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Sección: Mundo Insurgente

Título: Están violando Siria - Bienvenidos a Homs- Enlace 1 - Enlace 2

Texto del artículo:





1. Bienvenidos a Homs

Iniciamos la publicación de una serie de reportajes realizados durante estos días de Navidades por nuestra corresponsal Mónica G. Prieto en la ciudad siria de Homs, sitiada y bombardeada por el ejército del régimen de Bashar Al Asad.












Resultaba imposible reconocer en los restos mutilados que yacían en la cocina de la humilde vivienda al joven Ali Ahmed al Zeib. La mirada curiosa con la que el crío de 15 años miraba horas antes a su madre cuando ésta rememoraba la repentina pérdida de su hermano Mahmud, de 12, víctima de una bomba de clavos lanzada por un tanque sirio un mes atrás en la calle donde vivía, estaba ahora congelada; sus miembros habían desaparecido. Dolía recordar al pequeño Ali mientras ayudaba, unas horas antes, a Umm Yihad a buscar fotos de su hermano, cuando contenía la respiración mientras ésta se refería con orgullo a la pérdida que, decía, “le estaba rompiendo el corazón”. “Pero ha muerto como un mártir de la revolución, gracias a dios, y estoy dispuesta a dar a mis hijos uno por uno para acabar con este régimen. Desde pequeña aprendí de mis padres que Hafez Assad [padre del actual presidente] era un criminal. Pensaba que su hijo no sería tan malo, ahora he descubierto que es incluso peor que su padre”.


Lo que Umm Yihad no podía sospechar es que apenas unas horas después de recibir a Periodismo Humano en su vivienda de Baba Amr, uno de los barrios más significados de Homs, la agresión militar lanzada por el régimen sirio contra sus ciudadanos le arrebataría a otros dos de sus vástagos. A las seis de la tarde del martes 20 de diciembre, un proyectil caía de lleno sobre su residencia provocando lo que Baba Amr considera la peor matanza desde que se rebeló contra Bashar Assad. Ali Ahmed yacía en la cocina convertido en un tronco despedazado, con sus grandes ojos perdidos en el vacío. Uno de sus brazos despuntaba entre los escombros en los que había quedado convertida la vivienda, una hora antes una casa amplia y sencilla donde Umm Yihad repartía frutas, todo un lujo en el cerco de Homs, a los invitados. Los restos de él y de su hermano mayor, Yihad, de 24 años, habían quedado esparcidos formando una grotesca colección de despojos por la habitación. A un lado de la estancia, una enorme bandera con restos de arroz permitía suponer que la explosión que ha vuelto a romper el corazón de Umm Yihad les había sorprendido en plena cena.


El cadáver destrozado de Ali Ahmed al Zeib, 15 años, yace sobre la alfombra de su casa alcanzada por el bombardeo del ejército de Assad. AVISO: Solo publicamos la mitad superior de la fotografía. En la mitad inferior se ven los restos desgarrados del abdomen y la falta de piernas, arrancadas por la explosión (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)


´La familia Al Zeib, bien conocida en Homs, no fue la única víctima de la tragedia provocada por las fuerzas de Bashar Assad. Parte de la vivienda vecina, perteneciente a los Al Aad, emparentada con los primeros, colapsó por la potencia de la explosión. El polvo y el olor a muerte y a explosivos impregnaban un ambiente irrespirable. Los alaridos de los vecinos, desencajados, hacían la atmósfera aún más irreal.


“¡Por aquí, por aquí!” La escalera, cubierta de escombros, conducía a una segunda planta donde varios hombres trabajaban frenéticos. Uno de ellos iluminaba con una linterna, arrojando alguna luz en la impenetrable oscuridad de la noche de Homs, donde el presidente sirio no permite que sus habitantes disfruten del lujo de la electricidad como castigo por no someterse a su régimen policial. Otro era conminado a llevar una manta. Un tercero, en el tejado, bajó como pudo una masa ensangrentada: una columna vertebral con colgajos ensangrentados. Los lanzó sobre la manta y acto seguido vomitó. El segundo hombre los envolvió mientras los demás trataban de localizar más restos de quien horas antes se disponía agotar un nuevo día de horror.


Manifestación en el barrio Baba Amr de Homs, 22 de Diciembre, 2011. (Mónica G. Prieto /Periodismo Humano)


Bienvenidos a Homs, desde hace cinco meses asediada, bombardeada y atacada por las fuerzas de la dictadura siria, donde los supuestos salafistas que clama combatir el régimen son niños, mujeres y hombres cuyo delito es exigir libertad. Bienvenidos al Homs real, tan diferente al que describe el Gobierno de Damasco, que asegura estar combatiendo terroristas armados y donde las únicas armas son las de soldados desertores sin munición suficiente para mantener un combate cuerpo a cuerpo con el Ejército agresor y sus milicias, los shabiha, fuerzas irregulares con impunidad suficiente para disparar aleatoriamente en tiroteos constantes, que suelen causar una decena de víctimas diarias.



