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Secciones: Marxismo -  Ciencia -  Documentos, opinión, debate

Título: Una Reescritura de la Antropología de Engels. Por Santiago Gómez Crespo- Enlace 1

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Anticipio del mismo:

Una Reescritura de la Antropología de Engels

1.- El Pensamiento Marxista.
Indica Faustino Cordón en un pequeño trabajo titulado “Relaciones entre el Materialismo Dialéctico y el Materialismo Histórico”: “No cabe duda de que la problemática y el aparato especulativo que aplica Marx a su pesquisa científica tienen un grado de profundidad mayor que los de Darwin (Darwin cabía en Marx, no Marx en Darwin); no me parece lejos de la verdad, aseverar que Marx, al menos en potencia y llevado a ello por su tema, es el primer científico evolucionista, en tanto que Darwin, a pesar del suyo, cuenta, como Einstein y Pavlov, entre los últimos grandes científicos experimentales. También hay que destacar la profundidad (también superior a la de Darwin) con que Engels esboza el origen del hombre, tema éste que, como el anterior, exige de los biólogos una revisión a fondo.”. La teoría de la evolución de las especies enunciada por Darwin, es sólo una parte de la teoría del materialismo dialéctico enunciada por Marx y Engels. Han pasado más de 100 años desde que Engles escribiera sus trabajos antropológicos, en los que “esboza el origen del hombre”, y durante este tiempo, se han realizado una gran cantidad de descubrimientos en este campo. Estos descubrimientos sobre nuestro pasado prehistórico, pueden ser interpretados mediante el materialismo dialéctico y materialismo histórico y necesitan actualmente una reescritura.
El materialismo dialéctico nos lo explica Engels en su obra “ Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico”: “...la dialéctica, que enfoca las cosas y sus imágenes conceptuales substancialmente en sus conexiones, en su concatenación, en su dinámica, en su proceso de génesis y caducidad, fenómenos como los expuestos no son más que otras tantas confirmaciones de su modo genuino de proceder. La naturaleza es la piedra de toque de la dialéctica, y las modernas ciencias naturales nos brindan para esta prueba un acervo de datos extraordinariamente copiosos y enriquecidos con cada día que pasa, demostrando con ello que la naturaleza se mueve, en última instancia, por los cauces dialécticos y no por los carriles metafísicos, que no se mueve en la eterna monotonía de un ciclo constantemente repetido, sino que recorre una verdadera historia. Aquí hay que citar en primer término a Darwin, quien, con su prueba de que toda la naturaleza orgánica existente, plantas y animales, y entre ellos, como es lógico, el hombre, es producto de un proceso de desarrollo que dura millones de años, ha asestado a la concepción metafísica de la naturaleza el más rudo golpe...
“Sólo siguiendo la senda dialéctica, no perdiendo jamás de vista las innumerables acciones y reacciones generales del devenir y del perecer, de los cambios de avance y de retroceso, llegamos a una concepción exacta del universo, de su desarrollo y del desarrollo de la humanidad, así como de la imagen proyectada por ese desarrollo en las cabezas de los hombres.”. El pensamiento conservador percibe el mundo como algo estático, pero la realidad es un cambio continuo. Cambian las montañas, los océanos, las especies animales, la materia en si misma está cambiando continuamente, todo lo que existe es un continuo discurrir, en el que todo interactúa sobre todo, provocando continuos cambios en todo; también en las ideas de los hombres. De esta continua evolución de las ideologías, nace el materialismo histórico.
Las ideas de los hombres no son estáticas, sino que la historia nos demuestra que la religión, el derecho, la filosofía, la moral; todas las ideas sociales como la honra, el honor, la culpa, la vergüenza, la nobleza, el pudor o la virtud, varían en cada momento histórico y en cada lugar. Carlos Marx y Federico Engels, se dieron cuenta de que no hay nada en la cabeza de los hombres a lo que se pueda considerar eterno e imperecedero y que todas las ideas sociales cambian a lo largo de la historia, incluso las que nos parecen más inmutables. Buscaron la causa de estos cambios ideológicos a lo largo de la historia de la humanidad y se dieron cuenta de que estos están motivados por causas materiales. Lo que genera las diversas concepciones ideológicas de las sociedades y las personas es su sistema productivo, sus necesidades materiales, su economía en general. La historia del pensamiento social a lo largo de los siglos es el fruto de las necesidades materiales de los hombres en cada una de las sociedades que han existido. Estos se crearon de forma inconsciente el derecho, la filosofía, el arte, la religión, la ética, la moral y en general todo el sistema ideológico que necesitaban. Son las necesidades materiales de los hombres, el deseo de sobrevivir y reproducirse, lo que genera y configura las ideologías. Engels en el prólogo de su obra “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado” nos expone de esta forma lo que es el materialismo histórico: “Según la teoría materialista, el móvil esencial y decisivo al cual obedece la humanidad en la historia, es la producción y la reproducción de la vida inmediata. A su vez, éstas son de dos clases. Por un lado, la producción de los medios de existir, de todo lo que sirve para alimento, vestido, domicilio y de los utensilios que para ello se necesitan; y por otro, la producción del hombre mismo, la propagación de la especie. Las instituciones sociales bajo las que viven los hombres de una época y de un país dados, están íntimamente enlazadas con estas dos especies de producción...”. Los hombres de una época y un lugar dados se crean inconscientemente las instituciones sociales en las que viven, como la familia de esa sociedad, el trato que se dispensa a los niños y a los ancianos, la forma en que se ejerce la propiedad, las instituciones políticas o el concepto que se tiene de la justicia. La ideología de toda sociedad depende de su sistema económico y de cómo se cubren sus necesidades materiales.
Faustino Cordón en el trabajo anteriormente citado nos expone el materialismo dieléctrico: “El propósito del materialismo dialéctico es el de la ciencia a su nivel de generalización y de abstracción máximo: es el descubrimiento de las leyes de toda la realidad...” En consecuencia, el materialismo histórico sólo puede ser una parte, un subconjunto, del materialismo dialéctico. En la misma obra Faustino Cordón lo expone así: “En cambio, [en] el materialismo histórico ... el hombre y la sociedad humana no son sino una parte del conjunto integrado de los procesos reales, conjunto del que proceden, sobre el que se sostienen y en los que exclusivamente pueden encontrar explicación.”. Al intentar realizar un estudio antropológico marxista, debemos basarnos en una concepción dialéctica del hombre, continuamente cambiante y en interacción con todo lo que le rodea. La biología es una parte de la realidad y todas las llamadas ciencias sociales son especializaciones de la biología. La historia de un panel de abejas es un estudio biológico. La historia de una nación también. Todas las ciencias sociales como la historia, la sicología, el derecho, la teología, la economía, la antropología, la filosofía, la prehistoria o la sociología no son más que meros casos muy particulares de la biología. Todo estudio del hombre, de su comportamiento y de su organización social no es más que una parte de la biología y todo el orden biológico está en continua evolución. Si no nos percatamos de que todas las ciencias que estudian al hombre y a la sociedad son partes integrantes de la biología, conseguiremos que los árboles no nos dejen ver el bosque.
El otro gran descubrimiento de Marx consistió en darse cuenta de que toda la historia de la humanidad es una historia de explotadores y de explotados. En El Manifiesto Comunista Marx y Engels nos lo exponen así: “Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases.
Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, siempre frente a frente, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta...
En la Roma antigua son los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos; en la edad media, los señores feudales, los vasallos, los maestros y los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, y dentro de cada una de esas clases todavía nos encontramos con nuevos matices y gradaciones.
