidir sobre el valor de los bienes reales, pero solo en tanto en cuanto exista una demanda. Más allá de las expectativas está determinada por el valor que se derive del proceso productivo.

Este sería el fin de los paraísos fiscales. No podemos olvidar que con independencia de que los capitales depositados en los mismos son los que vagan en la busca de una rentabilidad que la especulación no les podrá ofrecer, los intereses negativos que tendrán que pagar a sus sentinas por mantenerlos ocultos en mierda no podrán soportarlo indefinidamente. Es el calvario que piedra a piedra ha levantado el capitalismo. El que tienen que asumir los que están dejando exangües el tejido social de todos los países. El que han de enfrentar los que teniendo más que perder contemplen la posibilidad de seguir jugando a la ruleta.

d) Los capitales legalmente impuestos en este tipo de banca como depósitos oriundos del Exterior estarían siempre a la libre disposición de sus impositores y sólo podrían ser utilizados como consecuencia de una demanda de la Administración; una demanda que devengando a lo largo de su utilización por parte de ésta un interés equivalente al 25% de lo que hubiera variado el IPC, en el supuesto de ser mantenidos exclusivamente como depósito, sólo percibirían un porcentaje inicial tendente al 0%.

Los depósitos nacionales consignados en cartillas o cuentas corrientes que en todo momento no excedieran de la suma que hubiera de alcanzar el salario mínimo interprofesional durante cinco años tendrían que ser retribuidos en función del IPC positivo anual. Todas las cantidades superior a este monto estarían exentas de remuneración. Y esto debido a que, a pesar de que lo más normal es que éstas estarían devaluándose, al ser por una parte superiores a lo que podría considerarse como un colchón de seguridad, por otra, sus depositantes no estarían contribuyendo de manera directa con ellas al desarrollo de la economía. Al encontrarse sometidas a los rigores de todo aquello que en función de su naturaleza se encuentra determinado exclusivamente por el deterioro con el que lo condiciona el tiempo, no podrían reclamar su derecho a participar en las riquezas marginales que se hubieran creado.

e) Los capitales que hubieran sido expatriados de nuestra economía sin haber cotizado por los beneficios que hubieran obtenido (ya consistieran en dinero efectivo o cualquier otro tipo de bien), sólo podrán ser reintegrados de manera directa a nuestro ciclo económico tras el pago de un 30% de las elusiones o evasiones llevadas a cabo. En principio y en el supuesto de que más allá de la que se derivara de la acción recaudatoria estas elusiones o evasiones no hubieran constituido una situación dañosa para nuestra economía, su reintegro a ésta estaría exento de sanción.

f) En lo que se refiere a aquellos capitales que encontrándose ocultos en el Exterior estuvieran relacionados con actividades criminales; como tráfico de drogas, de armas y otras actividades mafiosas, será preciso materializar una exhaustiva auditoría al objeto de impedir la regularización de los mismos. A este respecto tenemos que asumir que como consecuencia de la ingeniería propiciada por las organizaciones delictivas (a través de los recursos que les facilita la banca privada y la banda de abogados y bufetes especializados que conforman su cohorte), prácticamente estas actividades sólo podrán ser coartadas a través de las denuncias de aquéllos que como colaboradores estén desarrollando estas actividades. Una colaboración que tendría que ser debidamente recompensada y contemplada por la Administración como una demanda de la sociedad. Al igual que habría de ser severamente publicada y perseguida la connivencia y cooperación de estos bufetes, de estos políticos corruptos y de los pseudos periodistas a sueldo del Poder. Y es que todas estas actividades constituyen una amalgama que llega incluso a inmiscuirse no sólo en las insuficiencias de la judicatura, sino incluso en la naturaleza de los exhortos que en ésta se promueven. En este contexto y teniendo en cuenta que como consecuencia de la falta de control, que se ejercen en el modelo de economía neoliberal el producto de estas actividades mafiosas logra en su mayor parte incorporarse al proceso económico, considero que no logremos conformar un sistema informático en el que supervisado por la ciudadanía quede registrada tanto la procedencia como el destino de las operaciones que se hayan practicado, por principio, y reconociendo nuestras carencias, será preciso que no desfalleciendo en nuestros propósitos, seamos cada vez más meticulosos en el análisis de los sumarios de inspección que hubieran de ser llevados a cabo.

En virtud de los resultados negativos que a tenor de las desestabilizaciones ejercidas desde el Exterior han sentenciado la deseada evolución en numerosos países, casi me atrevería a asegurar que manteniendo una actitud pasiva podríamos resolver la situación. No es que sea escéptico por naturaleza; es que como más que nada soy agnóstico, mis creencias no están fundamentadas ni en la fe ni en la esperanza con las que otros diseñen lo que haya de ser la mencionada evolución. Especialmente si es un diseño que ancestralmente ha estado manchado de sangre. Cuando la mayor parte de las veces, en los países en los que esta evolución se ha tratado de instaurar, ésta se ha visto coaccionada por las deleznables ingerencias con las que otros acostumbran impedirlo. Cuando hemos visto problemas de desabastecimiento en países ricos que con independencia de ser orquestados con una manipulación del precio de las cosas, han sido achacados a un modelo de distribución en el que no se contemplaban los derechos que supuestamente deberían regir en los mercados. Cuando se han practicado desplazamientos empresariales que en una suprema conculcación de esos derechos comportaban una pauperización de los que deberían asistir a los demandantes de un empleo. Cuando para rizar el rizo estamos viendo una fuga de ratas que pretenden escapar de las inmundicias en las que proliferaron. Si pretendemos conformar una comunidad distinta tendremos que tratar que lo que hayamos de ser no esté determinado por lo que otros pretendan que seamos. No estoy diciendo que seamos diferentes. Simplemente argumento que para que podamos ser nosotros mismos (que es lo que trata de impedir el capitalismo al objeto de que en la confusión pueda seguir explotándonos), hemos de dejar de ser lo que hemos sido; es decir hemos de ser autónomos. Soy consciente que ser autónomos es algo muy duro. Lo que ocurre es que la autonomía es algo muy distinto de la independencia. Ser autónomo no sólo representa haber adquirido una identidad; implica el reconocimiento de una autonomía en los demás que por el hecho de dicha asunción confiera tanto en ellos como en nosotros mismos lo que tendría que ser contemplado como independencia.

A pesar de todo lo que se ha dicho, tanto el proceso que de forma incontrolada sigue el capitalismo en una economía neoliberal, como el que de una forma más mediatizada haya de continuarlo en función de la existencia de una banca pública como la que hemos señalado, ambos han de tender a la acumulación. Y mientras no solventemos esta situación a través de una estructura que condicione un comportamiento tan primario como es nuestra naturaleza irracional, seguiremos encadenados a la racionalidad que acostumbra emplear el más fuerte. En este contexto, con independencia de la complejidad de las medidas que para superar sus deficiencias se habrán de tomar, será preciso modificar las estructuras del Poder que haya de regularlas. Y esta última tarea es la encomienda que me propuse desarrollar cuando inicié la obra “¿Es posible otra economía de mercado?






Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post51
Share

degregorio.unaeconomía
degregorio.unaeconomia
Postado por degregorio jue, febrero 11, 2016 00:02:50
------------------- 2015+1 El año del cambio --------------------------

degregorio.unaeconomiasocial,es (III)

No se enteran. Ni la Derecha ni la Izquierda parecen enterarse que ante la situación a la que estamos abocados, lo que pretenden seguir implementado no tiene salida. La Derecha, porque siendo natural y hasta deseable la búsqueda de un beneficio como una derivada de sus actividades económicas, en función de la acumulación que a través del mismo se suele alcanzar, no sólo se está condicionando la existencia de aquéllos que económicamente necesitan ser utilizados; se establecen diferencias que hacen que esta utilización sea completamente insoportable. La Izquierda, porque en su busca de alcanzar unas mejoras a los más desfavorecidos, aún no ha asumido que todas las consecuciones que pueda alcanzar están determinadas por la capacidad que en todo momento pueda materializar para imponerlas. Y digo imponerlas, porque la Derecha jamás va a permitir una relajación de lo que considera son sus objetivos, a menos que concurra una fuerza lo suficientemente coactiva que la impida materializarlo. Es más, de producirse una relajación de aquellas circunstancias que la hubieran obligado a transigir (como quedó demostrado con de la desaparición de la amenaza que para el capitalismo representó la URSS y el masivo desempleo dimanante de las contradicciones del capitalismo), la Derecha nunca ha respetado los acuerdos alcanzados. Argüirá que las acontecimientos han cambiado y que lo que antes fue ya no lo es. Sin tener en cuenta que esto ha ocurrido debido a la propia la naturaleza del proceso económico que caracteriza al capitalismo. La Izquierda ha sido utilizada simplemente como un instrumento; un instrumento conformado por seres con derechos. A pesar de que existan bastardos que como aquel director ejecutivo de General Electric diga que “para competir hay que exprimir los limones” Una excrecencia que no es más que una muestra más de la degradación a la que puede llegar el que a sí mismo se considera un ser. La Derecha aún no se ha enterado que para subsistir tiene que seguir explotando a aquéllos a los que utiliza; y que en función de esta necesidad de competir está obligada a renunciar a esta utilización sustituyendo la labor asalariada por la robótica y la cibernética. Con lo cual, o no escucha; o es tan soberanamente estúpida y soberbia que es incapaz de concebir que la única manera de poder subsistir (o lo que viene a ser lo mismo, llevar a cabo un proceso del cual sacar un beneficio) es a través de aquella parte del valor de cambio que no ha sido abonada a los trabajadores por la labor realizada. Que todas las inversiones y reinversiones que pueda materializar con su acumulación, si conllevan la exclusión de las plusvalías, indefectiblemente tienden a generar unas tasa de ganancias cada vez más exiguas. ¿No entienden que en la ausencia de una mano de obra asalariada, los beneficios que puedan obtener las empresas sólo podrán alcanzarlos en función de las pérdidas que puedan sufrir otras? Es más, si sólo quedara una, que es lo que está ocurriendo con la concentración progresiva de las riquezas en manos de unos pocos ¿de quién o quiénes podrían seguir obteniéndolo? En función de lo expuesto y en el convencimiento de que la Derecha es incapaz de bajarse del tigre, ¿sigue considerando la Izquierda que la mejor manera de afrontar la situación a la que estamos abocados es la de seguir las directrices de un neomarxista como lo fue Laclau y esperar que la fiera se convierta en un tigre de papel?



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post50
Share

degregorio.unaeconomía
degregorio.unaeconomia
Postado por degregorio lun, febrero 08, 2016 19:35:49


--------------------- 2015+1 El año del cambio -----------------------

degregorio.unaeconomiasocial.es (II)

Sé que con el contenido de esta entrada me voy a ganar un sinnúmero de “seguidores” unos incondicionales que habrán de decirme de todo, menos “bonito”. Ni me importa, ni espero convencerles de lo que considero un auténtico desbarro. Es lo que le ha ocurrido a una parte substancial de los que se consideran de izquierda, y que con su comportamiento no han hecho más que adscribirle a ésta unas connotaciones cculturales que han servido para que la caverna mediática haya encontrado un filón con el que desacreditarla. Es lo que con independencia de los desmanes materializados por la aristocracia en Francia vino acompañado por una degradación de las libertades contra el mismo pueblo que la bautizó como “El Terror”. El comportamiento de una parte desnortada de la Izquierda que durante la República llevó a cabo desmanes, que a pesar de dimanar de los que estuvo cometiendo la Derecha, no justificaban los llevado a cabo por los que pretendiendo luchar por la transformación de la sociedad no se correspondían con el objetivo deseado. A mi entender, si pretendemos diferenciarnos de lo que condenamos no podemos seguir sus mismas pautas. ¿No habéis observado que la mayor parte de las canalladas que ejecuta la Derecha está rodeada por un halo, que utilizando valores supuestamente democráticos, institucionales y hasta religiosos instilan en las masas un sentimiento exculpatorios con el que en cierta forma dignifican sus actividades? ¿A qué viene entonces aquello de “una receta para cocinar un cristo”? ¿Fue un acto con el que se pretendió desvirtuar la procedencia o improcedencia de una religión, o fue más bien, por parte de un supuesto defensor de las libertades, una estúpida falta de respeto hacia los que libremente comulgaban con unas creencias que sin atentar contra los que no las compartieran formaban parte de su acervo cultural? ¿Qué es lo que pretendían unos descerebrado aportar a la Izquierda con una representación titiritesca, que más allá de desprender un hedor nauseabundo, nos muestra el nivel intelectual e integrador de los mamelucos que la interpretaron? ¿Es posible justificar la procedencia de esta basura (a la cual es preciso acompañar la que unos verdaderos cerdos materializaron llevando en andas una supuesta imagen a lo que denominaron “el coño insumiso”), en función del equiparable lavado de cerebro que ha tenido que sufrir un reconvertido izquierdista para llegar a decir: veo a los de Podemos y si llevo arma disparo? Y si no se justifica ¿no queda en cierta forma esta expresión acreditada en función de la naturaleza de esta reconversión?

Como pretendo validad en el artículo que figura en mi bitácora bajo el título “La pesada carga que soporta la Izquierda, a mi entender es necesario dejar atrás el paleoencéfalo y dar prioridad a nuestras circunvalaciones cerebrales. De otra forma seguiremos permaneciendo de por vida en aquella granja a la que hice referencia en mi anterior entrada en Facebook




Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post49
Share

degregorio.unaeconomía
degregorio.unaeconomia
Postado por degregorio lun, febrero 08, 2016 19:33:06


------------------------ 2015+1 El año del cambio -----------------

degregorio.unaeconomiasocial.es (I)

Como todos sabemos, aunque algunos traten de demostrar que se encuentran por encima de tener que saberlo, esta es una sociedad que al compartir de forma universal lo que ha llegado a ser su naturaleza, en Francia la denominan une merde, en Alemania, eine grosse Scheisse, en Gran Bretaña, a stinky shit, en Italia, una schifosa merda y en España, en función del hermanamiento con el que estos gobernantes europeos nos están integrando, una verdadera mierda. Puede que potencialmente, como abono, piensen que pueden convertir a Europa en un vergel, pero lo que irrefutablemente están consiguiendo es llevarnos a otro nuevo totalitarismo; un totalitarismo que hunde sus raíces en la subjetividad con la que actuamos los que hemos dado en llamarnos humanos; los que Hobbes calificó como homo homini lupus, y que Orwell, denunciando el denostado régimen stalinista escenificó en su obra Rebelión en la Granja. No se trata ni de productividad ni de avances tecnológicos; se trata de que las estructuras económicas que estén siendo utilizadas se encuentren al servicio de esa sociedad; y no al de aquel Napoleón que en su búsqueda de una mayor prosperidad sólo trató de que ésta mejorara su propia situación y la del resto de los cerdos que personificaban el poder en la granja. Ante esta realidad; ante el hecho de que no podemos continuar diciendo “cuatro pata sí, dos pies no” que fue el patrón con el que los animales estuvieron comulgando para continuar siendo lo que eran, antes de establecer un nuevo modelo de estructura económica tenemos que instilar en las subjetivizadas mentes del burro Benjamín y del cerdo Chillón que una sociedad tiene que ser un ente en el que tanto Boxer, el caballo, como las ovejas y las aves, sean consideradas como partes de un todo que por estar constituyendo lo que haya de ser la granja son completamente imprescindibles para que ésta, al menos pueda intentar ser un vergel.




Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post48
Share

El miedo
El miedo
Postado por degregorio lun, febrero 01, 2016 18:02:54
----------------------- 2015+1 El año del cambio ---------------------

Llega un momento en el que a uno se le acaba el miedo (VI)

En cumplimentación del último de los objetivos que me propuse sacar a la palestra en el primer artículo de esta serie, paso a hacer un análisis de las situaciones que se han derivado de nuestra incorporación a la Unión Europea; así como de las medidas que a mi entender serían preciso implementar para que con la transformación de este falso modelo de economía de libre mercado, esta incorporación pudiera llegar a ser una unión verdadera.

Cuando en 1957 pretendieron unificar en una sola unidad lo que durante siglos en Europa había sido un conjunto de naciones enfrentadas entre sí, elaboraron una nebulosa en la que, si durante cierto tiempo se trató superar las disparidades que existían entre ellas, cuando se nos vendió que había que darle consistencia estableciendo una moneda única, en el celaje se nos ocultó que un medio de intercambio que nos vinculaba a todos en lo que hubiera de ser lo común no era la mejor forma de conformar una unidad en la que las diferencias estructurales no habían sido superadas. Si entendemos que una unidad debe ser lo que como conjunto se requiere para lograr un todo, es imposible mantener un acumulado en el que cada una de sus partes siga teniendo una identidad que en función de su naturaleza alimente las diferencias en las que se genera la confrontación. Y esto no lo estoy diciendo porque crea que en aras a un necesario entendimiento tengamos que renunciar a lo que hubieran de ser nuestras propias raíces. Lo digo porque más allá de esta defensa se encuentra la de los intereses individualizados que cada una de las partes implicadas invoca en este proceso.

No voy a sacar a colación en este artículo las innumerables circunstancias negativas que ha conllevado nuestra inserción en la UE. No voy a hacerlo porque sobre este tema se ha escrito hasta la saciedad. Puede que si hubiéramos sabido utilizar los fondos de cohesión que nos facilitaron para modernizar nuestra estructura productiva, con su prestación hubiéramos podido minimizar la brecha que está separándonos. Y digo “puede”, porque con independencia de la dolosa utilizaron que de aquellos fondos llevaron a cabo nuestros jerifaltes, ya se preocupó la UE. que los mismos no se emplearan en proyectos que pudieran competir con sus propias estructuras productivas.

Se han utilizado infinidad de argumentos tanto para que permanezcamos dentro de ella, como para que salgamos de la misma.

En el ámbito de los que consideran como más conveniente continuar en esta unión, algunos sesudos ecónomos han aducido que para llegar a unificar a Europa, es necesario consolidar una política fiscal común. Sin entender que esta política fiscal, en una Europa donde prima el lobby organizado para presionar sobre determinados intereses ha de crear mayores disfunciones que lo que con ella se hubiera pretendido superar. A mi entender es preciso ir mucho más allá. Es necesario transformar las funciones de las administraciones al objeto de equiparar la rentabilidad relativa en el proceso productivo que se genere entre los miembros que compongan este espacio común. Y esto es algo que sólo puede conseguirse cuando los miembros que compongan aquello que haya de ser unido se consideren partes integrantes de un Todo.

Alemania lo consiguió unificando lo que cultural y lingüísticamente había formado parte de su propia identidad. En una comunidad de vecinos esta unión identificativa no es ni siquiera una utopía. Aquí las banderitas y todos los que las tremolan viven y piensa a su sombra. Para lograr el proyecto que aquellos soñadores pretendieron en los años cincuenta es totalmente necesario alcanzar una unidad en la cual podamos encontrarnos y entendernos. Y esa unidad tendrá que ser aquélla en la que estando todos, ni nos hayamos excluido, ni hayamos excluido a otros. Esto es algo que la raza humana aún no ha sabido metabolizar.

En la esfera de los que estiman necesario salirse de ella se nos ha dicho que en función de haber recuperado nuestra autonomía, a través de las devaluaciones volveríamos a ser más competitivos. Sin haber columbrado que en el perpetuo recorrido de este proceso (con independencia de la incidencia que en nuestra economía habría de tener nuestras dependencias energéticas) concurre un algo que a mi entender no ha sido suficientemente analizado.

Si observando lo que ha acaecido en esta yuxtapuesta que no real unión comparamos con un valor de 100 los precios entre los años 1999 y 2008; en Alemania se incrementaron en un 17,42%; en España llegaron al 34,28%; en Grecia, al 35,55% y en Irlanda al 35,72%, constataremos que estas diferencias porcentuales dentro de un mercado en el que ha estado imperando una moneda única ha representado que en los que menos inflación se ha producido, sus habitantes se han podido apoderar de una parte de los bienes reales que por el mismo porcentaje de estas diferencias han perdido los países más inflacionarios.

Es cierto que aunque saliéramos de la U.E. y volviéramos a adquirir nuestra autonomía en lo que se refiere a una política monetaria, para compensar las deficiencias de nuestra economía tendríamos que devaluar nuestra moneda. Lo cual conllevaría que tanto si permaneciéramos dentro de ella como si nos saliéramos, desde aquellos países que no lo hubieran hecho podrían llevar a cabo la misma apropiación que la que fue anteriormente mencionada. Sencillamente habíamos eliminados tanto nuestros déficits por Cuenta Corriente como incrementado la Cuenta de Capitales de nuestra Balanza de Pagos con el Exterior. Pero el resultado no sería tampoco demasiado halagüeño. Lo que pudiera representar la eliminación de dicho déficit no podría ocultar que una mayor entrada en nuestra Cuenta de Capitales se habría efectuado en función de una degradación relativa de nuestros medios de cambio que tendría que ser compensada con un mayor aporte de bienes reales. Habría algo sin embargo que de producirse esta salida modificaría la situación. Y es que, de producirse esta situación la mayor parte de lo que se hubiera producido de una forma marginal no podrá ser utilizado para, a través de un incremento de la riqueza nacional, establecer una estructura que a la larga fuera mucho más sólida, más funcional y por tanto más competitiva. Pero esto solo en lo que se refiere a las formas seguidas en este procedimiento. En realidad, aunque no nos saliéramos tendríamos que pagar con estos bienes (debido al incremento de nuestro endeudamiento), las variables que se hubieran producido en nuestra Cuenta de Capitales. Lo que al menos nos sería dable conseguir sería que con esta salida, con el aumento de las exportaciones se estaría reactivando nuestra economía.

A tenor de los condicionantes que tanto en uno como en el otro caso inciden en nuestro desarrollo, hemos de preguntarnos ¿deberíamos salir o permanecer en una UE,. (en la que si nos atenemos exclusivamente a la que hasta ahora ha sido comentado no nos ayuda a resolver nuestros problemas), o si por el contrario, como consecuencia de otros condicionamientos que es necesario contemplar tendríamos que decirle adiós; o mejor dicho, aufwiedersehen?

En este contexto, hay algo en lo que anteriormente se ha expresado que relacionado con estos condicionamientos marginales nos puede ayudar a entender una de las causas por la que debemos de hacer uso de este aufwiedersehen. Entre muchos otros factores, me refiero al hecho de que aunque una parte de lo que hubiéramos producido tendría que ser gratuitamente entregada al Exterior, si la mayor actividad de nuestra economía se efectuara llevando a cabo una racionalización de nuestra estructura productiva (y no a través de la proclividad de nuestros empresarios a conseguir una rentabilidad que al pretenderse sea inmediata, sólo es dable alcanzarla por medio de reducciones salariales), de una manera progresiva estaríamos superando las diferencias que nos separan con los que se aprovechan de nuestras debilidades. Naturalmente, para esto no sólo es necesario modificar nuestras estructuras productivas y distributivas. Sería preciso reestructurar tanto a nuestros empresarios como a nuestros gobernantes. Como queda demostrado cuando defienden con tanta desmesura el inmovilismo que asegura su mantenimiento. Como queda ampliamente demostrado cuando observamos que, mientras que permaneciendo dentro de la que dicen fue raptada y seducida, el incremento de nuestras obligaciones lo estamos pagando con bajadas de salarios, con subidas de impuestos y recortes a las clases más desfavorecidas, de producirse una salida lo estaríamos afrontando a través del desarrollo de nuestra economía. Y esto es algo que ni la CEOE, ni el gobierno actual ni el venidero contemplan como hacedero y deseable. En este contexto, la modificación de la estructura no sólo debe estar dirigida hacia lo material; sobre todo necesita que los que rechazamos que provenimos de los antropoides, al no poder negar lo que representa la evolución pretendiendo que hemos alcanzado las más altas cotas de ésta tuvimos que dejar de comportarnos como simios.



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post47
Share

El miedo
El miedo
Postado por degregorio lun, febrero 01, 2016 17:54:42
-------------------- 2015+1 El año del cambio ------------------------

Llega un momento en el que a uno se le acaba el miedo (V)

Como me comprometí analizar en el primer artículo de esta serie los problemas que tenemos que enfrentarnos como consecuencia del paro, de las pensiones y la deuda que nos está ahogando, con respecto a esta última tengo que preguntaros ¿sois conscientes de lo que representa que la Deuda Española que supuestamente tendrán que pagar nuestros descendientes haya alcanzando el 100% de nuestro PIB?

Sin que nos hayamos enterado, se nos han endeudado a cada españolito en más de 21000 euros. ¿Quién de vosotros cree que vamos a poder pagarla? Y lo que es todavía más importante: ¿vamos a permanecer sentados a la espera que estos miserables que están gobernándonos resuelvan los problemas que ellos mismos, con sus connivencias han creado? ¿Nos ponemos a analizar las tropelías que han hecho, o admitiendo el calificativo, por conocidas, no es necesario relatarlas? ¿Hemos de consentir que en función de la progresión geométrica con la que, desde que comenzó la crisis, ésta se ha incrementado, en aras a mantener la estabilidad de un modelo económico puesto al servicio de los más poderosos, se haya proveído a la banca con miles de millones que han de ser sustraídos de los sectores más desvalidos e indefensos de nuestra sociedad? ¿Hemos de hacerlo porque si no lo hiciéramos se desmoronarían las instituciones que hacen posible el desarrollo de nuestra economía? ¿Hemos con ello logrado estabilizarla? Y si a pesar de los abusos que se están cometiendo con los más débiles no lo han conseguido ¿no sería más correcto decir que lo único que se ha logrado ha sido prolongar sine die la agonía de este monstruo? Lo que está acaeciendo es un auténtico latrocinio. Una depredación que sólo le es dable soportarla a un pueblo memo. De seguir en el limbo, estos usuarios de las puertas giratorias, con las mentiras que tanto éstos como sus canes nos ilustran, seguirán haciéndonos creer que tras el limbo se encuentra la gloria. Mientras tanto seguirán incrementándose las diferencias entre pobres y ricos. Mientras tanto seguiremos durmiendo.

Si como axioma tenemos que asumir que la economía debe de estar al servicio de los ciudadanos hemos de buscar las formas con las que establecer qué medidas tenemos que tomar. Lo que no es dable hacer es permanecer adormecidos viendo cómo cientos de miles de establecimiento están echando el cierre, y cómo el declarado 26% de criaturas en edad de trabajar se tiene que poner en fila en las colas del paro o recurrir la movilidad exterior de la ínclita Fátima Báñez. Mientras tanto, más de seis millones de ciudadanos tendrán que seguir soportando que lo que está ocurriendo es debido, según estos miserables, a que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

Cuando sin consulta previa nos metieron en una Europa en la que priman las nacionalidades, fueron tan insensatos que en su analfabetismo (o sería más justo decir, en su megalomanía), ignoraron que la estructura de nuestra industria no podía estar mediatizada por la existencia de un medio de cambio común, cuyo valor como divisa sería totalmente incompatible con el valor que hubiera de estar representando a los productos y servicios creados en cada una de dichas nacionalidades. Como consecuencia tanto de una estructura industrial infinitamente superior a la nuestra, como de ese “volksgeist” con el que el pueblo alemán se identifica con lo que ha denominado como su “vaterland”, la realidad nos ha obligado a tener que deglutir que su país es mucho más competitivo que en el que sus gobernantes desmantelaron su incipiente industria a cambio de unos Fondos de Cohesión de los que sabiamente sacaron tajada; y en el que sus empresarios, motivados por aquello de la globalización buscaron la suya en lugares donde los salarios eran tercermundistas. Mientras que la masa alemana, por enésima vez se prestó a sacrificarse soportando la congelación de unos salarios que en aras a reconquistar la exclusiva grandeza de su unidad nacional, para sus clases menos favorecidas esta decisión conllevaba la reducción de su consumo interno, los más mediterráneos nos encontramos determinados por un modelo de expansión que en función de su naturaleza sólo podía ser una burbuja; un modelo que al no tener en cuenta que la oferta tiene que ser equiparable a la demanda se trató de solventar haciendo uso de las acreditaciones que como resultado de la contracción del consumo interior se estaba practicando en países norteños; es decir, con independencia de la supuesta realidad con la que a través de la política económica de nuestros gobiernos nos hemos endeudado en función de que a través de ella no ha sido contemplada nuestra incapacidad de hacerle frente a nuestras obligaciones en función de las diferencias que separan a nuestros modelos productivos, con la institución de una moneda única, lo que no podamos alcanzar a través de la productividad tenemos que enjugarlo con un continuo incremento de la deuda que se haya de reflejar en nuestra Balanza de Capitales. El problema que está separándonos (con independencia de las identificaciones nacionalistas que en el mismo concurren), no se encuentra en que los más sureños sean menos activos. El conflicto radica en la incapacidad de nuestros gobernantes y nuestros empresarios para desarrollar los cometidos que como gobernantes y como empresarios supuestamente tendrían que materializar.

Con la caída del régimen soviético, en Alemania se produjo algo parecido a lo que acaeció en la antigua URRS. Se encontraron con un bocado que si el Estado socialmente no podía digerir de una sentada, el Capital sí estaba preparado para deglutirlo. ¿En este contexto y con independencia de las diferencias que separan a nuestros gobernantes y empresarios, no debemos al menos recordarles, en función de su actual intolerancia y prepotencia, que una parte substancial de su competitividad se debe a una cuasi completa contracción salarial que como consecuencia de su menor y relativa industrialización aún rige en la antigua DDR? ¿O es que no conocemos de la existencia de los “minijobs”, ni el enriquecimiento y la pobreza que nos muestra su índice Gini? ¿Qué es lo que ocurre en este país cuando a pesar de su pujanza económica y de inundar los mercados exteriores con una avenida de crédito, para mantener su trayectoria tiene que recurrir a seguir incrementando su Balanza Comercial en función del acrecentamiento de la Deuda de los países menos desarrollados? Hay que reconocer que sus empresarios nada tienen que ver con los nuestros; pero cuando asumiendo esta desventaja tenemos asimismo que soportar que nuestros políticos son unos monigotes, el problema lo tenemos que sufrir los que estamos siendo infiltrados con las mentiras con las que nos adormecen los medios. Con independencia de las diferencias que estructuralmente están separándonos ¿cómo es posible que estos hiperbólicos distribuidores de falsas verdades encaramados en el podio (y con ellos, aquéllos que alternativamente comparten posadero) ni llegaron ni llegan a entender que con una moneda que no puede ser devaluada (a pesar de que interiormente, en cada lugar tenga un valor adquisitivo distinto) es imposible compensar las disparidades que concurren entre nuestras estructuras productivas? Es más ¿cómo fueron tan lerdos (aunque asevero que subjetivamente no lo fueron), que por un plato de lentejas permitieran una desindustrialización en lugar de hacer que ésta fuera más competitiva? ¿No advirtieron que con esta moneda los países más industrializados iban a aprovecharse de las valoraciones que adquirieran los bienes en aquellos que se hubieran convertido en proveedores del sector primario y de servicios?