Bienvenidos a Homs, donde los únicos lugares donde tratar los heridos son viviendas particulares habilitadas como hospitales de campaña como el que alojaba a los miembros de las familias Al Aad y Al Zeib, donde los heridos comparten estancia con los pedazos de sus familiares porque los hospitales públicos están tomados por leales al régimen y han sido convertidos en centro de detención y torturas. Bienvenidos, en fin, a Siria, donde sus ciudadanos viven en tal estado de miedo que ni los heridos se atreven a dar sus verdaderos nombres por miedo a que ellos o sus familias sufran represalias por haber recibido un disparo del Gobierno al que mantienen.




Crónica bajo el bombardeo de la ciudad de Homs, en los días de Navidad 2011, realizada clandestinamente por la periodista Mónica G. Prieto durante el asedio.


En el cementerio de Al Naas, cercano a las vías del tren, 40 tumbas yacen abiertas como heridas en la tierra. “En esta ciudad somos todos proyectos de mártir, hay que mantener las sepulturas listas cada día para acoger a nuestros shahid”, explica Abu Ayyad, uno de los ciudadanos que ha consagrado su vida a la revolución popular contra el régimen. A su lado, tumbas recientes y precarias informan de la suerte de un nuevo mártir. “A menudo disparan contra los funerales, así que no se puede permanecer mucho tiempo aquí”, informa el mismo joven. A veces un trozo de cartón hace las veces de lápida, símbolo de la precariedad y la urgencia. “Shajid Marzuk Sharif al Nasser, torturado y muerto en el hospital militar”, reza una de ellas. “En Homs ya no lo llamamos masfah al askari, sino maslah al askari”, confía uno de los activistas, provocando sonrisas en el resto. La expresión masfah al askari, hospital militar en árabe, ha sido sustituida por maslah al askari, matadero militar.


Horas después, en plena noche, las familias Al Zeib y Al Aad enterraban lo que quedaba de los suyos en el lugar. En el hospital de campaña no existe una morgue donde mantener los restos durante mucho tiempo: lo más parecido es una habitación donde depositan los cadáveres y les echan hielo para conservarlos hasta que éste se funde. A la mañana siguiente, tuvieron que celebrar otro oficio para los últimos restos humanos hallados entre los escombros cuando la luz del día permitió encontrarlos.


El cadáver de un ciudadano muerto por los disparos del ejército de Assad yace en una camilla en la ciudad de Homs. Diciembre, 2011. (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)


El improvisado hospital funciona casi exclusivamente con un generador. La electricidad nunca fue un problema en Homs hasta que comenzó la revolución, tampoco el agua. Ahora el régimen usa ambos elementos a modo de castigo colectivo. Sólo hay cuatro horas de suministro y nunca se sabe cuando comienza y cuándo acaba. Pero en la tercera ciudad de Siria faltan muchas cosas. Cada mañana se forman colas ante los camiones de gasóleo y los lugares donde solían venderse bombonas de gas. Los vecinos se preguntan unos a otros dónde encontrar combustible, imprescindible para alimentar las calefacciones dispuestas en el salón de cada casa y combatir las bajas temperaturas, cercanas a cero grados, que vive Homs en invierno.


Los suministros médicos son otra de las grandes carencias. Y no es porque la población no los acumulara antes o porque no haya encontrado la forma de entrarlos desde el exterior de contrabando, con la ayuda de sirios exiliados o huidos durante la represión para evitar una orden de búsqueda y captura, sino porque es muy difícil romper el férreo cerco impuesto por el régimen en la ciudad. El único médico que dirige el hospital de campaña, Abu Berri, un hombre buscado por las autoridades -“por salafista”, dice con una gran carcajada mientras se mesa la barba y se recuesta sobre Lina, su enfermera, quien responde cómplice a la broma palmeando la rodilla del doctor- hace un repaso de qué necesitan. “Sangre, suero, anestesia, antibióticos, vendas, respiradores… Estamos amputando con cuchillos. Las traqueotomías las practicamos con los tubos de las arguiles [pipas de agua] por falta de equipamiento. En esta casa de tres habitaciones operamos, estabilizamos, lavamos los cadáveres y hasta cosemos las mortajas. Es un milagro que salvemos vidas”.