La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase. Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas.”. El capitalismo no ha acabado con la lucha de clases, sólo ha creado nuevas clases y nuevos mecanismos de opresión y de explotación.
Después de constatar que la historia de la humanidad es una permanente lucha de clases, Marx y Engels se percataron de que la explotación del hombre por el hombre no podía existir desde siempre, sino que necesariamente tenía que empezar en algún momento histórico o más bien prehistórico. Antes de que comenzase la historia, en tiempos todavía prehistóricos, tuvieron que desarrollarse necesariamente unas sociedades en las que todavía no existía la explotación del hombre por el hombre.
Engels nos lo expone en su obra “Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico”: “Los nuevos hechos obligaron a someter toda la historia anterior a nuevas investigaciones, entonces se vio que, con excepción del estado primitivo, toda la historia anterior había sido la historia de las luchas de clases, y que estas clases sociales pugnantes entre sí, eran en todas las épocas fruto de las relaciones de producción y de cambio, es decir, de las relaciones económicas de su época: que la estructura económica de la sociedad en cada época de la historia constituye, por tanto, la base real cuyas propiedades explican en última instancia, toda la superestructura integrada por las instituciones jurídicas y políticas, así como por la ideología religiosa, filosófica, etc., de cada período histórico.” Toda la ideología creada por las sociedades en las distintas épocas históricas es fruto de sus estructuras económicas y productivas basadas en la explotación, pero no siempre ha sido así. En la prehistoria tiene que existir un periodo sin explotación humana al que Marx y Engels le dieron los nombres de estado primitivo, comunismo primitivo o comunismo primigenio.
A lo largo de sus vidas Marx y Engels se dividieron el trabajo y este último fue el encargado de escribir la antropología marxista. De esta labor surgieron dos obras principales. Un artículo titulado “El Papel del Trabajo en la Transformación del Mono en Hombre” y el libro “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado”. Además se pueden encontrar algunas líneas de antropología en el Antidurin y en “ La Dialéctica de la Naturaleza”. Recuerdo que hace años leí un artículo de Engels que me ha sido imposible encontrar, titulado aproximadamente: “Cómo el Trabajo Creó la Mano”, pero sus hipótesis e ideas se encuentran incluidas en “El Papel del Trabajo en la Transformación del Mono en Hombre”.

2.- El Materialismo Histórico.
En “El Papel del Trabajo en la Transformación del Mono en Hombre”, Engels nos describe como eran nuestros antepasados: “Hace muchos centenares de miles de años, en una época, aún no establecida definitivamente, de aquel período del desarrollo de la Tierra que los geólogos denominan terciario, probablemente a fines de este período, vivía en algún lugar de la zona tropical —quizás en un extenso continente hoy desaparecido en las profundidades del Océano Índico— una raza de monos antropomorfos extraordinariamente desarrollada. Darwin nos ha dado una descripción aproximada de estos antepasados nuestros. Estaban totalmente cubiertos de pelo, tenían barba, orejas puntiagudas, vivían en los árboles y formaban manadas.”. El único error que comete Engels en esta definición, es no radicar el origen del hombre en África.
Y prosigue: “Es de suponer que como consecuencia directa de su género de vida, por el que las manos, al trepar, tenían que desempeñar funciones distintas a las de los pies, estos monos se fueron acostumbrando a prescindir de ellas al caminar por el suelo y empezaron a adoptar más y más una posición erecta. Fue el paso decisivo para el tránsito del mono al hombre.”. Tiene razón Engels, excepto en el enorme error de la última frase. Hace tres millones y medio de años, el australopitecus afarensis ya caminaba erguido aunque con algunas dificultades anatómicas, pero este se encontraba muy lejos del hombre actual. No pasaba de ser un animal más en el ecosistema de las llanuras africanas, y su capacidad intelectual era igual o ligeramente superior a la de un chimpancé actual. El australopitecus afarensis ya tenía las manos totalmente evolucionadas y sus pulgares eran parecidos a los nuestros oponiéndose al índice.
A diferencia de lo que suele suceder con frecuencia, Marx y Engels son dos investigadores extremadamente objetivos, pero a veces se les nota que uno desciende de judíos y el otro de burgueses protestantes. “El Papel del Trabajo en la Transformación del Mono en Hombre” sería un magnifico trabajo de antropología, si Engels no se empeñara en explicarlo todo mediante el trabajo, con una concepción profundamente judío - protestante de este. Basta con sustituir el término “trabajo”, por el de “manipulación de objetos”, para que el estudio mejore extraordinariamente. Baste con indicar que Engels empieza diciendo: “El trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los especialistas en economía política. Lo es, en efecto, a la par que la naturaleza, proveedora de los materiales que él convierte en riqueza. Pero el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre.”. El trabajo, tal como lo conocemos actualmente, aparece muy recientemente y debido a circunstancias que posteriormente analizaremos. Antes del trabajo existía la manipulación de objetos y es esta la que genera la mano. Jorge Sabater Pi fue el primero en descubrir que cuando se encuentran en su estado natural, pese a que sus manos no tienen un pulgar opuesto al índice, los chimpancés acostumbran a fabricar herramientas muy sencillas. Sabemos que algunas especies de australopitecos también creaban herramientas sencillas y suponemos que todas lo hacían. El trabajo no es lo que crea al hombre, como pretende Engels. Los homínidos manejaron herramientas durante millones de años, pero el trabajo aparece hace unos 10.000 años con el homo sapiens totalmente conformado.

2.1.- El Origen del Materialismo Histórico.
Al analizar sus escritos, parece que Marx y Engels nunca se preguntaron cómo y en qué momento de la evolución de la humanidad aparece el materialismo histórico. Sabemos que las culturas y con ellas sus sistemas ideológicos, nacen de las necesidades materiales. Eloy Terrón define la cultura como: “...la forma de adaptación extracorporal (no orgánica) de un animal, del primate prehumano, a una naturaleza hostil.”. Yo prefiero definirla comparándola con las organizaciones animales. Los animales sociales sean termitas, lobos o gorilas reproducen su estructura social en cualquier ambiente en que se encuentren. Un grupo de hormigas, de leones o de chimpancés siempre reproducirá sus relaciones entre individuos y su esquema social de la misma forma, sea cual sea el ambiente en que se encuentren. Tanto si están encerrados en un zoológico como si se encuentran en su medio ambiente natural o en cualquier otro entorno o hábitat, siempre reproducirán la misma estructura social. Yo definiría la cultura, en cuanto ideología, como una cualidad heredada genéticamente por los humanos que les permite de forma instintiva e inconsciente el modificar su sistema de relaciones sociales adecuándolo al medio material en que se encuentran. Mediante el instinto cultural e ideológico los humanos crean las estructuras sociales e ideológicas que necesitan para poder sobrevivir y reproducirse, adecuándose al medio ambiente y a sus necesidades materiales. Los hombres somos la única especie que es capaz de cambiar la organización social y el papel de cada individuo en el grupo conforme a las necesidades materiales. Nuestros antepasados pudieron sobrevivir en muy distintos ecosistemas no sólo porque su inteligencia les permitía adaptarse al medio, sino porque también sus sistemas sociales eran capaces de adaptarse al medio adoptando inconscientemente las ideologías que más les beneficiaban. Sobrevivieron porque de forma natural e inconsciente se crearon la justicia, la moral, el arte, la religión y en general todo el sistema ideológico y social que necesitaban en cada momento y en cada lugar que habitaron.