Si nos remontamos a su cierre en 2012, la deuda pública española alcanzó la suma de 882.339 millones de euros. 145.871 millones más en tan solo un año. Es decir, unos 400 millones cada día. Lo cual nos ha llevado a que a pesar de haberse subido los impuestos y establecido unos recortes que han hundido el consumo, no se ha podido evitar que ésta siga incrementándose.

Esto, en lo que se refiere a 2012; pero es que en lo últimos cinco años, la Deuda se ha incrementado en más de 500.000 millones. En el primer trimestre de este año se ha acrecentado en 39.438 millones, alcanzando una cuantía de 923.311 millones, lo cual equivale al 87,8 % de nuestro PIB. Y según datos fehacientes, a finales de años habremos superado el 100% de dicho PIB. Algo que en función de las causas que lo están generando tenemos inmediatamente que solucionar. Sobre todo si tenemos en cuenta que al cierre del 2007 nuestro endeudamiento era el 36,3 % del PIB.

Mientras que la economía creció a un ritmo del 4% y los fondos estructurales y de cohesión procedentes de Europa contribuyeron a este crecimiento, presumimos del milagro español; pero en el momento en el que a la vaca no se le pudo sacar más leche, a los que participaron en el diseño de su nuevo establo sólo se les ocurrió el recurso de ponerla a dieta. Entretanto ese famoso toro con el que el capitalismo español llego a simbolizar nuestro país sufrió una operación quirúrgica. Prescindiendo de sus atributos, ese símbolo que el capitalismo elaboró y sobre el que se edificó tanta mentira, lo único que estos burocratizados y asimismo reconvertidos cirujanos consiguieron fue transformarlo en un emblema que resiste los embates del viento en nuestros campos. A esta España nuestra la han llevado a un estatismo que además y a diferencia del que se enfrentaba a los vendavales, está plagado de parásitos. En lugar de haber utilizado unos fondos estructurales y de cohesión que hubieran modernizado nuestra industria (y en esto Europa se preocupó de que no fueran utilizados a tal fin), los empleamos en crear una vasta red de aeropuertos que aunque no llegaron nunca a ser operativos proporcionaron a sus promotores sustanciosos dividendos; se conformó una red de alta velocidad que a mayor velocidad se tuvo que contemplar como inoperante; y sobre todo se incrementó de tal forma el número de los agarrados a la teta de la que estaba a dieta, que no es de extrañar que esta vaca famélica tienda a salir del establo y emigrar a otros lugares.

Como dicen que los males, cuando llegan nunca vienen solos (aunque en este caso el que los acompaña no es más que una secuela), el incremento de la Deuda y la progresión que está experimentando conlleva una carga de intereses que constituye el gasto más improductivo de todos los que se llevan a cabo en esta piel de toro. Su pago representa una parte tremendamente significativa de los Presupuestos Generales del Estado. Tan solo en este año se prevé gastar 38.660 millones de euros (859 euros por persona). Algo que verdaderamente debería hacernos despertar.

En lo que se refiere a estos intereses saco a colación el siguiente apartado de la segunda parte de la obra “¿Es posible otra economía de mercado?”

7.16.5.8.3. Otra de las coyunturas que hay que tener en cuenta en lo que se refiere a la masa dineraria es la que se genera como consecuencia de la participación del interés en el contenido de las operaciones llevadas a cabo a través de las acreditaciones.

Es por todos conocido que el rendimiento que es preciso pagar por la utilización del crédito constituye una entidad que se encuentra más allá de lo que como disponible existe en el mercado. Esta es una situación que acostumbra resolverse generando más bienes y servicios (obligando con ello a tener que a poner en circulación un mayor número de medios de cambio. Lo cual representa que al haber retribuido al Capital los requerimientos que son preciso soportar para el desarrollo de la economía, con el incremento de las riquezas (que es lo que intrínsicamente ha generado la necesidad de tener que pagar un interés), el Capital se ha apoderado a través de su utilización de una parte substancial de las que se ha producido en cualquier economía.”

Fin de la cita

Más allá de lo que ha sido comentado en esta cita, tenemos además que enfrentarnos con el hecho de que en una situación en la que nuestra economía es incapaz de superar su necesidad de endeudamiento, sólo para pagar la Deuda hemos de contraer aún más Deuda. Con lo cual, el sistema financiero (y con él el modelo económico que nos caracteriza), más tarde, o mejor aún, más pronto tendrá que estallar. Repitiéndolo hasta la saciedad, el incremento desorbitado de la Deuda durante estos últimos años está fundamentado, por una parte, en los intereses que tenemos que abonar por algo que ha beneficiado a otros; en la necesidad de compensar los déficits de nuestra Balanza de Pagos en función de los que se producen en sus Cuentas Corrientes; en el rescate de una banca corrupta; en la utilización de una parte substancial de este endeudamiento en estructuras y proyectos totalmente carentes de rentabilidad, y por último (aunque con ello no se ha cerrado el grifo), en el mantenimiento de una Administración y unas Autonomías que se han convertido, la primera en una agencia de colocación y las segundas en una hidra con diecisiete cabezas; diecisiete testas que a través de la defensa subjetivas de sus identidades se han convertido en algo que excede a lo que hemos venido contemplando como mitológico. A mi entender, si lo que está ocurriendo tendría que ser catalogado como algo quimérico, el despertar va a ser de fábula. En un siglo en el que supuestamente hemos desarrollado un cierto nivel cultural, Minerva se ha convertido en una alegoría que está siendo utilizada para compatibilizar los intereses que en nombre de la subjetividad pretenden alcanzar la calidad de lo objetivo.

Las últimas noticias son que simultaneando la universalización de una charada como la de “un pago diferido en forma de...” se ha tratado asimismo universalizar como algo consumible que aceptemos que el pago que tendremos que abonar por los medicamentos no constituye un repago, sino tan solo una aportación con la que subvenir el alto costo de nuestra Sanidad. Yo entiendo que no es tolerable que desde el Poder se nos diga cuan sabio es el pueblo y que al mismo tiempo se nos siga tratando como imbéciles. Aquí ni dimite nadie, ni existe un poder que los obligue a dimitir. Porque todo es verdad. Salvo alguna cosa. Y estamos en la Campions League. Y vamos a volver a asombrar al mundo. Y los temores sobre los efectos radiactivos en Fukushima son infundados. A mi entender, Gepeto, el carpintero que dio forma a Pinocho debería de haber sido español. De otra manera no se entiende como pueden existir en este país tantos especimenes de su obra.


Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post46
Share

Rememorando a Orwell
Rememorando a Orwell
Postado por degregorio jue, enero 28, 2016 01:39:56
----------------------------- 2015+1 El año del cambio -------------

REMEMORANDO A ORWELL

Como podemos ver por el lenguaje hasta ahora utilizado por todos los políticos, su contenido está exclusivamente dirigido a hacer un lavado de cerebro a la mayor parte de la ciudadanía a través de medias verdades y una manipulación de la otra mitad de lo que hubiera de ser considerado como verdadero.. Y lo más horripilante es que con este lenguaje se ha llegado a forjar un modelo en el que su carácter más representativo es su completa vaciedad de contenido; un espacio perfectamente utilizable para a través del “coma pienso y no piense”, introducir en él lo que en función de aquellas medias verdades interesara grabar en las mentes de los ciudadanos.

Germán Gorraiz López, en su artículo “Hacia el Mayo del 68” decía lo siguiente;

“Zbigniew Brzinski aboga por el control de la población a través de la manipulación cibernética por parte de una élite” Afirma que “la era tecnotrónica involucra la aparición gradual de una sociedad más controlada. Sin las restricciones de los valores tradicionales. Por lo que pronto será posible asegurar la vigilancia casi continua sobre cada ciudadano y mantener al día los expedientes completos que contienen incluso la información más personal. Archivos que estarán sujetos a la recuperación instantánea de las autoridades” Algo que ya está siendo implementado a través del Programa Prism y el Programa Spyon de la NASA”

Estamos asistiendo a la actualización de aquella precognición que Orwell plasmó en su novela 1984. La de una sociedad sometida por parte de las élites a una vigilancia de naturaleza subjetiva; cautiva de una propaganda alienante que le imposibilita pensar libremente; constantemente alimentada con soflamas favorables al Partido, así como alentada a denunciar a los que no compartan los principios que se fueron cincelando en el inconsciente de los ciudadanos.

Hay una frase muy significativa en esta obra:

“A los proles se les permite la libertad intelectual porque no tienen intelecto alguno”

Seríamos los Deltas y Epsilons que Aldous Huxley nos dio a conocer en “Un mundo feliz”.

Esto es lo que nos espera si no recordamos aquello de “primero se llevaron a …, pero no me importó, porque yo no era...”.

Exceptuando el Capital, todos estamos fichados. Lo que decimos, lo que pensamos y escribimos; donde estamos, y en función de lo que hicimos, no sólo hasta donde estuvimos, sino incluso hacia donde marchamos.

Es preciso luchar contra lo que, si permanecemos estúpidamente idiotizados con el pan imprescindible y el circo mediático, nos está convirtiendo en marionetas. No podemos impedir el control, porque en una sociedad y en una economía en la que la tecnología es fundamental para su desarrollo, es imposible hacer uso del ábaco; pero sí podemos conseguir que ese control afecte a los que, al estar ejerciéndolo han cuidado (al menos hasta ahora), que éste no les alcance a ellos.

A mi entender, hemos de ser partícipes en la elaboración de ese control. Hemos de dejar de comportarnos como meros operadores de su funcionamiento. Hemos de participar en la conformación de su estructura material, al objeto de que ese control esté al servicio de la generalidad. Para lo cual, entre otras cosas, será necesario que los medios de cambio que tengamos que utilizar estén estrechamente identificados con aquéllos que estén ostentándolos.

Sé que habrá muchos que pretenderán justificar con argumentos lo que no sería más que una justificación interesada; al igual que habrán otros que en el más injustificable de los casos, tratarán que sea el tiempo el que resuelva los problemas. Mas el tiempo no resuelve nada. Somos nosotros, en nuestro devenir los que hacemos que nada sea eterno en el tiempo. De momento, lo que estamos viendo es que a través de la tecnología el velo está siendo rasgado.



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post45
Share

El miedo
El miedo
Postado por degregorio mar, enero 26, 2016 18:45:32
----------------------- 2015+1 El año del cambio------------------------

Llega un momento en el que a uno se le acaba el miedo (IV)

Como me comprometí al iniciar esta serie de artículos, en éste toca desarrollar el relativo al futuro de nuestras pensiones. Un tema que se nos ha pretendido vender como un problema irreductible y que a mi entender nos es más que otra de las incoherencias que se derivan de un modelo económico en el que la distribución de lo que se ha producido es acaparada por un sector minoritario de la población.

Sobre esta cuestión se han vertido ríos de tinta. Se nos ha señalado que como consecuencia de un descenso de la natalidad que conlleva que la relación entre una población activa y otra que ya no es activa esté decreciendo, las cotizaciones realizadas por los que se encuentren en una edad de trabajar no serán suficientes para cubrir los egresos implicados en la cobertura de las necesidades de nuestros jóvenes y de nuestros mayores. Algo que en lo que se refiere a esta situación de desequilibrio (y sólo a esta situación de desequilibrio), a mi entender es cumplidamente cierto. Y esto, a pesar de que recientemente haya sido publicado que este incremento de la dependencia es completamente falso; que si en 1981 por cada 3 personas en edades activas, había 2 en edades inactivas, en 2011 habíamos logrado que por cada 2 personas en edades activas hubiera sólo 1 en edad inactiva. Es decir, la relación habría pasado de un 63,2% a un 50,5%. Algo que al no tener en cuenta la totalidad de los factores que intervienen en el caso contemplado, es tan solo una verdad a medias. Por la evidencia conocemos que nuestro índice de natalidad está bajando y que en función de los avances de la medicina, la esperanza de vida sigue prolongándose. En este contexto, el coeficiente intergeneracional que los gobiernos de todos los colores pretenden validar para establecer lo que en el futuro hayan de ser las pensiones es totalmente coherente con su realidad. Como lo es el de dilatar el ciclo laboral. Más allá de no haber tenido en cuenta que con ese nuevo ciclo se estará prolongando el desamparo de los innumerables números que durante años no encontraron trabajo. Esta es su realidad. Una realidad que es el producto de una racionalidad subjetivada; es decir, puesta a su servicio..

Esto es algo que conoce una supuesta ministra de empleo que en sus funciones de instruir al personal tiene que seguir las directrices que personalmente le han impartido desde Arriba.* Es una labor ingrata, pero que no obstante tanto ella como los que dicen gobernarnos se están asegurando su futuro. Y es que como nos dijo Albert Einstein, “no se puede resolver (yo diría decentemente) un problema haciendo uso de la mentalidad de aquéllos que lo generaron.”

En contraste con lo que anteriormente se nos ha afirmado, se ha argüido que el futuro de nuestras pensiones es completamente sostenible en función de que la diferencia entre el número de pensionistas y el de cotizantes siempre será menor que el crecimiento anual de la productividad. No obstante con esto no se soluciona la situación que tendremos que afrontar en el futuro. En una tierra en la que los recursos son finitos, esta teoría es insostenible. Los países que hemos ubicado en el Primer Mundo no pueden seguir creciendo indefinidamente; porque la extracción, comercialización y utilización de materias primas (así como la deposición de los residuos) nos llevarían a una situación de enfrentamiento con el resto de los países menos desarrollados; una situación que si durante un cierto tiempo se ha mantenido en función de haber comprado voluntades, no podrá ser soportada indefinidamente. Al parecer nos encontramos enfrentados a un problema de muy difícil solución. Y es que lo que hasta ahora a nivel nacional fueron nuestros problemas, están empezando a ser considerados como un aditamento a los que, como propios se están soportando en el resto del globo.

