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Título: La crisis estructural del capitalismo y su resolución en los próximos 25-50 años. Por Nardo Vázquez Izquierdo.- Enlace 1

Texto del artículo:

La crisis estructural del capitalismo y su resolución en los próximos 25-50 años

(Un ensayo elaborado a partir de la obra de Immanuel Wallerstein)

Por Nardo Vázquez Izquierdo


PDF de 16 páginas

Anticipo del texto:

La crisis estructural del capitalismo y su resolución en los próximos 25-50 años.
La primera pregunta que deberíamos hacernos al iniciar el estudio del capitalismo de nuestros días, es sí se encontraría en la actualidad en los albores de una nueva etapa, prolongada o no de crecimiento expansivo (dado el potencial que históricamente han tenido las crisis para abrir espacios que alarguen la vida de este sistema), o si por el contrario experimenta una agudización y agravamiento, aceleración y profundidad de su crisis integral.
De la respuesta a esta pregunta, depende la estrategia que adoptarán los movimientos que luchan contra el sistema, ya que en una etapa de “…prosperidad general, en que las fuerzas productivas de la sociedad burguesa se desenvuelven todo lo exuberantemente que pueden, no puede hablarse de una verdadera revolución. Semejante revolución solo puede darse en aquellos períodos en que estos dos factores, las modernas fuerzas productivas y las formas burguesas de producción incurren en mutua contradicción”(1); por eso, antes de considerar cual debe ser la estrategia de los movimientos antisistémicos, en su lucha contra el régimen capitalista, debemos analizar, en qué etapa de su vida se encuentra éste sistema.
“La economía mundo capitalista, como cualquier otro sistema, se ha conservado por sí sola durante mucho tiempo por medio de mecanismos que se encargan de restablecer el equilibrio cada vez que se distancian de él sus procesos. El equilibrio nunca se restaura de manera inmediata, sino solo después de que ha habido una desviación considerable de la norma y, desde luego, el equilibrio nunca se restaura a la perfección. Como se requiere que las desviaciones avancen una cierta distancia antes de disparar los movimientos en sentido inverso, el resultado es que la economía-mundo capitalista, como cualquier otro sistema, cuanta con ritmos cíclicos de muy diversos tipos.
El equilibrio nunca se restaura hasta el mismo punto debido a que los movimientos en sentido inverso requieren de algún cambio en los parámetros subyacentes del sistema. De ahí que el equilibrio sea siempre un equilibrio en movimiento y, por lo tanto, el sistema tenga tendencias seculares. Es esta combinación de ritmos cíclicos y de tendencias seculares lo que define a un sistema que está funcionando de manera ‘normal’. Sin embargo, las tendencias seculares no pueden continuar por siempre, pues se topan con asíntotas. Cuando esto sucede, ya no es posible que los ritmos cíclicos vuelvan a hacer que el sistema recupere el equilibrio, y es aquí donde el sistema entra en problemas. Ingresa entonces en su crisis definitiva y se bifurca, esto es, se ve a sí mismo ante dos o más rutas alternas hacia una nueva estructura, con un equilibrio nuevo, nuevos ritmos cíclicos y nuevas tendencias seculares. Pero cuál de las dos rutas alternas seguirá el sistema, es decir, qué tipo de nuevo sistema se establecerá, esto es imposible determinarlo por adelantado, por cuanto es una función de una infinidad de elecciones particulares que no están limitadas sistemáticamente. Esto es lo que hoy sucede en la economía-mundo capitalista.
Para apreciar lo anterior, debemos observar las tres grandes tendencias seculares que se aproximan a sus asíntotas. Cada una de ellas, por tanto, esta creando límites a la acumulación del capital. Como la acumulación sin fin de capital es el rasgo definitorio del capitalismo como un sistema histórico, la triple presión tiende a volver invariable el motor primario del sistema y, en consecuencia esta creando una crisis estructural.” (2)
Antes de analizar cada una de las tendencias seculares que se manifiestan en el capitalismo, debemos hacer algunas consideraciones sobre los ritmos cíclicos que también operan en el mismo.
Varios son los ciclos que operan en la economía-mundo capitalista: los decenales, descubiertos por Juglar hacia 1860, que atravesaron buena parte del siglo XIX, expresando las oscilaciones del joven capitalismo industrial, aunque al final del mismo se fueron desdibujando; y otros, como las ondas largas de Kondratieff, etapas de aproximadamente entre 50 y 60 años (la primera mitad de ascenso económico y la segunda de descenso) que se venían sucediendo a partir de la revolución industrial inglesa.
