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Secciones: Documentos militante IU/ PCE -  Congresos

Título: Documentos aprobados en el VIII Congreso del PCM- Enlace 1 - Enlace 2

Texto del artículo:

Estimados/as camaradas: adjunto los documentos aprobados en el VIII Congreso del PCM
así como los estatutos. Van maquetados juntos.
Un saludo.
Ana M.
Org. PCM
www.pcmadrid.org
logo VIII Congreso PCM
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Anticipo del texto:




ÍNDICE




DOCUMENTO POLÍTICO ORGANIZATIVO


INTRODUCCIÓN
Con la celebración del VIII Congreso del Partido Comunista de Madrid, culmina en nuestra federación el proceso del XVIII Congreso Federal del Partido Comunista de España. Es el momento de situar según sus conclusiones el papel del Partido en la sociedad madrileña y española, trabajando junto al resto de las federaciones del Partido para alcanzar los objetivos marcados por el XVIII Congreso, integrándonos plenamente en la organización para entre todos/as hacer del PCE un Partido para todo el país. Para ello es necesario impulsar la organización con el objetivo de recuperar la misma, hacerla crecer e intentar tener presencia en todo el territorio y los sectores de nuestra comunidad, basándonos en la libertad de debate, la disciplina consciente, la unidad y la organicidad.
El VIII Congreso del Partido en Madrid es la reafirmación de nuestra unidad para trasladar a nuestro territorio los acuerdos del XVIII Congreso Federal del PCE. Es el territorio de la Comunidad Autónoma de Madrid, donde debemos llevar a la práctica los acuerdos congresuales. Ello requiere el conocimiento por parte del conjunto de la militancia de estas políticas, así como enmarcar el escenario en el cual el PCM desarrolle sus propios planteamientos teóricos y prácticos propios de Madrid. A esto, entre otras cosas, pretenden contribuir este documento.
El XVIII Congreso ha confirmado que el objetivo fundamental del Partido es la transformación revolucionaria de la sociedad y de sus estructuras políticas, la superación del sistema capitalista y la construcción del socialismo en nuestro país, como contribución al tránsito hacia el socialismo en el plano mundial, con la perspectiva de la plena realización del ideal emancipador del comunismo. Una mínima profundización en este objetivo, revela lo necesario de una mayor concreción a la hora de establecer las líneas estratégicas que deberán definir las prioridades políticas del Partido en este periodo. Del mismo modo, será necesario tener la capacidad de análisis y síntesis para, a partir de estos planteamientos estratégicos, realizar las concreciones tácticas para el trabajo cotidiano de la militancia comunista.
El fortalecimiento del PCM, pasa por:
Fortalecer y aclarar la línea ideológica para poder librar la batalla que el sistema capitalista impone en su estrategia de pensamiento único y fin de las ideologías. Nuestra herramienta fundamental de análisis es el marxismo.
Establecer las líneas políticas básicas, coherentes con la línea ideológica, que nos permita hacer política en tiempo real.
Establecer un modelo organizativo para afrontar el reto impuesto en base a tres conceptos fundamentales: libertad en el debate, unidad y disciplina, así como la autocrítica y la ética comunista, recogiendo lo mejor del modelo de Partido leninista.
El reto colectivo es poner en marcha:
Un Partido que aspire a ser el Partido de y para la clase obrera y articular los medios necesarios, basándonos en la experiencia histórica de la lucha y el ejemplo de sacrificio militante para poder madurar su estado de conciencia. Es fundamental el estudio a fondo de los cambios producidos en el seno de la clase obrera, su papel actual en el sistema, su grado de alienación, etc.
Un Partido que sea capaz de analizar la nueva estructura socio-económica internacional, española y madrileña, que no pierda la perspectiva de donde están los centros reales de poder para empezar a elaborar una alternativa al modelo capitalista vigente. Que analice desde el método marxista las causas de la crisis económica y sus consecuencias y proponga alternativas desde el cuestionamiento del modelo de producción capitalista, avanzando hacia el socialismo y el comunismo.
El Partido se ha de dotar de un programa político donde se dibujen alternativas de la organización de los trabajadores frente a la explotación del hombre por el hombre para la obtención del máximo beneficio posible del modelo socioeconómico actual, de la mujer frente a las nuevas formas de patriarcado desde un feminismo reivindicativo, al modelo de desarrollo actual basado en un crecimiento depredador de recursos, al modelo y forma del Estado, al proyecto de unidad europea, a la guerra como instrumento del imperialismo…
Un Partido que no renuncia a su historia y trabaja en la recuperación de la memoria histórica y democrática de este país, porque entiende que es un tema de justicia hacia aquellos que antes de nosotros lucharon por defender nuestras ideas; así como de futuro, porque es imprescindible para una sociedad saber de dónde viene.
Un Partido que participa e impulsa un movimiento sindical de lucha, de clase y no de concertación, combativo, internacionalista y movilizador.
Un partido que defiende y hace suya la lucha por la igualdad real entre mujeres y hombres, atacando hasta su total destrucción el sistema patriarcal, como componente perverso del sistema capitalista.
Un Partido que esté en la calle y visualizado en el conflicto social y organizado en barrios, centros de trabajo, de estudio, pueblos, etc.
Un Partido que se movilice y organice la movilización social por la III República como lucha de futuro, teniendo en cuenta que en la historia de nuestro país la reivindicación de la república siempre ha sido patrimonio de los trabajadores y las fuerzas más progresistas.
Un Partido que dedique máximos esfuerzos a la formación, a la agitación y a la concienciación.
Un Partido que mantenga el espíritu internacionalista que ha caracterizado a la clase obrera a lo largo de la historia, aspecto que cobra aún más importancia en el contexto de globalización capitalista que estamos viviendo.
Un Partido que enfatice su tradicional estrategia de alianzas políticas y sociales, trabajando y apostando por IU sin renunciar a nuestros objetivos como comunistas, en concordancia con lo aprobado en el XVIII Congreso.
Un Partido que sea capaz de elaborar una nueva política de comunicación para transmitir nuestra política y reclamar la democratización del sistema de comunicación. Para conseguir espacios de comunicación con los que se conozcan nuestros argumentos y propuestas, hay que insistir con eficacia y coherencia en la necesidad de recuperar un auténtico servicio público en la información, denunciando que la nueva Ley General de la Comunicación Audiovisual reduce lo público, bloquea lo social y concede absoluta impunidad a lo comercial, exigiendo el derecho de acceso que por la legislación vigente nos corresponde en RTV Madrid.
Así, dedicamos nuestro Congreso a:
Caracterizar la crisis como crisis global del sistema capitalista y definir una propuesta alternativa, democrática y progresista ante la misma;
Reafirmar la lucha por la III Republica como objetivo estratégico en la perspectiva del Socialismo y el Comunismo;
Destacar la centralidad de la lucha de clases y del conflicto social, el trabajo de los comunistas en CC.OO, en el movimiento sindical, en los movimientos sociales y en la clase trabajadora en su conjunto.
Alcanzar la igualdad real entre mujeres y hombres en lo interno y en lo externo.
Comprometer al Partido en el imprescindible proceso de refundación política, social y organizativa que propone IU, para convertirse en el sujeto político fundamental de ese proceso.
Reconducir una política de alianzas y pactos básicamente institucionalista a un territorio esencialmente social, impulsando el encuentro, diálogo y convergencia unitaria de las numerosas expresiones sociales de naturaleza progresista y anticapitalista.
