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Secciones: Marxismo -  El Problema Español -  Movimiento Obrero/Mundo del Trabajo

Título: Las Clases Sociales en la España Contemporánea. Por Santiago G.C.- Enlace 1

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1.0.- Las Clases Sociales.
El estudio de las clases sociales en si mismas es uno de los temas más difíciles de la estructura económica y social, y los grandes clásicos marxistas normalmente lo han rehusado. Estos no nos han dejado ningún libro o tratado centrado sobre el estudio de estas.

1.1.- Características de las Clases Sociales.
Las clases sociales son parte de la realidad existente y por ello se rigen por las mismas leyes y principios que rigen todo lo que existe, con sus mismas características y principios.
Las categorías son los conceptos utilizados por el conocimiento, que agrupan elementos de la realidad que tienen características similares. Por ejemplo, los colores son categorías. Dentro del espectro de la luz visible, nos dedicamos a seleccionar trozos del ancho de banda y así creamos las categorías o conceptos de verde, rojo o azul. No hay dos cosas que tengan exactamente el mismo color, pero nosotros agrupamos un conjunto de colores parecidos y creamos la categoría de amarillo, agrupando todas las innúmeras cosas amarillas que conocemos, cada una con un tono de amarillo distinto.
Las clases sociales son categorías y por ello no son más que agrupaciones de individuos que tienen unas características económicas comunes. Vemos un individuo que es explotado por un esclavista, gracias a que este es de su propiedad. Tenemos noticia de otro en la misma situación y de otro, y con todos los individuos que tienen esta misma característica, creamos la clase, categoría o concepto de esclavo y a su vez creamos también la categoría de la esclavitud, que no es sino la agrupación de un conjunto de elementos de la realidad, que tienen unas características similares. Una clase social es un conjunto de individuos que se encuentran en la misma situación económica como explotadores o como explotados. Los esclavos, los esclavistas, los nobles, los siervos, los proletarios o los burgueses son ejemplos de clases sociales, con sus correspondientes relaciones de explotación.
Las categorías tienen dos características que nos interesan especialmente en el estudio de las clases sociales, como categorías que estas son. Una es que son nebulosas y sin contornos claros y la otra que son dialécticas o cambiantes.
Las categorías no son algo claramente definido. Es imposible determinar con precisión dónde termina el naranja y empiezan el rojo o el amarillo. Ni donde termina la mano y empieza el brazo. O dónde están los límites exactos entre una ventana, un ventanal y un ventanuco. O entre un arbusto y un árbol. O entre la vida y la muerte. Entre lo grande y lo pequeño. Lo Masculino y lo femenino. Lo animal y lo vegetal. Lo animado y lo inanimado. Lo real y lo imaginario.
De la misma forma, es difícil determinar dónde termina la pequeña burguesía y empiezan la gran burguesía o el artesanado. O qué diferencia exactamente a la alta nobleza de la pequeña nobleza o de la gran burguesía agrícola. Vemos un conjunto de individuos con unas características económicas parecidas dentro de la estructura económica de una sociedad y los agrupamos en una clase social, pero esta no es clara ni precisa. Si bien hay siempre individuos que pertenecen claramente a una clase social, siempre también hay otros que se encuentran en su periferia, en medio de dos o más clases, que no pertenecen a ninguna o que son de aún más difícil clasificación. Por ello, las clases sociales no son exactas y perfiladas, sino abstractas y nebulosas.
La otra característica interesante de las categorías que nos interesa en el estudio de las clases sociales, es que estas son mutantes, cambiantes, dialécticas. Todo lo que existe muta, cambia, se altera. Nada permanece, salvo el cambio en sí mismo. Los planetas, las montañas, la energía, las ideas, todo cambia, todo muta, todo se transforma, nada permanece constante, salvo el cambio en si mismo. Nunca se ve dos veces a la misma persona, ni es posible bañarse dos veces en el mismo río. Una persona nunca es igual a sí misma, pues siempre está evolucionando, desde el nacimiento hasta la muerte. El río es una corriente de agua, pero su agua nunca es la misma. Siempre es distinta, como el río mismo.
Por estas y otras causas, las categorías son entes cambiantes. El proletariado actual, es muy distinto del de la revolución industrial y no deja de evolucionar. La burguesía de la edad media, en poco se parece a la de la revolución industrial y aún menos a la actual, pero todas son burguesía. La nobleza no ha sido sino una permanente evolución desde su creación en la edad media, hasta su reciente desaparición.
Las clases sociales son parte de la realidad existente y por ello se rigen por las mismas leyes y principios que rigen todo lo existente. Son categorías y por ello cumplen todos los principios de las categorías o conceptos. Son una agrupación de elementos de la realidad agrupados debido y gracias a sus mismas características, y además son dialécticas o cambiantes.
Por último habría que indicar, que las categorías se pueden dividir en subcategorías infinitamente, hasta llegar a cada objeto particular. El rojo se puede dividir en varias tonalidades de rojo y así división tras división, se llegaría a cada rojo particular de la realidad material. Con las clases sociales sucede lo mismo. Las podemos dividir en subclases continuamente, hasta llegar a cada individuo en particular.

2.- Las Clases Sociales Contemporáneas.
Toda clase social existe como contraposición a otras clases. Por ejemplo, los esclavos sólo pueden existir en contraposición a los esclavistas y a la inversa, y ambos a su vez, existen también en cuanto contraposición a los hombres libres que no poseen esclavos. Hay libres porque hay esclavos, de la misma forma que hay altos, porque hay bajos. Todo concepto para existir, necesita de otros que se le opongan, total o parcialmente.
Vamos a estudiar la evolución en los países más avanzados, de las cuatro grandes clases sociales que han existido desde la aparición del proletariado hace algo más de dos siglos.

2.1.- La Nobleza.
La nobleza es una clase social, que basa su existencia en la explotación del campesinado gracias a la mera posesión de la tierra. Para nuestro análisis de clase, es indiferente si tiene o no tiene título oficial de nobleza. Desde un punto de vista económico, noble es una palabra muy cercana a terrateniente. Consideramos que pertenece a la nobleza como clase social, todo aquel que basa su explotación en la mera posesión de la tierra.
La nobleza es una clase explotadora que aparece en Europa hace 12 o 14 siglos. Su característica principal, consiste en explotar al campesinado mediante la posesión de la tierra. El noble o señor feudal es propietario de las tierras y el campesino o siervo de la gleba que las trabaja, le tiene que dar una cantidad de lo que producen en estas.
El trabajo es el fruto de toda riqueza. Sin él ningún producto puede existir y tener valor de cambio. La explotación consiste en apoderarse del trabajo de otro, mediante cualquier mecanismo de fuerza, sea legal o de cualquier otro tipo. El noble se apodera de parte del trabajo de siervo, el campesino o el agricultor, quedándose con parte de la producción agrícola y ganadera de este, por ser el propietario de la tierra.
Desde hace algo más de dos siglos, la burguesía ha ido quitándole a la nobleza su papel de clase dominante. En general, la alta nobleza de los países europeos más avanzados se ha ido aburguesando y su explotación ha dejado de ser fruto de la mera propiedad de la tierra, pasándose a una explotación de tipo burgués, en la que el capital y la innovación agrícola y ganadera han ido ganado cada vez más terreno.
La pequeña nobleza ha corrido peor suerte. Algunos hidalgos y otros pequeños nobles han conseguido aburguesarse, pero en general han abandonado su clase por dos caminos bien distintos. Una parte se ha incorporado en el proletariado cualificado o de alto nivel, gracias a sus conocimientos sociales y culturales. Otra ha caído en el lumpen, formando lo que Engels llamaba el lumpemproletariado noble o la lumpennobleza. Arruinados e incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos, mientras pudieron malvivieron sumergidos en las deudas aparentando una riqueza inexistente, abusando de sus títulos nobiliarios y obteniendo sus rentas de las indiscreciones, la mendicidad y el espionaje político.