Pero, ¿qué actitud han asumido ante estos procesos cíclicos la derecha y la izquierda?. Los pensadores conservadores asumieron al respecto lo que podría llamarse como la “eterna ciclicidad de la historia”, teoría empleada como un argumento contra todos y cada uno de los movimientos transformacionales, de ahí se deriva la conclusión de un capitalismo eterno, que cae en baches (casi siempre achacado a errores humanos) pero que se renueva constantemente y con nuevos bríos sigue adelante. Por el otro lado, la izquierda siempre se mostró renuente a invocar tales procesos cíclicos como algo inherente al capitalismo, interpretación que llevaría a la mayoría de sus principales figuras, en los últimos dos siglos, a extraer la errónea conclusión que confundió constantemente, las alzas y las bajas cíclicas con crisis estructurales. En relación con ello, hay que decir, para conocimiento de la izquierda, que “…las diversas crisis no son sino aspectos de una única crisis, sistémica, del capitalismo como etapa de la historia humana”(3), y que cuando hablamos de crisis estructural estamos hablando de algo que “se produce solo una vez en la vida de un sistema histórico”(4)
Con respecto a la posición asumida por la derecha, hacia los ciclos económicos que se repiten con más o menos periodicidad en el capitalismo, hay que decir que, “…el concepto de ciclos dentro de las estructuras no sólo es diferente al concepto de la eterna ciclicidad; es virtualmente opuesto, pues las estructuras no son eternas, sino sólo duraderas, y los ciclos en el interior de la estructuras son lo que garantiza que una estructura nunca pueda ser eterna. Por lo tanto, no existen ciclos eternos, pues en realidad sí existe la flecha del tiempo, aún cuando no sea lineal”.(5)
Lo importante y “esencial metodológicamente en el análisis de cualquier sistema social histórico (y la economía capitalista es un sistema social histórico) es distinguir con cuidado entre los ritmos cíclicos que definen el carácter sistémico y que le permiten mantener cierto equilibrio, al menos a lo largo de la duración del sistema, por un lado, y por otro, las tendencias seculares que crecen a partir de estos ritmos cíclicos definiendo su carácter histórico y que quieren decir que, tarde o temprano, un determinado sistema no será capaz de contener sus contradicciones internas y que, por lo tanto, ingresará en una crisis sistémica”.(6)
Por la trascendencia que tiene diferenciar una cosa de otra, los ritmos cíclicos de las tendencias seculares, pasaremos entonces a analizar las tres grandes tendencias seculares que se han ido estableciendo en el transcurso de la vida del capitalismo, “tendencias seculares cuyo impacto estamos sintiendo apenas desde 1945, y aún más desde 1989” (7), pero que en la actualidad se han seguido desarrollando en tal grado, que “han llegado a niveles en los que son una amenaza para el funcionamiento básico del sistema”.(8).
La primera tendencia secular es el ascenso del nivel real de los salarios como porcentaje de los costos de producción, calculado como un promedio a lo largo de la totalidad de la economía-mundo capitalista.
Como es de suponer, este hecho tiene una gran importancia para el funcionamiento y el futuro devenir de la economía capitalista, mientras mayores sean los niveles de salario de los obreros menor será el grado de utilidad de los capitalistas y viceversa.
Pero, ¿por qué se ha producido un aumento tendencial de los ingresos de los trabajadores en el transcurso de la historia del capitalismo?.
“La causa radica en el hecho de que con el tiempo, en cualquier localidad geográfica o sector determinados, la fuerza de trabajo buscará y finalmente logrará crear alguna forma de organización sindical y de acción que permita a sus miembros negociar más eficazmente, ya sea de manera directa con el patrón, o de manera indirecta por la vía de sus influencias sobre la maquinaria política pertinente. Si bien no existe la menor duda de que en ciertas localidades se puede contener a esa fuerza política por medio de las contraofensivas políticas de los grupos capitalistas, también es verdad que la ‘democratización’ a largo plazo de las maquinarias políticas en la historia del sistema-mundo moderno ha servido para que la curva de la fuerza política de las clases trabajadoras sea ascendente en la longue duree virtualmente en todos los Estados del sistema mundo”.(9)
Ante esta realidad, ¿Cuál es el mecanismo principal por medio del cual los capitalistas de todo el mundo han logrado limitar esta presión política de la fuerza de trabajo que ha traído consigo un aumento de su costo?.
“Cuando esto ocurría, la solución era que la fábrica se deslocalizara. Esto significa que el sitio de la producción se transfería a otra parte del sistema-mundo que tuviera niveles de salario históricamente más bajos. En efecto, los capitalistas que controlaban las industrias líderes intercambiaban costos de transacción mayores por los menores costos de la mano de obra. Esto mantenía un ingreso significativo para ellos, pese a ser menor que en el periodo previo..”