Abordar la reconstrucción política, ideológica y organizativa del Partido, la concreción de la política del Partido en Madrid y el impulso organizativo del mismo, sus procesos de renovación interna, su cohesión, su unidad y disciplina.
En definitiva, un Congreso centrado en el análisis marxista de los problemas de hoy.
Un análisis desde la afirmación de nuestra identidad comunista, convencidos que lejos de significar dogmatismo alguno, la identidad es precisamente aquello que nos distingue de las demás opciones políticas, con nuestro carácter de clase, nos hace útiles, restaura nuestra capacidad de lucha y legitima nuestra vigencia .
Por ello, el XVIII Congreso del PCE dejó una positiva percepción en la militancia y en nuestra base social, así como una agria reacción de nuestros adversarios políticos.
Para llevar a cabo estas tareas, es necesario dar un impulso decidido al conjunto del Partido en Madrid para que superemos el trabajo aislado de las agrupaciones por un trabajo unitario cualitativamente superior tanto en nuestra región como en el conjunto del país. Un planteamiento mínimamente autocrítico, nos debe hacer preguntarnos qué parte de responsabilidad como comunistas tenemos en la falta de respuesta de una sociedad que, inmersa en la mayor crisis capitalista de los últimos 40 años, debería estar en llamas. Lo cierto es que si bien hemos iniciado una recuperación del Partido de forma ilusionante, “poniendo a tono” la musculatura del Partido, tanto a nivel de propuesta alternativa, como de capacidad de organización de la respuesta en la calle, y asumiendo nuestros avances en IU tras su última Asamblea Federal, hemos visto también nuestras carencias y todo el camino que queda por recorrer. El Partido será sin duda un sujeto fundamental en el conflicto, pero lo será solo si culminamos nuestro proceso de reorganización y fortalecimiento político. Y para eso, debemos ponernos en marcha cuanto antes.
El trabajo del Partido debe estar encaminado a convertirnos en vanguardia, con nuestra presencia en la calle, en la sociedad, en los centros de trabajo y en todos los escenarios donde se represente la lucha de clases, presentando nuestras propias propuestas y alternativas políticas en la perspectiva de superación del sistema capitalista y de ruptura con la monarquía parlamentaria fundamentada en un nuevo proceso constituyente. La transformación social necesita un cambio radical en la forma de entender la política y la democracia en la actualidad. Nuestra propuesta republicana no es sólo cambiar la forma de Estado sino que está unida a la extensión de las formas de la democracia participativa, no sólo en lo institucional sino creando un tejido social alternativo.
Este trabajo del Partido debe hacerse en clave de convergencia social, ligada a la Convergencia política, que se concreta en nuestra apuesta por la Refundación de IU. Definimos la refundación como la apuesta de los comunistas por conseguir la hegemonía política y cultural que la derecha nos ha arrebatado en los últimos años.
En línea con lo expuesto, planteamos la necesidad de conseguir la máxima Unidad Social y Política en torno a una Alternativa Social Anticapitalista, que desarrolle los siguientes elementos básicos:
Pleno Empleo, para lo que es fundamental la apuesta por el empleo público.
Universalización de los derechos sociales exigibles por Ley.
Desarrollo de los servicios públicos.
Banca pública.
Participación de los trabajadores/as en la planificación de la economía y en el control de las empresas.
Reforma fiscal que busque dinero para financiar la salida social de la crisis y lo busque donde realmente está, en manos de la Banca y de los grandes capitales, que persiga el fraude fiscal y la economía sumergida. Fiscalidad progresiva.
Apuesta por la defensa de un modelo de desarrollo sustentado en la sostenibilidad ambiental que parta del cambio de la política energética.
Reformas legales para frenar la corrupción, acabar con los paraísos fiscales y regenerar la vida política y empresarial.
En torno a esta Alternativa Social Anticapitalista debemos organizar la movilización, organizar actividades para explicarla, desarrollarla y ampliarla en centros de trabajo, de estudio, en barrios y pueblos, para evitar que desde el sistema se proclame el fin de la crisis sin tener resuelta la situación de más de cuatro millones de parados y de la quinta parte de la población que está por debajo del umbral de la pobreza.
CONTEXTO DE CRISIS Y HEGEMONÍA
Crisis del modelo económico
Se abre el Congreso del Partido Comunista de Madrid, con datos que ponen de manifiesto la importante crisis en la que nos encontramos, con un año 2009 que ha terminado con 800.000 nuevos parados en España y más de un millón de familias en las que ninguno de sus miembros tiene trabajo, arrojando el paro oficial registrado más de cuatro millones de trabajadores, de los que medio millón son madrileños. Esa es, estadísticamente, la principal preocupación de la gente, junto a la corrupción e ineficacia de los políticos. Su consecuencia fundamental, que debemos rechazar radicalmente, es el desprestigio de la política.
Simultáneamente, también ha terminado 2009 con índices record en el alza del IBEX y con el mantenimiento de la tasa de beneficios de las grandes empresas financieras y de servicios ?que ya anuncian subidas de tarifas?, con un proceso de acumulación sostenido, unas fusiones de cajas de ahorro, subvencionadas por el Estado, que suponen nueva destrucción de miles de puestos de trabajo, y el inicio de privatización de las mismas, con el anuncio de “modificaciones” muy agresivas en el sistema de la seguridad social y las pensiones. Todo eso no está, sin embargo, tan impreso todavía en las preocupaciones fundamentales de la gente mientras el presidente de la patronal aguanta desafiante la impudicia de su gestión nacional e internacional sentado con las cúpulas sindicales preocupadas por no desestabilizar al gobierno, tras el cauteloso correctivo que han supuesto las insuficientes movilizaciones de diciembre y febrero. Las nuevas movilizaciones con que amenazan los sindicatos mayoritarios son tímidas, de momento, por lo que los comunistas, aún sin dejar de apoyarlas, debemos impulsar otras más enérgicas.
Detrás del “pensionazo” como globo-sonda, se esconden designios más peligrosos derivados de la reprimenda a Zapatero en Davos por su torpeza en la aplicación del dogma neoliberal y la reciente recomendación del Fondo Monetario Internacional a Grecia, Portugal y España para que apliquen políticas de reducción salarial y ajustes duros en el sector público. Se trata de seguir culpabilizando y metiendo miedo a una clase trabajadora crecientemente débil como estrategia que permita ir adoptando medidas en las que están de acuerdo PSOE, PP y nacionalistas (aumento de los años para el cálculo de las pensiones, reforzamiento de las ETT y aumento de la precariedad, congelación salarial, eliminación de los convenios colectivos, despido gratuito...) para la reposición de la tasa de ganancia a costa de los trabajadores y el ahorro fiscal a costa de sus derechos constitucionales. Si quieren ahorrar, deben empezar por reducir la asignación a la Casa Real, eliminar las subvenciones a la Iglesia Católica y disminuir drásticamente el presupuesto de defensa. Si quieren recaudar, como preludio a la reforma fiscal necesaria, ahí tienen el gigantesco fraude fiscal existente en nuestro país y las famosas SICAV (sociedades de inversión de las grandes fortunas) que solo tributan al 1%, así como los beneficios del banco de Santander que es la entidad financiera que más plusvalías ha obtenido a nivel mundial en el último año (9.000 millones de euros).
