ANTE LA HUELGA DEL 20 DE JUNIO:

POR QUÉ LAS MUJERES DEL PCE E IU HAREMOS HUELGA Y HACEMOS UN LLAMAMIENTO A TODAS LAS MUJERES PARA QUE LA HAGAN

SECRETARÍA DE LA MUJER DEL PCE Y ÁREA DE LA MUJER DE IU

 ¿Tenemos las mujeres motivos específicos para hacer la huelga del 20 J?  Me temo que nos sobran, pero no sólo por el “Decretazo” de desempleo, sino por toda nuestra situación laboral, gestada durante siglos. Tenemos Más motivos que nadie...

Analizaremos esta situación paso a paso, remitiéndonos a los últimos años. 

I.   Datos acerca del trabajo de la mujer en el Estado español

1. Crece la participación de la mujer en el mercado de trabajo pero a la vez aumenta el desempleo de las mujeres

 

La principal característica de la evolución de la población activa en España en los últimos veinte años ha sido el incremento de la proporción femenina (feminización del trabajo) y una evidente mejora en su capacitación y condiciones de acceso a la actividad laboral remunerada. De esta forma de los casi tres millones y medio de personas incorporadas entre los años 1977 y 1997, en un 77,1% son mujeres mientras que hombres son sólo un 8,6%. Hay un millón más de mujeres  trabajadoras ocupadas[1]. En los primeros meses del año 1999 la ocupación femenina ha crecido más del doble que la masculina, 5,99% frente al 2,81%, (cada 100 nuevos empleos, 84 son mujeres). A pesar de ello las mujeres todavía suponemos sólo el 38,9% de la población activa total menor de 65 años[2].

No obstante, según la EPA del tercer trimestre de 1999, hay todavía 5.3 millones de mujeres inactivas, dedicadas exclusivamente a las labores del hogar, desempeñando un trabajo a tiempo completo no remunerado. A ello hay que añadir que 12.5 millones de mujeres están trabajando en jornada de duración variable y a la vez simultanean las tareas domésticas, una doble jornada[3].

La  tasa de actividad por sexo tiene una evolución dispar, al alza para mujeres y a la baja para  hombres: En 1997 ha sido del 48,0% para las mujeres y del 76,0% para los hombres, frente a lo que ocurría en 1977 en que estos porcentajes eran del 32,4% y del 83,0% respectivamente[4].

Otra forma de constatar esta evolución la tenemos al observar como la afiliación femenina a la Seguridad Social en 1999 supera los 5.2 millones, cuando cuatro años antes, en 1995, era de 4.2 millones[5].

Cuando analizamos la evolución del desempleo las cifras indican que son también las mujeres las más afectadas. De esta forma mientras en 1977 había 209.000 mujeres paradas en 1997 la cifra se ha situado en 1.773.800 (8,5 veces más). En los hombres pasó el desempleo en estos años de 494.700 a 1.580.700 (3 veces más). Las mujeres desempleadas, de representar un 29,7% del total han pasado a un 52,9% en 1997. Entramos al mercado de trabajo para ocupar el puesto de paradas.[6] Otra forma de estudiar las condiciones del desempleo aparece cuando vemos que en nuestro país la tasa de empleo en las mujeres entre 20 y 44 años disminuye en 27 puntos porcentuales con la presencia de un hijo menor de 6 años[7].

 

Según CC.OO., a finales de 2001, entre las mujeres, sólo reciben prestación 39 de cada 100 paradas registradas en el INEM frente a 72 de cada 100 hombres; con el agravante de que las mujeres entre 40 y 50 años tienen una tasa de cobertura inferior a la media general. Los jóvenes entre 16 y 25 años mantienen una tasa de cobertura menor; con la singularidad de que dentro de la escasez, los hombres perceptores de prestación en este grupo de edad casi duplican a las mujeres (30% y 16% respectivamente).