La cuestión no radica en el número de personas que se encuentren ubicados en los sectores activos y pasivos. No es ni siquiera que el incremento de la producción ha tendido en los últimos tiempos a ser mayor que el de la población. El que con mayor predicamento es dable señalar (asumiendo la vigencia de los que han sido señalados), lo tenemos en el de los individuos que trabajen y coticen y en el de aquéllos que estén recibiendo prestaciones. Es el desconocimiento (aunque sería mejor decir, la desvergüenza) de que con la política que se persigue en esta economía capitalista el mantenimiento del modelo no es posible lograrlo a través de una reducción de las plantillas. El problema no está en que no haya recursos con los que subvenir las necesidades de nuestros pensionistas. Está en que los recursos que se están obteniendo (entre otros factores debido a un incremento programado del paro) no son utilizados para cubrir las necesidades presente y futuras de nuestra población. El problema es estructural. Cuando las imposiciones al mundo empresarial por unas aportaciones al PIB de un 53% no superan por término medio el 19% ¿cómo es posible que las imposiciones que entre impuestos directos e indirectos se hayan de aportar por el 47% restante de dicho PIB lo tengan que sufragar los trabajadores? Asumiendo un modelo económico con el que estoy en total oposición, entre los problemas que aquejan a esta economía, los relativos al sistema público de pensiones dimanan de una estructura productiva en la que el trabajador es tan solo una cosa; un elemento del que se puede prescindir sin que se alteren las funciones que ha de desarrollar la economía en toda sociedad; una cuasi entidad que con independencia de haber sido utilizada durante el tiempo que se le embridó a un trabajo, una vez que ha perdido toda utilidad sólo le queda lo que estudiadamente no puedan negarle. Estos problemas trascienden a un incremento de la natalidad y a una prolongación del ciclo vital. Se originan en unas estructuras productivas y distributivas en las que la mayor parte de la población ve cómo su futuro se encuentra hipotecado por las exigencias que en cada momento demanda la bestia. No importa que se produzca un incremento de la producción. A fuer de insaciable, de no existir un contrapoder que contenga sus saqueos, el objetivo de los capitalistas es seguir medrando con respecto a otros. En el pasado, a través de ese contrapoder se consiguió que dejaran de hacerlo sobre los esclavos; en cierta forma llegó a eliminarse la relación con la que el que ostentó el poder forjó los términos nobleza y populacho; pero esa bestia es insaciable y cuando en nuestros días ha desaparecido ese contrapoder que la tuvo embridada durante varias décadas, está volviendo a reclamar lo que de siempre ha considerado como suyo. Al rumiar como obsoleto un incremento de nuestras pensiones vinculado al IPC, estas mentes preclaras que dicen están gobernándonos, no consideran suficiente que el obrero sólo perciba una fracción del valor de lo que con su trabajo ha estado produciendo; es necesario que lo que en el futuro haya de percibir como salario (en función de esa mano repleta de alfileres que fue la alegoría con la que se le dio sentido y letra al laissez faire), deje de estar relacionado con aquello que estuvo percibiendo en el pasado y se adapte a lo que el monstruo considere que es el mundo real; es decir, su propio mundo.

Se nos ha dicho que para que en esta economía se generen recursos con los que posibilitar el mantenimiento de las coberturas sociales, es necesario producir más y mejor.

Con este “más” entiendo que lo que entienden los que están defendiendo este argumento se nos trata de vender entre otras cosas que los recursos que existen en la Tierra son inagotables. Con el “mejor”, es difícil de entenderlo. ¿Tenemos que entender como mejor, producir de una forma más competitiva? Y si esto es lo que se nos recomienda ¿mejor para quién? Porque en los últimos doce años, en las economías más desarrolladas, la productividad ha sido más de dos veces superior al de los salarios. Y si son los salarios lo que soportan la mayor parte de las imposiciones ¿no resulta indecente que se nos esté alegando que el mantenimiento de las coberturas sociales depende de que produzcamos más y mejor? Si este incremento de la productividad se ha producido (e incluso se ha intensificado a lo largo de todo este período recesivo), ¿cómo tienen la desvergüenza los que sólo deberían hacer constar en sus currículums el tener que avergonzarse de sus actos, tratar de imponernos un 10% de recorte en los salarios? ¿En aras a una competitividad que en lo que se refiere a este 10% se vería reducida a tan solo un 4% en función de la participación de los salarios en el costo final de los productos y servicios? ¿Son estúpidos? ¿No sería más ajustado decir, recordando aquella frase de Sánchez Gordillo, que “los que están gobernándonos obedecen como putos mamporreros?

Se nos ha dicho, sin decirnos como se justifica, que como consecuencia de lo que tenemos que considerar como real, deberíamos suscribir unos Fondos de Pensiones con los que superar unas carencias de seguridad que estamos obligados a evitar. Lo que se nos ha tratado de ocultar es que en esta economía de mis pesares, las pensiones públicas superan los 117.000 millones de euros anuales; y que por tanto se considera necesario gestionar el producto con el que se ha de elaborar este pastel. El que las prestaciones por jubilación que se hayan de abonar sean puestas en tela de juicio es tan solo un alegato. Lo cardinal es que lo privado participe en el banquete. Una vez que lo particular se encuentre sentado a la mesa (lo mismo que está ocurriendo con la Educación y con la Sanidad), con el cuchillo y con el tenedor se podrá defender lo que tenga que llevar a cabo la cuchara.

Pero es que además, los dividendos que se habrían de producir como consecuencia de esta suscripción de un fondo de pensiones no estarían circunscritos a la participación de ese banquete. Como todos sabemos (y a los que no lo hayan observado tendremos que hacérselo saber), debido a la naturaleza de una economía que a tenor de las dificultades que encuentra en el modelo productivo y el rendimiento que descubre en una estructura financiera que por su relevancia tienen los gobiernos que proteger a toda costa, la gestión de estos Fondos no estará dirigida a la formación y el desarrollo de la economía real. Mientras que gocen de esta protección, lo que se pretenda asegurar se encontrará sometido a las tendencias especulativas de los gorrones y parásitos que pululan en esta economía.

Por otra aparte hemos de tener en cuenta que en una economía en la que tanto los beneficios como los salarios y otras retribuciones han conseguido que en nuestra sociedad existan ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, lo que unos y otros pudieran consignar en un fondo de pensiones sería tan dispar, que en el mejor de los casos generaría en el futuro unas diferencias tan profundas como las que se están sufriendo en el presente. Y esto es algo que aun admitiendo que lo que uno haya destinado a cubrir un fin determinado es algo que ha de estar intrínsicamente vinculado con el que lo materializó, antes de sancionar como correspondiente el disfrute de esta consignación es preciso ponderar si como consecuencia de las irregularidades que tienen lugar en nuestra economía es procedente transferir al futuro lo que se haya hecho mal en el presente.

Al iniciar este artículo dije que sobre el tema de las pensiones se han vertido ríos de tinta. Lo que a mi entender ocurre es que siendo muy numerosos la tinta derramada no refleja el caudal que en estos ríos discurre. Ocurre que lo que la Ministra del Embeleco presento el pasado lunes 2 de Septiembre a los interlocutores sociales como su propuesta para una nueva reforma del sistema público de pensiones tiene que ser considerado como una nueva fórmula ideada por la Administración para apropiarse -emulando al Capital-, de otra fracción del poder adquisitivo que en su versión pasiva le quedaba al sector laboral. Una fórmula que se ha tratado de justificar en función de lo que últimamente ha sido beatíficamente bautizado con el pomposo título de Factor de Sostenibilidad.

Es cierto que si asumimos las disfunciones que concurren en este modelo tenemos que aceptar esta reforma del sistema público de pensiones. Lo que ocurre es que aun teniendo que asumirlas, las recuso con todas mis fuerzas. Como se señaló en otra parte de este artículo, el motivo que está poniendo en peligro las futuras prestación se encuentra en la disparidad que existe entre el número de aquéllos que están trabajando y los que reciben prestaciones. Y si esta disparidad tiene lugar es porque como consecuencia de las transferencias de renta con las que el Capital expolia a los trabajadores se produce una distorsión de la demanda que genera un modelo económico que para que pueda funcionar tiene obligatoriamente que dejar en la cuneta a un elevado número de miembros a los que debería estar representando.

Entre las fórmulas más conocidas con las que el Capital se ha estado apoderando de parte de las rentas del trabajo podemos citar la plusvalía absoluta y la plusvalía relativa. Entre aquéllas que por su aparente levedad les hemos prestado menor atención se encuentra en primer lugar la inflación generada por esas concesiones de crédito en las que se ha tenido que incurrir para incrementar lo que de forma natural hubiera tenido que ser la demanda; así como en esa apreciación de los productos y servicios que se origina en el proceso productivo más allá del incremento de los medios de cambio que han de representar dicho mayor número de productos y servicios.

Una apreciación que al ser siempre superior al dueto personificado por el posible encarecimiento de los costos incurridos en esa producción marginal y el incremento de los medios de cambio,se ha tenido necesariamente que materializar como un acrecentamiento de los beneficios. Un incremento en el que potencialmente el obrero debería participar (y que en el caso de hacerlo acostumbra revertir en un mayor consumo); pero que en la realidad sólo sirve para incrementar el patrimonio empresarial. Y para demostrar lo que estoy afirmando sólo tenemos que fijarnos en las confabulaciones con las que los oligopolios acuerdan los precios, en las pérfidas y fraudulentas escaseces con las que se establece lo que hay que pagar por las materias primas, así como las operaciones a futuro que los capitalistas llevan a cabo con las que se establece lo que en el futuro haya de ser el hambre. En segundo lugar, la que en función de lo que se conoce como Ley de Okun, laxa, pero no menos firmemente nos señala como tasa natural de paro; y en tercer lugar, esa fórmula esperpéntica con la que se nos trata de disciplinar que una subida salarial tiene que estar directamente relacionada con un incremento de la productividad. Sin embargo y con independencia de que con estas cinco fórmulas se transfieren rentas desde el sector laboral al Capital, para mantener estas transferencias es necesario involucrar a la Administración en el banquete. Porque esto es lo que ocurre tanto con esta reforma del sistema público de pensiones, como con los recortes que se están prodigando en Educación y Sanidad. Esta es la razón por la que ésta se ha visto constreñida a utilizar una fórmula con la que supuestamente validar que la degradación de las prestaciones de la Administración se debe a esa disminución de la natalidad y a considerar como completamente necesario ese aumento del ciclo vital a los que nos referimos con anterioridad. Nos ha tenido que catequizar no sólo sobre lo inevitable de tener que elaborar las variables con las que tengan que ser establecidas las pensiones y la procedencia de prolongar el ciclo laboral; en el fango en el que se halla inmersa nos dice que como las cotizaciones relacionadas con el trabajo efectuado y los impuestos directos e indirectos que los trabajadores tienen que aportar en función del consumo no son suficientes, lo que se haya de facilitar está condicionado por las posibilidades que para proveerlo disponga el Estado. Con lo cual, las prestaciones que entre otras se hayan de impartir a los trabajadores por jubilación, educación y sanidad estarán determinadas por la naturaleza y por las formas con las que los Gobiernos desarrollen sus actividades administrativas y gubernamentales. Unas actividades en las que los que hayamos de sufrir las consecuencias, al ser considerados los tontos del pueblo, estamos identificándonos con la democracia que nos merecemos. Ocultando que si esta situación se ha producido ha sido debido a que estos gravámenes han sido discrecionalmente utilizados por la Administración en subvenir gastos no relacionados con las prestaciones que se hubieran de proporcionar.

En la asunción de que los Gobiernos han tenido que establecer una legislación con la que controlar los derechos y la seguridad del pueblo, no entiendo cómo los que nos otean desde sus posaderos (en su depredadora manera de darnos consejos), nos recomiendan poner en manos de lo privado lo que por constituir una competencia de lo común debe de ser protegido por lo Público. Aunque ahora que lo pienso (aunque en realidad lo he venido pensando desde siempre), sus razones son palmarias. Tan evidentes como esclarecedoras. Es por ello por lo que no entiendo (y esta vez utilizo este verbo en su más estricta acepción), cómo alguien tan profundo y tan formado como Hegel llegó a decir que “el pueblo es la parte del Estado que no sabe lo que quiere”; cuyo “movimiento y acción serían elementales, carentes de razón, violentos y terribles” Conscientemente hemos llegado a convivir con la evidencia de esta aseveración. ¿Os suena lo que se intentó llevar a cabo en Chipre; lo que están tratando de sancionar para resolver el latrocinio de las Participaciones Preferentes? ¿Os suena que han sido los Estados los que con sus connivencias han participado en que estas situaciones se hayan producido? Pues si os suena, ya sabéis lo que les espera a aquéllos que por su candidez aguardan a que sus derechos sean respetados por aquéllos que nos utilizan. Como representantes han elaborado una legislación con la que nos sojuzgan. Sin embargo, lo que no les ha sido dable subyugar (en función de la naturaleza del modelo productivo) ha sido el enorme poder que tenemos como consumidores. Si aprendemos a usarlo, ni el Capital ni los Estados pueden esclavizarnos. Pero es que aún hay más. Lo que haya de ser ha de ser hecho. Y este hacer es patrimonio exclusivo del trabajo. Parafraseando a Christian Felber (a pesar de que no comulgo con su manera de enfocar el problema) “mientras la gente no tome la responsabilidad completa de sus propias vidas, mientras no reclamen sus derechos, los demás harán con nosotros lo que les dé la gana, que es lo que precisamente está ocurriendo.”

Imaginemos una economía en la que el trabajador no fuera un factor de producción, sino una parte alícuota de lo que fuera la empresa en la que desarrollara sus actividades. Imaginemos que las cotizaciones que ese copropietario hubiera de aportar a la Seguridad Social para su jubilación, en lugar de ser utilizadas por el Estado para unas coberturas ajenas a la finalidad para las que fueron abonadas (y que por tanto serían extrañas a la sostenibilidad que el cotizante trató de asegurar), permanecieran en la empresa como una inversión adicional sometida a una caución con la que se asegurara la representatividad de su vigencia. ¿No se estaría contribuyendo con ellas al desarrollo de las mismas?

En el supuesto de que esto pudiera ser llevado a cabo, lo que hubiera de percibir el jubilado al concluir su etapa laboral (con independencia de lo que en el peor de los casos pudiera ocurrirle a su empresa), estaría garantizado en función de configurar una caución. Seguiría constituyendo un fondo que podría reasegurarse consignándolo (conjuntamente con los rendimientos económicos que hubiera que adscribirle al capital caucionado) en el activo de otras empresas. Los beneficios (y en su caso, las pérdidas) habrían adquirido sentido. Se habrían incorporado al mundo del trabajo. Y el trabajador no dependería más que de aquello que a través de su esfuerzo se hubiera procurado. Su bienestar futuro estaría vinculado a lo privado; pero esta privatización estaría directamente relacionada con una peculiaridad de lo común que es la que nos permite conciliar lo subjetivo con la pluralidad que individualizadamente caracteriza a la Generalidad. En una simbiosis en la que su futuro no tendría que ser protegido por lo Público, lo privado y lo común se habrían amalgamado.

Complementando lo que he manifestado, sé que si me aventuro a sugerir que compartamos lo que a continuación voy a exponer, en vez de compartir me estaré introduciendo en un avispero. Que si en el derroche de imaginación que me he atrevido a utilizar, proclamara que el Estado es un pésimo gestor de las riquezas presentes y futuras, estaré generando una confrontación que obligatoriamente habrá de generar unas desagradables disonancias; que si en sintonía con lo que se explicita en “La Riqueza de las Naciones”, me inclino a creer que, “con la defensa del interés de lo individual se está defendiendo el de la pluralidad” soy uno más de los insignes defensores de la Escuela Austriaca. Y sin embargo, de la misma manera que sostengo lo dicho, tengo que discrepar con las inferencias con las que Adam Smith fundamentó la formulación de dicho aserto. A mi entender lo común debe de ser una proyección de lo individual. Lo que ocurre es que si en lo individual se producen disfunciones, lo común se convierte en una prolongación de los desencuentros. Y en el siglo XVIII era imposible concebir un modelo que no fuera el que a él le tocó vivir.