Estos datos nos alertan que la situación económica es de suma gravedad, puesto que se ha trasladado a los trabajadores la responsabilidad para solucionar los problemas financieros, mediante la inaccesibilidad al empleo, la reducción salarial, la pérdida de sus cotizaciones sociales, la dificultad de acceso a la vivienda, el crecimiento del nivel de endeudamiento, o el paulatino empeoramiento de las condiciones laborales. Mientras, los privilegios económicos se mantienen y las grandes empresas siguen recibiendo el apoyo de un gobierno arrinconado en la esquina del viejo capitalismo, más actual que nunca.
Igualmente, los últimos acontecimientos en Europa que enmarcan el retroceso de las conquistas sociales de los trabajadores españoles con bajadas de salarios, pensiones,… con una ofensiva de los poderes económicos que ha supuesto una antidemocrática intervención de organismos internacionales no electos como el FMI, hacen que la respuesta de la izquierda política y sindical griega ponga de manifiesto; por un lado la gravedad de la situación y por otro la naturaleza de la respuesta que deberíamos impulsar también desde aquí.
La ofensiva clerical, ultra y judicial, con la pasividad interesada del PSOE, convierte la batalla de ideas en un elemento crucial.
Los síntomas de agotamiento del modelo capitalista son visibles en muchas de sus representaciones. El empobrecimiento cada vez más acuciante en la que se encuentra la clase trabajadora en este contexto de crisis es quizás la más visible, pero es necesario profundizar en los aspectos constitutivos del modelo.
En este sentido, y desde el análisis marxista, debemos hablar de la división sexual del trabajo como una opresión que sufre la mitad de la clase trabajadora, pues no ha sufrido la opresión del patriarcado de la misma forma la mujer de clase trabajadora que la de la burguesía, como alguna presidenta de comunidad autónoma o presidenta de cierto banco, por poner un ejemplo. De ahí que estemos convencidos de que la división sexual del trabajo solo se puede superar previa emancipación de la clase trabajadora, ya que lejos de estar superándose, como nos vende el discurso neoliberal en Occidente, se está internacionalizando.
1. Capitalismo y división sexual del trabajo
El modelo capitalista, construido, entre otros elementos, sobre la división sexual del trabajo mediante la separación artificial entre el espacio de producción y el espacio de reproducción, relega la esfera doméstica en exclusiva a las mujeres, invisibilizando el trabajo realizado en dicha esfera y desvalorizándolo como trabajo socialmente necesario.
La división sexual del trabajo se fundamenta sobre la idea de que el trabajo en la esfera doméstica no es un trabajo de producción, lo que en una economía de mercado significa la no valorización del mismo. La salida neoliberal apuesta por la mercantilización de dicho trabajo, sin embargo la reproducción de la vida humana tiene una carga simbólico- afectiva que el mercado no puede contabilizar económicamente.
Esta separación es intrínseca al modelo capitalista externalizando e invisibilizando todos los costes que se derivan de la reproducción de la vida humana y generando una cantidad ingente de plusvalías económicas, muchas veces denunciadas por el movimiento feminista.
En el contexto de los países del norte esto deriva en dos características esenciales:
Por un lado, la incorporación de la mujer al mercado laboral no repercute en una incorporación del hombre al trabajo de los cuidados como lo demuestran las diversas encuestas sobre el uso del tiempo. Mientras que las mujeres dedican alrededor de seis horas diarias a los cuidados de la familia, los hombres no alcanzan las dos horas y media. La llamada “doble jornada” a la que las mujeres occidentales se ven abocadas es un fenómeno de plena actualidad. Somos conscientes de que esta situación no se puede erradicar de la noche a la mañana, y menos sin una educación adecuada y basada en unos valores distintos de los actualmente dominantes. Es una cuestión ideológica, manada del nivel económico, pero ideológica.
Por otro lado la internacionalización del trabajo de reproducción a través de las llamadas “cadenas globales de cuidados”. La población femenina migrante es quien empieza a asumir el trabajo de cuidados, relegándolo a una esfera profundamente invisibilizada y muy denostada.
Contratos, en el mejor de los casos, de semiesclavitud fundamentados en Real Decreto 1424/1985 de 1 de agosto por el que se regula la Relación Laboral de Carácter Especial del Servicio del Hogar. Salarios ínfimos, jornadas laborales interminables y relaciones de subordinación son sus características principales. Todo ello articulado sobre una clara dimensión de clase, puesto que son aquellas capas sociales con rentas elevadas las que acceden a este mercado de cuidados privatizado, en el marco de un estado asistencialista que no asume desde los servicios públicos la necesidad de los cuidados. Esto tiene que ir unido a un análisis sobre la dificultad de sindicalización y lucha colectiva de este sector, caracterizado por el aislamiento en los espacios domésticos específicos y una gran fragmentación, lo que convierten a estas trabajadoras en un sector muy precarizado y vulnerable.
En la mayoría de los casos las trabajadoras del hogar no tienen un contrato, por lo que la situación es mucho más terrible y está mucho más invisibilizada.
La propuesta del PCM tiene que ser superadora de la situación actual mediante la ruptura de la división sexual del trabajo.
La esfera de reproducción, en términos marxistas, debe ser entendida como esfera de producción de la fuerza de la clase trabajadora. Como espacio en el cual se produce y se reproduce la vida humana.
La tarea comunista pasa por centrar la atención en las condiciones necesarias para que la clase trabajadora desarrolle sus expectativas vitales en condiciones de dignidad y libertad. Para ello es necesario romper la dualidad artificial de estas dos esferas, con todo el potencial revolucionario y transformador de esta propuesta.
La valorización de los cuidados como trabajo socialmente necesario y no exclusivo de las mujeres debe ser uno de los primeros pasos. Este discurso en oposición al difundido por el modelo hegemónico supone un salto cualitativo y necesario en la propuesta socialista, subvirtiendo uno de los principios sobre los que se construye el modelo capitalista.
En lo concreto y en una primera fase deberá ser el Estado a través de unos servicios públicos de calidad quien asuma la responsabilidad de una parte de cuidados (educación, sanidad, etc). Otras medidas fundamentales serán la creación de empleo y el reparto del mismo a través de la jornada de 35h y desde luego la incorporación de los hombres a la tarea de cuidados en igualdad de condiciones que las mujeres.
Crisis del modelo social
No sólo nos encontramos ante una crisis del sistema económico, sino que tal y como Marx estableció, las crisis son inherentes al sistema capitalista y garantía de su continuidad. El fin del capitalismo será el del triunfo de la lucha de la clase trabajadora organizada. Elcapitalismo no va a morir, sigue recomponiéndose de su actual crisis, y nuestra obligación es la de sequir impulsandola lucha de clases, para evitar que la salida que se está preparando deje una ciudadanía más alienada, un consumidor más compulsivo y un trabajador más débil y asustado, como comparsas de la perpetuación del sistema.
Por tanto, es necesario que sigamos insistiendo en que no podemos considerar la actual coyuntura económica como transitoria, puesto que eso significaría negar las condiciones que permitan a la clase trabajadora avanzar en la agudización de las contradicciones del sistema, y provocar en un futuro su quiebra y la consecución del socialismo. En ese sentido tenemos que volver a ser visibles como comunistas para la clase trabajadora. Es una realidad que las condiciones que se iniciaron en Europa ante la victoria del capitalismo hegemónico sobre el modelo socialista de la URSS, han permitido al capitalismo ignorar las conquistas sociales y laborales de los trabajadores de la Europa occidental, y avanzar hacia unas condiciones en donde los derechos al acceso a los servicios y la seguridad se ha convertido en el valor que justifica la agresión laboral, sindical y social.