Civiles de Homs cruzan corriendo una avenida bajo el fuego indiscriminado de francotiradores y soldados del ejército de Assad. (Mónica G.Prieto /Periodismo Humano)


Todo parece suceder por milagro en Homs. Muchas víctimas de la represión no pueden alcanzar el cementerio con seguridad. Depende de dónde sean colocados los 40 checkpoints gubernamentales, según estiman los activistas, de dónde hayan tomado posiciones los francotiradores dispersos en los tejados de la ciudad, de dónde se haya producido el deceso y de cuánta distancia les separe del camposanto. Tantas veces los vecinos se ven obligados a enterrar a los suyos en los jardines de sus casas, porque el fuego les impide llegar más lejos.


Baba Amr se considera afortunada pee a todo. A diferencia del resto de Homs, el Ejército Libre de Siria, la formación de soldados que han desertado espantados por las exacciones del régimen, siguen controlando el barrio. Ocho puestos de control de esta paupérrima milicia protegen los accesos de forma precaria, y sus miembros vigilan a todo extraño que intente penetrar en el barrio. Sus medios son los mismos con los que desertaron: en la calle Shaat al Arab, un solo lanzagranadas está apoyado en el muro, junto a los sacos de arena que han sido amontonados a modo de trinchera.


Niños de Homs, Diciembre, 2011 (Mónica G.Prieto / Periodismo Humano)


Si el régimen decide someterles por las armas, lo puede hacer en pocas horas pero el número de víctimas sería masivo. “Nuestra única misión aquí es defender a los civiles. No tenemos capacidad para lanzar un ataque contra el Ejército de Bashar”. Seguramente sea eso lo que les impida tomar esa decisión, y lo que permite que Baba Amr sea ahora escenario de protestas diarias e improvisadas donde desde niños hasta ancianos corean consignas que van desde la consabida “Sólo dios, Siria y libertad” hasta “preferimos morir libres que vivir sin dignidad”. Una amalgama de coros en las calles que ellos consideran un soplo de libertad.


2. “Están violando Siria”

Segundo capítulo de las "Crónicas de Siria"realizadas clandestinamente, en estas Navidades, por nuestra corresponsal Mónica G. Prieto en la sitiada ciudad de Homs.



Hasta que los bombardeos fueron continuados, las protestas se celebraban en todo Homs.






Manifestación en Homs, Diciembre, 2011 (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)


HOMS.- Un tambor que golpea rítmicamente marca el ritmo de los manifestantes. Un joven, obrero de 23 años hasta la revolución, entona canciones coreadas por los asistentes. “Qué vergüenza, Bashar, que sigas siendo el presidente cuando eres un criminal”. “Lárgate Bashar”, responde a gritos la multitud. Entre gritos y coros, una voz masculina surge por un altavoz. “Sobre todo, no os acerquéis a los checkpoints. Disparan a matar, así que lo repetimos una y mil veces: no os aproximéis a ellos”. Un consejo vano: la población de Homs ha aprendido a evitar, en la medida de lo posible, estos puntos de control así como las avenidas, donde los francotiradores disparan indiscriminadamente a quien se mueve.


Hasta que los bombardeos fueron continuados, las protestas se seguían celebrando en todo Homs. Los viernes, miles de personas salían a sus calles; el resto de los días, centenares se congregaban en sus barrios, aislados unos de otros por puestos militares, para corear consignas contra el régimen de Bashar al Assad y mostrar pancartas donde se urge a la comunidad internacional a actuar.


Manifestación en Homs, Diciembre, 2011 (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)


“Libertad para nuestros hermanos e hijos en prisión”. “Paren la masacre”. “¿Dónde está la Liga Arabe?”. “No somos chiíes, alauitas o suníes: todos somos sirios”. Gritos mudos en una revolución a la que muchos cuestionan su legitimidad llevados por la propaganda que califica de terroristas a una población civil unida en su exigencia de libertad independientemente de clases sociales, edades y religiones. Una población decidida a proseguir hasta el final, porque cada crimen del régimen les insufla nuevas fuerzas.



No se pueden ver armas en las protestas, a no ser que los megáfonos de quienes las dirigen pretendan ser consideradas como tales. Tampoco los supuestos terroristas a los que dice combatir Bashar al Assad, sólo hombres, mujeres, adolescentes y niños de corta edad, omnipresentes en las marchas y con la firme voluntad de hacer audible lo que está ocurriendo en Siria.


http://www.youtube.com/watch?v=HkmPtBAzHGU&eurl=http%3A%2F%2Fperiodismohumano.com%2F%3Fp%3D71944&feature=player_embedded


Manifestación en Homs. Diciembre, 2011. ()


“En Occidente las fuerzas de Seguridad están para proteger a los ciudadanos, aquí nos matan. Sólo dan seguridad al régimen asesino”, decía un estudiante de Filología, que sólo se identificaba como Bilal, en una de las marchas celebrada poco antes de la sangrienta ofensiva de Homs, en el barrio de Inshaat. “Pero sus crímenes nos dan valor. Si paramos nos matarán, nos arrestarán en nuestras casas, este gobierno está loco”, añadía otro universitario a su lado. Ambos, como otros muchos consultados, pedían a la comunidad internacional que declare una no fly zone que impida a las fuerzas armadas sirias atacar manifestantes.