Hace siete millones de años el clima de África cambió. El continente dejó de ser una superficie extremadamente arbolada como la del actual amazonas y se fue convirtiendo rápidamente en una sabana semidesértica. Nuestros antepasados se vieron obligados a vivir en el suelo debido a la desaparición de los árboles. Estos estaban muy mal dotados por la naturaleza frente al resto de los animales de la sabana. Eran débiles, pequeños, tenían mal olfato y mal oído y corrían muy despacio. Necesitaban una forma de adaptarse al medio y lo consiguieron mediante la inteligencia y una estructura social moldeable. Su inteligencia y su organización social les permitían adaptarse a las necesidades del medio ambiente. Para ello necesitaban aumentar el tamaño de su cerebro, pero este para desarrollarse necesitaba de la ingestión de carne. Engels en “El papel del Trabajo en la Transformación del Mono en Hombre” ya se da cuenta de la importancia de la carne en la hominización: “Pero donde más se manifestó la influencia de la dieta cárnea fue en el cerebro, que recibió así en mucha mayor cantidad que antes las substancias necesarias para su alimentación y desarrollo, con lo que su perfeccionamiento fue haciéndose mayor y más rápido de generación en generación. Debemos reconocer —y perdonen los señores vegetarianos— que no ha sido sin el consumo de la carne, como el hombre ha llegado a ser hombre.”.
Aunque esta les gusta mucho, los chimpancés pueden vivir sin comer carne. En estado natural son capaces de cazar pequeños monos, pero pueden vivir sin ingerir carne alguna. Su cerebro es de un gran tamaño comparado con el de otros monos, por lo que necesitan más fósforo que estos. Para desarrollarse el cerebro necesita trifosfato de adenosina (ATP), por lo que los animales con cerebros grandes necesitan más fósforo que los animales con cerebros pequeños. El fósforo es escaso en la naturaleza, pero muy abundante en la carne, sobre todo en la médula y en el cerebro. Según el hombre fue aumentando su capacidad craneal, fue capaz de utilizar herramientas y con estas podía romper los huesos descarnados y abandonados, obteniendo la médula y el cerebro. El consumo de carne y el aumento del cerebro evolucionaron paralelamente. Cuanto más grande era el cerebro, más posibilidades tenían nuestros antepasados de obtener insectos, escarabajos, huevos, polluelos, ranas, gusanos o lagartijas además de la médula y los sesos de los cadáveres que habían sido descarnados y abandonados. Gracias al uso de herramientas eran capaces de romper los huesos y los cráneos de forma parecida a como los chimpancés actuales en estado natural cascan las nueces golpeándolas con piedras o maderos. El aumento de la ingestión de fósforo permitió el aumento del tamaño del cerebro y el aumento de este y de su capacidad intelectual permitió conseguir mayores cantidades de fósforo. Engels tiene razón en que la manipulación de objetos es la que crea al hombre dotándole de su cerebro, pero no el trabajo.
Para conseguir este aumento del tamaño y de la capacidad del cerebro, la naturaleza recurrió a un procedimiento conocido como neotenia. Este consiste en mantener durante la vida adulta diversos rasgos propios de la infancia. Si nos fijamos, veremos que nos parecemos mucho a una cría de mono en aspectos como la escasez de pelo en el cuerpo y el gran tamaño de la cabeza. Para conseguir un gran cerebro tuvimos que adoptar un aspecto infantil y cabezón. Para comprender lo que es la neotenia podemos utilizar el ejemplo de una salamandra llamada el ajolote, que tiene toda su vida aspecto de renacuajo incluso cuando es adulta y está procreando. Nuestra neotenia no es tan grande y clara, pero resulta evidente que tenemos aspecto de cría de mono. Esta transformación también tuvo efectos en nuestra razón y en nuestro entendimiento.
Las crías de chimpancé aprenden en su infancia a crear y manejar objetos sirviéndose del ejemplo de los adultos, así como a adoptar las aptitudes sociales pertinentes. Gracias a la neotenia nuestro cerebro evolucionó haciéndose en algunos aspectos infantil, especialmente en su capacidad permanente de aprender y adaptarse al medio, no sólo con respecto a la naturaleza, sino también con respecto a la posición de los individuos dentro del grupo.
El consumo de fósforo creó la posibilidad de un cerebro más grande. Un cerebro más grande generó la posibilidad de obtener el fósforo que necesitaba ese cerebro. Para que el cerebro creciera fue necesaria la neotenia que dio a los humanos un aspecto infantil en lo externo, pero también en lo interno. Incluso ya en su edad adulta los humanos nos comportamos como si fuéramos unas crías de mono, aprendiéndolo todo sobre el mundo exterior y adaptándonos al grupo según sus necesidades. Tan importante para la supervivencia fue la inteligencia como la capacidad de crear relaciones sociales adaptadas al medio.
Los chimpancés con mayor capacidad intelectual son capaces de realizar hasta cinco concatenaciones lógicas, mientras que los más torpes sólo son capaces de hilvanar dos acciones lógicas. Si colgamos un plátano de lo alto de una jaula y dejamos a un chimpancé en esta con un palo, hasta el chimpancé más torpe es capaz de golpear el plátano con el palo para hacerlo caer. Esto sería una acción de una sola concatenación lógica. Si le damos un palo más corto de tal manera que no consiga golpear con él el plátano, pero dejamos cerca de este un cajón, el mono arrimará el cajón hasta ponerlo debajo del plátano, se subirá en este y golpeará el plátano para hacerlo caer. Esta en una concatenación de dos acciones lógicas. Los chimpancés dependiendo de su capacidad intelectual son capaces de concatenar por sí mismos entre dos acciones los más torpes y cinco los más listos. En su estado natural no utilizan esta capacidad intelectual para conseguir alimento ni otros bienes materiales, sino en sus relaciones de grupo para conseguir una prevalencia y un mayor rango social. Los chimpancés son capaces de un cierto raciocinio en sus estructuras sociales. Esto es posible entre otras causas gracias a que tienen conciencia de sí mismos. Si un chimpancé se ve reflejado en un espejo, este se da cuenta de que está viendo su imagen, lo que demuestra que tiene conciencia de su propia existencia. Si realizamos la misma experiencia con un mandril o un babuino estos se pensarán que están viendo a otro espécimen de su especie. Aunque le dejemos el espejo en la jaula del zoo desde su nacimiento hasta su muerte, no se percatará de que se está viendo a sí mismo. El que los chimpancés tengan conciencia de su propia existencia hace que estos puedan interactuar en el grupo social de una forma consciente, no de una forma instintiva como hacen la mayoría de los animales sociales. Como además son capaces de realizar concatenaciones lógicas, dentro del grupo social se genera algo parecido a unas relaciones sociales y políticas en las que los individuos interactúan con consciencia de su pertenencia a este, calculando el alcance de sus actos y alianzas sociales.
La ingestión de fósforo hizo posible la neotenia humana y esta creó la inteligencia que permitía a los humanos adaptarse al medio, pero al mismo tiempo creó unas estructuras cerebrales capaces de crear relaciones sociales también adaptadas al medio. El hombre fue capaz de tener pensamientos abstractos y de crear mecanismos sociales variables como la moral, la ética, la religión, el derecho o la filosofía.

2.2.- Fases Vitales de Materialismo Histórico.