 

La comparación con la UE en cuanto al desempleo femenino nos sitúa en niveles muy alarmantes. De esta forma las cifras oscilan entre el 3.3% de Luxemburgo y el 23% de España, más del doble la tasa media de desempleo femenino de la UE[8]. Como se comprenderá, las que vamos a pagar otra vez el pato de la Ley de desempleo, somos principalmente nosotras.

 

 

2.     Ocupamos el empleo de peor calidad

La calidad del empleo desempeñado por las mujeres es inferior al de los hombres. Así podemos ver como la contratación indefinida en 1998 se da más entre hombres (65.8%) que en las mujeres (34.2%).

La conversión de contratos temporales a indefinidos ha sido del 65,0% en los hombres  y del 35,0% en las mujeres. Sólo los contratos a tiempo parcial convertidos a  indefinidos, que han sido escasos, 13.100, se han hecho más en mujeres, un 59,4%  que en hombres, un 40,6% [9].

De todas formas en el panorama de la Unión Europea (UE) se consolida un modelo de empleo femenino a tiempo parcial pues un 33% de las asalariadas europeas tiene un contrato de este tipo frente a un 6.0% de los hombres. En esta comparación con la UE tenemos datos preocupantes puesto que mientras en Dinamarca por ejemplo trabaja el 71.6% de las mujeres entre 15 y 64 años, en España sólo lo hace el 37.3%, la tasa de empleo más baja de la UE[10].

 

3.  Soportamos el peso del trabajo no remunerado

 

Si analizamos los datos  de la última encuesta CIRES sobre el uso del tiempo en España, en los que vemos que,  la jornada semanal media de un hombre, excluyendo las vacaciones y los días festivos, es de 36.4 horas, mientras que en la mujer supera las 56 horas.

 O dicho de otra forma los hombres dedican al trabajo remunerado 22.7 horas semanales frente a las 8.9 de las mujeres. Mientras que el trabajo no remunerado realizado en casa es desempeñado en su mayoría por las mujeres, con 47.2 horas semanales, dedicando los hombres sólo 13.7 horas a la semana. De esta forma los hombres realizan el 71.8% del trabajo remunerado existente mientras que las mujeres llevan a cabo el 77.5% del trabajo no remunerado, en su mayoría labores domesticas[11].

 

4. Realizamos cerca del 80% de la economía sumergida.

 

    La economía sumergida que se calcula en España que tiene un volumen del 23%  del PIB, se soporta mayoritariamente por las mujeres. Una parte considerable de los trabajos de la economía sumergida se llevan a cabo en el seno familiar por lo que de nuevo aquí se produce la doble jornada, ya que la excusa para que la mujer acepte este tipo es que  de esta forma la mujer puede atender los cuidados familiares.

No entramos en consideraciones de la superexplotación que este tipo de trabajo supone ya que sin ningún derecho, las mujeres pagan el local, el teléfono, los instrumentos de trabajo y las posibles secuelas para su salud.     

 

5. Continúa la discriminación salarial por razón de sexo.

 Cuando en el terreno familiar continúa la discriminación salarial de las   mujeres, se observa que ante las dificultades sobrevenidas a las mujeres por cualquier incidencia relacionada con el trabajo familiar (embarazo, parto, educación infantil, enfermedad  o minusvalía de algún familiar )es la mujer la que se retira del mercado de trabajo, ya que sus condiciones retributivas no la hacen deseable.

En España se da la circunstancia que la media salarial de los hombres es un 72,7% superior al de las mujeres, y es mayor cuando se trata de los cuadros superiores y directivos. También es mayor con la edad de la población trabajadora, lo que evidencia que los puestos de mayor responsabilidad siguen siendo ocupados más por hombres que por mujeres[12]. Ultimamente los datos están de la siguiente forma en la Encuesta del cuarto trimestre de 2000 la ganancia media mensual de las mujeres era un 75% inferior a la de los hombres[13]. 