Casas destruídas en Homs. Diciembre, 2011(Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)


“Nuestro presidente es un malnacido sin cerebro”, dice otra de las participantes en la protesta. Tiene unos 50 años, se expresa en perfecto inglés y sigue en estado de shock tras haber conocido, la víspera, las consecuencias de una explosión contra tres casas donde perecieron cinco miembros de una familia, cuatro de ellos niños, en el vecino barrio de Baba Amr. “Nos están asesinando y a nadie le importa. Los shabiha [milicias progubernamentales] están secuestrando y violando niñas. Están violando Siria”.



Manifestación en Homs, Diciembre, 2011 (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)


Aparece otra mujer de similar edad, quien en perfecto francés pide hablar con la periodista. “¿Cómo nos puede hacer esto una persona que se educó en Europa, que sabe lo que es la democracia? ¿Cómo es posible que su mujer no diga nada, que no se marche del país para no ser cómplice de esta matanza?”. “Mire, nos están matando. No nos devuelven los cadáveres hasta que la familia no firma un papel donde dice que la víctima pereció a manos de terroristas. Mi marido es el responsable de una clínica privada: entraron a las cinco de la madrugada y se llevaron a los ocho heridos que tenía hospitalizados. Algunos estaban en la unidad de cuidados intensivos: les arrancaron la respiración asistida y los tiraron al suelo, les pisotearon. Dos de ellos murieron allí mismo; el resto fueron conducidos al hospital militar”.


Todos tienen una atrocidad que contar. Una muerte, una detención, una desaparición, un caso de torturas cercano. Todos maldicen al régimen sirio, y todos encuentran nuevas fuerzas para salir a las calles. “Llevamos años esperando este momento”, suscribe Leila, profesora en la universidad. “Para nosotros está siendo muy duro, aunque llevamos 40 años acostumbrados a estos criminales. Pero la comunidad internacional está negociando con él bajo la mesa, la población no es su prioridad. Los Derechos Humanos no le preocupan a la comunidad internacional”, lamenta. “Mientras Bashar no se vaya, seguiremos manifestándonos porque, si abandonamos, todos seremos arrestados”.


Abu Nur muestra sus heridas (Mónica G, Prieto / Periodismo Humano)


Abu Fares, 72 años, afirma llevar “toda la vida rezando” para vivir esta revolución. El, su esposa, sus hijos y nietos llevan participando en las manifestaciones desde que comenzaron, y afirma que no abandonarán pese a que su hijo, Abu Nur, de 35 años, yace convaleciente del segundo disparo de francotirador que recibe en los últimos meses. La primera vez fue en Baba Amr el seis de mayo, cuando un disparo le alcanzó en el vientre; la segunda, cuatro días antes de la entrevista: trataba de rescatar a un herido que yacía en la calle cuando una bala le atravesó el brazo y salió por su espalda.


Reclinado en el tradicional recibidor árabe, la sala más caliente de la casa dado que es la única que cuenta con estufa de gasóleo y, por tanto, el dormitorio familiar en estos días de invierno y cerco militar, Abu Nur se incorpora con dificultad. “Me seguiré manifestando hasta que muera”, dice tras una pausa, mirando directamente a los ojos. A su lado, su padre apunta: “Aún tiene una última batalla que librar”. “No nos entregaremos, no retrocederemos hasta el momento de nuestra muerte”, continúa el herido. Sus palabras recuerdan a una pintada que puede leerse cerca de su casa, y que reza: “Nunca nos arrodillaremos”.


Pintadas en Homs, Diciembre, 2011 (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)


Las pintadas, antes inéditas en la Siria de la dictadura, son ahora legión en Baba Amr. Cierto ambiente de libertad se respira en sus calles defendidas del Ejército sirio por la precaria milicia de desertores que conforman el Ejército Libre de Siria, que tienen el barrio de Homs como único reducto en todo el país. Los niños improvisan protestas con cánticos contra el régimen y lanzando vivas al ELS, los mayores hacen lo mismo reuniéndose en pequeños grupos de vecinos que, armados con un megáfono, gritan todo lo que no pudieron gritar en 40 años de dictadura.


Manifestación en Homs, Diciembre, 2011 (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)



“Queremos libertad, por nuestros muertos y por nuestros derechos”, explica una universitaria en una de las protestas nocturnas del barrio insurrecto, que antes de la ofensiva militar se celebraban a diario. “Hemos intentado pedir ayuda a Turquía, a la Liga Arabe, a la comunidad internacional, y nadie apoya nuestro derecho a la libertad. Ahora ya no queremos a nadie. Dios nos ayudará a ganar nuestra revolución”.