Poco a poco se fue desarrollando el pensamiento social humano, que se hereda genéticamente y que consta de cuatro fases a lo largo de la vida. En la infancia el humano aprende del grupo y no se suele plantear grandes problemas sociales, aceptando de forma casi acrítica la estructura social existente. Cuando llega la juventud se revela mediante mecanismos genéticos inconscientes contra las relaciones sociales que no le permiten una mayor obtención de bienes materiales. Si el medio ambiente en que viven estos jóvenes es distinto del de sus padres, estos se revelarán contra el orden social de sus progenitores creando un nuevo orden social más eficiente dentro del nuevo entorno, lo que les permitirá una mayor posibilidad de supervivencia. En el ecosistema africano de nuestros antepasados, el clima y con él la biodiversidad podían variar de un siglo a otro, creándose lo que se ha llamado la ruleta climática. Por eso era tan importante que la estructura social se pudiera modificar con gran facilidad. Si la cantidad y el tipo de caza varía constantemente es necesario que la estructura social varíe con esta. En un entorno en el que es necesario cazar grandes presas, la caza en esta sociedad será propia de varones adultos. En un entorno en el que sólo hay caza menor hasta los niños podrán ayudar a poner las trampas. De forma instintiva e inconsciente el grupo considerará lógica, moral, ética y correcta la estructura social que mejor le permite adaptarse al medio. Esta capacidad para adecuar la estructura social al entorno ayudó a la supervivencia de nuestros antepasados tanto o más que la inteligencia. Gracias a la inteligencia y al materialismo histórico, que permite que la estructura social se adapte al medio ambiente, los humanos hemos podido poblar todos los hábitats del planeta. Al cambiar el medio ambiente se produce una colisión generacional y a los jóvenes los valores morales, éticos, filosóficos, sexuales, artísticos o religiosos de sus progenitores les parecen ridículos, irracionales e ilógicos y se revelan contra estos consiguiendo así la supervivencia de la especie. Si el medio ambiente no varía de padres a hijos, estos últimos acatan la estructura social de sus progenitores. Gracias a esta asombrosa cualidad genética nuestros antepasados pudieron sobrevivir adaptándose al medio.
El hombre adquirió la capacidad del razonamiento abstracto y gracias a éste la naturaleza mediante la evolución de la especie creó la posibilidad de hacer ideologías. Durante miles y miles de años los humanos pensaron que sus ideas de tipo social e ideológico como las de justicia, dignidad, belleza, vergüenza, culpa, caridad, decoro, propiedad, virilidad, infancia u honor eran las correctas. En el siglo XIX, Marx y Engels al analizar la historia de las ideas sociales y de las ideologías se dieron cuenta de que todos los planteamientos sociales e ideológicos están determinados por las necesidades materiales y en último término por la economía. Por ello le dieron a esta evolución de las ideas el nombre de materialismo histórico, pues son las necesidades materiales las que determinan a lo largo de la historia la evolución de las ideas sociales de los hombres. Se dieron cuenta de que de forma inconsciente los hombres se crean la religión, el derecho, la filosofía, le ética, la moral, la sexualidad, el arte y en general todo el sistema social e ideológico que necesitan de acuerdo a sus necesidades materiales.
Engels en su discurso ante la tumba de Marx el día de su entierro define el materialismo histórico de esta forma: “Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época, es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo.” La necesidad de comer, beber, tener un techo y vestirse es lo que origina las ideologías con sus regímenes políticos, sus religiones, su arte y en general todo su pensamiento.
Durante su juventud y si el medio ambiente ha cambiado recientemente, los hombres y mujeres mediante mecanismos genéticos e inconscientes se rebelan contra las estructuras sociales de sus padres produciéndose un enfrentamiento generacional, que es mayor cuanto mayor sea el cambio en el entorno material que les rodea. Los humanos estamos programados genéticamente para que antes de empezar a tener hijos realicemos los cambios sociales necesarios para poder cuidar de estos y cubrir sus necesidades. Durante nuestra juventud los humanos realizamos los cambios sociales necesarios modificando las relaciones sexuales, las de familia, las de la amistad, la división del trabajo, la religión, etc.
Tras una primera fase acrítica de la infancia y una segunda muy crítica de la juventud, pasamos a una tercera de madurez en la que el principal objetivo genético es el cuidados de los hijos. Durante esta fase el espíritu crítico decae sin desaparecer, viviendo el grupo de los cambios sociales realizados anteriormente. Por último llega la vejez, que en general es una fase de la vida bastante conservadora, aunque todos somos distintos y cada cual es un mundo.
La vejez sólo existe en nuestra especie. En otras especies los individuos que no son capaces de valerse por sí mismos debido a su edad son eliminados por la naturaleza. El caso de los humanos es distinto porque los viejos apenas consumen recursos, pues acaban en un estado de aletargamiento, pero recuerdan perfectamente los hechos de su infancia. Hasta la aparición de la escritura los viejos fueron la fuente del saber histórico del grupo. Si el entorno no varía, no hay enfrentamiento generacional entre jóvenes y viejos y los viejos se convierten en la fuente de saber histórico del grupo ayudando a su supervivencia. Si hay grandes modificaciones en el medio ambiente, se produce una violenta ruptura generacional separándose los jóvenes y los viejos. Gracias este mecanismo de supervivencia el grupo no destinaba recursos a unos viejos, cuyo saber desfasado no le aportaba casi nada.
El materialismo histórico se genera mediante un mecanismo genético, que hace que en general el humano pase por cuatro fases ideológicas en su vida, aunque cada individuo tiene su personalidad por lo que no es fácil generalizar. Una primera de infancia y aprendizaje. Una segunda de juventud en la que los individuos jóvenes se revelan contra todo el entramado social e ideológico que no está de acuerdo con el medio ambiente por haber cambiado este desde la última generación. Sin ser conscientes de ello, los jóvenes actualizan la estructura social en que viven para poder realizar un mejor aprovechamiento del medio que les rodea. Una tercera de madurez destinada a la crianza de la descendencia en que se consolidan y asientan las nuevas instituciones sociales recientemente creadas. Y una cuarta de vejez en la que el viejo pasa a un estado de inacción y aletargamiento convirtiéndose si es menester en la memoria histórica del grupo.
Para explicar como el ser humano es capaz de adquirir su conducta social, Eloy Terrón indica: “Ahora bien, no se puede llevar a una criatura tan inerme en brazos durante tanto tiempo (qué menos que dos o tres años), sin condicionar de manera muy eficaz su comportamiento. Por lo pronto llevar en brazos a una criatura significa trabar sus movimientos, esto es, impedirle moverse y hacer lo que quiera; esto significa que se le impide toda espontaneidad, se le impide desarrollar una conducta (comportamiento) espontánea, instintiva, animal. Es evidente que en estas condiciones, la criatura tiene que adaptarse a lo que quieren de ella los adultos que la cuidan y que aunque no se lo propongan al cuidar las criaturas para no dejarlas morir, les imponen un comportamiento que estiman que es bueno para ellas: es decir, las educan o en otros términos las “domestican”, aniquilando su conducta instintiva y animal, y les inculcan otra conducta que conviene a las necesidades del grupo en cuyo seno van a vivir.”. Dicho en otras palabras, el humano nace en un grupo que ha creado una estructura social destinada a que él pueda sobrevivir en su infancia y genéticamente se adaptará a esta. Cuando llegue a su juventud modificará esa estructura para adecuarla al medio en lo que le haga falta para permitir la supervivencia de una nueva generación.