En apenas 20 años Europa y el mundo han sufrido un golpe que ha cambiado la práctica totalidad de las relaciones existentes hasta el momento. Hemos ido sufriendo los conflictos en el interior del sistema sin ser conscientes de esa realidad, y sin haber sido capaces de contribuir a agudizar las contradicciones existentes. Al contrario, el sistema ha sido capaz de ocultar sus contradicciones, hacerlas invisibles a las mayorías sociales y construir un mundo en donde rige la mercantilización cultural y económica, debido en gran parte a nuestra debilidad, provocada por no mantener una posición que propusiera sin tapujos una alternativa social real.
Las relaciones entre los individuos y su identificación con una clase se han modificado en estos últimos 20 años, afectando especialmente a los trabajadores; tal y como ya nos alertaba Gramsci, para garantizar el dominio no sólo es necesario el uso y control de los medios de represión y producción, sino que es necesario convertir las ideas de la clase dominante en ideas dominantes, de tal manera que se produzca una “participación” de las clases populares en el ejercicio del poder a través de su identificación con el mismo. Este hecho se ha producido ya en gran medida y los comunistas madrileños debemos poner todas nuestras fuerzas para invertir el proceso en una larga y dura batalla de ideas que vuelva a dar a la clase trabajadora las herramientas culturales e intelectuales para su emancipación.
Tampoco debemos obviar el hecho de que esta hegemonía económica y cultural del capitalismo se produce a costa de considerar los recursos del planeta como ilimitados, como ilimitado es el crecimiento de sus fuerzas productivas y de sus cuentas de beneficios. Conviene estar alerta ante el cambio de modelo productivo que el sistema está intentando consolidar, que no deja de apoyarse en etiquetas como la sostenibilidad, mientras sigue explotando de manera intensiva el territorio, entendido éste como bien de producción y por tanto susceptible de obtener plusvalías del mismo.
La Comunidad de Madrid es el perfecto ejemplo de la obtención máxima de plusvalías a través de la explotación indiscriminada del territorio, al tiempo que desde los poderes hegemónicos nos adornan su actividad con suficiente ecologismo como para que los trabajadores tomen conciencia de lo justo y necesario para no limitar la expansión de las fuerzas económicas. Es pues, responsabilidad de los comunistas madrileños construir un nuevo paradigma que tome como punto de partida nuestro planeta y la conservación del mismo para generaciones futuras, participando en el movimiento ecologista y haciendo patente que sólo lo podremos conseguir (la salvación del planeta) si superamos la sociedad capitalista.
El agotamiento en lo económico provoca un agotamiento en lo social. Los límites del modelo capitalista son claros y las propuestas social liberales no dan respuesta a las necesidades de la clase trabajadora.
En este sentido los servicios públicos juegan un papel central como articuladores del tejido social y como garantía para hacer efectivos los derechos de los trabajadores.
Son los colectivos más vulnerables los que deben centrar las intervenciones públicas por lo que, debemos apostar por la accesibilidad a los servicios por encima de la mera existencia de los mismos, tomando como referencia las condiciones de cada colectivo para la definición y localización de dichos servicios públicos.
Al hablar de un modelo social, no podemos pasar por alto el modelo de desarrollo urbano, en tanto en cuanto la ciudad es el territorio sobre el que se despliegan las estrategias de poder de la hegemonía capitalista.
Actualmente nos encontramos en un modelo en el que se evidencian todas las deficiencias del sistema capitalista que criticamos: falta de cohesión social, falta de respeto por el medio ambiente, etc.
De esta forma, la ciudad, desde una perspectiva capitalista, está concebida, o bien para el mero desplazamiento de un punto de consumo a otro, o bien para el traslado diario del trabajador de su lugar de residencia a su lugar de trabajo. Pero la urbe es mucho más, es un espacio social
Al no tener en cuenta las necesidades planteadas por la sociedad, tenemos ciudades que cuentan con un sistema público de transportes incoherente y centralizado en la capital, de manera que algunos de los municipios de la Comunidad de Madrid quedan únicamente comunicados a través de las carreteras. La red de transportes, además, no vela por la defensa medioambiental.
En el tratamiento de la movilidad urbana, además de los requisitos de los modos mecanizados de transporte público, es preciso cuidar la circulación a pie, esencial para la vida social de todas las ciudadanas y ciudadanos. La ciudad debe ser próxima y no lejana, y para todos y todas. Hay que establecer distancias mínimas entre residencia, trabajo, centros de estudio y de cuidados de la salud. La marcha a pie es el mejor de los transportes; todo transporte ha de ser complementario y ayudar a la circulación peatonal.
Un modelo urbanístico sostenible pasa por una concepción de la ciudad mucho más social. En la que se promocionen espacios de relación y encuentro en los lugares de desarrollo cotidiano como los barrios, los equipamientos y los centros de trabajo.
Y es que la precariedad laboral extiende el conflicto de clase del centro de trabajo al territorio, enlazando la lucha de clase por un trabajo digno con la lucha por el derecho a la vivienda. Resulta paradójico que mientras más de millón y medio de viviendas permanecen vacías en manos de los especuladores, centenares de miles de familias trabajadoras son desahuciadas. Con la burla que supone que muchas de las personas desahuciadas son las que construyeron con sus propias manos las viviendas en manos de los especuladores.
La recuperación de la unidad de la clase trabajadora va, por tanto, más allá del salario. Pasa por la lucha por derechos universales como la salud, la vivienda, la educación y el trabajo frente la dictadura del capital financiero y sus planes de ajuste.
La ciudad que proponemos es también aquella en la existen esferas de encuentro que posibilitan la creación de redes como impulso de los movimientos sociales en todas sus manifestaciones (movimiento vecinal, asociativo, etc) y la intervención en la realidad más concreta y más inmediata de la clase trabajadora.
Un modelo urbanístico sostenible pasa también por la adaptación de las ciudades a la realidad de las personas que las habitan. Además de las adaptaciones del contexto urbano, las ciudades deben preservar su identidad cultural, histórica y artística. Para el pensamiento comunista la ciudad es un patrimonio público, que en el caso de Madrid es una herencia del pasado que debemos transmitir a las generaciones futuras. Ese patrimonio está formado por los monumentos, pero también por la arquitectura popular de pueblos y barrios, cuya destrucción es una privación del derecho ciudadano a la belleza, la cultura y a la propia identidad.
En Madrid, o en las grandes ciudades del entorno y en las pequeñas poblaciones, la Administración que esté bajo la responsabilidad de los comunistas, dará funciones nuevas a los edificios que hayan perdido sus viejos usos. La cultura urbanística es para todas y todos.
En el caso de algunos colectivos, la vulnerabilidad social es uno de los reflejos de un modelo urbanístico desigual; para el desarrollo en igualdad de condiciones de estos colectivos es necesario que los espacios también les pertenezcan.
Así, en la ciudad puede verse con claridad que las fronteras de la clase se han difuminado, paralelamente al proceso de fragmentación de la fuerza del trabajo. Esto marca unas alianzas más flexibles, una ampliación de las bases sociales de las alianzas.
Se precisa una línea específica de alianzas orientada a recomponer la identidad de clase hoy fragmentada para recuperar su capacidad de acción colectiva, para reconstituirla como sujeto político del proceso de cambio.
Atendiendo a los cambios en su composición y a sus líneas de fractura, la clase trabajadora precisa de un sistema de alianzas propio, interno, intra-clase, de cara a reconstituir su unidad como sujeto colectivo. Esta estrategia de “construir clase” es central.