El Estado fue y es el dueño del caballo. Pero lo más que se puede esperar de esta posesión es que el primero alcance con sus ojos contemplarlo como un animal al que puede uncir al carro; y en el peor de los casos, un espécimen irracional que puede cocearle. El Estado es en realidad un simple empleado que al haber sido contratado a través de las argucias de los más poderosos, no podemos exigirle, por poner un ejemplo, que lo que se haya recaudado, en lugar de emplearse en salvar a los bancos sea utilizado para cubrir las necesidades de la sociedad. Y no podemos exigírselo porque en nombre de la fiebre que habría de ocasionarle a su patrón la extirpación de un tumor maligno, mientras siga la fiesta y el cuerpo lo resista, lo más importante no es que este absceso siga reproduciéndose. En este contexto y aun siendo consciente que la propiedad privada; tal como la sufrimos en esta economía de mercado, es más eficiente que la pública, los resultados que se generan en su forma de materializar la producción y la distribución conllevan una serie de secuelas que necesitan ser reparadas con la participación del Estado. De ahí que las estructuras del Estado tengan que ser reformadas.

Existen productos, y sobre todo, servicios, que por no ser económicamente rentables, tienen que ser facilitados por lo Público y en consecuencia estar subvencionados. Es en este contexto por lo que no podemos prescindir de una recaudación impositiva que haga posible la materialización de unas demandas que al no ser económicamente viables tienen que ser facilitadas por las empresas públicas. Lo que no sólo hemos de imaginar sino además procurar que se cumpla es que la existencia de estas empresas de lo Público, en cierta forma debería estar determinada por la anuencia con la que la ciudadanía contemple su mantenimiento; un asenso que habrá de conseguirse como una resulta de su rentabilidad social. Por otra parte y en este contexto, no podemos olvidar que si las subvencionáramos sin ninguna cortapisa, su rentabilidad jamás podría llegar a conseguirse. Sus miembros se acostumbrarían a aceptar unos rendimientos, que aunque fueran un tanto menores que los obtenidos en la empresa privada, les eximirían de tener que aplicar a sus actividades un mayor grado de eficiencia y sacrificio. Las empresas públicas se convertirían en unos centros de ineficacia y de apatía. Es cierto que para llevar a cabo la transformación de este modelo se necesita una estructura extremadamente compleja, Lo que ocurre es que si con la imaginación es dable concebir un mundo mejor, plasmarlo no es dable conseguirlo haciendo nada. A veces lo más lógico es no anatemizar a la locura.



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post44
Share

El miedo
El miedo
Postado por degregorio mar, enero 26, 2016 18:41:17
----------------------- 2015+1 El año del cambio ---------------------

Llega un momento en el que a uno se le acaba el miedo (III)

En cumplimentación de lo que dejé apartado en mis dos anteriores artículos, en primer lugar retomo el relativo al problema del paro; un paro que como consecuencia de lo complejo de las situaciones en las que se origina, aunque no se utilicen tecnicismos, precisa ser afrontado haciendo uso de una descriptiva que no es todo lo amena que yo desearía lo fuera. A este respecto y atendiendo a la importancia que tiene en nuestra sociedad, voy a reproducir aquí parte de un artículo que publiqué hace más de un año; y que en función de la abulia con la que esperamos que nuestros problemas se resuelvan solos, no obtuvo ni siquiera un comentario. Decía lo siguiente:

“El factor fundamental que distorsiona nuestra convivencia se encuentra principalmente en las diferencias económicas en las que tenemos que desenvolvernos. Diferencias que se ven incrementadas, si con independencia de éstas, en nuestras relaciones concurren esas disparidades culturales que se generan en función de las religiones y las lenguas.”

“Centrándonos en las primeras (por no ser las segundas el objetivo perseguido en este artículo), lo primero que a mi entender hemos de hacer, es analizar las causas por las cuales las mismas se producen. Y para ello, y a pesar del empacho que en algunos se habrá de producir, lo más indicado es volver a examinar (imprimiéndole una pequeña variante), lo que Marx describió en sus distintas formas como plusvalía.”

“Si con independencia del término “valor de cambio” que Marx utilizó para expresar con él lo que se había de pagar para adquirir lo que se hubiera producido, modificáramos el significado que este autor le dio a su “valor de uso”, sustituyéndolo por lo que se habría tenido que pagar como salario para llegar a producirlo, habríamos establecido la disparidad que concurre entre dos términos que son la causa de los porqués que nos acosan.”

“En el supuesto de haber asumido esta proposición, hasta los menos iniciados podremos darnos cuenta de que el valor de uso que el empresario paga al obrero por las mercancías y los servicios producidos, y el valor de cambio que hay que pagar por ellas en el mercado (una vez se ha incluido en las mismas lo que Marx denominó plusvalía), determinan una realidad que ha de condicionar a los que tienen como renta los mencionados valores de uso y tienen que desembolsar por lo que se ha producido, valores de cambio. En este contexto la plusvalía que conocemos como absoluta constituye un plusvalor que ha sido incorporado al valor de uso; y por el cual el trabajador no ha sido pagado. Un producto que al no poder ser consumido puntualmente por los trabajadores y por los empresarios (en función de que para continuar llevando a cabo un proceso económico se precisa de la inversión y del ahorro), obligaría a éstos a estos últimos a reducir la producción a la espera de que a través de un posterior consumo se retirara del mercado una parte substancial de lo que se hubiera producido. Lo que no podemos dejar de advertir es que esa inversión y potencialmente ese ahorro son los agentes volverían a reproducir las disfunciones de un modelo en el que la producción y la distribución estarían dando fe de sus propias y naturales contradicciones.”

“No voy a entrar aquí en la procedencia o improcedencia de que en la creación de las riquezas se produzcan unos beneficios y una acumulación que son el resultado de lo que conocemos como plusvalía absoluta. Y no voy a hacerlo, porque si el empresario no obtuviera un beneficio a través de la colaboración de un trabajo enajenado, como sujeto empleador no llevaría a cabo una actividad económica. No voy a hacerlo, porque si el beneficio no existiera, ni existiría el empresario empleador ni el empresario autónomo. Habríamos conformado una economía que ni siquiera podría ser catalogada como de subsistencia. Lo cual me lleva a tener que aceptar que, en función de mi defensa del beneficio y de la acumulación, tenga que defender la existencia de la propiedad privada. Y esto a su vez me posa el problema de cómo resolver que en este modelo tenga que existir una ciudadanía cuya labor esté alienada.” No obstante, este problema (así como las aceptaciones que tenemos que asumir), con los conocimientos que hogaño tenemos podemos superarlos. Ya han sido descritos metodológicamente en la obra ¿Es posible otra economía de mercado?

“Pero dejemos por un momento lo que hasta ahora ha sido dicho con respecto a la plusvalía absoluta y abundando en el hecho de que con los bienes que no se hubieran consumido, se estaría generando la formación de un capital que no sólo estaría condicionando la existencia de los que no dispusieran de medios con los que desarrollar una labor; es que al ser esta acumulación utilizada para modernizar el proceso productivo, para producir la misma cantidad de bienes sería necesario, o bien utilizar un número inferior de obreros, o bien reducir la jornada laboral; con lo cual, a la plusvalía absoluta tenemos que aunarle lo que conocemos como plusvalía relativa; una amalgama que al ser el alma matter de la economía capitalista, en el mercado interior es imposible superarla con medidas macroeconómicas.” Es necesario endilgar sus disfunciones a otros mercados.”

“Si nos retrotraemos al siglo XIX vemos cómo debido a las secuelas que se produjeron con la Revolución Industrial, (sin entrar por ahora en los fundamentos en los que se originaron), los países involucrados en este proceso se vieron obligados a tener que aceptar una reducción de su jornada laboral; así como progresivamente acceder a un incremento salarial de los trabajadores; una reducción y un incremento que fueron posibles, debido a que durante un relativamente prolongado espacio de tiempo, las relaciones que mantuvieron los países que alcanzaron este desarrollo, se caracterizaron por unas exportaciones de bienes y servicios con un elevado valor añadido y unas importaciones procedentes de los menos industrializados que consistieron principalmente en materias primas y productos del sector primario.” En este contexto, el empobrecimiento de vecino sirvió para compensar las concesiones hechas por el capitalismo.

“En tanto en cuanto las relaciones entre estos países tuvo esta naturaleza, las consecuencias derivadas de estas transacciones (con independencia del expolio que con las mismas se llevó a cabo), no afectaron de manera directa a sus diferentes mercados laborales. Sin embargo, esta situación no podía mantenerse indefinidamente. Para reducir el latrocinio de que estaban siendo objeto, estos vecinos recurrieron al mismo proceso de industrialización que utilizaron los que adquirieron un mayor desarrollo; con lo que, con el tiempo, al producirse en ellos manufacturas con un precio menor que el que, debido a sus condicionamientos laborales caracterizaban a los más industrializados, las transacciones comerciales entre países con unas diferencias salariales abismales incidieron directa y negativamente en las condiciones y retribuciones de los trabajadores de este primer mundo.”

“Ocurre que (en contraposición a la desfasada Ley Say), la oferta no crea su propia demanda. Sólo la crea como consecuencia de las incompatibilidades que concurren entre la oferta y la demanda. En función de que lo producido tiende generalmente a ser superior a lo que de él se pueda consumir de manera efectiva en concordancia con los fines que debe perseguir la economía. A lo cual tenemos que aunarle las consecuencias que se generan debido a unos procesos de exportación/importación que al conllevar una función de relación entre mercados laborales totalmente dispares, no sólo nos demuestra que los trabajadores somos el eslabón más débil; sino que en aras a la estabilidad de este modelo de producción y de distribución tenemos que seguir tirando de un carro que ni siquiera es nuestro. Y si esto ocurre es porque una fracción ínfima de la población se empoderó de una parte substancial de una economía que debería haber estado al servicio de los intereses de la generalidad.”

Una vez constatada la naturaleza de la situación en la que nos encontramos, me vienen a la cabeza dos situaciones que dimanando de todo lo que anteriormente ha sido dicho, ratifican las asimetrías que se producen en este modelo de economía de mercado. La primera está fundamentada en una observación empírica, según la cual, entre la tasa de desempleo y el crecimiento de la economía, existe una correlación que conocemos como ley de Okun. La segunda, la que últimamente se está pretendiendo establecer como un axioma que por su evidencia no necesita demostración. Me refiero a que una subida salarial tiene que estar directamente relacionada con un incremento de la productividad.

En lo que se refiere a la primera, esta ley nos documenta, en función de lo que ha sido asumido como empírico, que para mantener los niveles de empleo se necesita que el PIB crezca cada año entre un 2,6% y un 3%.; es decir, éste es un punto de inflexión en el que para que el mismo número de trabajadores pueda seguir desempeñando sus funciones, es necesario que la producción se incremente en los mencionados porcentajes.

Si eliminamos factores tangenciales que razonadamente carecerían de fundamento, esta ley nos viene a decir que para que los trabajadores puedan seguir percibiendo el monto salarial que recibieron el año anterior, es necesario que en la economía se produzca un incremento marginal de los bienes. Un incremento que al no estar relacionado con las retribuciones que se hubieran de abonar a ese estático número de trabajadores, nos retrotrae nuevamente a la plusvalía. Es como si la plusvalía no quisiera darnos tregua y constantemente siguiera apareciendo en todas nuestras disquisiciones.

Es cierto que en función de haber sido constatada de una manera empírica, esta definición no puede ser considerada como un ley estricta; que en función de los factores que concurren en el paro, sus injerencias en nuestra economía; así como la complejidad de las imbricaciones con las que se originan los niveles de empleo, estas indefinidas incidencias han sido utilizadas por algunos economistas enganchados en la noria, para con ellas tratar de invalidarla. Y para ello han alegado que una vez alcanzado un nivel de crecimiento como consecuencia de un determinado incremento del PIB, para disminuir en un punto el nivel de desempleo se precisa crecer en dos puntos lo que marginalmente se hubiera de acrecentar el PIB. Sin embargo, con este alegato no están haciendo más que demostrar que los incrementos marginales de la producción que se generen a partir de ese punto de inflexión están estrechamente relacionados con el hecho de que al tener que abonarse unos salarios superiores y en la mayor parte de los caso incrementarse el beneficio empresarial, a través de la mayor demanda que se genera en ambas partes se produce una dislocación de los factores que vinieron incidiendo en el establecimiento de lo que conocemos como tasa natural de paro (Nairu); una tasa que obligatoriamente lleva a la economía a tener que moderar su crecimiento. Con su argumento nos demuestran que para reducir una fracción adicional los niveles de un paro que dimana de una producción y una distribución improcedentes se necesita incrementar las diferencias que lo ocasionaron.

Últimamente estamos viendo cómo lo creadores de opinión afectos a las políticas económicas del Gobierno, nos están anegando conque la prima de riesgo se ha reducido a más de la mitad; conque la Bolsa sigue ascendiendo de una forma imparable. Y yo me pregunto ¿son estas las señales que nos muestran que la economía va mejor? ¿No será ésta la economía de los que tienen intereses económicos? Y no me vale decir que con estas mejoras se está asegurando la economía futura de los que menos tienen. Porque como todos los datos nos demuestran, estas mejores se producen como consecuencia de la reducción de las condiciones laborales de los que no participan en esos intereses. No me vale, porque si está entrando capital exterior en nuestra economía y la Bolsa sigue ascendiendo, es porque con estas reducciones del poder adquisitivo de los asalariados (mientras que no se reproduzca una nueva crisis), los beneficios de las grandes empresas siguen ascendiendo. No me vale, porque en tanto en cuanto los trabajadores no sean conscientes y por tanto decidan que tienen que sacrificarse para forjar un modelo económico con el que contrarrestar los sacrificios que les impone el Capital, en la ausencia de una oposición que condicione nuestro sometimiento, el futuro de los que mayoritariamente constituyen la base de esta economía será el de encontrarse en una situación cada vez más precaria.

En lo que se refiere a la segunda, es decir, a que una subida salarial tiene que estar directamente relacionada con un incremento de la productividad hemos de preguntarnos… Si en función de lo que ha sido mencionado con anterioridad, lo que se considera como beneficios obtenidos en ese PIB han revertido necesariamente en un segmento de la población ajeno al sector laboral ¿cómo podemos conciliar (a menos que asumamos las disparidades que concurren entre lo producido y lo distribuido) que un incremento de la productividad que tendría que ser medido por su valor de cambio sea compatible con unos agregados salariales que habrían que computarse como valor de uso? El intento de armonizar términos que en si mismos conllevan unas disparidades tan significativas resulta tan rocambolesco como tratar de conciliar las subidas salariales con el IPC. Pero en este modelo el Capital exige más. Con independencia de las martingalas con las que se acostumbra elaborar el incremento de precios al consumo, el Capital exige relacionarlas con la productividad. Con lo cual, el trabajador siempre tiene que pagar por unos beneficios incorporados a sus adquisiciones que aunque completamente lógicos, nos dan fe de las lagunas procedimentales del sistema.

El relacionar los incrementos salariales con la productividad , con independencia de tratarse de un intento de articular un componente que es considerado como un factor de producción, con los resultados obtenidos por empresas de las cuales los trabajadores no estarían formando parte, aparte de ser un subterfugio con el que condicionarlos de una manera adicional, persigue tres objetivos: vincular el trabajador con la empresa; conseguir una mayor competitividad sin tener que recurrir a una reinversión estructural y reducir de una manera significativa las contribuciones que relacionadas con un incremento de la producción hubieran de abonarse a la Seguridad Social.