“Los costos de la mano de obra eran menores en la nueva locación, porque la fábrica deslocalizada reclutaba mano de obra de las áreas rurales que antes estuvieron menos involucradas en la economía de mercado. Para estos trabajadores rurales la oportunidad de trabajar en estas fábricas deslocalizadas representaba un aumento en su ingreso real, mientras los dueños de la fábrica deslocalizada le pagaban a estos trabajadores menos que a aquellos que habían trabajado en la locación previa. Esto es lo que se conoce como una solución donde ambas partes ganan.”
El problema con esta solución, aparentemente maravillosa, ha sido siempre que no es duradera. (…) los obreros en la nueva locación comenzaban a emprender acciones sindicales y el costo de su mano de obra comenzaba a subir. Cuando subía lo suficiente, los dueños de la fábrica deslocalizada tenían una opción real única –volver a dislocarse. (…)Así, siempre ha habido un constante movimiento de la locación de las industrias de todas clases: ¡cuasi monopolios tras cuasi monopolios!, ¡fábricas deslocalizadas tras fábricas deslocalizadas!”.
“Esto ha sido una maravilla del ajuste capitalista a un largo proceso de cambio constante de circunstancias. Sin embargo, este maravilloso sistema ha dependido de un elemento estructural: la posibilidad de hallar nuevas áreas vírgenes para relocalizar las fábricas deslocalizadas. Por áreas vírgenes quiero decir zonas rurales que han estado relativamente poco involucradas en la economía-mundo.”
“Sin embargo, durante los últimos 500 años han venido acabándose tales áreas. Esto puede medirse de manera muy simple en la desruralización de las poblaciones mundiales. Hoy, dichas áreas rurales se han reducido a una minoría de la superficie del mundo y parece probable que para 2050 sean una muy pequeña minoría.”(10)
¿Dónde se encuentra hoy ese proceso?. Todo indica que esta llegando a sus límites, ya van quedando cada vez menos lugares donde el capital pueda escapar, huyendo de aquellas zonas donde el aumento de los costos salariales y de otros tipos, vuelve irrentable su funcionamiento.
El 9 de abril de 2013 el periódico norteamericano The New York Times publicaba un artículo intitulado “Hello Cambodia”, comentado por Wallerstein en el artículo arriba citado, donde describe el vuelo a Camboya de fábricas que abandonan China, debido al aumento de los niveles salariales en ese país, un previo receptor de tales fábricas, deslocalizadas anteriormente de otras zonas del planeta. El problema, comenta el artículo, es que las multinacionales han comenzado a sentir en ese país las presiones en pos de salarios más altos, en un periodo de tiempo inferior al experimentado en otros lugares. “En cualquier caso, ¿hay algún lugar a donde mudar una fábrica deslocalizada? ¿O es Camboya el final de la línea?. En cualquier caso, Camboya no es el futuro del sistema-mundo moderno. Más bien representa los últimos vestigios de un mecanismo que ya no ejecuta su tarea de salvar el capitalismo”.(11)
Por tanto, esta manera conducir la lucha de clases por los poderosos del planeta, huyendo con su capital hacia espacios vírgenes del mismo, donde escapar de la presión sobre sus costos de producción depende, de que siempre existan nuevas áreas en el sistema-mundo en las cuales reubicarse, y esto depende de la existencia de un importante sector rural que aún no se haya enganchado al mercado del trabajo asalariado. Pero esto último, es lo que está disminuyendo como una tendencia secular. “La desruralización del mundo pone fin a la capacidad del capitalismo para compensar el incremento de los gastos en la fuerza de trabajo como un porcentaje del valor total creado en el mundo”.(12)
Una vez que se haya desruralizado el sistema-mundo (y es muy posible anticipar, que ello suceda en los próximos 25-30 años) la única opción para los capitalistas, será continuar la lucha de clases allí donde están hoy. Y aquí las posibilidades están en su contra porque, a pesar de que seguirá aumentando (y se arreciará) la sofisticación de la política y del mercado en los estratos más bajos, a pesar de que aumentarán las regiones, pueblos, localidades y ciudades con grandes cantidades de personas técnicamente desempleadas, a pesar de que la mayoría de la población del planeta obtendrá sus ingresos de la economía informal, “las verdaderas alternativas al alcance de los trabajadores que se encuentran en los barrios y en las favelas del sistema-mundo indican que están en posición de exigir niveles salariales razonables con el fin de ingresar a la economía de salarios formales”.(13)
Resumiendo, pese a la embestida neoliberal de los últimos 30 años (comenzada por Thatcher y Reagan) y en virtud del aparente éxito de la misma, no debemos olvidar “que la realidad es que las reducciones recientes en salarios e impuestos han sido a corto plazo y menores, en medio de su aumento histórico global a largo plazo por razones estructurales”(14) y que por tanto, estamos ante el mismo problema de una asíntota que limita una tendencia.