 

6. Se siguen produciendo grandes desigualdades de género territoriales 

La región de Murcia, con un porcentaje altísimo de economía sumergida, estimada entre un 25 y un 30% de la población en edad de trabajar, y que por estar situada fuera de la ley, hace que las medidas propuestas en la ley que analizamos, no lleguen a este colectivo de trabajadoras, puesto que la economía sumergida es fundamentalmente femenina.

La evolución de la tasa de empleo femenina por Comunidades Autónomas desde 1994 al 1999, tiene a Cataluña  a la cabeza con un 32,5 % y a Extremadura en la cola con un 21,0%. En tres CCAA, Asturias, Cantabria y Galicia, ha bajado la tasa de empleo femenina, por ejemplo hasta 1,7 puntos en el caso de Asturias.

La tasa de empleo femenina sigue siendo en general el doble de la masculina. Se han reducido las tasas de paro femenino, aunque sigue siendo en muchos casos el doble o el triple que la masculina [14].

II. El gobierno del PP aplica el modelo económico neoliberal de consecuencias negativas para el  desarrollo de las mujeres.

1. Privatizaciones del sector público, donde tradicionalmente trabajan las mujeres

 

En una política de igualdad de oportunidades, es preciso reforzar los sectores en donde tradicionalmente trabajan las mujeres y generar el Estado nuevas fuentes de empleo, tareas de cuidado que antes o no se hacían o lo hacían las mujeres (preocupación medioambiental, etc.). Se deberían potenciar los sectores propios del Estado de Bienestar (tanto municipales como estatales, educativos, sanitarios, sociales, etc.) y parte del sector servicios (comercio, hoteles y restaurantes, etc.).

Sin embargo el neoliberalismo camina en sentido contrario, con grandes privatizaciones en estos sectores, tal y como se observa en:

1)                 la reducción de camas sanitarias públicas y refuerzo de las camas privadas, además de acortamiento de la estancia media hospitalaria y desarrollo de la hospitalización a domicilio (1millón de casos durante 1999)

2)                  la reducción de puestos laborales de profesionales sanitarios públicos, y empeoramiento de los privados pues mantienen ratios de personal escasos, para rentabilizar el negocio (recorte de empleo femenino al ser mayoría mujeres)[15]

3)                  la reducción de las plazas educativas públicas y refuerzo de las  privadas (por ejemplo, no se han ampliado plazas en escuelas públicas infantiles; se está apoyando sin cesar la proliferación de Universidades privadas,.)[16]

4)                 reducción de camas sociosanitarias públicas y refuerzo de las camas privadas(cuidados de larga duración de mayores y de discapacitados), rentabilizando al máximo el negocio.

 

 

2. Nulo desarrollo del sector público en los calificados por la Unión Europea como nuevos yacimientos de empleo

 

Se ha teorizado acerca de la importancia que tendrá en un futuro cercano desarrollar nuevos yacimientos de empleo[17], para generar calidad de vida (medioambiente, cultura y ocio) sin embargo la evolución reciente del modelo económico de la UE va en sentido contrario. Ello se debe a la confluencia de los tres dogmas del modelo neoliberal de Maastricht confirmados en Amsterdam y posteriormente en Niza, tanto a través de la independencia del Banco Central Europeo (BCE) como del Pacto de Estabilidad.

Por una parte se establece la teoría del déficit público cero con lo que se combina la avalancha de privatizaciones con la carrera de reducción de compromisos sociales, que van desde las pensiones, salarios de funcionarios o creaciones de nuevas plantillas, hasta la construcción de instalaciones de servicio público.

Por otra parte se fragiliza y flexibiliza la ocupación laboral con el resultado de reducción salarial y debilidad y precariedad laboral, aumentando las necesidades sociales de los contingentes excluidos, entre ellos las mujeres y los jóvenes. Nos encontramos con que en la UE la flexibilidad laboral da lugar a que aumente el trabajo temporal y a tiempo parcial llega a ser entre los nuevos puestos de trabajo hasta un 45%, cuando su salario es entre un 20 y 40% menor.