Gracias al aumento de la inteligencia aparecieron las ideas abstractas y con ellas las concepciones sociales e ideológicas. Estas se modifican adaptando la estructura social al medio ambiente cambiando los conceptos de justicia, derecho, arte, filosofía, moral o religión. Estamos genéticamente preparados para que nuestra ideología se adapte el medio.
Sólo evolucionan las especies que no están bien adaptadas a su medio ambiente y el hombre ha evolucionado a gran velocidad. Como posteriormente veremos, nuestros antepasados sufrían tan grandes penalidades que la especie estuvo a punto de extinguirse hace algo más de cien mil años. Si consiguieron sobrevivir fue gracias a la inteligencia y al materialismo histórico, pero con una clara conciencia de sí mismos individual y colectiva y sufriendo estas terribles penalidades fue necesario un tercer instinto para garantizar la supervivencia. No es muy difícil comprender que si no hubiese aparecido el instinto religioso, aquellos hombres habrían terminado con gran cantidad de problemas síquicos y la especie no habría sobrevivido. Aquellos cerebros funcionaban y actualmente funcionan porque la neotenia creó el instinto religioso. De la misma manera que el niño vive arropado en el grupo, el adulto humano se creó “unos adultos en el más allá” que le brindaban su protección y que le ayudaban en los momentos más difíciles.
Nuestra especie se caracteriza y ha sobrevivido por tener tres instintos que no tiene ninguna otra especie: la inteligencia que le permite comprender la realidad material, el materialismo histórico que le permite adaptar sus estructuras e ideas sociales al medio ambiente y la religión que hace que especialmente en los momentos de mayor dificultad las mentes puedan soportar la enorme presión a la que les somete la propia conciencia individual y social sin acabar con enormes problemas síquicos. Este proceso evolutivo duró siete millones de años, pero tuvo su momento culminante hace algo más de cien mil años.

2.3.- La Fecha de Aparición del Materialismo Histórico.
Hace un millón de años el homo erectus fue el primer homínido que salió de África poblando Europa y Asia. Hace aproximadamente medio millón de años las poblaciones de Europa y África quedaron separadas y aisladas evolucionando de forma independiente. Las glaciaciones fueron tan muy intensas que en el sur de Europa eran normales las temperaturas de 20 y 30 grados bajo cero. Esto hizo que la evolución de los homínidos europeos terminase en el hombre de neandertal de escasa capacidad intelectual, pero muy fuerte y muy bien adaptado al frío. El hombre de neandertal medía un metro sesenta y pesaba más de cien kilos. Era un fortísimo atleta perfectamente preparado para la caza mayor y muy bien adaptado al frío.
Los objetos del hombre de Neandertal son tan extremadamente simples que es muy difícil clasificarlos. Normalmente utilizaba la piedra y también la madera, pero de esta última nos han llegado muy pocos restos. Los restos que nos ha dejado el hombre de Neandertal son todos idénticos, sin modificaciones debidas al paso del tiempo o al lugar geográfico. Actualmente en cada lugar de la tierra, los hombres crean objetos adecuados a sus necesidades y a su tiempo histórico. Mientras los esquimales del ártico fabrican arpones para cazar focas, los bosquimanos del Kalahari construyen arcos y flechas. Mientras los romanos de la antigua Roma fabricaban lámparas de aceite, los de hoy en día fabrican bombillas eléctricas. Nada parecido sucede con el hombre de Neandertal. Siempre aparecen los mismos objetos en todas partes y en todas las épocas, salvo justo antes de su extinción cuando ya convive con el homo sapiens. El hombre de Neandertal no tenía capacidad intelectual para crear objetos adecuados a las nuevas necesidades, ni para perfeccionar los ya existentes. Casi podemos decir que creaba los objetos de forma instintiva. No racional.
Esto nos hace deducir que hace medio millón de años, cuando se produce la separación entre las poblaciones de Europa y África, el homo erectus apenas tenía capacidad creativa. Las herramientas creadas por el homo erectus eran todavía más simples que las creadas por el hombre de neandertal. No podía existir un verdadero materialismo histórico, que consiste en la capacidad de crear nuevas relaciones sociales adaptadas al medio, si ni siquiera eran capaces de crear nuevas herramientas adaptadas a cada situación material distinta. La estructura social flexible sólo es posible si se pueden tener ideas abstractas y aquellos hombres no las tenían.
El materialismo histórico tiene que aparecer necesariamente hace menos de medio millón de años entre los descendientes africanos del homo erectus. Debido a las glaciaciones el clima de África se hizo más frío y más seco dando lugar a un paisaje semidesértico en muchas regiones. Esto originó una enorme penuria en las poblaciones prehumanas. Cuando un animal vive perfectamente adaptado a su medio ambiente, no se produce una selección natural que le haga evolucionar. Cuando el animal vive en malas condiciones ambientales es cuando se produce una evolución de la especie debida a la selección natural. Las condiciones de vida de nuestros antepasados desde hace 140.000 años, hasta hace 110.000 años aproximadamente, fueron muy malas. Las grandes glaciaciones que en Europa crearon al hombre de neandertal provocaron que una gran parte de África se convirtiera en un semidesierto. Se ha calculado que la selección natural hizo que de media en cada generación aumentara en 150.000 el número de neuronas del cerebro humano. Hace aproximadamente unos 120.000 años la especie estuvo a punto de extinguirse, hasta tal extremo que todos los humanos actuales descendemos de apenas unos pocos miles de ejemplares que vivían en África.
La creación del materialismo histórico duró siete millones de años. Posiblemente antes de que empezaran a desaparecer los bosques africanos nuestros antepasados ya tenían unas relaciones sociales parecidas a las de los chimpancés actuales en las que los individuos tienen consciencia de su interacción en el grupo. Pero el periodo en el que se produce una mayor transformación de la estructura social, para hacerla flexible al medio sin necesidad de cambios genéticos, es en el periodo que varía desde hace 150.000 años, hasta hace 100.000 años, cuando lo más duro de la glaciación ya había terminado.
Tenemos tres instintos que son los que más nos diferencian del resto de los demás animales. Sin la inteligencia que nos permite comprender el mundo exterior, la especie no habría podido sobrevivir. En el momento en que la inteligencia es capaz de llegar a razonamientos abstractos se puede llegar a pensamientos sociales como la culpa, el derecho, el honor, el deber, la justicia, la amistad o el odio y es posible una estructura social avanzada. Pero si no estuviéramos diseñados genéticamente para considerar como adecuados los conceptos sociales e ideológicos que más nos benefician materialmente, la especie no habría podido sobrevivir. La inteligencia y el materialismo histórico se desarrollan paralelamente, se necesitan el uno al otro y son inseparables. Debido al aumento de su capacidad mental generada por la inteligencia y las nuevas relaciones sociales, pero en situaciones de enorme penuria e ignorancia, estos hombres se hacían las mismas últimas preguntas que nos hacemos nosotros. Esta clarividencia intelectual, junto con las enormes penalidades y las terribles desgracias que padecían, no las hubieran podido soportar si no hubiese aparecido el instinto religioso. Actualmente podemos observar que en situaciones de gran pena, desgracia o peligro es cuando las personas se vuelven más religiosas. La religión sólo es posible si se posee una inteligencia capaz de crear ideas abstractas y si se es un animal social capaz de crear una estructura social en el más allá. La inteligencia, el materialismo histórico y el instinto religioso forman el triángulo de la esencia del hombre. Al igual que a un triángulo no se le pueden quitar un lado o un ángulo sin que deje de ser triángulo, al hombre no se le puede quitar ninguno de estos tres instintos sin que deje de ser el hombre.