2.2.- El Campesinado.
El campesinado como clase social es el fruto genuino de la nobleza, en cuanto que es su clase explotada. El noble o terrateniente es el propietario de la tierra y el siervo o el campesino sin tierra, se ve obligado a trabajar una tierra ajena y por la mera propiedad de esta, el dueño se apodera de parte de su trabajo. Desde los tiempos de la nobleza medieval y los siervos de la gleba, hasta los últimos de contratos europeos de aparcería en el siglo XX, el dueño acostumbraba a quedarse aproximadamente con la mitad de la cosecha.
Según la alta nobleza se iba aburguesando, este tipo de explotación fue desapareciendo, reemplazándose por una explotación burguesa de la tierra, en la que las rentas del explotador ya no provenían de la mera cesión de la tierra, sino que cada vez se fue utilizando más capital y más intervención del propietario en la gestión.
La mayoría de las tierras de la pequeña nobleza y de los agricultores con tierras propias han pasado a manos de la burguesía, que ha comenzado un sistema de explotación capitalista de estas, basado en la aportación de capital y en las nuevas tecnologías.
Una pequeña parte de los pequeños terratenientes, fueran pequeña nobleza o no, han sobrevivido cultivando ellos mismos sus propias tierras mediante moderna maquinaria, despidiendo a sus antiguos cultivadores.
La mecanización burguesa del campo, ha hecho que cada vez la explotación de las tierras sea más eficiente, no necesitándose apenas mano de obra en este. Al principio de la edad media, para dar de comer a una población, era necesario que entre el 95 y el 99% de esta trabajara en el campo produciendo alimentos. En un país desarrollado medio actual, basta con un 2 o 3% y con un nivel de calidad y abundancia extremadamente superior. Esto ha propiciado en los últimos siglos un flujo migratorio del campo a la ciudad, con el consiguiente cambio de clase social. La mayoría de las familias campesinas han abandonado las actividades rurales y han pasado a ser mano de obra en otras ramas productivas. Sólo una pequeña parte del campesinado se ha proletarizado como trabajador agrícola.

2.3.- La Burguesía.
Aproximadamente a partir del siglo IX, empiezan a producirse ciertos avances en la agricultura europea, como la rotación de cultivos, la carruca, el mayal doble, el caballo como animal de labranza y otros, que al aumentar la productividad, harán que disminuya la proporción de población necesaria en labores agrícolas y ganaderas. De este excedente de población agrícola nacerán los primeros burgos, constituidos por artesanos dependientes de la nobleza y sojuzgados a esta.
Esta burguesía se fue haciendo cada vez más poderosa, primero independizándose de los señores feudales y después erigiéndose en la clase social dominante. Desde que la burguesía se convierte en burguesía industrial gracias a la máquina de vapor, hasta nuestros días, podemos considerar que en los países más desarrollados ha pasado por tres fases.
La primera abarca desde el inicio del siglo XX, hasta poco antes de la primera guerra mundial. En esta, la burguesía va a asentar su explotación en el textil, el carbón, la siderurgia y la máquina de vapor. Su explotación no se basa en la posesión de la tierra, como en el caso de la nobleza, sino en la posesión del capital necesario para levantar esas industrias. Con ello crea el primer proletariado industrial, que sin posibilidad de poseer sus propios medios de producción, se ve obligado a trabajar con el capital de la burguesía. De la misma forma que el noble se queda con parte de la producción agrícola del campesino gracias a su posesión de la tierra, el burgués se queda con parte de la producción industrial del proletario, por la mera posesión del capital. El proletariado es el fruto genuino de la burguesía industrial y de su explotación burguesa. Sin posibilidad de acceder a la posesión los medios de producción, para poder sobrevivir, al proletario no le queda más remedio que vender su fuerza de trabajo a la burguesía.
Esta primera burguesía era normalmente la propietaria directa de sus fábricas e industrias, pero en esta misma época aparece la sociedad por acciones. En sus inicios, es una agrupación de capitales de diversas procedencias, para afrontar una empresa de muy elevado coste y riesgo. Por ejemplo, la construcción de un ferrocarril necesitaba enormes cantidades de capital, que difícilmente una sola persona podía aportar. Por ello, diversos individuos y entidades podían suscribir dicho capital mediante acciones, sin más riesgo para ellos que el propio capital aportado.
La segunda fase del capitalismo industrial en los países más desarrollados, abarca desde poco antes de la primera guerra mundial, hasta poco después de crisis del petróleo. En esta fase, el textil, el carbón, el acero y el vapor, dejan paso a la industria química, el motor de explosión, la electricidad y una gran variedad de nuevas ramas industriales. En esta nueva fase, el capitalismo familiar va desapareciendo poco a poco. Cada vez es más raro que la familia burguesa sea dueña directa de sus medios de producción, constituyendo para ello sociedades anónimas, que muchas veces llevan el nombre de sus propietarios: Ericson, Philips, Siemens, etc.
Las familias burguesas en muchos casos continúan dirigiendo sus empresas y negocios, pero cada vez aparece más la gran empresa que no está dirigida total o parcialmente por la propiedad, sino por personal de alto nivel y en la que el proletariado tiene cada vez una mayor cualificación profesional. Lejos de la primera burguesía, que dirigía directamente su negocio y vivía en su propia fábrica, los poseedores de grandes paquetes de acciones de las compañías multinacionales, ni siquiera conocen la mayoría de las instalaciones de sus empresas distribuidas por el mundo.
La tercera fase de la burguesía moderna en los países más desarrollados, surge a partir del fin de la crisis del petróleo. En este periodo, el ámbito burgués de actuación ya no sólo se centra en la industria, sino que se expande a la totalidad de las actividades productivas, imponiéndose en los servicios, la construcción y la agricultura. Como nuevos sectores económicos, irrumpen con fuerza la electrónica, la informática y las telecomunicaciones. En muchos sectores de la economía, el capital para poder sobrevivir, tiene que ser de carácter internacional o incluso mundial, y la empresa familiar sigue cediendo terreno a la gran empresa multinacional. De esta forma se crea una burguesía muy reducida pero extremadamente rica, que no realiza una gestión personalizada de sus negocios y que delega enormes cantidades de responsabilidad en el proletariado ejecutivo.