No podrá constituirse el bloque social alternativo si la clase trabajadora no recupera su carácter de sujeto político pues es el único capaz de darle solidez y conducirlo hasta el final. A su vez, la clase trabajadora no consumará su reconstitución como sujeto político transformador sino acomete la tarea de articular y liderar el bloque social alternativo.
Crisis del modelo político: la responsabilidad de la izquierda madrileña
Es indudable que la expansión de la crisis en la Comunidad de Madrid, donde la destrucción de empleo ha sido mayor que en el resto del Estado, donde la precariedad se acrecienta más rápidamente cebándose especialmente en las mujeres., donde el acceso a la vivienda es más difícil que en el resto del Estado o donde la edad de emancipación de los jóvenes es mayor que en el resto del Estado, tiene un responsable político fundamental en el Partido Popular, que gobierna Madrid desde hace ya 15 largos años.
Sin embargo, durante este largo período de tiempo, la izquierda madrileña en su conjunto, ha sido incapaz de articular un discurso político que lo identifique con las clases populares, que presente una alternativa política, económica y social suficientemente creíble como para ganarse la confianza de los madrileños y sobre todo, allí donde gobierna ha sido incapaz de desarrollar políticas nítidamente diferenciadas de las del Partido Popular y PSOE. En este sentido la no aparición de IU en los principales medios de comunicación regional y nuestra incapacidad a la hora de romper con esta situación, ha impedido a su vez trasladar a la sociedad nuestras propuestas.
Las sucesivas privatizaciones de servicios públicos, la política fiscal igualando la contribución fiscal sin tener en cuenta la renta, la política social desde una perspectiva asistencial apoyada en gran medida en organizaciones caritativas subvencionando a la iglesia católica y no superadora de las contradicciones, y en especial la participación por omisión en la corrupción, han hecho alejarse a los trabajadores de la izquierda madrileña.
Por ello, debemos aprovechar la crisis para la convergencia política, social y cultural frente al capitalismo. No se trata simplemente de que sigan votando a IU los cada vez más escasos “progres” realmente existentes, sino de ir construyendo una alternativa cultural, política, económica y social capaz de invertir el proceso hegemónico del capitalismo y que sea referente de la clase trabajadora.
Hoy son numerosas las voces que hablan de la necesidad de un cambio de modelo, incluso entre los intelectuales situados en la órbita del socialismo?liberal y del liberalismo clásico, ante lo insostenible de un modelo como el actual que ha conducido a la sociedad y al planeta al límite de la barbarie. En este contexto, debemos ser conscientes de la necesidad de nuestra participación activa en un proyecto programático y electoral, anticapitalista y republicano, como se ha aprobado en la última Asamblea Federal de Izquierda Unida, para lo cual se requiere que sigamos apoyando y difundiendo las alternativas que para su transformación hemos propuesto y exigiendo la necesidad de una sistematización programática para que se nos visibilice como la única alternativa seria y real frente a la crisis,. Como corresponsables de la construcción de un movimiento político y social alternativo, debemos seguir trabajando para una convergencia de la izquierda anticapitalista y republicana e ir extendiendo entre los trabajadores la superioridad del comunismo como forma de organización social a través de la construcción inicial del socialismo. Esa es la lucha que no tiene caducidad, más allá del éxito que tengamos en hacer de nuestro actual proyecto estratégico un instrumento eficaz para el conflicto social y la emancipación.
El contrato sexual en simbiosis con el modelo capitalista da como resultado unas instituciones reproductoras del modelo patriarcal sobre todo en dos elementos fundamentales: la familia y la prostitución.
El discurso familiarista hegemónico diluye a las mujeres como sujeto político no atendiendo a sus necesidades como personas autónomas y libres sino como madres de familia. La Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, así lo refleja, apostando por un modelo de cuidados que perpetúa la figura de la mujer como cuidadora.
La no asunción por parte del estado de su responsabilidad en el desarrollo de la vida de las personas desemboca en una ausencia de servicios públicos tan indispensables como la escolarización gratuita de cero a tres años o los comedores escolares, entre otros. La familia como núcleo y como unidad de consumo promocionada por el capitalismo, condena a las mujeres en exclusiva al desarrollo de estos trabajos. Teniendo graves repercusiones en el resto de los ámbitos de su vida que se ven profundamente afectados por este modelo.
En el caso de la prostitución, un grave problema en las sociedades actuales, las instituciones demuestran una total incapacidad de intervención. La ausencia de postura oficial frente a este fenómeno unida a la parcelación del discurso aislando la prostitución de otras problemáticas como la inmigración en condiciones de irregularidad o el mercado laboral fuertemente precarizado, hace imposible su solución.
Frente al modelo familiarista, nuestra propuesta debe pasar por la transformación de las estructuras articulando mecanismos públicos que permitan el desarrollo de la vida de las personas en su totalidad. Una red fuerte de servicios públicos que den respuesta a las necesidades sociales. Así como un cambio radical en el discurso entendiendo que la vida de las personas de un estado es responsabilidad colectiva, no un problema singular.
Un mercado laboral que no da respuesta a las necesidades de la clase trabajadora es otro elemento central en este debate, por lo que la apuesta por la incorporación de las mujeres a un trabajo digno, unido a la potenciación de servicios públicos es esencial en el enfoque de la prostitución.
Además, y en el mismo orden de importancia, es indispensable un cambio en lo simbólico. Un cambio en la construcción del discurso con respecto al tema de la prostitución. Una educación afectivo- sexual desde las primeras etapas de escolarización así como un trabajo a todos los niveles en el que se deje de objetualizar el cuerpo de la mujer como un bien de consumo y la sitúe como una persona autónoma en igualdad de condiciones con el hombre.
Las expresiones del movimiento obrero en Madrid
El movimiento obrero abarca el conjunto de expresiones organizadas de la clase trabajadora en lucha y contradicción con el capital.
El movimiento obrero en el centro de trabajo encuentra en el movimiento sindical la expresión más genuina de la capacidad de resistencia de la clase frente al capital.
El movimiento sindical agrupa en su seno al mayor número de personas trabajadoras y es la principal organización obrera en los centros de trabajo. El movimiento sindical requiere de una línea de acción sindical de clase democrática y combativa. La prioridad en el movimiento sindical es fortalecimiento de la organización de la gente trabajadora en el centro de trabajo, apostando por la sindicación y la participación activa en las secciones sindicales. Los comunistas apuestan por dinámicas de participación asamblearia como la mejor fórmula de fortalecer la unidad y la capacidad de lucha de la clase trabajadora.
Con la dictadura del capital financiero resulta innegable el desarrollo de la lucha de clases sobre el territorio con los procesos de acumulación por desposesión que provocan graves situaciones de inseguridad habitacional. La Asociación de vecinos es el espacio unitario adecuado para la articulación de la respuesta de clase sobre el territorio en la lucha por la universalización de derechos y por la defensa de los servicios públicos.
Las Asociaciones y colectivos sociales de carácter sectorial resultan eficaces para extender las redes de solidaridad y apoyo mutuo entre la gente trabajadora. Las Asociaciones de mujeres, de migrantes, de jóvenes, de estudiantes son ejemplos significativos de fórmulas asociativas y movimientos en los que resulta esencial el vínculo y la identidad de clase de la mayoría de sus integrantes, depauperada especialmente por los rigores de la precariedad y la exclusión social.
El movimiento cooperativo nació del movimiento obrero y articula fórmulas de resistencia económica frente a los monopolios emprendiendo experiencias de participación democrática en la producción y el consumo, de solidaridad y de apoyo mutuo. Las cooperativas aportan experiencias extraordinarimente útiles a pesar de los procesos de mercatilización derivados de la hegemonía neoliberal.