Como en economía dos más dos no siempre es cuatro, a pesar de que una subida salarial no tiene que estar directamente relacionada con un incremento de la productividad, lo que en si mismo constituye una falacia no es suficiente para el Capital. Como dijo el principal director ejecutivo de General Electric, “para competir es necesario exprimir los limones” Y la competencia que ha de dimanar de un aumento de la productividad sólo puede conseguirse (una teoría muy del gusto de los empresarios), por medio de una reducción de los salarios; Una proposición que en este país se ha llevado hasta la saciedad, y que nos muestra el por qué de la baja industrialización que hemos desarrollado. En contraposición con lo que se conoce como Paradoja de Kaldor argumentan que un incremento de los costos laborales unitarios no puede llevar a una mayor competitividad de las empresas. Consideran, como lo viene haciendo este Gobierno, que para ser más competitivos es necesario recurrir a los recortes. Prefieren reducir los salarios a aumentar la productividad a través de una racional industrialización. Prefieren los resultados inmediatos.

Considerando que la naturaleza y las derivaciones generadas por esta relativa insuficiencia estructural es un tema lo suficientemente complejo como para tener que abordarse cuando tengan que ser analizadas las consecuencias que se derivan de nuestra entrada en la UE., temporalmente lo pospongo para entretanto preguntarme, si para mantener la tasa de empleo en los países industrializados es necesario incrementar el PIB entre un 2,6% a un 3% ¿cómo podemos deglutir que en un país, que como España, ha estado creciendo a un ritmo cercano al 4%, la tasa de desempleo no bajara del 7%? ¿Es ésta nuestra tasa natural de paro? ¿Es consecuencia de la entrada masiva de unos trabajadores procedentes del Exterior, que por estar escasamente cualificados, no fueron demandados por la España industrial? Y si esto ocurrió ¿fue debido a que la estructura de nuestra economía (con independencia de que nunca estuvo suficientemente industrializada), ha quedado reducida al sector primario, al de servicios y a un conjunto de polígonos industriales en los que sólo se trafica con productos ya elaborados? Y si esta es nuestra tasa natural ¿a qué ritmo tendríamos que crecer para equipararnos en el desempleo con el resto de Europa? ¿No hay en España demasiados Díazferranes? Con independencia del vergonzoso porcentaje de desempleados que hay en España ¿cómo podemos conciliar que con un paro entre nuestros universitarios que alcanza el 54%; y con una ministra en extremo devota de la Virgen del Rocío que nos cuenta la milonga de que eso de tener que ir a lavar platos y servir copas en el extranjero es “movilidad geográfica” se pueda incrementar la productividad de nuestras empresas?

En España, especialmente en Andalucía y Extremadura, los señoritos, en un denodado esfuerzo mental, “descubrieron” que para mantener sometido al personal en sus reivindicaciones laborales, lo más indicado era transferir a otras regiones tanto los beneficios obtenidos en sus inmensos predios como aquellos bienes que no siendo utilizados les pudieran generar un beneficio no relacionado con la creación de riquezas. Y esto, con independencia de las consecuencias y las disparidades regionales que han ocasionado, al mismo tiempo han generado una cultura de que en el ámbito de la economía lo mejor es obtener el beneficio con el menor riesgo posible; y si es posible, en el menor tiempo.

Si bien es cierto que la explotación es un factor que racionalmente tiene que ser aceptado en esta economía de mercado, no es menos cierto que ésta tiene que estar al servicio de la ciudadanía. Y no al revés. En lo que se refiere a contemplar a los trabajadores como un factor de producción nos encontramos a la cabeza de muchos países. Y mientras que esta manera de pensar no logremos superarla (y para ello será preciso transformar nuestro modelo de producción y de distribución), todas las medidas macroeconómicas que nuestro eruditos enganchados a la noria pretendan inculcarnos jamás podrán resolver nuestros problemas.



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post43
Share

El miedo
El miedo
Postado por degregorio mar, enero 26, 2016 18:28:04
------------------------- 2015+1 El año del cambio ----------------------

Llega un momento en el que a uno se le acaba el miedo (II)

Una vez expresado en mi anterior artículo que antes de abordar el problema del paro, las pensiones, y los problemas que se derivan de nuestra entrada en la UE era preciso dirigirme a vosotros al objeto de que nos concienciáramos que es preciso despertar, me encuentro obligado nuevamente a posponer asuntos tan urgentes, en función de que antes de planteárnoslos, tenemos que asumir que estos problemas se generan como consecuencia de un sistema de relaciones económico/sociales que constituye un auténtico desbarro. Ante esta tesitura considero que es necesario, cuando menos, esbozar el prototipo de un modelo en el que las disfunciones que se producen en el que estamos padeciendo, sean minimizadas a través del concurso que nos pueda brindar el control informático.

Hasta el momento y en casi todas la culturas hemos venido conformado una estructuración social y política en la que hemos permitido y se han desarrollado unos poderes, que al contemplarnos como números, somos algo, que aunque sumen, (debido a la propiedad conmutativa de la suma) pueden ser utilizados sin que con ello se altere el resultado; somos dígitos a los que, teniendo en cuenta que lo que esté representando al minuendo siempre será una suma del sustraendo y de la diferencia que exista entre ambos, como la representación de un todo en el que se está llevando a cabo la existencia de una sustracción, el que se nos despoje de una parte de nuestro contenido sólo puede ser considerado como una operación asépticamente aritmética; una función totalmente compatible con la naturaleza de la resta; como conjunto, somos una magnitud que en el caso de que no sea deseable su multiplicación, sencillamente se puede dividir reduciéndola a un cociente que con respecto a la cuantía que sea preciso atribuirle al resto, no cuestione la significación y la vigencia de aquéllos que puedan hacer uso de las cuatro reglas; somos un resultado en el que la democracia; es decir el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo, nunca llegó a existir; un resultado al que con nuestra falta de participación hemos de atribuirle aquello de que, como pueblo, no nos merecemos más que los alcaldes que tenemos.

Hemos de perseguir que el Estado sea una conformación en la que su gobierno sea llevado a cabo por aquéllos que no tengan como su único objetivo el gobernar. Hemos de perseguir que el Estado (rememorando a Webber), no sea la coacción legítima que haciendo uso de la fuerza que como Poder se ha conferido, ejerza el monopolio de la violencia. Y es que al haberlo permitido, hemos consolidado la tiranía de los que se consideran excelentes.

Abundando en este razonamiento estimo pertinente sacar a colación las opiniones que en relación a la utilización con la que nos determinan los Estados Norberto Boobio le atribuyó a Carlos Marx:

“El Estado (tal como lo conocemos), no es el reino de la razón, sino de la fuerza"”“Actualmente, el Estado moderno, como tal, está concebido única y exclusivamente como una herramienta coercitiva que se dedica a extraer todos los recursos posibles de sus miembros hasta dejarlos agónicos, pero sin llegar a matarlos completamente. Esto es lo que se denomina desde algunos frentes del pensamiento como el socialismo vegetariano.”“¿Para qué queremos pensar si ya tenemos un control superior que lo haga por nosotros; o para qué queremos ejercer la libertad, si es preferible vivir bajo la huella de una violencia legitimada?”

Más allá del Derecho, deben de existir los derechos. Son éstos los que fundamentan la vigencia de aquél. Eran éstos los que a través de la palabra exponían los atenienses en las Eklessias. Serán éstos los que en el futuro podrán conformar un “gobierno de todos” Es decir, un gobierno en el que las decisiones que se hayan de adoptar, al ser verdaderamente democráticas, no estén determinadas por los intereses de unas élites y unos poderes económicos que, con su manera de interpretar lo que debe ser la democracia, sólo están garantizando la continuidad de su existencia.

Hemos de ser conscientes de las razones por las que la democracia, como consecuencia de la subjetivación con la que prostituimos casi todas las buenas intenciones que a veces solemos rumiar los humanos, llego a ser calificada como el peor sistema político, exceptuando todos los demás. Ni la democracia fue patrimonio de una Atenas en la que no se contemplaban los derechos de las mujeres ni se rechazaba la existencia de la esclavitud, ni en función de los excesos que se cometieron, ser asumida como procedente tanto por Aristóteles como por Platón. A lo largo de los siglos y hasta el XVIII y XIX, la democracia se consideró como un modelo decadente. Un régimen en el que, debido a la tiranía que acostumbra ejercitar el pueblo inculto, se originaba la inestabilidad y la anarquía. Incluso Montesquieu consideró que el pueblo debía ser dirigido por aquéllos, que demostrando su valía, obtuvieran la representatividad que les concedieran las urnas. Lo que ocurre es que, de la misma manera que las pasiones que se suscitan en las masas acostumbran degenerar en un caos generalizado, las subjetividades de los excelentes (en contraposición a Ortega), la mayor parte de las veces no hacen más que racionalizar la vigencia de la degeneración racionalmente subjetivada.

Una democracia real no es un plato de buen gusto para aquéllos que se consideran superiores. Una democracia real, debido a que en ella se ha de sintetizar una voluntad general, ha de ser estructurada a través de una ponderación y un compromiso por parte de la generalidad; una ponderación y un compromiso que estarían condicionando las megalomanías de los excelentes. Yo opino que lo que haya de ser, lo han de decidir aquéllos que tengan que sufrirlo o disfrutarlo. No unas excelencias que se lo hayan de dar hecho. A mi entender, las funciones que estas excelencias deberán desarrollar, se tendrán que ceñir a mostrarnos la procedencia o en su caso inconveniencias que se pudieran derivar de los supuestos contemplados por la ciudadanía; y una vez decantado y asumido lo que se hubiera considerado como más aconsejable, dejar que sea la ciudadanía la que emita la palabra.

Imaginemos que las reivindicaciones, las denuncias, las propuestas e incluso las ideas, fueran canalizadas a través de unos cauces informáticos, a unas Asambleas de Base locales, en las que sus operadores, en contacto recíproco con aquéllos que las hubieran emitido, se ponderaran sus pros y sus contras. Imaginemos que esta comunicación se hubiera producido -como de hecho tenemos que asumir como consecuencia de su naturaleza informática-, sin que en ella concurrieran los factores coactivos que tan frecuentemente encontramos en la representatividad o preeminencia de aquéllos con los que tenemos que contrastar opiniones. ¿No serían los resultados que se pudieran alcanzar los que verdaderamente estarían sintetizando la voluntad y las expectativas de la generalidad? Con esta participación activa y continuada del pueblo (una participación que como consecuencia de los intereses perseguidos por las individualidades, no sería preciso estar constantemente actualizando), se habría superado aquel conflicto que Rousseau encontró en la imposibilidad de mantener a la ciudadanía permanentemente sometida a un proceso constituyente.

Es cierto que esta voluntad general, en multitud de casos no estaría coincidiendo con las voluntades de las individualidades comunidades y consorcios; pero al constituirse como el fruto de un consenso en el que la mayoría de la sociedad habría asumido la necesidad de alcanzar objetivos que trascendieran a los que subjetivamente pudieran demandar estas entidades, lo que en estas asambleas se adoptara, aunque fuera contrario a los intereses de las mismas, socialmente no se podría contestar. El interés general primaría sobre el de las singularidades.

A este respecto considero oportuno sacar a colación un pasaje de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? Dice lo siguiente:

“Parece por tanto natural, como ya hemos señalado, que para evitar que esta constante agresión pueda producirse, no basta con un decálogo, con una educación, ni con un buen corazón. Se precisa algo más tangible de lo que el hombre en sus demandas subjetivas está capacitado a utilizar. Se necesita de un control, que siendo material y estando universalmente aceptado por todos, impida que lo que haya sido establecido por consenso pueda ser invalidado por los deseos interesados que de una forma natural tengan las singularidades.” “Para que una sociedad funcione son necesarios dos fundamentos. El primero es que exista una concienciación colectiva de cuáles son las reglas de conducta a seguir. Normas que lógicamente tienen que ir modificándose en función de la transformación evolutiva a la que dicha sociedad se ha de ver sometida, pero que en todo momento tienen que plasmar una metodología que, fundamentada en una legislación, han de llenar de contenido las expectativas que todo ser humano tiende a considerar como esenciales. En segundo lugar, los condicionamientos físicos que como consecuencia de esta concienciación hayan sido establecidos, tienen que estar completamente emancipados de la segura injerencia que sobre ellos se habrá de efectuar. Es necesaria la convicción de que esto tiene que ser así; pero asimismo se precisa que la capacidad de justificación y de transformación a las que nos puede llevar nuestro intelecto, se encuentren determinadas por unos condicionamientos que, siendo físicos, sólo sea factible modificarlos a través del consenso de la comunidad; unos impedimentos que al ser instituidos con un carácter de universalidad, se pueda poner en tela de juicio la procedencia de su establecimiento por las individualidades, pero nunca su validez en el ámbito de lo colectivo; que al igual de lo que ocurre con la existencia de una pendiente, sea enjuiciable que de acuerdo con nuestra manifiesta voluntad y asumiendo los riesgos que conlleva, podamos ascenderla a la carrera, pero que lo que es determinante es que este tipo de ascensión constituye un condicionamiento incuestionable.”

Fin de la cita

Por otra parte habrá de ser tenido en cuenta que lo que se hubiera debatido y adoptado en unas Asambleas de Base locales no podría ser considerado como unas conclusiones que tuvieran que ser aceptadas de manera universal. Para ser universales sería preciso universalizarlas. Y para ello, de la misma manera que en las Asambleas de Base sus conclusiones habrían sido asumidas a través de un debate asambleario de naturaleza informática, para reconciliar las diferencias que entre ellas se habrían de producir, sería preciso decantarlas a través de unas de Notables, en las que lo individualizado colectivamente se sedimentara y se interpretara en función de la pluralidad a la que estaba dirigida. Unas Asambleas de Notables en las que, siguiendo el mismo proceso de comunicación que se hubiera mantenido entre la ciudadanía y las Asambleas de Base locales, se habría de ponderar (con la participación de un personal más especializado), lo que a través de la Generalidad se hubiera contemplado como más procedente. Para posteriormente hacer llegar a la Asamblea Legislativa la sanción de las actividades que hubieran de ser desarrolladas por los diferentes Ministerios.

