REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

25 de agosto del 2003


30 días en la Venezuela Bolivariana
Eduardo Núñez
Rebelion


El 22 de julio salimos de Barcelona con destino a la República
Bolivariana de Venezuela, dispuestos a sumergirnos en la realidad
política y social de la patria del libertador Simón Bolívar. En nuestro
trayecto desde el aeropuerto internacional Simón Bolívar hasta Caracas
me llamó la atención la gran cantidad de coches y su tráfico caótico por
autopistas modernas y bien pavimentadas, el olor a gasolina, el clima
bochornoso, el paisaje espectacular de sus grandes montañas
precipitándose hacia el mar. A medida que nos acercábamos a la capital
divisé los barrios humildes situados en las laderas de las colinas que
rodean el famoso valle de Caracas. El valle, en otro tiempo, fue espacio
exclusivo de la oligarquía venezolana y de su minúscula y superficial
clase media. Ahora las calles del centro de Caracas están repletas de
puntos de venta ambulantes, de compradores de oro, de limpiadores de
zapatos, etc. todo ello evidencia la crisis económica que en estas
últimas décadas está asolando a Venezuela y al conjunto de América
Latina. El casco antiguo colonial ya no existe, queda poca cosa a parte
de la Plaza Bolívar, la que fuera Plaza Mayor en tiempos del Imperio
iniciado por Cristóbal Colón. Según los venezolanos el petróleo condujo,
en la segunda mitad del siglo pasado, a un desarrollismo capitalista
cuya consecuencia, entre otras, fue la eliminación de los últimos
vestigios arquitectónicos del colonialismo español.

En los barrios de Caracas y sus afueras, en el Valle, en Petares, en la
Vega, etc. nos encontramos a un pueblo dispuesto al trabajo y a cambiar
su situación de pobreza. Los venezolanos afirman irónicamente: "la
riqueza de nuestro subsuelo provocó la pobreza de nuestro suelo". En
nuestras visitas hemos podido ver a un pueblo entusiasmado que está
descubriendo sus propias posibilidades, que está aprendiendo a
organizarse de forma comunitaria para resolver sus problemas, que exige
ser escuchado por las instituciones y que es sujeto activo y protagónico
del cambio social que está viviendo el país. Un elemento que no dejó de
asombrarnos era ver como los ciudadanos han hecho suya la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, en cada conversación o charla
la esgrimían al aire para citar sus derechos e ilusiones. El pueblo
venezolano ve en su constitución un proyecto de país por el cuál moverse
y organizarse, no un conjunto de leyes muertas sobre el papel que sólo
sirven a la jurisprudencia.

Pudimos constatar que los habitantes de los barrios humildes de Caracas
ven en su presidente, Hugo Chávez Frías, al líder que aglutina las
esperanzas de todo un pueblo por la consecución de un futuro repleto de
felicidad y justicia social. El apoyo al presidente es mayoritario, por
más que se empecinen en decir lo contrario los cuatro medios de
comunicación de la oligarquía, los cuatro jinetes del apocalipsis. Los
obreros, los campesinos, todos los históricamente excluidos por la
burguesía nacional dependiente, ven en Chávez a un hombre surgido de las
entrañas del pueblo, con su mismo origen social, que padeció en su niñez
sus mismas necesidades, que habla criollo como ellos, que es mestizo,
que no es ajeno a las necesidades y fatalidades de los más necesitados.

Chávez ha conseguido incluso que la gente vuelva a sentirse orgullosa de
ser venezolana. En las concentraciones, en los encuentros, en los actos
públicos escuchábamos música salsera cuyo estribillo era " ¡ uh ! ¡ ah !
¡ Chávez no se va ! ". Y, efectivamente, no se fue porque el pueblo lo
rescató durante el golpe fascista de abril de 2002.

El gobierno bolivariano en sólo tres años ha iniciado programas
destinados a mejorar la situación social de los más necesitados. El Plan
Bolívar 2000: militares trabajando junto al pueblo para rehabilitar o
construir, según el caso, viviendas dignas y seguras en los cerros de la
capital. Antes de que se iniciase el proceso bolivariano, muchos barrios
estaban pero ni siquiera existían legalmente.

Ahora vimos como la gente se organiza con sus propios y escasos medios
en los comités de tierras urbanas, como dibujan los mapas urbanos del
barrio, como realizan censos de población, etc. todo ello para que
finalmente se les adjudique, por el precio simbólico de un bolívar, el
título de propiedad del terreno que ocupa su vivienda. Ahora existen, no
podrán echar abajo sus casas ni ser desalojados como en tiempos de la
República bipartidista de Acción Democrática y Copei. También pudimos
sentir los efectos del Plan Barrio Adentro. Por primera vez, los
venezolanos que habitan en los cerros tienen acceso a un médico y a
medicinas de forma totalmente gratuita, a un trato humano y respetuoso
en la consulta. Cuando llegamos a uno de los barrios se expandía el
júbilo y la alegría por las calles empinadas de la ladera, " ¡ el médico
cubano ! " gritaban, los habitantes estaban a la espera de ese
acontecimiento y creyeron que el médico era uno de nosotros. La
revolución bolivariana también es consciente de que sólo un pueblo con
cultura es dueño de su futuro. Se está formando al pueblo de manera
integral, están en funcionamiento planes de educación que incluyen la
alfabetización masiva (Plan Robinson) y el acceso a la universidad de
aquellos que antes no se lo podían permitir por motivos económicos (Plan
Sucre). Los niveles de escolarización se han incrementado drásticamente,
en los lugares más apartados de la Guaira los hijos de los campesinos
pueden aprender a leer y escribir con los métodos más modernos e
innovadores, etc. Visitamos varias escuelas bolivarianas que estaban
desarrollando el Plan Robinson, pudimos ver gente de todas las edades
con un denominador común: La motivación por aprender a leer y escribir
para ser dueños de su destino con conocimiento de causa, para ser útiles
a la comunidad y a la patria de Bolívar. Nos decían: " ¡ Nos querían
ignorantes para poder manipularnos, para que no levantáramos nuestra voz
y fuéramos eternamente ignorados ! ¡ Eso terminó para siempre ! ¡ Aquí
no hay marcha atrás ! "