3.- El Comunismo Primitivo.
Terminadas las grandes glaciaciones hace 100.000 años, se han desarrollado de forma independiente dos especies humanas. En Europa y oriente próximo el hombre de neandertal y en África la nuestra, el homo sapiens, ya entonces casi idéntico a nosotros. Ambas vuelven a encontrarse después de cientos de miles de años de separación. El homo sapiens sale de África hacia oriente próximo hace 100.000 años y llega a la península ibérica hace unos 50.000. El hombre de neandertal fue desapareciendo lentamente de los lugares en los que había habitado. Sus últimos representantes, que vivieron en el sur de la península ibérica, se extinguen hace menos de 35.000 años. A partir de ese momento ya sólo queda en el planeta una especie de homínido: el homo sapiens.
El paleolítico se extiende en Europa desde la llegada del homo sapiens hasta el 12.000 antes de Cristo. Le sucede el mesolítico que dejará lugar al neolítico, pero este cambio se produce en fechas muy distintas dependiendo del lugar.

3.1.- La Agricultura.
El paso del mesolítico al neolítico es el cambio más grande que ha experimentado la humanidad en toda su historia. Aparece la piedra pulida, la ganadería, el sedentarismo y sobre todo la agricultura. Esta no se genera porque el hombre sea capaz de entender el ciclo de la vida y entonces empiece a cultivar las plantas para mejorar su bienestar. Nuestros antepasados preagrícolas conocían perfectamente el ciclo de la vida, de la misma forma que lo conocen los pocos pueblos primitivos actuales que se han negado a practicar la agricultura.
Uno de los mayores éxitos tecnológicos del neolítico es la protección de las plantas comestibles, lo que dio lugar a la agricultura. Desgraciadamente este hecho no pudo dejar restos arqueológicos que lo puedan verificar, pues las primeras semillas cultivadas no se diferencian de las que crecían de forma natural. El paso de la protección de las plantas cultivables a la agricultura es muy sencillo, siendo este el avance tecnológico más importante del neolítico. No obstante la mayoría de las regiones del planeta no tenían ninguna planta cultivable, pues el número de estas en el mundo es extremadamente reducido y muy inferior al uno por mil de las existentes.
Las plantas cultivables son muy distintas de los frutos silvestres que los humanos ingerían de forma natural. Los frutos silvestres comestibles son ingeridos por los animales, que después depositan las semillas junto con sus excrementos. Cuando un oso se come una manzana silvestre de apenas dos centímetros de diámetro, ingiere también las semillas que se hallan en el corazón de la manzana. Posteriormente depositará las semillas junto con sus excrementos. Lo mismo sucede con las fresas, pues cuando un ave ingiere una pequeña fresa silvestre, ingiere también las semillas de esta perfectamente visibles en el exterior en forma de diminutas pepitas negras y posteriormente la semilla comenzará a germinar rodeada de estiércol. La mayoría de las plantas silvestres que comía el hombre primitivo podemos clasificarlas aproximadamente en lo que hoy en día conocemos como frutas, verduras y hortalizas. Estas son muy saludables y aportan gran cantidad de vitaminas y fibra, pero no pueden suplir el valor alimenticio de la carne.
El primer lugar del mundo en el que empezó a practicarse la agricultura es una región de Oriente Próximo conocida como “la media luna fértil”, aunque posteriormente se ha demostrado que no tiene forma de media luna. Ubicada aproximadamente entre las actuales fronteras de Siria, Turquía e Iraq era un lugar excepcionalmente favorable para el nacimiento de la agricultura, pues tenía un clima mediterráneo y varias especies cultivables, hecho este extremadamente raro.
La agricultura es una de las actividades más agresivas con la naturaleza que ha inventado el hombre, pues consiste en seleccionar un trozo de tierra fértil en el que se desarrolla la vida salvaje y exterminarla totalmente. Una vez que la naturaleza ha sido aniquilada y el ecosistema ha desaparecido totalmente se repuebla pero con una sola planta como por ejemplo el maíz, el trigo, la cebada, la vid o el olivo. El paso de la recolección a la agricultura debió ser progresivo. Se empezó protegiendo las plantas comestibles y se terminó arrasando la naturaleza para crear tierras de cultivo. Cuando vemos un campo cultivado y pensamos en lo hermoso que es ver como crece la vida, lo que en verdad estamos viendo es como ha progresado la muerte y la destrucción hasta abarcarlo casi todo.
Aquellos hombres comprobaron que si se seleccionaban los guisantes más gordos y después se plantaban, las nuevas plantas daban guisantes aún más gordos. Pero no pasaba lo mismo con todas las plantas, pues en la mayoría de los casos al plantar las semillas más gordas las plantas resultantes no daban frutos más grandes. Este procedimiento de la selección de las semillas sólo es válido en el caso de que las plantas se autopolinizen. En los demás casos no es posible conseguir la selección genética por este método, pues las plantas seleccionadas se cruzan con otras silvestres.
En la llamada media luna fértil crecían de forma natural el trigo y la cebada y estos dos cereales junto con el guisante fueron las tres primeras plantas verdaderamente cultivadas por el hombre. Los cereales como el trigo y la cebada o las legumbres como el guisante tienen varias características fundamentales e imprescindibles para ser la base agrícola de la humanidad: se autopolinizan, sus semillas duran al menos hasta la próxima cosecha y proporcionan una gran cantidad de calorías en comparación con otros productos agrícolas como las frutas y las verduras.
La llamada media luna fértil es en verdad muy poco fértil; pero es lógico que en un lugar así naciera la agricultura. En una selva frondosa, fertilísima y llena de vida hay innúmeras plantas que dan bayas y frutos silvestres comestibles, pero en un sitio tan fértil ningún fruto tarda más de una semana en germinar o pudrirse. En un clima semidesértico como el mediterráneo, las semillas se desprenden en primavera y germinan varios meses después tras soportar bajo tierra el tórrido calor del verano. Es en los climas mediterráneos en donde se han encontrado las mejores plantas cultivables, que dan semillas de larga duración. Además los cereales y las legumbres se autopolinizan, permitiendo la selección genética de las mejores semillas y estas proporcionan gran cantidad de calorías a diferencia de las bayas y los frutos silvestres que aportan principalmente vitaminas y fibra, pero con un aporte energético muy bajo.
Los campos en los que antes se desarrollaban ecosistemas llenos de vida se transformaron en campos de trigo y cebada, pero los cereales son una fuente de alimentación malísima que antes de la agricultura sólo se utilizaba en los peores momentos. Mientras que la baya o el fruto silvestre están diseñados para ser comidos permitiendo la germinación de las semillas, el cereal está diseñado para no ser ingerido. Este genera una semilla durísima y seca que debe permanecer enterrada hasta que germine. El trigo, la cebada, el maíz, el arroz, todos los cereales en general casi no eran plantas comestibles hasta la llegada de la agricultura y los humanos las habrían rechazado considerándolas comida mala a la que sólo se recurría en los peores momentos. Se pasó de una alimentación natural, primero a una comida tan desagradable e insana como las gachas y después al pan, mientras que el resto de los alimentos empezaban a escasear cada vez más en la dieta de los hombres del neolítico. No sólo la carne se convirtió en un manjar de ricos, sino que incluso las verduras, las frutas y las hortalizas empezaron a ser muy escasas.