Si el espacio no explotado por el capital se acaba, llega a su fin (acercándose a su asíntota) y éste ha sido utilizado históricamente, como válvula de escape ante las presiones salariales encontradas en las áreas explotadas (tendencia secular del sistema), podemos decir, que en este campo, el más medular de la economía-mundo capitalista, el sistema ingresa en una crisis sistémica, estructural, que no se resuelve (no puede hacerlo) dentro de los marcos del mismo sistema, sino fuera de él, superándolo. Es fácil comprender, por lo dicho, que estamos en los inicios y comienzos de este tiempo histórico, y está de más decirlo, pero el tiempo histórico de una crisis estructural en un sistema (sea cual sea) es un tiempo definitorio, por cuanto el sistema, que se ha alejado de su equilibrio, y ya no cuenta con los mecanismos que ha usado hasta ese entonces para regresar al mismo, (moviéndose muy cerca de su asíntota), ingresa en una etapa de caos, en la que sus vectores se bifurcarán y crearán, eventualmente, uno o nuevos sistemas.
La segunda tendencia secular tiene que ver con el aumento del costo de los insumos materiales.
¿Qué es lo que ha ocurrido, para que el costo de inversión de los capitalistas aumente, y qué hacían con anterioridad, para minimizar dichos costos a la máxima expresión?.
En realidad el mecanismo utilizado es lo que los economistas llaman “exteriorizar los costos”; mientras el costo de compra de las mercancías, por lo general, lo asume por completo, la compañía que eventualmente obtendría las utilidades, el costo del tratamiento de los materiales, por lo general se les carga a otros. Hay varios ejemplos: no tratar los desperdicios tóxicos o fastidiosos que se producen colateralmente al emplear las materias primas; cuando se talan indiscriminadamente los bosques sin reforestarlos; cuando se acaba con la fauna marina por la pesca y sobreexplotación intensiva de los mares, etc.
Ésta externalización, reduce los costos e incrementa los márgenes de la ganancia, pero el problema aquí es semejante al de la reubicación, como un remedio al coste del salario. Funciona mientras existan áreas sin emplear previamente, en las cuales arrojar los desperdicios cortar árboles o pescar peces, por seguir con los ejemplos citados. Pero más adelante ya no habrán más ríos que contaminar, ni árboles que talar, ni mares con peces donde pescar, o cuando menos, no sin inmediatas consecuencias serias para la salud de la biosfera. Esta es la situación en la que nos encontramos en la actualidad después de 500 años de tales prácticas depredadoras.
Entonces, en tales circunstancias qué hacer. Una opción es, que los gobiernos del mundo emprendan una gran operación de limpieza y de renovación orgánica. El problema es, que una operación de esas dimensiones, es de un enorme costo, por lo que tendría que ser sufragado por alguna forma de tributación. Para ello sólo hay dos fuentes: o se carga a las compañías, que provocaron toda esa destrucción medioambiental, o al resto de todos nosotros. Sí son las primeras, las presiones en el margen de ganancias serán muy fuertes. Sí somos los segundos, las cargas fiscales crecerán de manera significativa, problema al que ya vamos llegando. Además, no tiene mucho sentido, limpiar y renovar recursos naturales, si las prácticas siguen siendo las mismas de hoy. De ahí que, la lógica sería, la de requerir la total interiorización de todos los costos, la cual, frente a los límites de la elasticidad de la demanda , significa una reducción de las utilidades a largo plazo. Sin embargo, esto añadiría más presión sobre las ganancias de las compañías. Por eso, porque no se ve ninguna solución viable a este dilema social, dentro del marco de la economía-mundo capitalista, se infiere que el costo creciente de los insumos materiales se erige en otra de las grandes presiones estructurales en la acumulación de capital.
La tercera tendencia secular se encuentra en el ámbito de la tributación. El tributo es un pago por los servicios sociales y siempre que no sea muy alto se acepta como un costo razonable de producción.
El nivel de impuestos está determinado por dos factores: la constante exigencia de seguridad, que se ha ido incrementado constantemente a través de los siglos; y el segundo, por incremento constante en las dimensiones de las burocracias civiles del mundo, cuya función estriba en recaudar los impuestos y en realizar las funciones de expansión de los Estados modernos.
La principal función de expansión de los Estados ha consistido en la satisfacción de ciertos reclamos populares. Éste no ha sido un gasto opcional, ha sido el medio principal para asegurar la relativa estabilidad política ante el descontento en aumento de los estratos bajos relacionado con la creciente polarización del ingreso real, que ha sido un rasgo constante del sistema-mundo.
Los gastos empleados en domesticar a las “clases peligrosas” con el objetivo de mantener la lucha de clases dentro de las fronteras acotadas a través de instituciones educativas, servicios de salud, jubilación al final de la vida y seguro de desempleo, han ido creciendo constantemente, apareciendo en cada vez más zonas del sistema-mundo, haciéndose cada vez más universales, aumentando permanentemente en cada país, sin límites claros a la vista.