Por último aparece la carrera de fusiones tanto de grandes como de medianas empresas con el resultado de despidos masivos, engrosando las filas del paro, y con ello aumentando las necesidades de recursos sociales para la solidaridad, cuando a la vez las imposiciones fiscales a los empresarios, sobre todo a las grandes corporaciones disminuyen, debilitando con ello las arcas públicas.

 

3.   El trabajo no remunerado se ha incrementado con estas políticas.

 En lugar de racionalizar el trabajo no remunerado, aliviando las tareas familiares con medidas públicas tales como, centros para cuidados de mayores, de educación para la población infantil, centros para cuidados de minusválidos, comedores escolares, etc, vemos que cada día el peso de las tareas en el seno familiar se incrementan.

La propuesta bien intencionada de que el trabajo no remunerado se ponga en valor y sea contabilizado económicamente como parte del trabajo productivo, choca con la realidad de que de dicha propuesta se utiliza por los gobernantes, y es que como hemos puesto énfasis en lo bien que las mujeres realizamos esos cuidados familiares, día tras día, en lugar de racionalizarlo y que parte del mismo lo realice el sector público, nos lo devuelven.

La humanización de los afectos que las mujeres propugnabamos para el cuidado  de los infantes, enfermos, mayores, etc, ha servido para que de forma perversa los gobernantes envíen a sus casas a todo este personal. De ahí que nuestra propuesta  pretenda racionalizar primero el trabajo no remunerado, pasando al sector público todo aquello que pueda ser mejor realizado allí y alerta de que no podemos seguir por la vía de que se contabilicen las cuentas nacionales, el trabajo no remunerado, porque cada día va a resultar más difícil al haber una mayor irracionalidad en el seno de este trabajo.

4.   Y encima ahora nos van a aplicar el decreto de desempleo, del que seremos las principales perjudicadas.  

III. Medidas propuestas para corregir las deficiencias mencionadas
 

Por todo lo anterior resulta necesario que se realice otro tipo de política económica que pudiera desarrollar efectivamente la igualdad de oportunidades con el fin de corregir las desigualdades de género.

Las medidas de política económica que permitirían llevar a cabo lo mencionado serían:

1.     Reducción de la jornada laboral por ley, y mientras se llega  a esto realizar reducciones de jornada mediante negociación colectiva, aún cuando conocemos que esta vía puede no producir los efectos deseados en la creación de empleo.

2.     Disminución del trabajo no remunerado de las mujeres mediante el refuerzo del Estado de Bienestar y creación de nuevos empleos.

3.     Empleo estable y de  calidad.

4.     Compatibilizar las tareas profesionales y familiares entre todos los miembros de la familia y no con las cortas miras de lo regulado en la Ley de Conciliación de la Vida Familiar y Laboral de las Personas Trabajadoras.

5.     Aflorar la economía sumergida.

6.     NO AL DECRETO DE DESEMPLEO, que es otra vuelta de tuerca para mandarnos a casa.


[1] Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 12 abril 1998
[2]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 17 julio 1999
[3]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 19 enero 2000
[4]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 12 abril 1998
[5]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 21 julio 2000
[6]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 12 abril 1998.
[7]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 22 octubre 2000
[8]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 24 mayo 2001
[9]
.Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 17 julio 1999. 
[10]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº  24 mayo 2001
[11]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 19 enero 2000
[12]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 13, julio 1998.
[13]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 25 julio 2001.
[14]
Panorama sociolaboral de la mujer en España, nº 18, octubre 1999.
[15]
Vicente Navarro.Estado Bienestar.2001 
[16]
Id.
[17]
Vicente Navarro.Estado Bienestar.2001

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