Cuando dirigimos nuestros pasos hacia el Occidente del país estuvimos en
Yaracuy, estado eminentemente campesino gobernado por un fascista que,
como no, secundó el golpe de abril de 2002. Estuvimos en los Cañizos y
en Camunares la Roja, dos enclaves de gran tradición de lucha campesina
contra el latifundio. En Camunares, el 12 de Julio de 2001, el susodicho
gobernador ordenó una auténtica masacre contra sus habitantes, hubieron
disparos, heridos graves de bala, mujeres con los brazos quebrados,
allanamiento de casas, etc. La memoria de aquellos sucesos sigue
presente en la conciencia de los campesinos. A pesar de que teóricamente
el noventa por ciento de las tierras son propiedad del Estado, los
terratenientes fueron adueñándose de grandes extensiones que comprendían
las mejores tierras para el cultivo, en ellas imponían el monocultivo y
condenaban a la miseria y al hambre a los campesinos. En la actualidad,
los campesinos se amparan en la nueva ley de tierras -emitida por el
gobierno bolivariano- para realizar el rescate de las tierras que los
terratenientes mantienen ociosas e improductivas. Los campesinos se
organizan en cooperativas que están al servicio de la comunidad, reciben
microcréditos y tractores del gobierno, establecen sus propios proyectos
para la diversificación de la producción agrícola y aspiran a que
Venezuela sea en un futuro no muy lejano una potencia agropecuaria con
soberanía alimenticia. Los terratenientes y la oligarquía responden a
todo esto contratando a sicarios y matones que asesinan y atemorizan a
los dirigentes campesinos. Estuvimos de visita en los campamentos
campesinos de El Diamante y también en otro cercano a la central
azucarera Matilde, propiedad de un cubano batistiano que huyó de Cuba
tras la revolución de 1959 encabezada por Fidel. Pudimos ver como, a
escasos metros de los campesinos, estaban esos sicarios armados hasta
los dientes, con predisposición amenazante, llegaron incluso a cargar
sus armas y a pegar algunos tiros al aire para intimidarnos, los
campesinos nos contaban como los presionaban de diversas formas
(amenazas de muerte, paseos en calzoncillos para ruborizar a sus
mujeres, etc.) y que, en lo que va de año, ya han sido asesinados más de
setenta dirigentes campesinos en Venezuela.

En Oriente, visitamos a los obreros petroleros de Puerto la Cruz y a los
pescadores de la zona cercana a Carúpano. El encuentro con los
trabajadores de PDVSA (Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima) fue muy
emotivo, nos explicaron de qué forma vivieron los sucesos del golpe de
abril de 2002 y el paro patronal de diciembre. Nos explicaban orgullosos
y emocionados cómo habían tomado, en ambas ocasiones, el control y la
gestión de la industria, como la comunidad había bajado de los barrios
para proteger la refinería y el puerto de las acciones de sabotaje que
buscaban paralizar el país y derrocar el gobierno democráticamente
elegido, que la refinería de Puerto la Cruz había sido la única en todo
el país que los golpistas no habían conseguido parar en ningún momento,
etc. Los trabajadores nos ponían de relieve que la meritocracia y la
gerencia ha sufrido una gran derrota tras los sucesos de diciembre y
enero. Estos mercachifles de cuello blanco se creían imprescindibles,
subestimaron y maltrataron siempre a la clase obrera, pero ahora
tuvieron que ver, con sus propios ojos, como los obreros asumían todo el
funcionamiento de la industria petrolera sin la necesidad de sus
indicaciones, prescindiendo de ellos totalmente. Los trabajadores
afirman que los más de 18.000 saboteadores que abandonaron la industria
"no volverán" porque está en juego el futuro de sus hijos, así como el
de las generaciones venideras. La gerencia golpista de PDVSA actuó
siempre al servicio de los intereses de las transnacionales del
petróleo, los beneficios de la mayor riqueza de Venezuela nunca
revertieron sobre el bienestar del ochenta por ciento de venezolanos que
vivían en la pobreza. Ahora, los trabajadores quieren poner bajo su
control y gestión a PDVSA porque han demostrado no sólo que son capaces
de hacerla funcionar en condiciones adversas y de saboteo sino también
que la articulan de forma más eficiente, segura y, sobretodo, al
servicio del pueblo venezolano.

En Venezuela está en marcha una nueva revolución de los humildes, con
los humildes y para los humildes, el eco ya está llegando a toda América
Latina, los pueblos vuelven a escribir su historia.


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