2.4.- El Proletariado.
Como es de suponer, la evolución del proletariado en las sociedades más avanzadas ha sido similar a la de la burguesía que le ha creado.
La burguesía preindustrial, basaba su explotación en la división del trabajo en tareas tan simples como era posible. Dedicando cada trabajador a una tarea, se conseguía una producción de mejor calidad y más barata. Al aplicar la máquina de vapor a esta forma de producción nace el primer maquinismo y con él el primer proletariado moderno.
Al principio, la burguesía tenía grandes dificultades para encontrar mano de obra para producir mediante la máquina de vapor y se veía obligada a contratar a tontos, bobos y simples. Pero esta primera producción industrial provocó la ruina de gran cantidad de burguesía artesanal, que se vio obligada a vender su fuerza de trabajo a la burguesía industrial para poder sobrevivir.
Este primer proletariado industrial, provenía principalmente de un artesanado gremial que tenía un gran conocimiento profesional, transmitido de padres a hijos a través de las generaciones. Con la aparición de la producción industrial este conocimiento quedó totalmente obsoleto. El obrero manchesteriano no necesitaba tener conocimiento profesional alguno. Colocado en su puesto de trabajo, se limitaba a repetir monótona y continuamente siempre la misma actividad, ayudado por la fuerza de la máquina de vapor.
En una familia proletaria típica del primer capitalismo trabajan el padre, la madre y los hijos desde la infancia. El salario de todos sus miembros no daba para cubrir sus necesidades básicas y pese a que tenían muchos hijos, su crecimiento vegetativo era negativo, por lo que era necesaria la llegada de nuevos sujetos al proletariado desde otras clases, aunque sólo fuera para mantener su número constante. Trabajando toda la familia en jornadas de unas sesenta u ochenta horas semanales, las labores domésticas estaban totalmente descuidadas y la familia vivía en la suciedad y el pauperismo.
A finales del siglo XIX y principios del XX empieza a aparecer un nuevo proletariado con oficio. El éxito de la burguesía, al llevar la mecanización industrial a todos los sectores de la industria, hace que el trabajador que repite una labor monótona empiece a mermar lentamente en el sistema productivo y comienza a aparecer un nuevo obrero con conocimiento profesional, que ya no realiza tareas monótonas y repetitivas. Justo antes de la primera guerra mundial y como una reacción de la burguesía ante este fenómeno, aparece la cadena de montaje mediante sistemas de producción fordistas y tayloristas. A partir de este momento y durante casi un siglo se va a desarrollar una lucha de la burguesía en su intento de quitarse de encima al obrero especializado que es más caro, domina el sistema productivo en el desempeño de su labor y es el más sindicado y con más conciencia de clase. Para ello va a intentar utilizar al obrero sin especialización y al lumpen. El principal problema surge, porque el trabajo en la cadena de montaje es aún más repetitivo y monóto que el realizado anteriormente. El lumpen es inutilizable para estas labores y el proletariado de bajo nivel rehuye estos trabajos. El alcoholismo y el absentismo en los sistemas tayloristas y fordistas es enorme, pese a que en algunos casos se pagan salarios elevados, pero el desgaste físico y psicológico de estos trabajos con frecuencia les resulta insoportable de los campesinos llegados del campo a la ciudad.
De esta forma, en esta segunda etapa del capitalismo industrial, se va a producir una división del proletariado en dos subclases. Por una parte un proletariado cualificado y al principio con mayor conciencia de clase, formado por hijos de antiguos proletarios, de pequeños burgueses arruinados e incluso de propietarios agrícolas, que realiza trabajos menos monótonos, más cualificados o de mayor responsabilidad. De otra parte un proletariado casi sin oficio de origen también proletario, pero sobre todo agrícola, sin conocimientos profesionales elevados, que trabaja en labores repetitivas y monótonas, pero que acabará siendo el que tenga mayor conciencia de clase.
Aunque en ambos casos hay una importante diferencia de salarios, ambos viven mucho mejor que el proletariado de la revolución industrial. Su nivel de vida es muy superior, tienen cubiertas todas las necesidades más básicas y les sobreviven bastantes hijos, con un crecimiento vegetativo positivo. En la nueva familia proletaria, normalmente el padre trabaja por cuenta ajena, mientras que la madre realiza tareas domésticas para el autoconsumo familiar. Esto hace que el nivel de higiene, la alimentación y el cuidado de los niños y ancianos mejoren considerablemente. Debido a la diferencia de salarios entre ambas subclases del proletariado, se crea el deseo de que los hijos estudien dentro de lo posible, en el intento de que con conocimientos profesionales y laborales puedan acceder al proletariado cualificado.
El sistema de producción taylorista va a morir fruto de su propio éxito. La mejora en los procedimientos mecánicos de producción sin necesidad de obreros especializados, va a terminar acabando con el trabajo monótono en las cadenas de montaje, sobre todo cuando a finales de los setenta y principios de los ochenta aparezcan los robots articulados informatizados, que pueden realizar cualquier labor monótona y repetitiva con mayor rapidez y con mejor coste que el obrero sin especialización profesional. Por otra parte, la expansión del capitalismo llegará masivamente a los servicios, la construcción y la agricultura, sistemas no mecanizables por procedimientos tayloristas. De esta forma, el obrero sin oficio va desapareciendo e incluso algunas empresas exigen a sus peones sin especialización no sólo saber leer y escribir, conocimiento que apenas tenía ningún asalariado de la revolución industrial, sino el tener una formación escolar más amplia.
El nuevo proletariado tiene cualificación profesional y se exige de él involucración el trabajo, alta responsabilidad, autodirección de si mismo y toma de decisiones, lo que nunca sucedía en el trabajador de una cadena de montaje. En la fase actual del capitalismo, son los trabajadores los que dirigen la mayor parte de la producción. Por ello, la empresa de capital tiende a deshacerse de la contratación laboral directa del proletariado, tendiendo a las subcontratas mediante relaciones aparentemente mercantiles, en vez de laborales.
Por ejemplo, una compañía telefónica con un capital enorme, no tiene apenas trabajadores en su plantilla legal. Sólo un pequeño núcleo laboral muy relacionado con la propiedad. En otros tiempos tenía una enorme plantilla, pero no actualmente y esta tiende a disminuir cada vez más. Tenía botones en nómina, pero ahora contrata su trabajo a empresas de mensajería. Tenía un departamento de limpieza, pero ahora contrata con una empresa de limpiezas. Tenía trabajadores realizando labores de confección de nóminas y seguros sociales, seguridad, mantenimiento, nuevas instalaciones, facturación, reclamaciones, atención al cliente, etc. La empresa de capital se ha quitado de encima la plantilla legal y ahora en vez de realizar contratos laborales, realiza contratos aparentemente mercantiles con empresas de trabajo. La propia empresa puede crear estas empresas sin capital, poniendo a uno o varios de sus trabajadores al frente de estas, pero lo normal es que los mismos trabajadores de alto nivel sean despedidos laboralmente y creen estas empresas de trabajo sin capital. De esta forma, antes una compañía telefónica tenía una sección de instalación de nuevas líneas en un barrio o distrito, con un capataz a la cabeza; actualmente tiende a contratar a una empresa de trabajo creada por un dueño o capataz, para que le instale las nuevas líneas en dicho sector.
Todos los trabajadores de la empresa de trabajo son trabajadores legales de esta, pero en verdad son trabajadores de la empresa de capital, que es la que les extrae las plusvalías por la mera posesión del capital. Legalmente, la empresa que realiza la contratación legal es la de trabajo, pero realmente es la de capital. Dichos trabajadores lo son de la empresa de capital, incluido el propietario de dicha entidad jurídica sin capital, aunque legalmente no se contemple esta realidad.
Lo normal es que la empresa de trabajo diversifique sus clientes. Una empresa de limpieza de oficinas no posee apenas capital, sino que trabaja con el capital ajeno, en este caso limpiando las oficinas de otros. Una empresa de mantenimientos informáticos, tampoco tiene apenas capital, sino que trabaja con el capital de otros, en este caso con sus ordenadores. El proletario de épocas anteriores tenía un único y claro explotador por la posesión privada de los medios de producción, pero actualmente, ese explotador puede cambiar cada día. De esta forma, el explotador queda totalmente difuminado y el empleado tiene la idea de que le contrata su empresa de trabajo, en vez de la empresa de capital para la que realiza su función.
Pero a su vez, las empresas de trabajo realizan trabajos para otras empresas de trabajo. Una empresa de confección de nóminas sin a penas capital, puede realizar su trabajo para empresas de capital, pero también lo hará para otras empresas de trabajo. Un vigilante jurado puede realizar su trabajo según el día, en empresas de capital, en empresas de trabajo, en viviendas privadas, en organismos públicos, etc. De esta forma, el trabajador pierde la conciencia de cual es exactamente su explotador, pues es muy difícil saberlo.
A esta situación hay que añadir a los falsos autónomos, que están contratados mercantilmente por empresas de capital o de trabajo. Un fontanero puede ser legalmente un trabajador autónomo, pero si trabaja para una constructora, realmente no lo es. Si además trabaja para varias empresas de trabajo que contratan con constructoras, hay abundantes subcontrataciones de por medio y hace chapuzas a domicilio, la situación es claramente confusa.
El proletariado científico, técnico, intelectual y cultural ha tomado el control de la producción en la tercera fase del capitalismo industrial, pero esto ha originado que se desligue de la propiedad. Además, ha heredado las leyes laborales de la etapa taylorista, en las que el proletariado había conseguido atarse a su explotador con un contrato laboral de difícil disolución. Esto ha originado que la burguesía propietaria del capital vaya prescindiendo de los contratos laborales, intentando cargárselos a parte de este proletariado, que a su vez se defiende subcontratando y creando sociedades de responsabilidad limitada sin capital, para cubrirse de una posible quiebra financiera y otras responsabilidades. Pero además hay que tener en cuenta, que la estabilidad en el desarrollo laboral que era posible en la empresa taylotista, ya no lo es en la industria actual y menos en los servicios, la agricultura y la construcción. En estos sectores, la demanda de fuerza de trabajo por parte del capital no es constante, puesto que es altamente aleatoria y estacional.
De esta forma, tenemos actualmente un proletariado sin apenas conciencia de clase, que trabaja legalmente para una empresa sin capital o de autónomo, que no sabe quien es su explotador, que tiene una elevadísima preparación profesional y un elevado nivel de vida.
En la nueva familia proletaria, trabajan el padre y también la madre, principalmente gracias a la aparición de los electrodomésticos, la comida en conserva y otros adelantos técnicos, que han permitido la mejora y mecanización del trabajo doméstico para el autoconsumo. Este proletariado tiene una muy escasa natalidad, con un crecimiento vegetativo negativo o nulo. Sus hijos son cuidados con un enorme esmero y pasan muchos años de formación antes de integrarse en el mercado laboral. Vive de empleos precarios y nunca a una clase explotada se le habían sacado tan colosales plusvalías. Esto se debe a que su productividad es enorme, pues suponiendo aproximadamente algo menos del 20% de la población mundial, produce más del 75% de los bienes y servicios mundiales a precios de mercado. Tiene un enorme poder de decisión y vive muchos mejor que ninguna otra clase explotada a lo largo de toda la historia.