En la media luna fértil esta civilización de la harina ha subsistido sin apenas variaciones hasta nuestros días, pasados ya unos cien siglos desde su aparición. Actualmente en esta misma región y en otras muchas del planeta se puede contemplar a unos subdesarrollados pobres y hambrientos alimentándose casi exclusivamente de pan y para los que la carne es un producto de lujo que rara vez ingieren. Incluso según fue aumentado la población la paja del trigo y la poca cebada que todavía se cultivaba, en vez utilizarlas para alimentar al ganado de carne tuvieron que ser empleadas para alimentar a los animales de labor que ayudaban en las faenas agrícolas. La ganadería en vez de suministrar carne, lo que verdaderamente suministraba era todavía más harina. El pan acabó convirtiéndose en la base de la alimentación de unos agricultores permanentemente hambrientos y con una dieta muy desequilibrada e insana, pero el gran problema se generaba cuando la climatología no era propicia. Entonces se perdían las cosechas de cereales y el hambre, que ya se había hecho permanente en buena parte de la población, alcanzaba niveles de auténtica hambruna pereciendo muchos de sus habitantes de hambre y de necesidad.
Hasta entonces el hambre debía de ser tan extraño para nuestros antepasados mesolíticos como para el resto de los animales. De vez en cuando vendría una sequía u otra desgracia natural que produciría uno o dos meses de hambre regulando así la población del ecosistema, pero el hambre continua y permanente propia del desarrollo agrícola hasta entonces resultaba desconocida. El hambre permanente y severa que padece actualmente la mayor parte de la humanidad era entonces algo impensable en las poblaciones mesolíticas, que estaban muy bien adaptadas al medio. Es verdad que cada varios años las manadas de leones pasan hambre durante unas semanas por falta de caza, pero esta regulación de la población incluso ayuda a que después no se siga pasando hambre, pues el número de comensales ha disminuido eliminando a los más débiles y a los peor dotados. En nuestro caso la posibilidad de morir de hambre debía de ser incluso menor que en otros animales, sobre todo teniendo en cuenta que somos un animal omnívoro y que casi siempre se encontraba algo que llevarse a la boca. La idea de un oso muriendo de hambre en plena naturaleza resulta bastante incomprensible. Los humanos somos omnívoros al igual que los osos y siempre se encontraba algo mejor o peor con lo que sustentarse incluso en los peores momentos.
Se podría pensar que esto no es cierto dado que los pueblos primitivos actuales sí que pasan hambre, pero estos pueblos ya han adquirido a una tecnología bastante más refinada y además han sido confinados por otras civilizaciones de mejor tecnología en zonas pobres y sin recursos. Para los hombres primitivos actuales confinados en regiones ricas y fértiles, pero en las que es casi imposible la agricultura y la ganadería, al igual que para los hombres mesolíticos, la idea de morir de hambre les resulta casi inconcebible. Siempre es posible encontrar algo que comer por malo que sea. No han llegado todavía a una tecnología basada en la agricultura, la ganadería y el trabajo.

3.2.- Consecuencias Sanitarias de la Agricultura.
Las consecuencias de esta alimentación insana debida a la agricultura no se hicieron esperar. El estudio de los restos óseos nos ratifica el inmenso bajón que se produjo en el nivel de vida con la llegada de la ganadería y la agricultura. En el mesolítico la estatura media era de un metro ochenta para los hombres y de uno setenta para las mujeres. Esta es la estatura normal de un humano bien alimentado, como lo están actualmente los habitantes de los países desarrollados. En cuanto llega el neolítico y se comienzan a cultivar los cereales en todas las regiones del mundo sucede lo mismo, la estatura media de los hombres baja hasta un metro sesenta y la de las mujeres a metro y medio o incluso menos. Basta con observar cualquier sociedad fuertemente subdesarrollada actual para hacernos una idea del aspecto físico que debían tener aquellos desgraciados comedores de harina o basta con observar la altura del dintel de los castillos medievales o de las armaduras que de aquellos tiempos se conservan para comprender la escasa estatura y corpulencia de aquellos hombres, especialmente si tenemos en cuenta que las armaduras eran propiedad de los ricos que eran los mejor comidos y los más altos.
Las dentaduras también nos confirman el gran cambio que la agricultura produjo en el nivel de vida. Los pueblos preagrícolas suelen tener todas o casi todas las piezas dentales y apenas alguna caries. El estudio de los restos de nuestros antepasados preagrícolas es considerado como aburrido por los especialistas, pues apenas padecían dolencia alguna. El estudio de los restos de los primeros pueblos agrícolas nos muestra unas dentaduras a las que les faltan abundantes piezas, tienen gran cantidad de abscesos y suelen tener una media de unas seis o siete caries. Basta con observar las caras desdentadas de los subdesarrollados actuales para poder entenderlo perfectamente. Incluso su aspecto debería de ser todavía peor, pues con frecuencia se utilizaban piedras de arenisca para moler el grano por lo que la harina contenía una cierta cantidad de arenilla muy fina y esta hacía de abrasivo lijando las muelas y los dientes a lo largo del tiempo.
La falta de calcio se hizo constante sufriendo la mayoría de la población osterioporosis y otras enfermedades degenerativas. La falta de frutas y verduras provocó continuas avitaminosis. La anemia se volvió permanente, especialmente entre las mujeres, entre otras causas por la casi total ausencia de carne en la dieta y de otras fuentes de hierro. La falta de defensas inmunológicas debida a la mala alimentación y la concentración de la población en los primeros núcleos urbanos hizo que diversas enfermedades infecciosas se convirtieran en endémicas. La esperanza de vida cayó espectacularmente y sólo el 1% de la población alcanzaba los cincuenta años, mientras que aproximadamente un 20% moría en la más tierna infancia. Al observar actualmente a los habitantes rurales de lo que fue la media luna fértil y sus alrededores nos podemos hacer una idea bastante aproximada de cómo vivan aquellas pobres gentes atrapadas en una sociedad agrícola de la harina.
Este fenómeno agrícola no se produce sólo en oriente próximo. En la China aparece la agricultura de forma independiente con el cultivo del arroz, en América con el del maíz y posiblemente ocurren fenómenos parecidos en otros lugares del mundo.

3.3.- Causas de la Expansión Agrícola.
Resulta asombroso que aquellos cazadores y recolectores sanos y bien alimentados del mesolítico decidieran cambiar a un sistema tan mísero y pobre como el agrícola. Tuvo que haber alguna razón para que se adoptara la agricultura, pese a la enorme caída en la calidad de vida que esta supuso. La causa es el origen del trabajo y de la explotación del hombre por el hombre. En una economía en la que las hordas dominan un territorio viviendo la caza y de la recolección de sus frutos silvestres, cualquier intento de apoderarse del trabajo ajeno es imposible, pues el explotado huirá con toda facilidad. En el momento en que aparece el molido de los cereales empieza el trabajo tal como lo conocemos actualmente y ya es posible la esclavitud, que fue la primera forma de explotación de sus semejantes inventada por el hombre. A diferencia de lo que pensaba Engels, el trabajo tedioso y aburrido tal como lo conocemos actualmente aparece hace 10.000 años con el homo sapiens totalmente configurado.