“Lo anterior ha significado, ha tenido que significar, el incremento permanente de las tasas de tributación en casi todos los países, con algunas ligeras reducciones harto ocasionales. Pero desde luego, en determinado momento, tal redistribución fiscal alcanza niveles en los que interfiere seriamente con la posibilidad de acumular capital. De ahí que la reacción actual a lo que se percibe como la ‘crisis fiscal de los Estados’ sea , por parte de los capitalistas, la de exigir una reducción y la de buscar el respaldo popular sobre la base de que la tributación de las personas aumente también de manera aguda. La ironía radica en que si bien con frecuencia hay algún respaldo popular al acotamiento a los impuestos, hay cero respaldo popular para recortar las partidas del Estado benefactor en educación, en salud o en la garantía del ingreso tras la jubilación. Ciertamente, al mismo tiempo que hay quejas sobre altos impuestos, crecen los niveles de las exigencias populares sobre los servicios del Gobierno. De modo que también en esto tenemos presión estructural sobre la acumulación de capital”.(15)
Resumiendo: podemos decir que el mundo que “conocemos” que es el de la economía-mundo capitalista, está tocado por fallas estructurales que ya no tiene manera de controlar y cuya combinación, “esta crenado una presión estructural masiva de largo alcance sobre las utilidades provenientes de la producción que está en proceso de convertir al sistema capitalista en algo que ya no es rentable ni para los capitalistas.”(16)
Los neoliberales con sus políticas de las últimas décadas han logrado reducir estas presiones estructurales, pero cada vez menos de lo que las aumenta la siguiente subida.
Las tres tendencias seculares analizadas se aproximan a sus asíntotas, “cada una de ellas, por tanto, está creando límites a la acumulación del capital, y como la acumulación sin fin de capital es el rasgo definitorio del capitalismo como un sistema histórico, la triple presión tiende a volver inviable el motor primario del sistema y, en consecuencia está creando una crisis estructural”.(17)
El agotamiento en la producción de valor y la llegada del capitalismo a sus límites históricos
Hasta aquí hemos abordado las tres grandes tendencias seculares que van llevando al capitalismo a alcanzar su frontera histórica, basándonos en la obra del estudioso norteamericano creador de la teoría del sistema-mundo Immanuel Wallerstein. Ahora, trataremos otro aspecto del capitalismo (el más medular de todos), la producción de valor que también toca su techo histórico.
Es un tema que curiosamente no trata directamente en su obra el profesor estadounidense, pero que, por complementar sus tesis sobre la crisis estructural del capitalismo resulta insoslayable añadirlo a esta parte del ensayo.
Atropelladamente, pudiéramos conceptualizar el valor como el trabajo materializado en la producción de cualquier mercancía, y la esencia del capitalismo en la apropiación de una parte de ese trabajo (que llamaríamos excedente), apoyándose para ello en el empleo de las relaciones monetarias y de cambio. Se desprende de ello, que la vitalidad del capitalismo depende de cuanto más trabajo materializado haya en las mercancías producidas y destinadas al cambio.
¿Qué ocurre entonces con la producción de mercancías, por qué aunque su producción aumenta el trabajo humano contenido en la fabricación de las mismas, de cuya apropiación depende la vida y la salud del capitalismo disminuye?.
¿Cuáles son los límites intrínsecos en el desarrollo del capitalismo, límites que van más allá de la existencia de un enemigo declarado (el proletariado y los pueblos oprimidos) y del simple agotamiento de los recursos naturales?.
¿Por qué la posibilidad de que un día la máquina capitalista se detenga por sí sola, de que su dinámica se agote, es un hecho que puede hacerse realidad?.
“La producción capitalista de mercancías contiene, desde el inicio, una contradicción interna, una verdadera bomba de relojería colocada en sus mismos fundamentos”.(18)
La única manera de hacer crecer el capital y por tanto de acumularlo es explotando la fuerza den trabajo. Pero el trabajador que es el que crea el valor, para que pueda generar beneficios para quien lo emplea, debe estar equipado por instrumentos y tecnologías cada vez más productivas ya que, como las mercancías no se venden en el mercado por su valor individual sino por su valor social, el cual es resultado de las condiciones medias de intercambio y productividad existentes en la sociedad, aquel primer empleador de tales tecnologías más productivas sale ganando, cuya cuantía esta en proporción a la diferencia entre el valor individual con el cual es producido y el valor social por el cual es vendido. Pero sí desde el punto de vista individual esto es beneficioso para los capitalistas, desde el punto de vista social es perjudicial, pues el sistema entero sale perdiendo por cuanto las tecnologías reemplazan al trabajo humano, que no es ocioso repetirlo es el creador del valor en el capitalismo la savia de la cual se nutre este sistema. Es constatable que cada vez se producen más mercancías, pero cada una de ellas en particular contiene una porción cada vez más exigua de trabajo humano que es, sin embargo, la única fuente de plusvalía y por tanto de beneficio.(19)
¿Qué hacer entonces ante ese callejón prácticamente sin salida, ante ese avance virtualmente hacia el abismo?.