2.5.- Individuos sin Clase Social.
Los clásicos marxistas no nos han definido con exactitud lo qué es una clase social. Ni siquiera nos indican claramente que no todo individuo pertenece a una, pues estas deben estar basadas en una relación entre explotadores y explotados. Dentro de toda sociedad, siempre hay ciertos grupos sociales que no pertenecen a ninguna clase social y los tiempos actuales no son una excepción.

2.5.1.- El Clero.
El clero es un grupo social en el que se apoyan las clases dominantes para mantener y acrecentar su explotación, mediante el adoctrinamiento y la difusión de la ideología oficial. Sus miembros no pertenecen a ninguna clase social. ¿En qué clase se puede encuadrar a una monja de clausura? ¿A un anacoreta? ¿A un cura o a un sacristán?
La ideología dominante en una sociedad de explotadores y explotados, es la ideología que defiende los intereses económicos y materiales de su clase dominante. De esta forma, la religión y el clero fueron dos importantes puntales de la ideología nobiliaria, que colocaba a sus segundones entre la jerarquía eclesiástica.
Cuando se produce la revolución industrial, este clero nacido de la nobleza, defenderá el antiguo régimen como ley de dios. De esta forma, la nobleza se hizo absolutista y clerical, mientras que la burguesía industrial se adhiere mayoritariamente al liberalismo ateo.
En la fase taylorista del capitalismo, totalmente derrotada la nobleza, la burguesía consigue dominar la jerarquía eclesiástica y la iglesia se hace liberal y burguesa. Durante este tiempo, su labor ya no es luchar contra el liberalismo contrario a la ley de dios, sino a favor de este como ley divina natural y en contra de los movimientos obreros, contrarios estos a la ley de dios y sobre todo a la propiedad privada de los medios de producción, que es sagrada por mandato divino.
Pero en la última fase del desarrollo burgués en los países más desarrollados, la burguesía más avanzada ha empezado a abandonar a la iglesia. La aparición de la radio, la televisión y otros medios de comunicación totalmente dominados por la burguesía, ha hecho que ya no le sea tan útil la revisión dominical de la verdad oficial y el pensamiento único por el clérigo, por lo que el clero se haya en franco retroceso en la mayoría de los países desarrollados.

2.5.2.- El Lumpen.
El lumpen son los restos de la descomposición de antiguos sistemas económicos y de las antiguas clases sociales, que no quieren o no puede insertarse en las nuevas clases sociales y que quedan como una basura social en los nuevos sistemas productivos y en las nuevas sociedades. Son sujetos desclasados que ocupan las cloacas de la sociedad.
Al principio, la nobleza simplemente se dedicaba a exterminar al lumpen. Posteriormente le encontró dos utilidades. Por un parte la condena a remar en galeras, a la que pocos sobrevivían. De otra, desde que aparece la preponderancia de la infantería en el campo de batalla, el servir obligatoriamente en los ejércitos mediante un sistema de disciplina estricto con continuos castigos físicos. No hace falta indicar, que pocos soldados llegaban a viejos, especialmente en tiempos de abundantes guerras.
Con la revolución industrial y la llegada de la burguesía al poder, el papel del lumpen en la sociedad cambia totalmente. La nobleza no tenía ningún interés en tener lumpen en sus sociedades, pero no sucederá lo mismo con la burguesía, que en cada una de las tres fases del capitalismo industrial, hará un uso parecido pero distinto del lumpen.
En la primera fase, el uso del lumpemproletariado contra el proletariado es extensamente estudiado por Marx y Engels. Este se convierte en la fuerza de choque de la burguesía contra el proletariado. Por una parte, esta recluta del lumpen los ejércitos mercenarios que han de derrotar a las fuerzas obreras y sus revoluciones. Por otra, utiliza al lumpemproletariado como ejercito industrial de reserva para aumentar sus plusvalías, empeorando las condiciones de vida del proletariado.
Durante el primer capitalismo industrial, cuando llegaba la recuperación económica no había paro, sino que faltaba mano de obra. Para evitar que los salarios subieran por encima del nivel de supervivencia, la burguesía importaba lumpemproletariado para crear un ejército industrial de reserva con el que poder doblegar al proletariado. Cuando llegaba la crisis y disminuía la necesidad de mano de obra, ya no lo necesitaba y lo arrojaba al paro y a la delincuencia.
Este lumpemproletariado procedía principalmente de la inmigración irlandesa, sobre todo en el imperio británico, y en menor medida de campesinos expulsados de sus tierras en lugares agrícolas extremadamente pobres que se desplazaban a las ciudades. La situación de este lumpemproletariado era de pauperismo, comparado con el proletariado industrial. No obstante dice Engles, que parecía imposible que pudiera haber alguien más pobre que un obrero manchesterino, pero que gracias al lumpemproletariado irlandés, estos han comprendido hasta que extremos inmundos puede llegar la miseria.
En la fase taylorista del capitalismo, es cuando menos ha podido utilizar la burguesía al lumpemproletariado contra la clase obrera. La cadena de montaje es una lucha contra el profesionalismo y el sindicalismo, en un intento de la burguesía por controlar no sólo el capital, sino también el proceso productivo. Vista desde la perspectiva actual, era una batalla perdida, pero el taylorismo permitió a la burguesía mantener su posición durante bastantes decenios.
Hoy en día nos damos cuenta, de que los sistemas productivos más avanzados, se ha producido un efecto péndulo en la cualificación profesional. Antes de que la burguesía empezara la división del trabajo en el taller preindustrial, los artesanos tenían un amplio conocimiento profesional. Hacia mediados del siglo XIX se toca fondo, cuando los sistemas productivos más avanzados producen con obreros sin ningún conocimiento profesional, salvo los del burgués que maneja su propia máquina de vapor. Pero a partir de ese momento, la especialización va a ir en constante aumento en los mejores sistemas productivos.
El taylorismo fue un intento de utilizar la mano de obra paupérrima y baratísima del lumpen contra el proletariado, especialmente el más cualificado, pero el lumpen no lo aguantaba. Sujetos de la más baja ralea y condición, eran incapaces de permanecer horas y horas, durante días y días, encadenado a la cadena de montaje. Incluso era ridículo pretender que los campesinos recientemente llegados a la ciudad, que eran incapaces de adaptarse a otros trabajaos más relajados, pudieran doblegarse con facilidad a la esclavitud de la cinta transportadora. Se producían continuos problemas de alcoholismo, desesperanza, depresión y absentismo laboral, y una cadena de montaje no puede funcionar si falta un solo trabajador. De esta forma, poco a poco se fue creando un abundante proletariado taylorista de bajo nivel, que aún así, intentaba evitar estos trabajos que destrozaban cuerpos y almas.
La mejora en los sistemas productivos, ha provocado que las máquinas realicen los trabajos más repetitivos y monótonos, apareciendo un nuevo proletariado industrial que diseña, prepara, repara, programa, dirige y mantiene máquinas. En la tercera fase del capitalismo, la burguesía casi no puede utilizar al lumpemproletariado contra el proletariado en labores industriales. El nuevo lumpemproletariado proveniente de lúmpenes anteriores, pero sobre todo el de la inmigración subdesarrollada, está siendo utilizado contra el proletariado más pobre y menos preparado en tareas que no requieren capacitación profesional, en sectores recientemente conquistados por el capitalismo, como la hostelería, la agricultura, los trabajos de riesgo, la construcción, el servicio doméstico y en general todos los trabajos que actualmente necesitan poca o ninguna cualificación profesional. La inclusión en al ámbito capitalista de la agricultura, la construcción y los servicios, ha proporcionado un nuevo destino al lumpemproletariado, bajando los salarios y deteriorando las condiciones de trabajo y seguridad del proletariado más pobre y peor preparado. No obstante, la burguesía no está pudiendo atacar al proletariado de alto nivel con este lumpen, pues es incapaz de desarrollar su labor profesional.