Como es lógico entender, el desarrollo de este modelo requiere una serie de pautas mucho más pormenorizadas que las que como fundamentos han sido descritas en esta exposición. Necesita el acompañamiento de toda una serie de normativas que irían desde el establecimiento de unos medios de cambio que estuvieran relacionados con aquéllos que los poseyeran, como una estructura informática con la que controlar las actividades fraudulentas que se producen en esta mal llamada economía de libre mercado. Y todo esto lo tenemos al alcance de la mano. Sólo hemos de ejercer unos derechos que nos permitan recuperar nuestra perdida hominidad. Un “sólo” que sin materializarlo de una manera violenta, sea lo suficientemente expeditivo como para que no pueda ser obviado por esta canalla que nos viene utilizando. No podemos olvidar que la mayor parte de las diferencias que nos separan son económicas. Y es en el desarrollo de lo que económicamente haya de ser, donde se encuentra el talón de Aquiles de un endriago, que como el Capital es aparentemente invulnerable. Según Marx (y esto es lo que muchos no quieren entender) “No puede esperarse que el Estado (y en realidad la estructura económica que lo posibilita) desaparezca suavemente” “A la dictadura burguesa sucederá la dictadura del proletariado. Es decir; en tanto que los dos serían formas de Estado, ambos constituirían una dictadura” De todo lo cual podremos colegir que su desaparición no podemos llevarla a cabo a través de otra revolución que hunda sus raíces en una emotividad irracional que volvería a ser manejada por los que se hubieran consolidado como promotores y gestores de la misma. De otra forma, lo único que lograríamos conseguir sería una reposición de caras nuevas, así como de siglas, que en función de nuestra naturaleza subjetiva, con el tiempo se convertirían en caras viejas y en símbolos tan ajados como aquéllos que los representaran. Es el pueblo el que ha de gobernar. Ni sindicatos ni partidos políticos. Ya nos han demostrado que no sólo son incapaces de garantizarnos el derecho universal; son una suerte de parásitos que tienen la desvergüenza de negar el hambre y la malnutrición que están padeciendo nuestros escolares, y el descaro de echarles la culpa a sus padres. Son una crápula que, en contraposición al artículo 21 de una Constitución en el que se garantiza el derecho de reunión política, sin que se necesite autorización previa, ha sancionado unas leyes orgánicas con las que no sólo se obliga a la ciudadanía comunicarla con 10 días de antelación; sino que para disuadir a los que hay que mantener sometidos, se les imponen unas multas tan despóticas y tan inconstitucionales como lo son los que hacen uso de esta Carta Magna. ¿Para qué necesitamos mantener y soportar a esta jauría?

Y ahora, una vez concienciados que no podemos soportar por más tiempo este modelo y despejada la naturaleza del camino que a mi entender hemos de seguir, paso a abordar los problemas que por dos veces he tenido que dejar aparcados. Me refiero a la supuestamente irresoluble charada del paro; al no menos jeroglífico planteamiento con el que se nos ha tratado de vender el futuro de nuestras pensiones; así como los conflictos que tenemos que afrontar como consecuencia de nuestra entrada en la U.E.




Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post42
Share

El miedo
El miedo
Postado por degregorio lun, enero 25, 2016 23:23:27

----------------------- 2015+1 El año del cambio ----------------------

Llega un momento en el que a uno se le acaba el miedo (I)

Antes de introducirme en los problemas que nos ocasiona el paro, el futuro de nuestras pensiones, el pago de una Deuda que no hemos contraído y los conflictos que tenemos que afrontar como consecuencia de nuestra entrada en la UE., he de dirigirme a vosotros para deciros que el objetivo que persigo con estos artículos es concienciaros que nuestros problemas no vendrán a resolvérnoslo aquéllos que desde el Poder no se encuentran afectados por sus consecuencias. Es más, desde ese Poder se tratará de mantener a raya a todo aquél que intente trastocar lo que en función de su dominio se considera como institucionalizado. Hemos llegado a un punto en la degradación, que hasta los que sufren sus efectos consideran que el revelarse contra lo establecido constituye una locura que no conduce a nada. Seguir drogados con las mentiras que nos están convirtiendo en marionetas es renunciar a nuestra hominidad. No podemos soportar por más tiempo los abusos y los embustes que esta lacra de políticos nos está imponiendo. Con el escepticismo, la apatía e incluso con el miedo es imposible que podamos superar un modelo que por estar podrido sólo es necesario retirarle nuestro apoyo para que termine derrumbándose.

Hace días leí un artículo de Arcadi Olivere en el que más o menos se afirmaba: Los que rigen los destinos del mundo son unos delincuentes.

A mi entender se quedó corto. Estimo que además tendría que haber añadido, que lo que desde el poder se está haciendo con los más indefensos, sólo puede ser obra de unos canallas. Para aquéllos que puedan acusarme que los estoy difamando, les ruego que lo hagan. Me encantaría tener la ocasión de fundamentar un hecho que por otra parte es compartido por la mayor parte de la ciudadanía.

Es cierto que los que políticamente rigen el mundo de la economía global constituyen una proyección de los poderes que a nivel nacional hemos dejado en manos de nuestras clases dirigentes. Y que por tanto, no podemos imputar a aquéllos sin criminalizar a los que hemos tenido la desgracia de no saber donde mandarlos. La cuestión por tanto es empezar por éstos, para que con su desaparición, aquéllos no tengan ni siquiera la pretensión de llamar con su sucias garras a nuestras puertas. La cuestión está en que los que se encaramaron, lo hicieron y siguen ahí, debido a nuestra falta de cultura política. Desde ahí nos consideran como una multitud maleable. Hemos consentido que nos lavaran el cerebro con un fútbol que no es más que una moderna manifestación de aquel pan y circo con el que durante siglos se mantuvieron ocupadas las mentes del Imperio Romano. (Lo cual me lleva a recordar un artículo que publiqué hace meses titulado “Coma pienso y no piense”). Hemos sido amamantados por unos medios de comunicación vendidos a las clases dominantes; y por último, como consecuencia de haber tolerado la conformación de una democracia que no ha sido más que otra manera de, a través del engaño, tratar de justificar lo injustificable, hemos dado por buena la existencia y la continuidad de un estamento ejecutivo y legislativo, que al sustraer del judicial su independencia, configura un poder que no es dable cuestionar; un poder en el que se puede ejercer la represión, ya que al poner a su servicio la judicatura, cuenta con los tres componentes con los que eludir y justificar la procedencia o improcedencia de sus actos. ¿No recordáis nuestra entrada en la OTAN por la puerta de atrás de la mano de uno de los que con ella se ponía chaqueta (nunca mejor dicho), chaqueta de pana?; ¿Y cuando el Gobierno de turno nos metió en el euro sin que el pueblo fuera informado de los condicionamientos que se nos imponían en función de las disposiciones acordadas en los tratados de Maastrich y Lisboa? ¿Sois conscientes de las secuelas que tendremos que pagar como consecuencia de ese nuevo invento denominado Mecanismo Europeo De Estabilidad, MEDE?¿Sois tan inconscientes que no os atrevéis a impugnar el pago de una deuda odiosa que no habéis contraído vosotros y que se la estamos dejando a nuestra eventual y sin futuro descendencia?

En concordancia con la evidencia en la que obligatoriamente tenemos que desenvolvernos y consecuentemente constreñidos a tener que efectuar una innoble pirueta, parece lógico entender que el llamar delincuentes a los que se han encaramado es una insensatez que el Sr. Olivere no debería haber cometido. En primer lugar, porque como ha sido mencionado con anterioridad, con independencia de que éstos disponen de unas fuerzas represivas, financian y administran unos medios de comunicación que nos catequizan y nos muestran el camino que debemos seguir. Por lo que en función de esta catequización tenemos que entender como desestabilizadoras las impugnaciones de aquéllos que pretendan denunciarlos. Sirve incluso para que dirigentes manchados de barro hasta la nuca vuelvan a ser elegidos con amplia mayoría por una sociedad tan despolitizada como clientelar. Sirve para que el pueblo llegue a considerar que esa dignidad prefabricada con la que nos identificamos con el grupo, se encuentra por encima de cualquier ejercicio de racionalidad; que en función de nuestro derecho a comulgar con lo que visceralmente asumimos como procedente debido a su generalización, estamos validando aquel “Vivan las cadenas” con la que el pueblo quitó a los caballos y arrastró la carroza real de aquel Fernando VII. En segundo lugar, porque al estar estos encaramados representando -de una manera que ellos llaman democrática-, las actividades que democráticamente deberían ser ejercidas por el pueblo, no sólo usurpan los derechos de éste, sino que además, en connivencia con el Capital (que es en última instancia el fuste que sostiene el pedestal), están utilizando al pueblo como si de un instrumento se tratara. En tercer lugar, porque si resultara demasiado evidente que a esta dama que está representando a La Justicia la han despojado del pañuelo que cubría sus ojos y le han colocado unas gafas meticulosamente elaboradas por prescripción facultativa de aquéllos que le facilitaron la visión, se ha convertido en una meretriz de sus mentores. En una adorable y experimentada amante, que al haber perdido su anterior predicamento, carecería de autoridad para oponerse a aquéllos con los que, compartiendo cama, entre otras cosas se atribuyeron la pernada de poder ejercer indultos subjetivizados. Si nos tenemos que rendir a lo evidente es mucho más sensato callarnos. A lo más que debemos esperar es a emitir balidos. Eso sí, sin que se alteren los perros que cuidan del rebaño. El llamar delincuentes a los que están rigiendo los destinos del mundo no es recomendable practicarlo en un país civilizado.

Porque éste es un país civilizado. No hay más que ver que todos aceptamos una Constitución, que aunque no fue elegida a través de una Asamblea Constituyente, sino que fue urdida por unos procuradores en Corte que dieron su anuencia y su complicidad a un rey, que impuesto, juró defender hasta la última gota de su sangre las Leyes Fundamentales y los Principios del Movimiento, la realidad es que (al igual que está ocurriendo con el actual Gobierno), el pueblo fue y es tremendamente sabio; y consecuentemente supo y sabe qué es lo que se debe hacer para no desestabilizar lo instituido. En consecuencia, éste es un país civilizado. A pesar de que haya muchos que considerando que son mayoría, no se comporten civilizadamente. Porque se ha dicho que son mayoría. Pero constituyen una mayoría amorfa. No tiene ni siquiera la consistencia y el ímpetu de la manada. Y la consistencia y el ímpetu sólo deben residir en el Estado. Recordemos que Hegel nos dijo “El Estado “es”. “Y esto es definitivo”. Por otra parte, aquí cada uno denuncia balando. Y se quedan tan satisfechos con la profusión de los balidos que se generan en el hato, que incluso llegan a considerar -eso sí, tan solo como una consideración-, que es preciso hacer algo.

Cuando en este modelo constitucional los partidos acaparan el poder ejecutivo y el legislativo, están condicionando no sólo al judicial. Están determinando tanto la política a seguir por el Banco de España, por la Comisión Nacional del Mercado de Valores, por la que puedan desarrollar los Sindicatos arraigados al pesebre, e incluso derogar con la sanción de la corona un artículo como el 135 de la Constitución. Una enmienda en la que se establece que el pago de los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones gozará de prioridad absoluta. ¿Recordáis aquello de que son unos canallas? Pues al dar prioridad al pago de la Deuda, en detrimento de la Educación, la Sanidad, y entre otros, el derecho a no ser desprovistos de un techo, se nos está mostrando no sólo que esta Constitución fue y sigue siendo una chapuza, sino que muertos la mayor parte de los que la fraguaron, los que aún nos siguen jodiendo se felicitan al haber logrado conformar una comunidad estúpida y creyente.

Hace ya varios día convoqué a través de una serie de anuncios y correos electrónicos una conferencia interactiva con la que se pretendía analizar las causas y en su caso buscar soluciones al problema del paro y al futuro de nuestras pensiones. Asistieron tres personas. Y por supuesto, las tres se comportaron como convidados de piedra. No se si por apatía, o porque, por escepticismo, en su fuero interno consideraban que no podemos hacer nada. Y entonces me vino a la memoria aquel espíritu de libertad sin miedo y sin ira que nos invadió a todos con la llegada de aquel espécimen con chaqueta de pana que, como aquél que coreando al del arbusto se dedicó a graznar sobre las armas de destrucción masiva, han pasado por la puerta giratoria; de cómo aquél “si no hay libertad sin duda la habrá”, se fue diluyendo en un continuado proceso de corrupción, sometimiento al Capital y desindustrialización; de cómo la Derecha y la Izquierda (al igual que los idearios republicanos y demócratas en otros países) han sido fagocitadas por el poder del 1 %. ¿La Derecha, la Izquierda? ¿Podemos depositar nuestras expectativas en algo que no sea nosotros mismos? Y si esto es así ¿no resulta patético que más allá de que ese 99% sea de derechas o de izquierdas no hayamos asumido la importancia de los porcentajes? ¿No nos causa sonrojo constatar que constituimos un conjunto de unidades que como consecuencia de los esfuerzos que ocasiona pensar se ha acomodado a que piensen por nosotros? ¿No nos hemos todavía enterado que pensando no sólo podremos superar nuestros problemas, sino que al hacerlo estaremos concienciándonos de las canalladas que estamos padeciendo?

Y lo curioso del caso es que podemos liberarnos sin recurrir a la violencia. Pero esto es algo que poco a poco iremos devanando a lo largo de otras intervenciones. Por ahora me basta y me sobra conque vayamos despertándonos. Una vez concienciados que somos nosotros los que hemos de regir nuestros destinos y analizadas las razones por las cuales la expulsión laboral se produce y las jubilaciones están siendo puestas en tela de juicio podremos pasar a decidir, como pueblo (y no a los dictados que nos impongan los que rigen los destinos del mundo), si estamos dispuestos a afrontar las medidas que tengamos que tomar para, en lo posible, reducir el paro y asegurar nuestra jubilación a través de una reestructuración de nuestro modelo de economía de mercado.

Es necesario concienciarse que este neoliberalismo con el que se están incrementando las desigualdades es una bestia insaciable. Que este modelo neoliberal, que es el hijo bastardo de lo que otrora fue un capitalismo embridado, está proliferando en otros enclaves. En lugares en los que en épocas pasadas, en función del arribo de una concienciación de clases, a pesar de sus defectos fue mucho más social. En el pasado hemos visto cómo el resurgimiento económico que tiene lugar en ciertas partes del planeta (especialmente en China, pero también en otros países), ha sido utilizado para la compra de bonos y activos financieros que al no estar respaldando riqueza reales han generado unas obligaciones que a las economías occidentales les resultan insoportables. Unas obligaciones que hogaño estamos viendo cómo ante la imposibilidad de pagar las deudas incurridas, estas economías están barajando cancelarlas a través de medidas tenebrosamente “selectivas” Con lo cual hemos llegado a un punto en el que por razones derivadas de un predominio geoestratágico está empezando a resurgir una nueva guerra fría. Un conflicto que sólo podrá resolverse con la desaparición de las motivaciones que lo generaron. Bien a través del eclipse de una de las partes, bien (o mejor dicho, desgraciadamente mal), con la extinción de los dos perros en los que se incubó la rabia. En consecuencia y en concordancia con lo que dijo Jean Paul Sartre “Cuando los ricos se declaran la guerra, son los pobres los que mueren”

Lo cual me lleva a sacar a colación la siguiente cita de Rodian Romanovich:

El gran empresario llevó de su mano a políticos y agentes sociales, hasta las afueras de la ciudad. Allí, les invitó a mirar un gigantesco descampado y, solemne, les dijo:

- “¿Lo veis? Él nos sacará de la crisis.”

Si no fuera tan trágico podríamos contemplarlo como la solución.

Lo que ocurre es que lo que ésta estaría representando finalmente nos habría de llevar a concienciarnos de que no podemos dejar en manos de otros lo que constituiría un holocausto. Nos llevaría a tener que superar la indolencia y el desánimo en el que estamos inmersos. Por lo tanto tenemos que enfrentarnos no sólo con los poderes que nos están utilizando, sino incluso con aquéllos que habiendo tirado la toalla y pretendido conformar un modo de “vivir” que, contemporizando, consideran puede ser proyectado en el futuro. De no hacerlo habríamos renunciado a nuestra propia identidad. Inducidos por la inmoralidad y las injusticias que hemos de sufrir en nuestra sociedad llegaríamos a contemplar que ese “vivir” es compatible con la estructuración de la familia, de la moral, del esfuerzo y de las obligaciones. Si es cierto que lo económico en cierta forma determina lo que haya de ser lo social, este modelo tenemos que cambiarlo. No hay otra alternativa.