El Partido Comunista es la expresión política del movimiento obrero que plantea el derrocamiento de la dictadura de la oligarquía financiera y la toma del poder por la mayoría de la sociedad, la gente trabajadora. La construcción de la democracia participativa es nuestra vía al socialismo.
El Partido Comunista orienta la actividad de sus militantes al fortalecimiento de la unidad de la gente trabajadora, por el impulso de procesos de lucha colectiva y por el fortalecimiento de las organizaciones unitarias del pueblo trabajador, como la única fórmula viable para la articulación de un contrapoder frente a los dictados del capital financiero, el FMI, la UE y sus planes de ajuste.
ESTRUCTURA ECONÓMICA Y DE CLASE EN MADRID
La Comunidad de Madrid: del modelo de capital industrial al modelo de capital inmobiliario-financiero.
El sistema económico desde los años ochenta del siglo pasado se ha sostenido a base de aumentar la deslocalización empresarial, la extensión de la subcontratación y la temporalidad, rompiendo los vínculos históricos entre trabajadores y fábricas, difuminando el papel sindical e impidiendo la relación entre los trabajadores de las mismas unidades productivas. Paulatinamente se ha ido trasladando la producción de bienes a aquellos países donde los costes laborales son menores, manteniendo centros de alta cualificación o centros de gestión en los antiguos espacios industriales de las ciudades.
De la misma forma, la conformación del modelo capitalista español se ha articulado en las últimas tres décadas sobre la base de la desregulación y precariedad laboral, la moderación salarial y la desindustrialización, lo que ha generado una fuerte dependencia exterior de inversión de capitales y de importación de recursos. Por otra parte se ha fomentado la sobreexplotación del sector de la construcción e inmobiliario y de servicios.
Este nuevo modo de producir ha supuesto un distanciamiento del trabajador de su conciencia de pertenencia colectiva a la Clase trabajadora. Mayoritariamente el trabajador asume o se considera perteneciente a la clase trabajadora, pero huye de la anterior identificación entre trabajador y lucha o no es capaz de comprender lo factible y posible de los cambios cuando estos son reivindicados colectivamente como clase a la que pertenece, en enfrentamiento directo contra la clase contraria, la burguesía
Paralelamente, en este mundo sin fronteras para el capital, las economías desarrolladas (fundamentalmente en la Unión Europea, Japón y EE.UU.) han ido desarrollando un sistema de economía especulativa que se fundamenta esencialmente en la gestión financiera de los excedentes de producción y en los flujos de información. De esta forma, se ha ido construyendo un complejo sistema de relaciones económicas alejadas de la producción (tanto física como económicamente) y apoyadas casi en exclusiva en la confianza entre los agentes del sistema.
Para concretar sus expectativas de valor, la economía financiera ha considerado a las ciudades como el espacio donde realizar el nuevo proceso de acumulación, no ya mediante la concentración de espacios industriales, sino mediante la consideración del territorio, y en él la ciudad, como bien de producción. Así, la construcción de grandes infraestructuras de comunicación, el desarrollo de grandes planes urbanísticos y la producción sobredimensionada de vivienda son los nuevos mecanismos de acumulación de capital, en esta fase del inmobiliario-financiero.
Paralelamente, desde hace décadas, en las economías desarrolladas, de este capitalismo globalizado, que dominan el mundo (fundamentalmente EE.UU., Japón y la Unión Europea) han ido exportando el capital y explotando los recursos y la mano de obra de otros países, importando y viviendo en gran medida de los beneficios generados en esos países y del parasitismo financiero dirigido hacia la población, la industria y los países menos desarrollados, en forma de hipotecas y préstamos, además de la especulación en diferentes sectores de su economía e internacionalmente para conseguir su fin último, el máximo beneficio privado posible, generando nuevas burbujas especulativas para salir de las crisis coyunturales y estructurales que se han ido produciendo en este capitalismo en descomposición y putrefacción. A pesar de ello, estas economías siguen realizando producción material de bienes de consumo nacional, como la construcción, y otras industrias estratégicas que requieren una elevada tecnificación, como las plantas de ensamblaje de vehículos o de aviones, continuando con la explotación de la mano de obra asalariada nacional y extrajera, que llega a estos países tras las riquezas arrebatadas en sus países de origen.
Partiendo de esto, la economía española se encuentra en una situación más parasitaria todavía, convirtiéndose en un país de ocio y disfrute. Uno de estos principales factores particulares de la situación de la economía española es la entrada de España en la UE y la consiguiente división del trabajo, en el seno de la misma, a la que se vio forzada, por parte de la UE en su intervencionismo sobre la producción de los países europeos. España se fue desindustralizando, reduciendo la producción de leche, ganadera, agrícola,..., dejando todo ello a otros países de la UE que se han hecho con la mayoría de la cuota de producción y la hegemonía productiva industrial de la UE. Con ello, han hecho depender, a la economía de España, del sector no productivo, sector terciario, de forma progresiva.
Igualmente, los grandes empresarios de la construcción y financieros requerían un sector de producción material, capaz de ser generador material de plusvalía de los trabajadores y ser susceptible de especulación. Este sector lo encontraron en la construcción y en los planes urbanísticos, tanto en la edificación como en las infraestructuras y la industria satélite de productos para estas, y, por lo cual, influenciaron en este proceso de producción y especulación, como supuesta solución a la destrucción del tejido industrial, centrando y supeditando al mismo a la mayoría de la economía española. Así lo vimos en el período previo a la crisis coyuntural del 93-94 y, especialmente, en el período previo a la actual crisis económica estructural. Así mismo, la economía española, dada la imposibilidad de exportar productos por la desindustalización antes descrita y por la concentración de la economía española en el sector construcción, de consumo nacional, recurrió a la exportación de capitales y a la potenciación del capital financiero para el sostenimiento y base de la propia economía capitalista española.
La Comunidad de Madrid no sólo no es ajena a este proceso de acumulación capitalista en el territorio y la ciudad, sino que al contrario, se ha convertido en uno de los mejores ejemplos del desarrollo y crisis del capital inmobiliario-financiero del mundo. Lanzada a la conquista de todo el suelo existente en la Comunidad, este sector, acompañado de los principales partidos políticos, ha desarrollado la mayor parte de los municipios en base a dos premisas fundamentales: la construcción de todo el suelo urbanizable y el desmantelamiento estratégico de los sectores productivos de las ciudades.
Bajo este modelo de desarrollo, los municipios madrileños han configurado una gran metrópoli que tomando como base la ciudad de Madrid, ha logrado estructurar un espacio social ampliamente segregado a partir del valor del suelo y de la vivienda. De esta forma, el centro de la metrópoli se mantiene con altos valores inmobiliarios para permitir el asentamiento de empresas y de la clase dominante, mientras en la periferia conviven las ciudades llamadas "dormitorio" con algunos núcleos de industria ligera y relacionada con la logística donde viven los trabajadores y otras clases populares, en una ruptura social que se traslada al territorio.