3.- Las Clases Sociales Contemporáneas en España.
Vamos a intentar describir como han evolucionado las clases y grupos sociales españoles desde mediados del siglo XX, hasta el primer decenio del siglo XXI.
Mientras los países más desarrollados están plenamente inmersos en la fabricación taylorista, España es todavía un país atrasado industrialmente. Cuando entra en vías de desarrollo, el taylorismo ya está dando sus últimos pasos, por lo que la cadena de montaje nunca será la base de la economía española. Además hay que tener en cuenta, que en los países más desarrollados se produce un crecimiento de la economía basado primero en la industria, esta tirará de la agricultura y la construcción, y por último se producirá al auge actual a gran escala de los servicios, basados en el crecimiento y productividad de los otros tres sectores. En España, el proceso de desarrollo económico se va a producir de forma muy distinta. A partir de finales de los años 50 el país despega gracias a los servicios, especialmente el turismo. El auge de estos generará una demanda de vivienda y productos manufacturados, que hará que surjan la construcción y la industria con posterioridad. Por último, es ya en los años ochenta cuando se produce la verdadera creación de una agricultura moderna con un sector agroalimentario moderno y desarrollado. Por ello, el sector industrial y aún menos el taylorismo nunca fueron la base de la economía nacional y el proletariado español se ha desarrollado de forma distinta a como lo ha hecho el de los países más desarrollados.
El país llega a su desarrollo económico justo cuando aparece la tercera fase del capitalismo industrial. España y sus clases sociales sí que van a entrar plenamente dentro de la estructura económica, material, social y productiva de los países más avanzados en este periodo, pero con gran cantidad de peculiaridades.

3.1.- Individuos sin Clase Social.

3.1.1.- El Clero.
Durante los siglos XVIII, XIX, y principios del XX, el clero español constituía normalmente entre el 2 y el 3% de la población nacional. En la guerra civil, las matanzas de curas y monjas de las fuerzas obreras lo dejaron en niveles muy inferiores, pero en la posguerra este volvió a crecer con enorme fuerza y a mediados del siglo XX estaba en niveles del 3% o incluso superiores. A partir de ese momento su número empezó a descender fuertemente, llegando a un nivel actual bastante inferior al 1% de la población, hasta tal extremo, que pese a que cada vez caen más las prácticas religiosas entre la población, ha sido necesario importar curas hispanoamericanos.
Su labor de adoctrinamiento de los explotados y de defensa de la verdad oficial ha decaído mucho y sólo continúa teniendo el apoyo de la burguesía más reaccionaria, por lo que es de suponer, que su número seguirá en descenso, hasta alcanzar los niveles propios de otros países europeos más desarrollados.
Dentro de la fuerte endogamia que existe en las clases y grupos sociales, el clero es una excepción obvia. Ni sus progenitores son clero, ni tienen hijos que puedan ingresar en el clero.
Como elementos apenas productivos, casi todas sus rentas provienen del proletariado, bien a través de una parte de las plusvalías donadas por la burguesía, bien por las cantidades donadas directamente por el mismo proletariado, bien por las aportaciones de las arcas públicas, de las que reciben grandes cantidades en sanidad, pensiones y diversas trasferencias a la iglesia y a otras instituciones religiosas, mientras que apenas aportan nada a estas.
Normalmente los grupos y clases sociales son difusos y tienen puntos de contacto con otros grupos sociales. Si exceptuamos la experiencia de los curas obreros, mínima en el tiempo y en los individuos, el clero es el sector de la población española más claramente perfilado, sin apenas puntos de intersección con otros colectivos.

3.1.2.- El Lumpen.
Durante los dos periodos económicos españoles que estamos estudiando, el lumpen ha estado constituido por individuos de distinto origen y sobre todo, ha sido utilizado por la burguesía de forma distinta. En el periodo en vías de desarrollo, estaba compuesto por gitanos y campesinado llegado a la ciudad, pero mientras los gitanos marginales constituyeron el lumpen claro y profundo del franquismo, el campesinado que se agrupaba en asentamientos chabolistas e infraviviendas alrededor de los grandes centros industriales, era más bien un semilumpem que mantuvo una durísima lucha por salir de esa situación y entrar en el proletariado, batalla que al final consiguió ganar en la mayoría de los casos.
Tras restablecerse la democracia burguesa y entrar el país en el desarrollo económico, hubo un sector de la población que no quiso o no pudo proletarizarse y que continúo como lumpen. Durante un pequeño periodo de tiempo el lumpen fue muy escaso, principalmente caracterizado por el gitano marginal, pero enseguida la democracia burguesa generó nuevas variedades de lumpen, como el lumpen drogadicto, inmigrante, delictivo, sexual, militar, etc.