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post41
Share

La rebelión de las masas
La rebelión de las masas
Postado por degregorio dom, enero 24, 2016 18:46:06

--------------------- 2015+1 El año del cambio ----------------------------------

¿La rebelión de las masas?

Hoy, 8 de mayo del 2015, cuando me disponía a rediseñar una vieja y recurrente metodología a través de la cual hacer que sea el pueblo el que establezca lo que haya de ser su propio destino, acabo de leer las encuestas que vaticinan quiénes serán aquéllos que en las municipales y autonómicas (como un prolegómeno de lo que haya de ocurrir en la generales) rijan nuestras comunidades. Ahora, cuando veo los resultados de la intención de voto de los que creemos encontrarnos por encima de los animales, me pregunto si esta creencia ha sido fruto de esa facultad en la que debería fundamentarse el sostenimiento de esta opinión, o si por el contrario no deja de ser más que una manifestación, que recusando dicha facultad, se acomoda a hacer uso una disposición de naturaleza darwinianamente evolutiva. Ahora, cuando observo que la corrupción que ha podrido las posibles esencias que pudieran haber existido en los partidos de todos los colores no afecta para nada las decisiones que el pueblo haya de ejercer, empiezo a dudar que en ese pueblo pueda enraizar la semilla que le lleve a rechazar lo que en función de esa supuesta capacidad de razonar tendría que motivarle para que no se comportara como un hato.

El tratar de evidenciar la estupidez es tarea harto difícil. Es casi tan difícil como intentar salir indemne de esta pretensión. Sin embargo el objetivo que estamos obligados a alcanzar supera todas las recriminaciones que por hacer patente lo evidente es preciso afrontar. Solemos aceptar con cierta tolerancia y reconocimiento una discapacidad físiológica; sin embargo, en lo que se refiere a cosas de la mente y en función que su rechazo estaría condicionado por nuestra propia capacidad de razonar, rechazamos aquellas discapacidades que pudieran afectar a esa facultad con la que potencialmente podríamos elaborar este rechazo. Poner en entredicho nuestra propia capacidad de valorar, y sobre todo concienciar a aquéllos que a tenor de la existencia de este rechazo no están dispuestos a cuestionarla es extremadamente ingrato.

¿Habéis observado como esos que dicen están gobernándonos califican al pueblo de sabio cuando en realidad lo consideran como una masa amorfa que suelen amoldar hasta la estupidez?

Una muestra de la identificación de la piel negra con la sangre azul

La mayor parte de los seres humanos estamos capacitados para hacer uso de nuestro potencial intelectivo. Lo que ocurre, y es por eso por lo que, los que haciendo uso de él verdaderamente lo practican, nos dicen lo sabio que es el pueblo. A diferencia de éstos, el pueblo, como una entidad impersonal principalmente motivada por las incitaciones que se concitan en una naturaleza gregaria en la que se prefiere dejarse llevar que obligarse a hacer uso de su capacidad intelectiva se desenvuelve en un profundo vacío; un vacío que carente de una voluntad de análisis es aprovechado por los que Ortega definió como el gobierno de los excelentes es rellenado con toda la basura que es capaz de producir los que pretenden mantenerse en el podio.

¿Cómo se desarrolla la conducta de esos que tratan de formarnos a su forma desde elevados y purpúreos púlpitos calificándose como pastores, cuando, con independencia de contemplarnos como ovejas, salvando las distancias que concurren entre el dicho y el hecho no comparten su olor?


Plano de la choza de un pastor

¿Somos conscientes que como consecuencia del esfuerzo que exige relacionarnos mentalmente con aquello que estamos haciendo, la mayor parte de nuestras actividades las materializamos de una forma mecánica? En consecuencia ¿cómo nos va a ser dable superar las arbitrariedades y disposiciones de unas élites que habiendo introyectado en nuestras mentes a través de los más variados artificios la validez de su metodología, tendríamos que hacer el esfuerzo supremo de hacer uso de una capacidad de análisis que no estamos acostumbrados a emplear? ¿Somos conscientes (aunque para la mayor parte de los mediatizados sea demasiado pedirle), que nos han convertido en autómatas?

Todo lo cual me lleva a una situación tremendamente incómoda. Y no lo digo por los improperios con los que me habrán de obsequiar. Lo digo porque si ante la necesidad de tener que forjar una metodología a través de la cual sea el pueblo el que diseñe lo que haya de su ser su destino, advertimos que aquél, en función de su abulia se encuentra maniatado por aquéllos que piensen por él, en función de la emotividad con la que el pueblo reacciona cuando es consciente de la utilización de que es objeto se manifiesta de una forma violenta, el tratar de encauzar de una manera inteligente lo que con esta concienciación se pretenda conseguir constituye una tarea ímproba. Y esto, en función de la reacción simpático primitiva que tan concluyentemente nos mostró L.S.Vygotski en su obra “El desarrollo de los procesos psicológicos superiores” El pueblo puede ser tan maleable como violento; tan sumiso como heroico. Esto lo saben bien los que tratan de hacer uso de él. Y es por ello por lo que estando de acuerdo con la mayor parte de las exposiciones que hizo Ortega en su obra “La Rebelión de las Masas” debido a los subjetivismos y el control subliminal y material con los que suelen impartir sus mandatos ese selecto grupo de los ·”excelentes”, he puesto en interrogación el título con el que inició su obra.

En concordancia con lo expuesto y a la espera de poder continuar con esta serie, por ahora sólo voy a transcribir algunos pasajes que figuran en algunos de los artículos que con anterioridad he publicado.

“Una comunidad vertebrada (a diferencia de aquélla invertebrada a la que Ortega le adscribió como singularidad la de no contar entre sus filas con unas minorías selectas) sólo puede ser la que, a través del concierto y del entendimiento entre sus componentes, lo que haya de ir engarzando su espinazo sea gestado en concordancia con las necesidades y las iniciativas de sus miembros. Las excelencias son el destello que surge del chisquero; pero para que este chisque pueda llegar a alumbrar se necesitan unas manos, que materialicen lo que con la colaboración del chisque sea posible conseguir. Su prevalencia siempre deberá estar determinada por la representatividad que democráticamente tenga que ostentar la mayoría. Aprecio que es preciso el concurso de un organismo que legisle y mande ejecutar los conciertos que se hayan podido alcanzar en el conjunto de las asambleas. Pero sólo como una entidad que pondere y que tamice las conclusiones depuradas en las mismas y que a su vez esté ponderada y tamizada por éstas. En este contexto disiento sobre el principio de división de poderes, tal como Montesquieu lo interpretó. La independencia de los poderes tenemos que asumirla como necesaria cuando constituya una función de relación entre poderes que estén representando de manera directa la voluntad del pueblo; cuando estos poderes se hayan alcanzado a través de una representación no puede concurrir la existencia de una independencia entre éstos y la ciudadanía.”

“Hemos de perseguir que el Estado sea una conformación en la que su gobierno sea llevado a cabo por aquéllos que no tengan como su único objetivo el gobernar. Hemos de perseguir que el Estado (rememorando a Webber), no sea la coacción legítima que haciendo uso de la fuerza que como Poder se ha conferido, ejerza el monopolio de la violencia. Y es que al haberlo permitido, hemos consolidado la tiranía de los que se consideran excelentes.”

“De la misma manera que las pasiones que se suscitan en las masas acostumbran degenerar en un caos generalizado, las subjetividades de los excelentes (en contraposición a Ortega), la mayor parte de las veces no hacen más que racionalizar la vigencia de la degeneración racionalmente subjetivada.”

“Una democracia real no es un plato de buen gusto para aquéllos que se consideran superiores. Una democracia real, debido a que en ella se ha de sintetizar una voluntad general, ha de ser estructurada a través de una ponderación y un compromiso por parte de la generalidad; una ponderación y un compromiso que estarían condicionando las megalomanías de los excelentes. Yo opino que lo que haya de ser, lo han de decidir aquéllos que tengan que sufrirlo o disfrutarlo. No unas excelencias que se lo hayan de dar hecho. A mi entender, las funciones que estas excelencias deberán desarrollar, se tendrán que ceñir a mostrarnos la procedencia o en su caso inconveniencias que se pudieran derivar de los supuestos contemplados por la ciudadanía; y una vez decantado y asumido lo que se hubiera considerado como más aconsejable, dejar que sea la ciudadanía la que emita la palabra.”



Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post40
Share

Artículo de www.profesionalespcm.org insertado por: El administrador web - Fecha: 29/05/2016 - Modificar

Comparte el artículo en las REDES SOCIALES: delicious Delicious | meneame Meneame | facebook Facebook | twitter Twitter | Technorati | barrapuntoBarrapunto
Próximamente disponible también para * Digg * Google Bookmarks* Wikio * Bitacoras.com * Reddit * * RSS * Technorati * Tuenti
Accedido o leido aproximadamente 454 veces desde 29/05/2016
Cambia de Bando: contra el abuso de las grandes compañías eléctricas,deja de enfadarte y actúa
#Caminando24y27O - Movilizaciones del 24 y 27 de octubre de 2018 - Si nos movemos, lo cambiamos todo
16-10-2018 presentación en Getafe del libro LOS IMPUESTOS EN LA CIUDAD DEMOCRATICA, de Ricardo Rodríguez

Sitio Web del Núcleo de Profesionales y Técnicos del Partido Comunista de Madrid PCM/PCE- http://www.profesionalespcm.org 
Actualizado a 15/10/18
Los comentarios y colaboraciones son bienvenidos
(comunistas_ARROBA_profesionalespcm_PUNTO_org): Carta a comunistas_ARROBA_profesionalespcm_PUNTO_org
Envíanos tu colaboración, o comentarios vía formulario.
¡¡AFÍLIATE EL PARTIDO COMUNISTA DE MADRID - PCE
!

BÚSQUEDAS en este sitio web
AGREGADOR - SINDICACIÓN DE NOTICIAS RSS RDF XML DE PROFESIONALESPCM.ORG - SYNDICATE OUR NEWS - Content FeedsAGREGADOR - SINDICACIÓN DE NOTICIAS RSS RDF XML DE PROFESIONALESPCM.ORG - SYNDICATE OUR NEWS - Content FeedsAgregador RSS de noticias y contenidos - Aquí OTRA VERSIÓN DEL AGREGADOR RSS XML  AGREGADOR - SINDICACIÓN DE NOTICIAS RSS RDF XML DE PROFESIONALESPCM.ORG - SYNDICATE OUR NEWS - Content FeedsAGREGADOR - SINDICACIÓN DE NOTICIAS RSS RDF XML DE PROFESIONALESPCM.ORG - SYNDICATE OUR NEWS - Content Feeds

IMPRIMIR Imprimir ESTA PAGINA (sólo si es imprescindible)  

Secciones: 
    [11-M Terror y Manipulación]  [15M, Unid@s Podemos, mareas, unidad popular, PAH]  [Acta Moderna]  [África]  [Anarquismo]  [Antiglobalización]  [Antivirus, Seguridad Informática]  [Archivo Sonoro, música y vídeo]  [Argentina]  [Bibliografía/Citas]  [Brasil]  [CC.OO.]  [CGT]  [Chile]  [China, R.P.]  [Ciencia]  [Cine]  [Colombia]  [Congresos]  [Contactos]  [Convenios Colectivos]  [Convocatorias]  [Convocatorias defensa FERROCARRIL]  [Correo recibido]  [Cuba Socialista]  [Documentos militante IU/ PCE]  [Documentos, opinión, debate]  [Ecologismo, Movilidad y Soberanía Alimentaria]  [Economía]  [El Problema Español]  [Empleo (ofertas)]  [Enlaces]  [Esperanto]  [Estados Unidos de América]  [Europa]  [FIRMAS DE APOYO A MANIFIESTOS]  [Formación / Educación]  [Foro/Lista de Correo]  [Fotografías]  [Huelga General]  [Humor]  [Infancia / Juventud]  [Legislación]  [Literatura y otras Artes]  [Marxismo]  [Memoria Histórica]  [México]  [Movimiento Obrero/Mundo del Trabajo]  [Mujer / Feminismo]  [Mundo Insurgente]  [No Fumar /Derecho Fumadores Pasivos]  [Organigrama]  [Palestina]  [Plan de Trabajo]  [Prensa / Medios comunicación]  [Profesionales y Comunistas]  [República Española, La Tercera y Socialista]  [Resoluciones]  [Rusia, URSS, Centenario Revolución Soviética]  [Sáhara Occidental]  [Salud]  [Sexualidad y mundo gay]  [SIDA]  [Software y Conocimiento Libre]  [Venezuela Bolivariana]  [Yugoslavia y la autogestión socialista]
Volver a la página principal de www.profesionalespcm.org

Volver a la página de inicio
Código QR para dispositivos móviles:


Novedades

     ¡ PINCHA AQUÍ PARA VER LISTADO COMPLETO Y CRONOLÓGICO DE LAS NOVEDADES PINCHA AQUÍ PARA LISTADO COMPLETO Y CRONOLÓGICO DE LAS NOVEDADESPINCHA AQUÍ PARA VER LISTADO COMPLETO Y CRONOLÓGICO DE LAS NOVEDADES

PCE - IU - Construyendo Unidad Popular:

Página principal de www.profesionalespcm.orgINCLUYE EL BANNER EN TU SITIO WEB   PCE
Recomendado reproducir material citando su procedencia. Esta publicación es copyleft. Puede ser copiada sin ninguna restricción siempre que se mantenga esta nota. Apostamos por una Internet para todos y por el Software Libre EL NÚCLEO DE PROFESIONALES Y TÉCNICOS DEL PCM SE IDENTIFICA Y HACE RESPONSABLE EXCLUSIVAMENTE DE LOS TEXTOS INCLUIDOS EN ESTE SITIO WEB, QUE FIRME COMO RESOLUCIONES O COMUNICADOS DE LA MISMA. Todos los datos públicos de este sitio web están tomados de la Red o enviados por sus creadores, su único fin es divulgar la noticia, nunca apropiarse de textos y fotos, Siempre publicamos  la fuente cuando es conocida



Blog de debate NEURONASROJAS.profesionalespcm.org

Muro en Facebook NEURONASROJAS de profesionalespcm.org


Canal en YouTube de profesionalespcm.org

Sitio desnuclearizado, camapaña de Ecologistas en Acción
Sitio desnuclearizado, campaña de Ecologistas en Acción


NO PAGUES LA CRISIS

Declaración del PCE sobre ataque a Siria -
NO A LA GUERRA
La agresión militar lanzada contra Siria por EE.UU., Gran Bretaña y Francia abre un escenario de extrema gravedad ante el que el mundo debe responder

NO AL CANON DE CDs DE LA SGAE
NO A LAS PATENTES DE SOFTWARE

No acepto ser fumador pasivoEl humo ambiental del tabaco mata. No fumes en lugares comunes
GRACIAS POR NO FUMAR EN LUGARES COMUNES
EL COCHE DEVORA A TU CUIDAD, TU PLANETA Y TUS AMIGOS, APARCA EL COCHE PARA SIEMPREAPÁRCALO PARA SIEMPRE