El capitalismo ha acudido a dos remedios: el primero, ampliar la producción de mercancías a escala mundial como medio de compensar la tendencia a la disminución del valor de cada mercancía. “Desde hace doscientos años, el capitalismo evita su fin corriendo siempre un poco más rápido que su tendencia a derrumbarse, gracias a un aumento continuo de la producción”(20); pero como hemos visto más arriba el capital prácticamente a copado todas las áreas del planeta y ya quedan muy pocos espacios libres por explotar.
El otro recurso utilizado por el capitalismo para reparar el daño que el creciente uso de tecnologías va ocasionando en la producción de valor, esa energía y elemento vivificante del sistema consiste, en mercantilizar todas las esferas de la vida; si en el siglo XIX se había apoderado de la industria y la agricultura, así en el siglo XX, invadió la reproducción cotidiana, sobre todo bajo la forma de “servicios”, “…la necesidad bulímica del capital de encontrar esferas siempre nuevas de valorización del valor le empuja a ‘poner en valor’ esferas vitales que hasta ese momento, eran ‘sin valor’. Esta ‘colonización interior’ de la sociedad ha desempeñado un papel al menos igual de grande que la ‘colonización exterior’ para contrarrestar la tendencia endémica de la producción de valor a agotarse, a causa de la menor cantidad de valor ‘contenida’ en cada mercancía particular debido a que la tecnología reemplaza al trabajo vivo, única fuente del valor mercantil”.(21)
Sin embargo, este proceso de ‘puesta en valor’ de lo que todavía no está sometido a la lógica del valor no ha terminado, ni podrá terminar jamás, pero está terminando, la evolución de las tendencias seculares arriba analizadas llegan inexorablemente a sus asíntotas, por eso la sentencia de Anselm Jappé en este sentido es conclusiva: “Si el capital lograse alguna vez transformar todo en valor, este triunfo sería al mismo tiempo su fin. El valor no es la ‘totalidad’, una realidad que lo engloba todo y del que se trataría de apoderarse, sino que el mismo es ‘totalitario’, en el sentido de que tiende a reducirlo todo a sí mismo, pero sin poder lograrlo. La totalidad no existe sino en cuanto a ‘totalidad quebrada’”.(22)
Como el capitalismo ha resurgido después de cada crisis, renaciendo de cada una de ellas como el ave fénix renace de sus cenizas, cambiando en cada una de ellas, y en efecto, el capitalismo de hoy es muy diferente al de 1800 o al de 1930, muchos se preguntan, si no estaremos asistiendo a otra mutación de este tipo, en la que cambia para perdurar mejor (o peor, pero perdurando); o por qué habría de ser la crisis actual peor que cualquier otra desde hace más de 200 años; o qué tendría de raro que el capitalismo siguiera existiendo bajo formas atípicas, entre catástrofes y guerras; o de sí no será la crisis la forma eterna de sus existencia; incluso algunos (teóricos inclusive) consideran que las ruinas y destrucciones que provoca, no serían necesariamente un síntoma de derrumbe, al contrario, crearían necesidades y sectores de mercado siempre renovados, que permitirían la continuación de la acumulación de capital.
Pero dicho argumento no se sostiene, “los que describe es el nacimiento y la perpetuación de formas siempre cambiantes de dominación y de explotación, pero no la aparición de nuevos modelos de acumulación capitalista. Las formas ‘no clásicas’ de creación de beneficios no pueden funcionar más que en cuanto participación indirecta en el mercado mundial y, en consecuencia, parasitando los circuitos globales del valor.
(…) En términos generales, hay que tener siempre presente que los servicios no son un trabajo que reproduzca el capital, sino que dependen de los sectores productivos. Esto no sólo lo afirma la teoría de Marx, sino incluso la experiencia de cada día: en tiempos de recesión, la cultura y la educación, la preservación de la naturaleza y la sanidad, las subvenciones a las asociaciones y la defensa del patrimonio, lejos de poder servir de ‘motor de crecimiento’, son las primeras en ser sacrificadas por ‘falta de fondos’”.(23)
Con relación a la fabricación de valor cuya producción se agota, por el creciente uso de tecnologías que desplazan a la fuerza de trabajo, verdadera creadora del mismo, hay un espejismo engañoso que viene a nublar el análisis que venimos haciendo; y todo ello basado en el hecho de que en las últimas décadas después de la incorporación plena a los diferentes circuitos del capitalismo mundial de Rusia, Europa del Este, China, India y el sudeste asiático, se han sumado al contingente de la fuerza de trabajo mundial más de 2500 millones de personas, con lo que presuntamente, se habría incrementado y no reducido la base para la producción de valor, resumidas cuentas de que es la fuerza de trabajo el que lo hace fructificar.