3.1.2.1- Los Gitanos Marginales.
Los gitanos llegaron a España en el siglo XV y hasta el gran ascenso de la burguesía, fueron un sector de la población independiente, pero no marginado. Vivían nómadas, dedicados a la herrería, la música, la danza, los equinos y el comercio al por menor de forma ambulante, sobre todo en zonas de pueblos pequeños.
Hasta finales del siglo XVIII, no hubo grandes problemas con el resto de la población. A partir de ese momento su sistema económico se derrumbó y una parte de estos pasaron a ser lumpen, en cuanto que restos putrefactos del viejo sistema económico, que no ha sabido insertarse en las nuevas clases sociales.
El comercio ambulante al por menor se hundió con el ferrocarril y después con el camión, al igual que el comercio de equinos. La herrería con los altos hornos. La música ambulante con las gramolas, la radio y el vinilo. Una parte de los gitanos se ha ido proletarizando o se ha pasado al comercio sedentario, otra ha quedado como lumpen, dedicándose a la chatarra, la trapería, la mendicidad, la caridad, la venta ilegal y los pequeños actos delictivos.
Durante el franquismo permanecieron sumisos en su papel de lumpen, reprimidos por el poder y depreciados por la sociedad mayoritaria. Sólo un muy reducido grupo de gitanos consiguió un ascenso social en el mundo del espectáculo. No obstante, estos también mantuvieron una actitud ya no sumisa, sino de total apoyo y colaboración con la dictadura.
En este periodo no fueron utilizados contra el proletariado, aunque su suciedad y sus continuos hurtos y pequeños robos, les granjeaba el desprecio y la animadversión del semilumpen y del proletariado pobre, cerca del que muchas veces se asentaban.
Al instaurarse la democracia burguesa, aproximadamente la mitad de la población chabolista nacional era de origen gitano, siendo la otra mitad de origen principalmente campesino. Los primeros ayuntamientos electos realizaron un importante esfuerzo de erradicación de estos asentamientos. Los resultados fueron muy distintos en ambos colectivos.
El chabolismo de origen campesino, había sido una de las vanguardias de la lucha contra el franquismo. Era un colectivo con una fuerte conciencia de clase, debida a sus condiciones de vida y a que en la primera emigración del campo a la ciudad después de la guerra, había muchos individuos acusados de rojos, que sin poder conseguir trabajo por esta causa en sus pueblos, decidieron emigrar a la ciudad. Estos colectivos, que habían luchado fuertemente por su proletarización, se adaptaron muy bien a su nueva situación y enseguida pasaron a ser un colectivo claramente proletarizado.
Por el contrario, con la mayoría de los gitanos chabolistas se cosechó un profundo fracaso. No quisieron o no pudieron adaptarse a la vida proletaria y permanecieron con sus actividades tradicionales, siendo imposible su asentamiento en las viviendas convencionales del proletariado.
Durante los años ochenta, la burguesía agrícola dedicó a algunos gitanos a las tareas de temporada en contra del incipiente proletariado agrícola, contratándolos en muchos casos por familias enteras y a destajo, desplazándose estos continuamente a donde había trabajo agropecuario. De esta forma, se conseguía no pagar impuestos ni seguros sociales, emplear a menores de edad y empeorar las condiciones laborales del campesinado no emigrado. Pero con la llegada del primer lumpemproletariado inmigrante perdieron esta fuente de ingresos, desplazados por una mano de obra mucho más barata y sumisa.
Desde entonces han estado viviendo de lo que malamente han podido, de las arcas del estado, de la mendicidad, de la venta ambulante y del comercio de drogas, del que dominan la casi totalidad de la distribución al por menor. Pero pese a su bajo nivel de vida, tienen una elevada fecundidad y el elevado crecimiento vegetativo, con una tremenda endogamia.
Actualmente, el principal problema que le plantean al proletariado más pobre, son las molestias constantes que causa su presencia en los lugares en los que se asientan y sus continuos y pequeños actos delictivos, además de su casi nula aportación al erario público, mientras que reciben gran cantidad de recursos de este.
Con una infraestructura distinta de la del proletariado y la burguesía, los gitanos marginales han desarrollado su propia superestructura. Tienen su propia organización familiar, con una familia extensa, con el padre como cabeza de familia, muy escasos divorcios y abundantes hijos. Su idea de la virilidad, la feminidad, la paternidad y la maternidad son distintas de las del proletariado. El trato que se da a los viejos y a los niños es muy distinto, ocupándose mucho menos de la educación y escolarización de estos. Tienen su propia religión gitana. Su ley gitana. Su administración de la justicia interna. Sus propios gustos estéticos. En resumidas cuentas, no pertenecen al proletariado y viven en una situación material distinta, con una posición económica y productiva distinta, lo que origina una ideología y una estructuración social distinta de la de este.
Es difícil determinar la población gitanos en España, pues muchos se han ido difuminado en otras clases sociales y tan pronto como entran en estas, abandonan su superestructura gitana. Podríamos considerar, que aproximadamente el 1,5% de la población nacional tiene algún origen gitano, de la que aproximadamente la mitad pertenece al lumpen, y la otra mitad al semilumpen, al proletariado y a otros grupos sociales, aunque hay que tener en cuenta, que hay un espacio intermedio muy difuso.