En la periferia se desarrolla la industria especializada y la relacionada con la logística, acompañada de valores de suelo y vivienda que permite el asentamiento de la clase trabajadora. De esta manera el territorio se convierte en el producto que nutre cuantiosos beneficios al capital mientras los trabajadores deben dedicar una gran parte de su tiempo en ir y volver al trabajo, en un modelo territorial cada vez más insostenible ecológica y socialmente
De esta manera, en la Comunidad de Madrid se ha fomentado la construcción aislada e inconexa de núcleos residenciales y de servicios privados que han dado una expectativa de valor al suelo que luego se ha materializado en las ventas de vivienda, trasladando de esta manera a los propietarios la expectativa de valor del suelo. Así puestos, sólo mediante el mantenimiento de esta expectativa es posible garantizar el “salario” de los trabajadores que han puesto su salario real a disposición de la economía especulativa. Se garantizan tres condiciones para el sistema: desactivar las luchas laborales, por cuanto los trabajadores deben mantener su puesto de trabajo para hacer frente a su endeudamiento; por otro lado hacer que los individuos de la clase obrera piensen y actúen como propietarios y que tienen mucho que perder, aunque en realidad lo único que han logrado es tener una deuda con las entidades financieras que les tiene atados hasta más allá de su jubilación, creando así una nueva dependencia; y en tercer lugar, garantizar el perpetuo sistema especulativo.
El territorio, en la Comunidad de Madrid, ante la máxima ocupación del suelo debe disponer de una amplia red de infraestructuras que permitan la circulación de bienes y trabajadores, conectando los diferentes espacios de producción, con los residenciales y de consumo-ocio. Nuevamente se cumplen dos objetivos del modelo: por un lado los trabajadores requieren de excesivo tiempo para trasladarse de su residencia a su centro de trabajo (desactivación social); y de otro lado, el territorio se convierte en el producto que nutre de cuantiosos beneficios a las empresas constructoras.
La expansión incontrolada de la ciudad, siguiendo el modelo anglosajón es a la vez causa y efecto de la deslocalización de los centros de trabajo, unos para ser trasladados a otros países con menores costes (es decir con peores condiciones para la clase trabajadora) otros para ser difuminados en redes de subcontratas y empresas auxiliares y por último, las sedes centrales de las grandes empresas salen también del corazón de la ciudad para trasladarse a grades complejos de oficinas en la periferia y a municipios limítrofes, con menores costes inmobiliarios.
En estos grandes centros de gestión, se despersonaliza al máximo para favorecer el aislamiento y el desclasamiento de los trabajadores, se fragmenta en innumerables contratas (consultoría) que hoy te envían a trabajar para un cliente y mañana para otro diferente, se trabaja por objetivos y se fomenta la movilidad y la flexibilidad hasta grados cada vez mayores.
Se rota a los trabajadores constantemente entre empresas, entre plantas de la misma empresa, se impide la tenencia de cualquier objeto personal (política de mesas limpias) e incluso se implantan nuevas formas en las que el trabajador no está ligado a ningún espacio físico sino que trabaja ligado a un ordenador portátil y un teléfono móvil únicamente, debiendo cada día conseguir un sitio dónde sentarse en grandes espacios diáfanos (conocidos como praderas) donde las mesas y sillas son de todos y de nadie.
De esta forma además de elevar la plusvalía, se fortalecen las posiciones ideológicas del Capital (individualismo, conformismo, sumisión, pasividad, búsqueda del éxito individual a toda costa) y se hace posible que pese a haber miles de trabajadores en un mismo edificio sea muy difícil hacer surgir no ya conciencia de clase, sino ningún tipo de inquietud común, ya que en la mayoría de los casos ni siquiera se conocen los trabajadores entre ellos, ni pertenecen a la misma empresa, ni tienen el mismo horario, ni las mismas condiciones o el mismo convenio.
Este modelo que se consideraba con futuro se ha topado con la realidad de que estaba sostenido por la confianza de que las expectativas tenían el valor asignado. Cuando el sistema financiero se ha tambaleado, esa confianza ha desaparecido y con ella las expectativas de valor, debido a la sobreexplotación del territorio. Difícil retorno tiene para los trabajadores endeudados, deudas que se corresponden a valores ficticios, meramente especulativos, en donde el conjunto de la sociedad, de una manera inconsciente por la falta de argumentos ideológicos, se ha visto en la necesidad de colaborar.
Todo ello desemboca en un autentico golpe de estado organizado premeditadamente por el capital, el cual mediante el tipo de hipotecas que han obligado a contraer a los ciudadanos, y en especial a la clase trabajadora, se han asegurado la perpetuidad de su modelo capitalista, al menos por cuarenta años, de su sistema y modelo económico, el cual queda trasladado a su modelo productivo, ya que obligará a los trabajadores a asumir sus exigencias renunciando a sus derechos como trabajadores.
El modelo que defendemos (vivienda pública en régimen de alquiler), supone un giro total a los planteamientos organizativos que debemos plantearnos, en el seno de las plataformas en las que nos integremos, debemos entrar a cuestionar aquellos planteamientos que proponen la consecución de vivienda en propiedad a precios bajos, nuestra propuesta de alquiler ha de ser el caballo de batalla en el que nos asentemos para llegar a conseguir el cambio de mentalidad que impera en la actualidad, conseguido por las condiciones que en el mercado de alquileres se está dando. Para ello, hay que enfatizar la responsabilidad que los ayuntamientos tienen en este tema ya que en una inmensa mayoría, son ellos los que con sus comportamientos ante el ladrillo han posibilitado tanto la especulación como el desencanto con esos sorteos de vivienda que lejos de suponer una solución, suponen un problema ya que no se llega ni de lejos a cubrir las esperanzas que levantan en una juventud con gran necesidad de vivienda para su emancipación (sortean 400 viviendas para una demanda de más de 11.000). Desde nuestros cargos de representación institucional, tanto desde la oposición como desde los equipos de gobierno, allí donde gobernemos o cogobernemos, debemos impulsar este modelo de vivienda pública en régimen de alquiler
Debemos planificar con la UJCE un plan de actuación en este campo pues es a la Juventud a la que más les afecta, por suponer tanto una hipoteca para su futuro, como una mordaza para sus posibilidades de compromiso en la lucha contra el sistema.
Desde el PCM debemos impulsar una alternativa a la ley del suelo y al modelo de financiación local, que dé otras posibilidades a los ayuntamientos y eviten la sobreexplotación del sector de la construcción y por tanto el uso intensivo del territorio y la consecuente especulación inmobiliaria.
De manera adicional, en esta misma línea de acaparamiento salarial del trabajador y su opresión, vemos cómo un elemento tan fundamental para éste en la comunidad, como es el abono transporte, elemento vital para el desarrollo de las actividades cotidianas personales y, sobre todo, profesionales, de los madrileños y madrileñas, hace continuas revisiones alcistas año tras año, con independencia del comportamiento del IPC, lo cual dificulta su adquisición, en continuidad con la mencionada línea de acaparamiento salarial del trabajador del sistema neoliberal impuesto en la comunidad por el partido de Esperanza Aguirre.
Desde el PCM debemos rechazar de lleno estas constantes revisiones para evitar especulaciones, por parte de las empresas privadas de transporte que prestan dichos servicios, y dar al ciudadano a su precio justo un servicio tan elemental como necesario, como es la movilidad en toda la comunidad de Madrid
El paro en la Comunidad de Madrid
Los efectos de la crisis económica son mucho más duros en España que en cualquier país de la UE debido a que ésta se suma a una crisis endógena provocada por un modelo de crecimiento con pies de barro: la burbuja inmobiliaria y un sector servicios basados ambos en bajos salarios y en la precariedad laboral.
La más terrible de estas consecuencias es el nivel de desempleo que padecemos, que no tiene comparación con ningún país europeo.