Pero el argumento anterior como ya se ha insinuado es pura ilusión; primero, porque “la gran masa de trabajo industrial en esos países se realiza a un bajísimo nivel de productividad y por eso, medido según el estándar de las fábricas automatizadas y superracionalizadas, representa sólo una fracción muy reducida de valor. Pues desde el punto de vista de la producción de valor no cuenta el mero número de las horas trabajadas. Más bien el valor de una mercancía depende del nivel de productividad socialmente válido, que a su vez, hoy en día es definido por los sectores de producción dominantes en el mercado mundial. [2] Y como el nivel de productividad en estos sectores sube permanentemente como resultado de la constante tercera revolución industrial, esto a su vez significa, que el trabajo en los segmentos subproductivos “produce” cada vez menos valor. Por eso, desde la perspectiva capitalista, la producción en estos sectores es sólo rentable siempre y cuando se ejecute con salarios cada vez más bajos y en condiciones laborales más miserables.”(24)
Ante la incompetencia de los dos remedios anteriores para mantener en pie la generación de valor y con ello al sistema en su conjunto, el capital acude a lo que es su última tabla de salvación: el crédito, que no es otra cosa que una anticipación de las ganancias futuras previstas. Pero cuando la producción de valor se estanca (lo que no tiene nada que ver con un estancamiento de la producción de cosas, ya que el capitalismo gira en torno a la producción de valor y no de productos en cuanto valores de uso), solo las finanzas permiten a los propietarios de capital extraer los beneficios que ahora son imposibles de obtener en la economía real. De ahí que el neoliberalismo, muy asociado al desproporcionado papel de las finanzas en la economía no haya sido una sucia maniobra de los capitalistas más ávidos, ni un golpe de Estado gestado con la complicidad de los políticos complacientes, como quiere hacérnoslo creer la izquierda “radical”, sino la única manera posible de prolongar todavía un poco más la vida del sistema capitalista.
Es gracias al crédito, ante las crecientes dificultades para financiar la valorización de la fuerza de trabajo, y en consecuencia para invertir en capital fijo, que aún éste sistema no se ha hundido por completo, al crédito es que debe su supervivencia provisional, y en consecuencia el recurso al mismo no puede más que aumentar con el transcurso de los años y encaminarse hacia un punto sin retorno. Lo que si hay que advertir es que “el crédito, como beneficio consumido antes de haberse realizado, puede posponer el momento en el que el capitalismo alcance sus límites sistémicos, pero no puede abolirlo”.(25)
Hasta nuestros días, para las distintas generaciones de revolucionarios su tarea era combatir frontalmente al capitalismo, el que disponía de infinidad de armas para defenderse. Si esa lucha resultaba victoriosa, el advenimiento del socialismo, el comunismo o cualquiera que fuera el nombre de la radiante futura sociedad soñada, era automática. Conforme a esta visión , la existencia de una clase lo suficientemente fuerte, como para llevar a su fin el programa de los oprimidos, era lo único que se podía hacer para doblegar al capitalismo, el cual sólo desparecía, según esta concepción, por la acción de un enemigo que actuaba precisamente con el objetivo de reemplazarlo por otro orden social.
Ahora estamos frente a una situación inédita, estamos frente a una máquina que se autodestruye, que consume todos los vínculos sociales y todos los recursos naturales para salvaguardar el mecanismo de acumulación de valor, algo que cada vez le resulta más difícil. El capitalismo socava cada día sus propias bases, su hundimiento gradual es patente. Su fin llega, como se ha visto, por sí mismo, en modo alguno como resultado de la intervención consciente de los hombres deseosos de reemplazarlo por algo mejor, sino como consecuencia de su lógica básica, que “es lineal, acumulativa e irreversible, y no cíclica y repetitiva como otras formas de producción. Es la única sociedad que haya existido jamás que contiene en su base una contradicción dinámica, y no solamente un antagonismo: la transformación del trabajo en valor esta históricamente condenada al agotamiento a causa de las tecnologías que reemplazan al trabajo”. (26)
Y finalmente subrayar, que la reducción de la creación de valor en el mundo entero, la insuficiencia de la maquinaria capitalista de fabricarlo, no es un problema secundario, está en la esencia del sistema y sus consecuencias son de una enorme trascendencia, debido a ello “…por primera vez, existen –y en todos lados- poblaciones en exceso, superfluas, que ni siquiera sirven para ser explotadas. Desde el punto de vista de la valorización del valor, es la humanidad la que empieza a ser un lujo superfluo, un estorbo, un gasto que eliminar, un ‘excedente’. ¡Y aquí sí se puede hablar de un factor completamente nuevo en la historia!”.(27)
Notas
Por la amplia cantidad de citas que contiene el ensayo, las notas seguirán la siguiente metodología: el primer número corresponde a la fuente bibliográfica que se encuentra al final de estas notas, el segundo número el año de publicación ya sea en edición impresa o digital, y el tercer número la página en el caso de que la fuente mencionada esté paginada.