3.1.2.2- El Lumpemproletariado.
Cuando en los países europeos más desarrollados cesa la inmigración del campo a la ciudad, de la que la burguesía había sacado su escaso lumpemproletariado durante el periodo taylorista, esta se ve obligada a obtenerlo de la inmigración subdesarrollada. En España, debido a su especial crecimiento económico, este fenómeno aparece muy tardíamente, ya en los años ochenta. Desde entonces, la mayor parte del lumpemproletariado nacional ha estado formado por inmigrantes, aunque también hay una minoría nativa.
Para emigrar a España desde fuera de la Unión Europea, es necesario permanecer, al menos por algún tiempo sin papeles y en el lumpemproletariado. Nuestra burguesía se ha buscado un mecanismo para obtener lumpemproletariado, consistente en premiar periódicamente con permisos de residencia y trabajo, a quienes han trabajo como lumpemproletariado durante algún tiempo, disminuyendo los sueldos y empeorando las condiciones de vida del proletariado de más bajo nivel. No sólo no hay una falta de proletariado en España, sino que existe una gran cantidad de proletariado sin trabajo, al que la burguesía podría emplear si lo necesitara. No hay puestos de trabajo que el proletariado no quiere o no puede ocupar, sino salarios muy bajos y condiciones laborales extremadamente precarias por los que este no está dispuesto a trabajar, por lo que la burguesía necesita de lumpemproletariado para cubrirlos en estas condiciones y doblegar al proletariado. Es extremadamente fácil contratar personal extranjero en España, pero no hay demanda legal de trabajadores extranjeros. Lo que requiere nuestra burguesía, son trabajadores con salarios muy por debajo del salario mínimo, sin pagar impuestos ni seguros sociales, con condiciones de trabajo penosas, sin apenas medidas de seguridad y sin posibilidad de denunciar legalmente su situación, pues se encuentran ilegalmente en el país. Lógicamente, la empresa de capital raro es que contrate directamente al lumpemproletariado, sino que lo hace mediante diversas y continuas subcontrataciones, trasladando el riesgo a las empresas de trabajo.
Una vez que por fin llega la segura regularización y entrega de papeles, este lumpemproletariado suele tener dos destinos muy distintos. Hay una parte que se integra en el proletariado. Así ha sucedido con la mayoría de los inmigrantes ilegales procedentes de la Europa de los 25 antes de dicha ampliación y con las élites de la inmigración sudamericana. El resto normalmente permanece en el lumpemproletariado después de legalizar su situación e incluso tiene que negar muchas veces el tener papeles, para poder ser contratados.
Este lumpemproletariado inmigrante, tiene su origen en diversas clases sociales en sus países de origen, que son normalmente restos en putrefacción de sistemas económicos y sociales obsoletos e ineficientes. El más claro lumpemproletariado es aquel que ya eran lumpen es su país de origen. Una masa muy importante del lumpemproletariado permanente que no se proletariza con el tiempo, son los campesinos de regiones subdesarrolladas. Sus conocimientos agrícolas son inutilizables en la agricultura desarrollada española y quedan reducidos al lumpemperoletariado. Otro grupo importante es el del llamado subproletariado.
En la primera revolución industrial, no era necesaria ninguna cualificación profesional por parte del proletariado. Para que una región se desarrollara, bastaba con que la burguesía pudiera aportar capital y con esta afluencia de capitales, se producía el desarrollo industrial. Con la mera desaparición de los gremios y los aranceles internos, se producía casi automáticamente la industrialización.
Pero actualmente la situación es muy distinta. Debido a la modificación de los sistemas productivos, el proletariado ya no es el producto genuino y peculiar de la burguesía, tal como sucedía a medidos del XIX, sino que la burguesía para invertir capitales de forma fructífera para ella, necesita disponer con anterioridad de un proletariado con una importante formación profesional y una adecuada personalidad. Los términos se han invertido. Ya no es la burguesía la que crea el proletariado, sino que es este proletariado moderno el que crea la burguesía es su lugar de origen. La burguesía no puede invertir en sistemas productivos modernos y sofisticados, si antes no existe un proletariado moderno y desarrollado que pueda hacerse cargo de dichos sistemas.
Esto hace que en los países subdesarrollados, no se pueda crear una burguesía revolucionaria que lleve al país al progreso material, creándose por el contrario, un grupo de individuos que se dedican a la especulación, la corrupción administrativa, el clientelismo político, el fraude, la estafa, la evasión fiscal, la contratación ilegal de mano de obra, la falsificación y la adulteración. Es lo que se ha venido a llamar la lumpemburguesía de los países subdesarrollados. Y esta lumpemburguesía hace que se cree en estos países y regiones, lo que se suele denominar un subproletariado, muy cercano al lumpen en algunos casos. Frente al proletariado culto, con un elevado conocimiento profesional, responsable, formal, puntual, con gusto por el trabajo bien hecho y al que le desagrada la chapuza profesional, necesario en la industria moderna puntera y más avanzada, la infraestructura de estos países crea un subproletariado que es todo lo contrario.
Este subproletariado inmigrante, en muchos casos se topa enseguida con la dura realidad y se da cuenta que su personalidad, su forma de ser y sus conocimientos profesiones, no le van a permitir el lugar que esperaba en una sociedad desarrollada. En este descenso social, muchos acaban en el lumpemproletariado o en posiciones no muy lejanas.
Actualmente hay en el país un 10% de población que no tienen la nacionalidad española. Es muy difícil calcular dentro de esta la cantidad de lumpen, pues la frontera entre el proletariado de bajo nivel y el lumpen, es la mayor y más difusa en una sociedad desarrollada. Podríamos decir que la mitad son lumpen y la mitad no lo son. Pero tampoco nos equivocaríamos grandemente, si consideramos que un tercio son lumpen, un tercio semilumpen cercano a la intersección entre el lumpemproletariado y el proletariado y el resto pertenece a otras clases sociales.
El lumpemproletariado no tiene cabida en la industria actual postaylorista, por lo que la burguesía lo utiliza principalmente en la construcción, los servicios, la hostelería y la agricultura, normalmente en las labores de peonaje más duras y desagradables, que no necesitan conocimiento profesional ni responsabilidad alguna, o en las de mayor riesgo. Por ello la mayor parte trabaja como albañiles, braceros agrícolas, servicio doméstico y otros trabajos en los que la burguesía ha doblegado por este método al proletariado más pobre y humilde, y que actualmente se suelen pagan muy por debajo del salario mínimo legal.
La burguesía en el poder defiende a su lumpemproletariado, que apenas aporta nada a las arcas públicas y recibe importantes prestaciones y servicios. Pero el principal problema para el proletariado no es que disminuya los ingresos del estado y aumente los gastos, sino que la burguesía lo utiliza para bajar los salarios, empeorar sus condiciones de trabajo, disminuir la seguridad y en general para reducir el nivel de vida del proletariado de más bajo nivel.
Este lumpemproletariado, sumido en su propia infraestructura, genera una superestructura distinta de la del proletariado. Es importante observar, como la ideología, el pensamiento y la organización social del lumpen inmigrante, se parece mucho más a la del lumpen nativo, que a la de la inmigración proletaria. Y como, las formas de vida de la inmigración proletaria, generan estructuras ideológicas muy parecidas a las de proletariado aborigen. Frente a la sociología burguesa, que intenta analizar la sociedad por edad, sector laboral, profesión, sexo, tipo de contrato, lugar de residencia, origen, nacionalidad, raza, religión, etc., la realidad nos demuestra que el factor verdaderamente determinante en el análisis social, es la clase social. Es el lugar que ocupa el sujeto en el sistema productivo y económico, lo que determina la mayoría de las variables sociales. Sólo se nota una cierta incidencia del nivel de estudios, pero hemos de tener en cuenta, que este determina bastante la clase social en la sociedad desarrollada moderna.
El lumpemproletariado tiene una superestructura más amplia que la del proletariado, pero en general se aprecian ciertos rasgos comunes, que es de esperar que se compacten con el paso del tiempo. Suelen tener una familia extensa, con el padre por encima de la madre y muchos hijos. Su idea de la virilidad, la feminidad, la paternidad y la maternidad son distintas de las del proletariado, sea nacional o inmigrante. El trato que se da a los viejos y a los niños es muy distinto, ocupándose menos que el proletariado de la escolarización y culturización de estos, con una fuerte tasa de crecimiento vegetativo. Tienen sus propios gustos estéticos y su propio sentido de la religiosidad, distinto del del proletariado. Entre el proletariado practicante español hay un sentimiento religioso, que se parece más al de un proletario sueco luterano, un holandés calvinista o un galés anglicano, que al de un lumpemproletariado católico proveniente de Sudamérica y otros lugares.
La inmigración no es un factor importante dentro de la estructura social, al contrario de lo que pretende la sociología burguesa. De hecho, el escaso lumpemproletariado nativo, al vivir en la misma estructura económica que el inmigrante, tiene una superestructura bastante parecida. La lumpemproletariado inmigrante tiende a parecerse al nacional y la inmigración proletaria tiende a parecerse en su ser y en su pensamiento al proletariado nativo. La composición económica y de clases sociales es la verdadera estructura de una sociedad y no otros elementos.