En la Comunidad de Madrid, hemos acabado el año 2009 con 498.500 personas en paro. Una situación insostenible que afecta al 14´7 % de la población ocupada. La población asalariada en estos momentos se sitúa en 2.552.400 personas.
Es a ellos y ellas a las que el Partido tiene que dedicar su prioridad política, ya que estos datos demuestran que la economía madrileña está inmersa en una profunda recesión en la que los trabajadores y las trabajadoras estamos pagando las peores consecuencias.
Tan sólo en el último año, los ERE´s se ha multiplicado por cinco y hemos perdido casi el 6% del empleo.
Quizá el dato más abrumador es el que nos dice que el 99% de todo el empleo perdido en los dos últimos años en Madrid (174.600 personas) corresponde a personas menores de 35 años. La crisis se ceba especialmente en los jóvenes.
También en los inmigrantes: el 44% del empleo perdido en el último año estaba ocupado por personas inmigrantes.
Aunque el paro haya afectado más a los hombres que a las mujeres, éstas siguen teniendo una tasa de ocupación 13,2 puntos porcentuales menor que la de los hombres.
En una economía de servicios como la madrileña, es lógico que el 81% del empleo se haya perdido en este sector, pero no hay que dejar de analizar el aumento de un 10% de paro en la industria con la cascada de EREs que hemos padecido en los últimos dos años.
Deslocalización industrial y economía especulativa
Si continuamos analizando la evolución del modelo en la Comunidad de Madrid, podemos observar que a lo largo de las últimas décadas se viene produciendo el desmantelamiento de parte del tejido productivo para trasladarlo allá donde las condiciones laborales son más favorables para los propietarios de las grandes empresas. Este desmantelamiento de la industria pesada ha venido acompañado por la aparición de otro tipo basado en los servicios logísticos y la industria secundaria, ambas de escaso valor añadido. La llegada de la crisis ha hecho que la escasa industria que quedaba en la región haya tenido un retroceso a base de Expedientes de Regulación de Empleo y cierres patronales que la ha hecho casi desaparecer. Los últimos conflictos en los sectores automovilísticos, químico y del metal son consecuencia final de este proceso.
Los espacios industriales en el interior de las ciudades prácticamente han desaparecido, especialmente en la ciudad de Madrid, y su espacio ha sido ocupado por usos residenciales o comerciales. La pequeña industria se ha desplazado de los centros urbanos, a los que prestaba servicio y se ha ido localizando, cuando no ha desaparecido, en las periferias urbanas, configurando espacios homogéneos que contribuyen a una especialización del espacio urbano y en consecuencia a la segregación social que estamos viviendo. La falta de adecuación del obsoleto tejido industrial que existía (altamente contaminante), unido a la prácticamente inexistente inversión en I+D son antecedentes a señalar a la situación actual. Los poderes públicos no han intervenido en economía productiva, limitándose a sufragar pérdidas económicas cuando lo han estimado oportuno. Se ha diversificado el ejército de reserva. Las grandes concentraciones fordistas siguen existiendo pero mucho más disminuidas y han dado paso a las grandes concentraciones de trabajadores y trabajadoras en el sector servicios, mucho más atomizado laboral, sindical y menor conciencia de clase y a cuyos cambios no hemos sabido encontrar una respuesta adecuada.
La desaparición de estos espacios industriales tiene varias lecturas que debe poner en alerta a los comunistas madrileños. De un lado se encuentra la destrucción de un empleo cualificado y de difícil reconversión, lo que lleva consigo la aparición de situaciones de desempleo de larga duración. De otro lado se produce una modificación de la estructura económica de nuestra comunidad al reutilizarse estos espacios para conjuntos residenciales y/o comerciales. Finalmente, no hay que perder de vista el hecho de que muchos municipios ven alteradas sus fuentes de financiación, lo que les lleva a refugiarse en el sector inmobiliario como fuente de recursos y la aparición, casi simultánea de una corrupción que afecta a la democracia y que ha penetrado en los grupos políticos y que ha penetrado fundamentalmente en los partidos políticos mayoritarios.
Estructura laboral y salarial de la Comunidad de Madrid
En este momento, la población ocupada en la Comunidad de Madrid, por sectores, es la siguiente:
Agricultura: 13.700 trabajadores/as
Industria: 283.100 trabajadores/as
Construcción: 230.000 trabajadores/as
Servicios: 2.371.100 trabajadores/as
Un economía basada en el sector servicios, que basa su tasa de ganancia en bajos salarios y precariedad, es la que explica la alta tasa de temporalidad (19,2%) y que ésta se cebe en las mujeres (20,1%) y en los menores de 35 años (36,6%).
Otro de los sectores a los que el PCM tiene que dedicar su trabajo es al sector público. Al ataque que al sector público han venido haciendo las políticas privatizadoras y externalizadoras del Gobierno de Esperanza Aguirre, se le suma hoy el ataque del Gobierno de PSOE. Los trabajadores públicos van a pagar sufrir especialmente las políticas de ajuste duro. En la Comunidad de Madrid son 470.500 trabajadores y trabajadoras que hoy ven amenazado su salario.
Especial atención también debemos tener con los autónomos. Hoy en Madrid son 345.400 autónomos y autónomas (muchos de ellos falsos autónomos) que carecen de protección social cuando le falta trabajo y que se han visto forzados a hacerse autónomos por falta de otras expectativas.
2. Salario y precariedad
No existen aún datos disponibles oficiales que permitan valorar los efectos de la crisis sobre las rentas salariales declaradas. Probablemente las medias y los porcentajes sean más favorables, precisamente porque el empleo destruido es mayoritariamente temporal, precario y mal pagado.
Sin embargo, la realidad será más cruda para muchas personas y familias que, habiendo perdido el empleo y las prestaciones por desempleo, hayan traspasado la frontera de la pobreza.
Frente a los 120.000 personas que poseen los grandes patrimonios de la Comunidad de Madrid (la familia de la Presidenta incluida) nos encontramos que, según datos de Gestha (Sindicato de Trabajadores del Ministerio de Hacienda), el 50,7% del total de los asalariados de la región, tienen unos ingresos brutos mensuales inferior a 1.100 euros.
Ese total de asalariados se corresponde a asalariados, pensionistas, desempleados y autónomos.
El 50,7% son más de 2 millones de personas que cobran menos de 1.100 Euros al mes. El 52% de ellas son mujeres.
La discriminación juega en contra de las mujeres, los jóvenes o los inmigrantes. Sexo, edad y origen. Los menores de 18 años mantienen ingresos anuales medios que no llegan a los 4.000 euros anuales y los de entre 18 y 25, superan levemente los 8.000 euros anuales. Son literalmente trabajadores pobres. Lo mismo ocurre con las mujeres que trabajan en sectores como servicios a las empresas, comercio u hostelería.
Las frías cifras dicen que uno/una de cada tres trabajadores o trabajadoras en Madrid, cobra salarios por debajo del umbral de la pobreza.
El aumento de renta para esas personas debe centrar las tareas del Partido.
3. Trabajo asalariado y precariedad
La demanda de mano de obra masiva y barata que ha caracterizado un modelo productivo hoy en quiebra, se ha producido en un mercado de trabajo dual, donde los colectivos más vulnerables mantienen una posición precarizada, con menos derechos y con muy poca capacidad de presión para mejorar sus condiciones laborales, frente a un sector de los trabajadores que han podido mantener y/o mejorar su situación, así como su capacidad de organización.
La gestión del ejército de reserva de trabajadores ha sido y es un instrumento utilizado por los empresarios par

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