Al principio la agricultura debía ser un sistema de emergencia para cuando no había otra cosa que comer. Cuando los prisioneros fueron esclavizados y obligados a moler el grano para obtener harina, la agricultura empezó a ofrecer mejores posibilidades. Con el tiempo estos esclavos esporádicos fueron sustituidos por esclavos permanentes, hijos y nietos de esclavos, que por no tener horda ni tribu no tenían a donde huir. A estos esclavos se les podían encargar muchas labores agrícolas, ganaderas y domésticas por lo que a sus amos les interesaba tener muchos esclavos para obtener muchos beneficios de estos. La población de las sociedades agrícolas empezó a reproducirse de forma forzada, aumentando constantemente la población. Llegó un momento en el que el aumento de la agricultura y de la ganadería con cada vez más tierras dedicadas al cultivo o al pasto, consiguió acabar con la caza y los frutos silvestres. Cuando la población creció tanto que los animales domésticos se tuvieron que emplear principalmente para la agricultura en vez de destinarlos a carne, se generaron las sociedades agrícolas del neolítico. En muy pocas generaciones debido a la aparición de la agricultura, la ganadería, el trabajo y la explotación del hombre por el hombre se pasó de cazar y recoger frutos silvestres a una economía de explotadores y explotados con un nivel de crecimiento demográfico elevado. Es en este momento cuando las sociedades se dividen en clases sociales apareciendo las primeras ideologías de clase.
Los pueblos no agrícolas que permanecían con una tecnología de finales del mesolítico verían la paupérrima sociedad de los comedores de harina como un claro ejemplo a no imitar. La agricultura fue avanzando por el Mediterráneo sur hasta llegar al estrecho de Gibraltar a la escasa velocidad media de apenas un kilómetro por año y a una velocidad aún menor por el Mediterráneo norte. Un avance lentísimo si lo comparamos con otras invenciones y adelantos del mesolítico que se expandían instantáneamente hasta el extremo de hacer irreconocible a los prehistoriadores el lugar de su invención. Para comprender este avance hay que entender el sistema de propagación de las sociedades agrícolas.
Con la aparición de la agricultura, la ganadería y el trabajo aparecen las morales y las ideologías de clase. Hasta entonces el materialismo histórico había adaptado la ideología de las hordas al entorno en que vivían para conseguir explotar con el mejor aprovechamiento posible la caza y los frutos silvestres que proveía su territorio. Cada horda tenía una ideología única compartida por todos sus miembros. Con la aparición del trabajo aparecen las morales y las ideologías de clase, destinadas a la explotación de otros hombres o a oponerse a esta explotación. En términos biológicos, la explotación del hombre por el hombre es una forma de parasitismo. El explotador o parásito se apodera de parte del trabajo del explotado o parasitado explotándole de esta forma. Para ello necesita una ideología oficial de clase que defienda su explotación como lógica, buena y justa y por otra parte que genere una moral natalista y de defensa de la vida, que aumente el número de explotados.
La principal baza de las sociedades agrícolas frente a las sociedades de cazadores es su elevada densidad de población y su alto crecimiento demográfico. La sociedad agrícola es una máquina de generar humanos hambrientos y desarrapados, que no tienen otra disyuntiva que morirse de hambre o intentar roturar nuevas tierras. Cuando los agricultores entran en los terrenos propiedad de las hordas de cazadores y recolectores, la horda propietaria los ataca y repele con pocas bajas propias y muchas ajenas. Los cazadores están bien nutridos y conocen bien el terreno, pero la riada de colonos agrícolas que llegan con la intención de hacerse con un trozo de tierra en el empezar una nueva vida es inacabable y tras las primeras victorias llegan las derrotas. Los harapientos granjeros de la sociedad de los comedores de harina han tenido al principio muchas más bajas que los nativos, pero su número es tan superior que hace que la marabunta sea imparable y terminan venciendo por aplastamiento demográfico. Intentar detenerlos es como luchar contra una plaga de langosta que lo devora todo a su paso. El avance de los agricultores es tan lento como imparable y los cazadores son totalmente incapaces de impedirles el paso a largo plazo. Tan pronto como los agricultores se apoderan de la región empiezan a destruir el ecosistema. Convierten los campos fértiles en tierras cultivadas y talan los bosques para obtener praderas de pasto para sus animales y leña para el fuego. Con el tiempo las lluvias remiten, el paisaje se desertiza y la tierra se erosiona. Comienza de nuevo el hambre y entonces muchos emigran en busca de un nuevo pedazo de tierra en el que empezar una nueva vida y todo comienza de nuevo.

3.4.- El Desastre Ecológico Agrícola.
Como en tantas otras materias, Engels fue también en su concepción de la ecología un adelantado a su tiempo. En “El Papel del Trabajo en la Transformación del Mono en Hombre” ya se da cuenta del desastre ecológico que ha originado la agricultura desde su nacimiento: “...no nos dejemos llevar del entusiasmo ante nuestras victorias sobre la naturaleza. Después de cada una de estas victorias, la naturaleza toma su venganza. Bien es verdad que las primeras consecuencias de estas victorias son las previstas por nosotros, pero en segundo y en tercer lugar aparecen unas consecuencias muy distintas, totalmente imprevistas y que, a menudo, anulan las primeras. Los hombres que en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y otras regiones talaban los bosques para obtener tierra de labor, ni siquiera podían imaginarse que, al eliminar con los bosques los centros de acumulación y reserva de humedad, estaban sentando las bases de la actual aridez de esas tierras.”. El moderno estudio de las consecuencias medioambientales de la agricultura nos ha demostrado que su agresividad con el medio ambiente es incluso muy superior a lo que creía Engels.
Las consecuencias del desastre ecológico originado durante siglos por la agricultura y la ganadería resultan evidentes. El Desierto del Sájara y las zonas desérticas de Oriente Próximo son el verdadero fruto de la agricultura y la ganadería. Todavía se pueden observar las pinturas rupestres de los cazadores primitivos en lugares en los que ahora no es posible ver otra cosa que la arena y las piedras desnudas. En los arenales y pedregales de lo más árido del desierto africano se pueden encontrar pinturas prehistóricas rupestres con gran cantidad de animales salvajes que actualmente sólo viven en la región subsajariana. Se pueden encontrar pinturas rupestres con plantas y hasta grandes ríos con hipopótamos y abundante pesca. Los restos arqueológicos nos demuestran sin lugar a dudas que el desierto del Sájara tal como lo conocemos comenzó a originarse hace menos de 10.000 años, justo cuando se asientan en él los pueblos de las sociedades agrícolas. Si el homo sapiens pudo salir de la región de los grandes lagos hace 100.000 años y llegar a Europa y América fue porque entonces no existían las actuales zonas desérticas de África y Oriente Próximo. Actualmente nadie puede atravesar el Sájara o el Sinaí sin otros medios que sus propios pies como lo hicieron aquellos humanos, pues nada más comenzar moriría inmediatamente de calor y de sed. Con la llegada de la agricultura al Sájara se destruyó el ecosistema para plantar trigo y cebada en el norte y mijo y sorgo en el sur. Atacada la naturaleza por estos dos frentes, el desierto desde entonces avanza continuamente todos los años como lo hacen todos los desiertos del mundo.
Cuando la tierra ya no es suficientemente fértil para plantar especie alguna, entonces se recurre a la ganadería y hasta se destruyen los pocos bosques supervivientes para conseguir dehesas y eriales destinados a pastos. Las lluvias acaban retrayéndose poco a poco y la región termina desertizándose. Las mismas hambrunas actuales por destrucción de la naturaleza que se producen en Etiopía, Somalia y otros países Sajarianos vienen ocurriendo desde hace siglos cuando los humanos empezaron a desertizar la región con la agricultura, sólo que ahora con las modernas técnicas agrícolas las hambrunas son cada vez mayores. Según aumenta la población

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