3.1.2.3.- Otro Lumpen.
Además de los dos grandes grupos de lumpen español, existen otros más pequeños, que en su totalidad podemos considerar que no alcanzan el 1% de la población.
De la inmigración campesina del franquismo quedan elementos del lumpemproletariado, que podríamos clasificarlos dentro del sector del lumpemproletariado general, pues su cometido dentro del sistema económico y productivo, es el mismo o muy parecido. Pero por otra parte, sobre todo en los inicios del juancarlismo, se formó un lumpen joven descendiente de este campesinado marginal o semimarginal, que se dedicaba a la delincuencia y que cayó en tráfico y consumo de drogas. La democracia burguesa ni quiso ni pudo resolver este problema social, que se resolvió gracias a la acción de las drogas y del sida.
También se ha desarrollado en este periodo, un lumpen formado normalmente por putas inmigrantes y chuloputas nacionales, casi todos estos últimos muy cercanos a la extrema derecha, que regentan burdeles ilegales, pero consentidos. Es curioso observar, que cuando se lanzan campañas para incentivar a los empresarios a contratar trabajadores extranjeros lealmente desde sus países de origen, estos autoproclamados empresarios del sexo, son prácticamente los únicos que presentan solicitudes. También se ha creado últimamente una muy pequeña masa social formada por putas de lujo que se ha desligado del lumpen y que es de muy difícil clasificación social.
En cuanto al lumpen plenamente delictivo, este fue muy pequeño durante el franquismo, aunque creció tras este, pero ha vuelto a disminuir. Esta formado por individuos de origen muy diverso, con abundancia de extranjeros de todo tipo, que viven casi totalmente de la delincuencia a gran escala.
Con el fin del servicio militar, se ha pasado a un ejército de reemplazo, a otro formado mayoritariamente por lumpen en su clase de tropa. En este destacan los inútiles sociales sin oficio, los pasotas, los drogadictos y semidrogadictos, y los mercenarios extranjeros alistados por un sueldo.
A todo este lumpen vario, se podrían añadir borrachos, drogadictos, timadores, carteristas, vagabundos, tahúres, estafadores, pícaros, maleantes, trileros, mendigos, vividores, buscavidas e indigentes.

3.2.- Las Clases Sociales Contemporáneas en España.
El desarrollo de las fuerzas productivas, ha avocado a la sociedad española a una estructura con sólo dos clases sociales: una burguesía explotadora y un proletariado explotado. Quedan algunas trazas del campesinado, la nobleza y la pequeña burguesía artesanal, pero van desapareciendo poco a poco, fruto del avance de los tiempos, fundiéndose poco a poco o cayendo de lleno en otras clases y grupos sociales.

3.2.1.- La Burguesía.
La burguesía como clase dominante, explota al proletariado por la mera posesión de los medios de producción, comprándole su fuerza de trabajo y quedándose con parte del trabajo realizado por este.
Existe una burguesía pasiva, que simplemente vive de dichas rentas, sin ocuparse de la dirección de negocio alguno. Teniendo en cuenta, que la renta que dan los depósitos más fiables y seguros descontada la inflación, como por ejemplo la deuda pública, puede estar sobre el 1%, hemos de considerar, que una familia burguesa para pertenecer a esta burguesía pasiva, necesita disponer de al menos de cinco millones de euros en capital, normalmente mucho más.
Normalmente, la burguesía española contemporánea, sí que tiene al menos una cierto cuidado de sus negocios e inversiones, no dedicándose al cobro pasivo de las rentas del capital. Es difícil decir cual es el capital mínimo necesario para pertenecer a la burguesía, pues la diferencia entre las empresas de trabajo y las de capital no es nada clara, pero podríamos considerar, que hace falta poseer en medios de producción, al menos medio millón de euros, normalmente bastante más.
Dentro de esta burguesía activa, se han ido encuadrando últimamente los restos de los terratenientes absentistas. El abandonado campo español, cambió mucho durante los años ochenta y noventa. Esta nobleza terrateniente, muchas veces sin título nobiliario, se ha aburguesado extraordinariamente, creando una agricultura extremadamente moderna y productiva. Del desprecio de los orígenes rurales, ha pasado a sentirse profundamente orgullosa de su labor como burguesía agrícola y ganadera, a lo que han ayudado extraordinariamente el ingreso en la Unión Europea y las ayudas agrícolas de esta. También buena parte de los riquillos rurales, se han convertido en agricultores que cultivan sus propias tierras mediante maquinaria moderna, despidiendo a sus trabajadores tradicionales, que han pasado a otros sectores económicos.
La mayor parte de la burguesía española, especialmente la de menor capital y menos innovadora, ha sido muy duramente vapuleada por las crisis del 75 y el 93, desapareciendo buena parte de esta, dejando paso a abundantes corporaciones multinacionales, bien por quiebra o por venta de sus empresas. Como siempre sucede en estas batallas entre burgueses, muchos han perdido y pocos han ganado, produciéndose una importante concentración de capitales. Pero esta victoria de la burguesía más avanzada y revolucionaria, ha permitido eliminar una burguesía en muchos casos anticuada y conservadora en sus sistemas de gestión, dejado al país con una clase burguesa de alto nivel, que está aguantando muy bien la competencia dentro de la Unión Europea. Sectores enteros como el textil han desaparecido y su burguesía se ha sumido en el proletariado de alto nivel, gracias a su formación cultural, su personalidad y sus conocimientos profesionales. De esta forma, aunque la cantidad de capital invertido ha aumentando enormemente en el país, la proporción de población burguesa ha descendido a niveles que podríamos considerar inferiores o iguales al 1%, entrando además la nación en el capitalismo internacional.
Además existe una burguesía de muy bajo nivel, que se funde con la parte más alta del proletariado. La diferencia entre la empresa de capital y la de trabajo no es clara, y en este punto, aparece una masa social intermedia, que tiene características de burguesía y de proletariado. Entre las empresas de trabajo, hay algunas que sí que tienen un pequeño capital. Estas, cada vez se confunden más con algunas empresas de capital venidas a menos. Podríamos considerar, que una familia que pertenece a esta intersección entre clases sociales, tiene un capital que ella misma controla, dirige y administra, de hasta aproximadamente medio millón de euros.
También existe un conjunto de tenderos, autónomos y comerciantes, de difícil clasificación. Por ejemplo, un individuo puede regentar un bar o cafetería en el centro de una gran ciudad. Si este no es de su propiedad, deberá entregar parte de su trabajo al propietario, por la mera tenencia de capital por parte de este. Aunque legalmente hay un contrato de arrendamiento de establecimiento mercantil, en verdad el trabajador es un explotado del propietario del local, que por la posesión del capital, se queda con parte de su trabajo. Pero si es el mismo propietario el que regenta, administra, dirige y trabaja en el local, entonces sus ingresos serán superiores, recibiendo la totalidad de fruto de su trabajo, no produciéndose una explotación por la tenencia de los medios de producción. El trabajo de ambos es exactamente el mismo, pero pertenecen a clases sociales diferentes. El análisis de la profesión, no es un mecanismo adecuado para saber cual es la clase social de un sujeto, de la misma de la misma forma que no lo es su situación legal, su contribución fiscal o su tipo de contrato.
Este ejemplo nos demuestra lo difícil que es clasificar a los autónomos, profesionales independientes, pequeños empresarios, etc., que existen en nuestro país. Por una parte habría que analiza el capital y por otra el fin del trabajo. Por ejemplo, un abogado puede trabajar para una empresa, pero también para un particular; con capital propio o con capital ajeno.
En este punto se produce una enorme casuística, entre tres grupos sociales que se superponen. Por una parte la pequeña burguesía, poseedora de pequeñas cantidades de capital del que recibe ciertas rentas, pero que vive principalmente de su trabajo en sus propias empresas y negocios. De otra los artesanos, autónomos e independientes, que con un escaso capital y sin asalariados, no dependen del capital de otros para trabajar. Por ejemplo, un zapatero artesano ha tenido que dejar su trabajo de confección de botas y zapatos, desbancado por la industria capitalista del calzado, pero es posible que mantenga su taller, viviendo de la reparación del calzado. Y por último dentro de este grupo confuso, tenemos al proletariado que tiene empresas de trabajo, pero que ha juntado una pequeña cantidad de capital en estas, aunque se dedique principalmente a trabajar con capitales ajenos. Entre sector de intersección entre estos tres grupos sociales, puede suponer un 3% de la población, como mucho un 5%.
Recientemente ha aparecido una nueva burguesía que no se dedica a la producción, sino que extrae sus plusvalías de la especulación, principalmente urbanística. Los terrenos s

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