1. IV-1993-296.
2. VII-2005-77,78.
3. I-2008.
4. VIII-2008
5. VII-2005-240,241.
6. VII-2005-241.
7. VI-1997-7.
8. VII-2005-241.
9. VII-2005-78,79.
10.IX-2013
11. IX-2013
12. VII-2005-246.
13. VII-2005-80
14. VI-1997-17.
15. VII-2005-83
16. VII-2005-188
17. VII-2005-78
18. II-2011-122.
19. III. En los Grundrisse Marx lo deja claro: “El capital mismo es la contradicción en proceso, [por el hecho de] que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo, mientras que por otra parte pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de la riqueza. Disminuye, pues, el tiempo de trabajo en la forma de tiempo de trabajo necesario, para aumentarlo en la forma del trabajo excedente; pone por tanto, en medida creciente, el trabajo excedente como condición -question de vie et de mort- del necesario. Por un lado despierta a la vida todos los poderes de la ciencia y de la naturaleza, así como de la cooperación y del intercambio sociales, para hacer que la creación de la riqueza sea (relativamente) independiente del tiempo de trabajo empleado en ella. Por el otro lado se propone medir con el tiempo de trabajo esas. gigantescas fuerzas sociales creadas de esta suerte y reducirlas a 1os límites requeridos para que el valor ya creado se conserve como valor". (Karl Marx, "Fragmento sobre las Máquinas". Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858 (1972). Vol. 2, pp. 216-230. Siglo XXI, México. Traducción del alemán de Pedro Scaron. Subrayado de Pedro Cazes Camarero).
20. II-2011-206.
21. II-2011-154.
22. V-2011-155. (Subrayados del autor)
23. II-2011-125-126.
24. Trenkle, Norbert. “Terremoto en el mercado mundial. Sobre las causas subyacentes a la crisis actual de los mercados financieros.” Disponible en: www.herramienta.com.ar/revista-web/herramienta-web-2).
25. II-2011-116.
26. II-2011-127. Sobre los procesos que conducen a la autodestrucción del capitalismo consultar: Jorge Beinstein “Autodestrucción sistémica global, insurgencias y utopías” y “Convergencias: Origen y declinación del capitalismo”. Disponibles respectivamente en:http://lhblog.nuevaradio.org/b2-img/Beinstein_Mexico_octubre2012_1.pdf, http://beinstein.lahaine.org/b2-img/beinstein_convergencias.pdf
27. II-2011-127-128.
Bibliografía
I. Beinstein, Jorge “Los rostros de la crisis. Reflexiones sobre el colapso de la civilización                                 burguesa”. Rebelión 23 abril 2008. Disponible en:                                 http://www.rebelion.org/docs/75463.pdf
II. Jappe, Anselm. “Crédito a muerte. La descomposición del capitalismo y sus críticos”. Editorial Pepitas de Calaza. Logroño. España. 2011.
III. Marx, C. "Fragmento sobre las Máquinas". Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858 (1972). Vol. 2, pp. 216-230. Siglo XXI, México. Traducción del alemán de Pedro Scaron. Subrayado de Pedro Cazes Camarero
IV. Marx, C. “Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850”. Obras Escogidas en tres tomos. Tomo I. p. 296. Editorial Progreso. Moscú.1973.
V. Marx, C. “Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política”
VI. Wallerstein, Immanuel. “Utopística o las opciones históricas del siglo XXI”. Versión revisada de las conferencias Sir Douglas Robb impartidas en la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, los días 16, 22 y 23 de octubre de 1997. Disponible:http://viviendayhabitat.ipvmendoza.gov.ar/material/Hector%20Poggiese/Utopistica%20o%20las%20opciones%20historicas%20del%20siglo%20XXI.pdf
VII. Wallerstein, Immanuel. “La decadencia del imperio. EE.UU. en un mundo caótico.” Editorial Txalaparta. Tafalla. España.2005.
VIII. Wallerstein, Immanuel. “Recordando a Andre Gunder Frank (mientras se piensa el futuro). Monthly Review. 2008, Volume 60, Issue 02 (June). Disponible en inglés en: http://monthlyreview.org
IX. Wallerstein, Immanuel. “¿El final del camino para las fábricas deslocalizadas?”  Comentario Nº 351, 15 abril 2013. Centro Fernand Braudel  de la Universidad de Binghamton de New York. Disponible periódico mexicano La Jornada en su edición del 21 de  abril 2013.

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